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Diarios del teletrabajo 1: inauguramos estudios en pijama

17 marzo 2020 Diarios del teletrabajo


No es que nadie haya dado positivo o tenga ningún síntoma. Pero en estos tiempos tan convulsos, toca ser responsables y asegurar que estaremos al pie del cañón lo que dure esta crisis (que por supuesto esperamos que sea lo más corta posible). Por eso, hemos empezado con los turnos de teletrabajo y con un plan de contingencia que ojalá no lleguemos a aplicar. Me lo dijeron el viernes. «Beñat, te vas a casa 15 días» y no me costó demasiado asumirlo. No porque no sonase intimidante sino porque acaba de cancelar mi boda por imperativo coronavírico y ni sentía ni padecía. Además, después de haber bromeado mucho con el tema de qué hacer durante el confinamiento, parecía el perfil adecuado para trabajar desde casa.  Entre medias, se confirmó lo que ya se sabía, que todos íbamos a tener que estar en casa mucho tiempo  puesto que esa es una de las pocas maneras que tenemos de enfrentar la pandemia  que nos ha tocado vivir.

Después de haber dicho muchas veces eso de «los estudios centrales de Radio Popular- Herri Irratia», por fin tenemos más estudios. En mi caso, trabajo desde los Estudios Katia, bautizados así en nombre a una de mis compañeras de piso, una viajera empedernida a la que todo este apocalipsis de baja intensidad le ha pillado fuera del piso. Básicamente, he aprovechado su ausencia para tomar su escritorio y convertirlo en una extensión de Radio Popular. Espero que no se moleste. En el apartamento (qué gran película) quedamos la que pronto iba a ser mi mujer, Phoebe, y mi compañera de piso Jess. Es ella quién ha tenido el confinamiento más duro, se ha pasado el primer fin de semana traduciendo el BOE para su máster de traducción. Si ha sobrevivido a eso, puede con cualquier cosa, de verdad. Phoebe y ella han montado un pequeño espacio para hacer yoga y crossfit  casero con muebles viejos. Yo, por mi parte, leí el otro día en el Marca el que el deporte estaba parado a nivel mundial y prefiero mantenerme fiel a la lectura de cabecera de tantos conciudadanos.

Es curioso el cariño que me ha transmitido la gente al contar en redes que estoy teletrabajando. Para mí es un privilegio. Teniendo un miedo a la muerte que roza lo patológico (o lo alleniano) en casa me siento seguro, aislado en el mejor de los sentidos. Aún así, ese cariño es una responsabilidad, me recuerda que trabajo para una radio que tiene un papel muy especial en el corazón de muchos vizcaínos. A ellos les intentaré hacer compañía desde casa estos días.

El trabajo es bastante similar al que hago desde estudios. Tengo un pequeño equipo y he acumulado pilas cuál cretino con papel higiénico. Hoy he podido hablar de Larry David, una de mis personas y series favoritas, y ya tengo planes para los próximos días. También estoy intentando echar una mano en deportes, con historietas y batallitas que tanta falta hacen para distraernos en estos momentos.

Después de currar, he intentado ocupar la mente. Primero sin pantallas. Ahora mismo estoy con dos lecturas abiertas. La primera es Merckx. Mitad hombre, mitad máquina  escrito  por William Fotheringham y publicado por nuestros amigos de Libros de Ruta. La figura de Merckx me fascina, desde su imponente presencia a su voracidad competitiva. El boom del ciclismo anglosajón ha hecho que se publiquen muchísimos libros de ciclismo. Este es uno que merece la pena. La otra es Naturaleza hostil, de Arnaldur Indridason. Otra de sus novelas, Betty, me enganchó muchísimo. Pero esta me está dejando un poco frío, como si estuviera en la mismísima Islandia.

En el confinamiento también puede uno ponerse serio. He pasado un buen rato con los colegas doctorandos imaginando escenarios para después de esta crisis. Hemos llegado a la conclusión de que el mundo que hemos conocido va a cambiar (a ver, Brady se ha ido de los Patriots, no sé que más pruebas necesitáis) pero hemos discrepado sobre que sucederá. Desde una vuelta al capitalismo de posguerra a un mundo sinizado en el que tendremos más protección del Estado pero perderemos progresivamente nuestros derechos políticos. Porque América ya no es ningún faro. El imperio ( si lo hubo) se cayó (leed El Desmoronamiento de Packer). Obama fue un último intento virtuoso de agarrarse a los elementos más brillantes de la narrativa estadounidense. Trump es la negación de la decadencia aferrándose a las más bajas pasiones del pueblo yankee. Un espejo grotesco de lo peor de Estados Unidos. Y en esas estamos. Guillermo dice que que el Coronavirus va a suponer la transición hegemónica de Estados Unidos a China. Y eso me preocupa. En fin, que a lo mejor nos hemos pasado de ambiciosos, pero la alternativa era decidir en qué país tiraremos cañas después de esta crisis. Sánchez ha intentado calmarnos, no sé si lo ha conseguido.

A las 8, toca aplaudir. Un momento para reconocer el esfuerzo que están haciendo todos los que están trabajando en primera línea pero también para hacer comunidad y sentir que todos estamos juntos en esto. Y, por qué no decirlo, un momento con reminiscencias de la nochevieja. Yo era bastante escéptico. Pero la primera noche Jess lo sugirió y, a pesar de que no solemos fiarnos de los ingleses en los balcones, accedí. Uno se siente mejor rodeado, en la distancia, de sus vecinos. Ayer incluso hubo quien se animó y puso temazos como Macaulay Culkin.  Eso me ha dado la idea de poner música en el balcón. Mi propuesta para mañana es Fascinados de Sidonie. De hecho, voy más allá y propongo que cambiemos el estribillo de Fascinados a Confinados. Si he cancelado la boda por el coronavirus, al menos que no me quiten los loles. Bihar arte.

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