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Diarios del teletrabajo 7: Animar el confinamiento

26 marzo 2020 Diarios del teletrabajo


La verdad es que la situación empieza a pasar factura. No tanto el confinamiento  en sí mismo sino por saber que se alargará más allá del teletrabajo. Es justo, pero eso no lo hace cómodo. En los últimos días el ánimo ha ido decayendo. Antes, como ya apunté aquí en su momento, no es una reconstrucción interesada a posteriori, salía a sacar al perro con cierta sensación de apuro, una cierta vergüenza por estar en la calle cuando muchos no pueden. Ahora ya no. Ahora es directamente miedo a encontrarme con algún otro exaltado con placa. No solo por lo que me pasó, sino por lo que van contando otros ciudadanos que se han visto involucrados en episodios muy desagradables. Infundir miedo, algo se está haciendo mal si el objetivo es «servir y proteger».

Como me siguen acechando las mismas obsesiones , hemos decidido distraernos con películas de animación. Son una buena alternativa porque podemos verlas dobladas al castellano para que Phoebe practique sin distraerse con unos labios que no dicen lo que se supone y unas voces que no son las que corresponden. Ayer, aproveché para ponerle Asterix: el secreto de la poción mágica. No es que sea un experto en la materia pero tengo muy buenos recuerdos relacionados con Astérix. De hecho, la mejor conversación  que jamás he escuchado. la cúspide del humor involuntario que jamás haya presenciado, era sobre Astérix y Obélix. O algo parecido. Dos chavales hablaban en un vestuario sobre un tercero ( yo también era un chaval, no vayan a hacerse ustedes una impresión equivocada de mí). Estaban haciendo lo que ahora, inundados por anglicismos, llamamos body shaming. «Seguro que es estéril», dijo uno de ellos. «No, será Obélix. El gordo era Obélix» contestó el otro tajantemente. Yo les miré. No era un juego de palabras. Era la vida misma. Sublime.  Una vez, en ese inefable lugar que es CEX, escuché alguien referirse a los Monty Phyton  como los «Cruz y Raya americanos». Es mi top2. Pero a distancia.

La película, que podéis ver en Movistar, cumple con lo que promete. No llega al nivel de las mejores historietas de nuestros galos favoritos. Pero nos permite viajar a ese fantástico mundo que crearon René Goscinny y Albert Uderzo (que nos dejaba esta semana). Unos  personajes y unos valores en los que refugiarnos.  Astérix es patrimonio de todos los europeos ( y encarna los valores de la República, que dirían los franceses). Y si algo nos falta ahora es europeísmo (porque si González Pons tiene razón, se la damos).

Ahora, cuando termino estas líneas, nos preparamos para ver Teen Titans. Ya habrá tiempo de ver cosas intensas. Por cierto, después de aparecer en el Teleberri, hemos dado el salto a la prensa internacional. Aquí se puede leer una colaboración de mi pareja en The Record, un diario local del grupo TorStar. Somos las nuevas Kardashian. Bihar arte.

 

 


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