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Diarios del teletrabjo 3: contra la incertidumbre, nostalgia

20 marzo 2020 Diarios del teletrabajo


«Well, that escalated quickly», Ron Burgundy, reportero.

La última semana todo ha ido muy rápido. Ya llegará el momento de poder plantearnos si realmente se podría haber hecho algo antes o si simplemente nos hemos visto superados por las circunstancias como casi todo el mundo. Buscamos certezas en un momento en el que todo parece cambiar a cada minuto. De la transición «limitada y muy controlada», al confinamiento (parcial, pero esa es otra historia, del «no es más que una gripe» a arrasar con el papel higiénico. Somos vulnerables, a pesar de que lo habíamos olvidado, anestesiados por unas comodidades que somo incapaces de abandonar incluso cuando está en juego el mundo tal y como lo conocemos. Estamos asustados, confusos. lo que hasta hace nada nos parecía inmutable va camino de ser solo un recuerdo. Somos, en definitiva, Lorenzo Milá, que hace unos días nos parecía Walter Cronkite y ahora es Ron Burgundy.

La parrilla televisiva lo tiene claro, los productos nostálgicos funcionan muy bien en estos tiempos de confinamiento. No es solo que sean baratos (en su mayoría no es más que darle al play) ni que en el caso de la programación deportiva sirvan para ocupar el hueco de los eventos cancelados. No, hay algo más. La nostalgia nos arropa ante la fría incertidumbre que nos rodea, nos aporta certezas imposibles de encontrar en la actualidad. Y es que si bien eso de que «cualquier tiempo pasado fue mejor» es discutible, es evidente que cualquier tiempo pasado resulta predecible. Teledeporte nos regala estos días una selección de grandes eventos deportivos de las últimas décadas. Perico, Indurain, los ataques efectistas y a veces efectivos de Contador, alguna Copa Davis… Y hasta el España-Malta. Personalmente, me quedo con la apuesta de Movistar, con sus partidos clásicos de la NCAA y de la NBA, sin esa carga indisimuladamente patriótica de la cadena pública. Esa misma actitud, patriótica y marcial, nos la desayunamos todos los días en las comparecencias del Comité de Gestión Técnica. No es que quien escribe estas líneas sea antimilitarista, pero me cuesta entender qué sacamos combatiendo un virus con recetas de G.I. Joe y me hace preguntarme si el BOE decía algo de que el virus sea ahora «el enemigo», la crisis «una guerra» y los ciudadanos nos hayamos convertido en «soldados». Es curioso, a Dani Mateo casi lo destierran por usar la bandera a modo de pañuelo y ahora quieren ponérnosla de mascarilla. «GOOOOOOL de Señor».

«Estamos dando a la gente demasiada confianza para que hagan cosas en  los balcones», Jess, compañera de piso

Se me hace raro trabajar los viernes. Los últimos años, bien fuera por Aúpa Beñat o por el deporte siempre solía librar el último laborable de la semana. Menos mal que el Egunon es algo más corto y que he podido preparar para el Oye Cómo Va una pieza sobre el que fue el héroe deportivo de mi infancia. Y es que los últimos días han sido un poco complicados. Aunque el drama global que estamos viviendo nos permite ver las cosas con perspectiva, el confinamiento es duro a nivel psicológico y cualquier pequeño problema puede pasar factura. La vulnerabilidad de la que hablamos antes. En nuestro caso, tiene que ver con una de nuestras mascotas, Skunk, que a pesar de su nombre era un hamster (el mejor del mundo),y que murió el miércoles. Eso me ha llevado a tener que salir con un pequeño ataúd casero para roedores en una bolsa de la compra para que pudieran darle un final digno en nuestro centro veterinario. Menos mal que no me han parado a preguntarme a dónde iba. «Señor agente, voy a cremar un hamster», hubiera sido una de las mejores respuestas que se hayan podido dar en estos días.  Aunque peores son los que sacan constantemente a pasear… una baguette. Espero no tener que salir más, no me gusta sentirme como Norman Reedus en el Death Stranding.

Siempre nos quedará el ocio de balcones, que dicen que nos mantiene fuertes. Pero como dice mi compañera Jess, «estamos dando a la gente demasiada confianza  para que hagan cosas en los balcones». El momento posterior a los aplausos al personal sanitario y demás trabajadores en primera linea se ha convertido se ha convertido en un prime time para llamar la atención a tu balcón. Dependiendo del talento de cada barrio, algunas calles parecen La voz y otras El semáforo. Eso sí, en estos tiempos tan convulsos, bienvenidos sean los aprendices de Cañita Brava que consiguen sacarnos una sonrisa.

Ya es primavera y lo último que necesitamos es que se nos altere la sangre. Paciencia y disciplina. Bihar arte.

 

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