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		<title>Frecuencia Emocional</title>
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				<title>Por qué decir &quot;no&quot; a tu propia familia es el mayor acto de amor propio (y el que más culpa genera)</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/por-que-decir-no-a-tu-propia-familia-es-el-mayor-acto-de-amor-propio-y-el-que-mas-culpa-genera</link>
				<pubDate>Thu, 28 May 2026 08:49:55 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[<p data-path-to-node="6">Una de las preguntas más recurrentes en los procesos de terapia es por qué resulta tan complejo fijar límites en nuestro entorno más cercano. A menudo se piensa que el hogar debería ser el espacio más seguro para expresarnos, pero la realidad demuestra que <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="257">poner límites a la familia suele costar muchísimo más</b> que hacerlo con amigos, compañeros de trabajo o absolutos desconocidos.</p>
<p data-path-to-node="7">Esta dificultad no es casual ni un defecto individual. Desde la infancia internalizamos ideas muy potentes sobre el significado del vínculo familiar: mandatos culturales y transgeneracionales como <i data-path-to-node="7" data-index-in-node="197">"hay que honrar a los padres"</i>, <i data-path-to-node="7" data-index-in-node="228">"madre no hay más que una"</i> o *"a la familia hay que perdonarla siempre, pase lo que pase". Bajo el peso de estas creencias, <b data-path-to-node="7" data-index-in-node="352">un límite puede vivirse casi como una traición</b>, como si mirar por el bienestar propio significara automáticamente convertirse en un mal hijo, un mal hermano o un miembro egoísta del clan.</p>

<h2 data-path-to-node="9">Cuando el espacio seguro se convierte en una jaula emocional</h2>
<p data-path-to-node="10">Las familias, bien construidas, representan una red de apoyo impresionante y un lugar idóneo para crecer, expresarse y repararse. Sin embargo, el conflicto aparece cuando ese entorno deja de ser seguro para nuestra individualidad. <b data-path-to-node="11,0" data-index-in-node="0">"El problema surge cuando, para mantener el vínculo con el sistema, tienes que dejar de ser quien eres."</b></p>
<p data-path-to-node="12">Es en ese preciso instante cuando establecer barreras deja de ser una opción egoísta y pasa a ser una necesidad de salud mental absoluta. Si para que sintonices con los tuyos tienes que callar lo que piensas, asumir responsabilidades que no te corresponden o tolerar dinámicas que atentan contra tu estabilidad, el límite se vuelve indispensable. No se trata de un ataque ni de un rechazo hacia los demás, sino de <b data-path-to-node="12" data-index-in-node="414">una forma de cuidarte a ti mismo</b> para no quemarte en el proceso.</p>

<h2 data-path-to-node="14">Historias y roles: La mochila que cargamos desde la infancia</h2>
<p data-path-to-node="15">Si te cuesta poner límites hoy, normalmente no es porque sí; <b data-path-to-node="15" data-index-in-node="61">es porque hay una historia detrás</b>. Venimos de aprendizajes, dinámicas y roles sostenidos durante años que cuesta mucho romper.</p>
<p data-path-to-node="16">Por ejemplo, la persona que siempre ha ejercido de mediadora en los conflictos familiares siente que defrauda si de repente dice: <i data-path-to-node="16" data-index-in-node="130">"yo aquí no me meto esta vez"</i>. De la misma forma, quien siente la obligación de estar siempre disponible para sus padres, o quien es incapaz de rechazar un plan familiar dominical a pesar de estar exhausto, vive atrapado en su propio personaje. Romper ese rol genera un terremoto interno, pero es vital para actualizar nuestra posición en el sistema.</p>

<h2 data-path-to-node="18">Ejemplos prácticos para aterrizar los límites en el día a día</h2>
<p data-path-to-node="19">Establecer una barrera no requiere de grandes confrontaciones, gritos ni dramatismos. Se puede aplicar a través de la asertividad serena, utilizando frases directas pero respetuosas: <i data-path-to-node="20,0,0" data-index-in-node="0">"Este año estoy muy cansado y no puedo encargarme de organizar la comida familiar, </i><i data-path-to-node="20,1,0" data-index-in-node="0">"Os quiero, pero prefiero no hablar de este tema (pareja, trabajo, política) cuando estoy con vosotros", </i><i data-path-to-node="20,2,0" data-index-in-node="0">"No voy a ir todos los fines de semana a visitaros porque también necesito tiempo para descansar y gestionar mi propia vida." etc. </i>Estos límites son completamente razonables. <b data-path-to-node="21" data-index-in-node="44">No son muestras de desamor, son instrucciones de uso</b> para que los demás sepan cómo relacionarse con nosotros sin lastimarnos.</p>

