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Diarios del teletrabajo 2: confinamiento perruno

18 marzo 2020 Diarios del teletrabajo


Estar confinado no es agradable. Al menos no a largo plazo, no nos vamos a engañar. Por eso, hemos leído estos días que no ha faltado la picaresca. Que hay quienes han ido de más a por el pan, a la compra e incluso quienes, dicen, han ofrecido a su perro para que lo saque todo el vecindario. Como en los memes. Y es que el tema de los perros está siendo uno de los más conflictivos (ahora que ya no abren las peluquerías). Hay gente a la que le da mucha rabia. Tenemos esa pulsión cainita, es inevitable. Piensan que los perros son algo así como los salvoconductos de Casablanca . Y no niego la mayor. Claro que hay gente que saca al perro más que antes, o quien le echa cuento al tema. Aún así, ese es el menor de nuestros problemas. Personalmente, sacar a Kizkur (así se llama el perro de aguas que veis en la foto) es el momento más incómodo del día. Como os decía ayer, en casa me siento seguro, soy un agonías,  y salir me genera también cierta culpabilidad. Siento que hago algo que muchos no hacen. Aunque, bien pensado, tampoco paso demasiado tiempo en la calle. Teletrabajo y no he bajado a por pan, periódicos ni al super. Así que creo que es empate. Además, no es que yo tenga derecho a salir y otros no. El derecho es del perro y yo solo soy un daño colateral.

Por lo demás, la jornada ha sido bastante intensa, con algo más de trabajo que ayer. Además del Egunon, hoy le he llevado a Raúl un reportaje de películas protagonizadas por Shaquille O’Neal y tenía mi cita semanal con las Americanadas. La marcha de Brady nos ha dado algo en lo que pensar, una razón para pensar en el futuro. No sé muy bien que puede sacar, además de los 30 millones, un deportista que ha llevado una carrera impecable. Pero nos mantiene  entretenidos. Que es lo importante.

Hoy hemos optado por consumir menos noticias, solo yo me he enganchado al peno y a la comparecencia de Fernando Simón. Y lo he hecho por imperativo profesional, no por gusto. Estamos siendo super serios con el confinamiento (ya, salvo lo de sacar al perro) y más allá de eso poco podemos hacer. Demasiada información genera ansiedad. A veces creo que tengo síntomas. Pero suele resultar que tengo hambre.  Para evitar la sobredosis informativa les he puesto Vota Juan.  Qué bien ha envejecido su piloto. El arranque es aún más relevante ahora, después de lo que hemos visto de los líderes políticos de medio mundo en las últimas semanas. Brillante.  Y con un Javier Cámara espectacular.

Hoy nos ha ocupado «El misterio de la piedra». Y es que al levantarnos, había una piedra entre nosotros. No es ningún tipo de metáfora, aunque me lo apunto por si después de esto busco fortuna como escritor de libros de autoayuda. «Arrastra la piedra que se interpone entre vosotros.  El método Sísifo para salvar tu matrimonio». No me parece mala opción de futuro (ojo,patente en trámite, que diría Homer). Es eso o ser camarero en Manitoba. En fin, que me pierdo. Había una piedra, tangible, real, en nuestra cama. La hipótesis más plausible es que Kizkur la haya adoptado como juguete. Luego he encontrado otra en la sala y he empezado a elucubrar.  Lo mismo es que el meteorito que nos iba a caer encima lo está haciendo a lo capítulo de Los Simpson. O que si reúno siete piedras así iguales puedo invocar a un dragón que acabe con el COVID-19. El confinamiento da para mucho.

Eso sí, esto de estar en casa tiene de bueno que puedes retomar los proyectos abandonados (podría seguir escribiendo mi novela, pero soy un escritor estilo Brian Griffin) y Phoebe ha pasado la mañana trabajando en una cafetería en miniatura que le regalé.  Cada mueble hay que hacerlo a mano y al detalle. Buen entretenimiento para estos tiempos.

Hemos mantenido la costumbre de salir al balcón aunque hoy he notado algo menos de entusiasmo. Bien mirado, es difícil llegar al nivel del primer día, cuando me calenté y grité «Vivan todas las identidades que coexisten en nuestro territorio». Esto estaba arrancando y yo estaba a tope con la convivencia.

Lo que sí que nos ha servido para descargar adrenalina ha sido la cacerolada contra el emérito (e mérito es suyo, por esconder dinero de dudosa procedencia) con muchísima gente en los balcones. Yo me debatía entre el interés periodístico y las ganas de protestar. Al final, he salido un rato, no sea que mis vecinos se acaben creyendo que soy monárquico.

Para terminar, una recomendación musical. Ayer los Dropkick Murphys no faltaron a su cita con el día de San Patricio. Aunque tuvieran que hacerlo sin público y para internet. Estos bostonianos son muy buena gente y siempre están apoyando causas solidarias. Y ayer mantuvieron entretenidos a todos aquellos que estaban en sus casas. Aquí podéis disfrutar del concierto íntegro. No podía faltar  Workers’ Song, todo un homenaje a los currelas. Así que desde aquí hacemos un pequeño homenaje a todos los que estos días están trabajando en primera línea para que nuestro mundo siga girando y podamos salir de esta lo antes posible. Os dejo con la canción original, de Dick Gaughan, con un ritmo más adecuado para estas horas. Bihar arte.

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