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Diarios del teletrabajo 10: Volver al mundo

31 marzo 2020 Diarios del teletrabajo


El tiempo pasa rápido hasta confinado. Cuando uno se estaba acostumbrando al teletrabajo, este llega a su fin. Es difícil deslindar el confort que aporta el hogar del pánico que genera el mundo exterior. Es, por tanto, complicado separar la buena experiencia del teletrabajo de la excepcional situación que vivimos (una frase ya manida, a pesar de que hace objetivamente poco que la empezamos a usar). Sin embargo, coincido con eso que hemos oído tantas veces de que en casa uno puede ser más productivo. Así me he sentido, he hecho más cosas que de costumbre y gustosamente incorporaría las jornadas de teletrabrajo a una hipotética rutina post COVID-19.  Creo que mejora la calidad de vida.

Estos últimos días han sido los más complicados del confinamiento. Veíamos día a día que quedaba mucho por hacer y que tocaría volver a la calle antes de que la situación estuviera solucionada. Hemos planteado diversos escenarios con las correspondientes restricciones para gestionar, en un piso compartido, mis salidas diarias. Y es que en este momento soy el único que va a estar trabajando fuera de casa. La ansiedad ha ido aumentando en las últimas horas. Y con la ansiedad, los falsos síntomas. En esos momentos, intento calmarme. He llegado a la conclusión de que si lo que creo que siento se pasa con un bocadillo de mortadela, seguramente no es nada de lo que preocuparse. Aunque hay momentos en los que parezco Cory Matthews en la inolvidable Yo y el mundo .

Todo esto pasará y volveremos todos. Poco a poco, con restricciones, pero volveremos. Y cuando eso pase, que pasará, y dejemos atrás el miedo, algo que nos llevará más tiempo, tendremos que revaluar críticamente todo lo vivido. No estaría mal que prestásemos atención al concepto de ciudadanía, ese que queda tan devaluado cuando asumes que tienes que salir a la calle «autorizado» por tu jefe, que se convierte en un interlocutor más válido que tú ante la autoridad, es quien garantiza que vas a donde dices. Y también de que vives donde afirmas. No sea que estés deambulando lejos de la plantación. Sería muy fácil dejarse llevar por el alivio colectivo, caer en el hedonismo tras meses de restricciones, pero el mundo del futuro requerirá de nuestra actitud más reivindicativa.

Volveremos. Cambiaremos. Yo ya he empezado con los ajustes.  Una de las restricciones que me he autoimpuesto, aunque sea como el placebo que le recetaban a Cory, he decidido renunciar a una de mis características más distintivas. Una pequeño recordatorio de la excepcionalidad imperante. Un antes y un después. Hasta la próxima.

 

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