<h2 data-path-to-node="23">Los mandatos invisibles y la verdadera sanación familiar</h2>
<p data-path-to-node="24">La célebre psicóloga Alice Miller, especialista en el análisis de las estructuras familiares, habla en profundidad de los <b data-path-to-node="24" data-index-in-node="122">mandatos invisibles</b>. Explica cómo el imperativo de <i data-path-to-node="24" data-index-in-node="173">"honrarás a tu padre y a tu madre"</i>, llevado al extremo y sin matices, puede causar un daño psicológico severo. Se convierte en una obligación rígida que impide cuestionar comportamientos tóxicos, protegernos o tomar la distancia física o emocional que necesitamos.</p>
<p data-path-to-node="25">Poner límites no significa querer menos a la familia; al contrario, consiste en <b data-path-to-node="25" data-index-in-node="80">quererla más y mejor</b>, buscando una relación en la que ninguna de las partes tenga que anularse. Las familias perfectas donde nadie hiere no existen. Las fricciones son normales, pero <b data-path-to-node="25" data-index-in-node="263">una familia sana no es la que nunca daña, sino la que puede escuchar, reparar y respetar</b> el espacio del otro. La familia suma cuando te permite ser tú mismo; si para pertenecer te exigen desaparecer, el sistema necesita una revisión urgente.</p>]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[Una de las preguntas más recurrentes en los procesos de terapia es por qué resulta tan complejo fijar límites en nuestro entorno más cercano. A menudo se piensa que el hogar debería ser el espacio más seguro para expresarnos, pero la realidad demuestra q]]></itunes:subtitle>
									<itunes:keywords>asertividad,crecimiento personal,Egunon Bizkaia,Frecuencia Emocional,límites familiares,psicología,relaciones sanas,roles familiares,salud emocional</itunes:keywords>
								<content:encoded><![CDATA[<p data-path-to-node="6">Una de las preguntas más recurrentes en los procesos de terapia es por qué resulta tan complejo fijar límites en nuestro entorno más cercano. A menudo se piensa que el hogar debería ser el espacio más seguro para expresarnos, pero la realidad demuestra que <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="257">poner límites a la familia suele costar muchísimo más</b> que hacerlo con amigos, compañeros de trabajo o absolutos desconocidos.</p>
<p data-path-to-node="7">Esta dificultad no es casual ni un defecto individual. Desde la infancia internalizamos ideas muy potentes sobre el significado del vínculo familiar: mandatos culturales y transgeneracionales como <i data-path-to-node="7" data-index-in-node="197">"hay que honrar a los padres"</i>, <i data-path-to-node="7" data-index-in-node="228">"madre no hay más que una"</i> o *"a la familia hay que perdonarla siempre, pase lo que pase". Bajo el peso de estas creencias, <b data-path-to-node="7" data-index-in-node="352">un límite puede vivirse casi como una traición</b>, como si mirar por el bienestar propio significara automáticamente convertirse en un mal hijo, un mal hermano o un miembro egoísta del clan.</p>

<h2 data-path-to-node="9">Cuando el espacio seguro se convierte en una jaula emocional</h2>
<p data-path-to-node="10">Las familias, bien construidas, representan una red de apoyo impresionante y un lugar idóneo para crecer, expresarse y repararse. Sin embargo, el conflicto aparece cuando ese entorno deja de ser seguro para nuestra individualidad. <b data-path-to-node="11,0" data-index-in-node="0">"El problema surge cuando, para mantener el vínculo con el sistema, tienes que dejar de ser quien eres."</b></p>
<p data-path-to-node="12">Es en ese preciso instante cuando establecer barreras deja de ser una opción egoísta y pasa a ser una necesidad de salud mental absoluta. Si para que sintonices con los tuyos tienes que callar lo que piensas, asumir responsabilidades que no te corresponden o tolerar dinámicas que atentan contra tu estabilidad, el límite se vuelve indispensable. No se trata de un ataque ni de un rechazo hacia los demás, sino de <b data-path-to-node="12" data-index-in-node="414">una forma de cuidarte a ti mismo</b> para no quemarte en el proceso.</p>

<h2 data-path-to-node="14">Historias y roles: La mochila que cargamos desde la infancia</h2>
<p data-path-to-node="15">Si te cuesta poner límites hoy, normalmente no es porque sí; <b data-path-to-node="15" data-index-in-node="61">es porque hay una historia detrás</b>. Venimos de aprendizajes, dinámicas y roles sostenidos durante años que cuesta mucho romper.</p>
<p data-path-to-node="16">Por ejemplo, la persona que siempre ha ejercido de mediadora en los conflictos familiares siente que defrauda si de repente dice: <i data-path-to-node="16" data-index-in-node="130">"yo aquí no me meto esta vez"</i>. De la misma forma, quien siente la obligación de estar siempre disponible para sus padres, o quien es incapaz de rechazar un plan familiar dominical a pesar de estar exhausto, vive atrapado en su propio personaje. Romper ese rol genera un terremoto interno, pero es vital para actualizar nuestra posición en el sistema.</p>

<h2 data-path-to-node="18">Ejemplos prácticos para aterrizar los límites en el día a día</h2>
<p data-path-to-node="19">Establecer una barrera no requiere de grandes confrontaciones, gritos ni dramatismos. Se puede aplicar a través de la asertividad serena, utilizando frases directas pero respetuosas: <i data-path-to-node="20,0,0" data-index-in-node="0">"Este año estoy muy cansado y no puedo encargarme de organizar la comida familiar, </i><i data-path-to-node="20,1,0" data-index-in-node="0">"Os quiero, pero prefiero no hablar de este tema (pareja, trabajo, política) cuando estoy con vosotros", </i><i data-path-to-node="20,2,0" data-index-in-node="0">"No voy a ir todos los fines de semana a visitaros porque también necesito tiempo para descansar y gestionar mi propia vida." etc. </i>Estos límites son completamente razonables. <b data-path-to-node="21" data-index-in-node="44">No son muestras de desamor, son instrucciones de uso</b> para que los demás sepan cómo relacionarse con nosotros sin lastimarnos.</p>

<h2 data-path-to-node="23">Los mandatos invisibles y la verdadera sanación familiar</h2>
<p data-path-to-node="24">La célebre psicóloga Alice Miller, especialista en el análisis de las estructuras familiares, habla en profundidad de los <b data-path-to-node="24" data-index-in-node="122">mandatos invisibles</b>. Explica cómo el imperativo de <i data-path-to-node="24" data-index-in-node="173">"honrarás a tu padre y a tu madre"</i>, llevado al extremo y sin matices, puede causar un daño psicológico severo. Se convierte en una obligación rígida que impide cuestionar comportamientos tóxicos, protegernos o tomar la distancia física o emocional que necesitamos.</p>
<p data-path-to-node="25">Poner límites no significa querer menos a la familia; al contrario, consiste en <b data-path-to-node="25" data-index-in-node="80">quererla más y mejor</b>, buscando una relación en la que ninguna de las partes tenga que anularse. Las familias perfectas donde nadie hiere no existen. Las fricciones son normales, pero <b data-path-to-node="25" data-index-in-node="263">una familia sana no es la que nunca daña, sino la que puede escuchar, reparar y respetar</b> el espacio del otro. La familia suma cuando te permite ser tú mismo; si para pertenecer te exigen desaparecer, el sistema necesita una revisión urgente.</p>]]></content:encoded>
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Esta dificultad no es casual ni un defecto individual. Desde la infancia internalizamos ideas muy potentes sobre el significado del vínculo familiar: mandatos culturales y transgeneracionales como "hay que honrar a los padres", "madre no hay más que una" o *"a la familia hay que perdonarla siempre, pase lo que pase". Bajo el peso de estas creencias, un límite puede vivirse casi como una traición, como si mirar por el bienestar propio significara automáticamente convertirse en un mal hijo, un mal hermano o un miembro egoísta del clan.

Cuando el espacio seguro se convierte en una jaula emocional
Las familias, bien construidas, representan una red de apoyo impresionante y un lugar idóneo para crecer, expresarse y repararse. Sin embargo, el conflicto aparece cuando ese entorno deja de ser seguro para nuestra individualidad. "El problema surge cuando, para mantener el vínculo con el sistema, tienes que dejar de ser quien eres."
Es en ese preciso instante cuando establecer barreras deja de ser una opción egoísta y pasa a ser una necesidad de salud mental absoluta. Si para que sintonices con los tuyos tienes que callar lo que piensas, asumir responsabilidades que no te corresponden o tolerar dinámicas que atentan contra tu estabilidad, el límite se vuelve indispensable. No se trata de un ataque ni de un rechazo hacia los demás, sino de una forma de cuidarte a ti mismo para no quemarte en el proceso.

Historias y roles: La mochila que cargamos desde la infancia
Si te cuesta poner límites hoy, normalmente no es porque sí; es porque hay una historia detrás. Venimos de aprendizajes, dinámicas y roles sostenidos durante años que cuesta mucho romper.
Por ejemplo, la persona que siempre ha ejercido de mediadora en los conflictos familiares siente que defrauda si de repente dice: "yo aquí no me meto esta vez". De la misma forma, quien siente la obligación de estar siempre disponible para sus padres, o quien es incapaz de rechazar un plan familiar dominical a pesar de estar exhausto, vive atrapado en su propio personaje. Romper ese rol genera un terremoto interno, pero es vital para actualizar nuestra posición en el sistema.

Ejemplos prácticos para aterrizar los límites en el día a día
Establecer una barrera no requiere de grandes confrontaciones, gritos ni dramatismos. Se puede aplicar a través de la asertividad serena, utilizando frases directas pero respetuosas: "Este año estoy muy cansado y no puedo encargarme de organizar la comida familiar, "Os quiero, pero prefiero no hablar de este tema (pareja, trabajo, política) cuando estoy con vosotros", "No voy a ir todos los fines de semana a visitaros porque también necesito tiempo para descansar y gestionar mi propia vida." etc. Estos límites son completamente razonables. No son muestras de desamor, son instrucciones de uso para que los demás sepan cómo relacionarse con nosotros sin lastimarnos.

Los mandatos invisibles y la verdadera sanación familiar
La célebre psicóloga Alice Miller, especialista en el análisis de las estructuras familiares, habla en profundidad de los mandatos invisibles. Explica cómo el imperativo de "honrarás a tu padre y a tu madre", llevado al extremo y sin matices, puede causar un daño psicológico severo. Se convierte en una obligación rígida que impide cuestionar comportamientos tóxicos, protegernos o tomar la distancia física o emocional que necesitamos.
Poner límites no significa querer menos a la familia; al contrario, consiste en quererla más y mejor, buscando una relación en la que ninguna de las partes tenga que anularse. Las familias perfectas donde nadie hiere no e]]></itunes:summary>
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Esta dificultad no es casual ni un defecto individual. Desde la infancia internalizamos ideas muy potentes sobre el significado del vínculo familiar: mandatos culturales y transgeneracionales como "hay que honrar a los padres", "madre no hay más que una" o *"a la familia hay que perdonarla siempre, pase lo que pase". Bajo el peso de estas creencias, un límite puede vivirse casi como una traición, como si mirar por el bienestar propio significara automáticamente convertirse en un mal hijo, un mal hermano o un miembro egoísta del clan.

Cuando el espacio seguro se convierte en una jaula emocional
Las famili]]></googleplay:description>
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				<title>El miedo a repetir patrones: ¿Cómo influyen nuestras heridas de la infancia en la crianza?</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/el-miedo-a-repetir-patrones-como-influyen-nuestras-heridas-de-la-infancia-en-la-crianza</link>
				<pubDate>Thu, 21 May 2026 06:45:51 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[<p data-path-to-node="5">El deseo de proteger a los hijos es universal, pero a menudo viene acompañado de fantasmas del pasado. En la sección <b data-path-to-node="5" data-index-in-node="117">Frecuencia Emocional</b> del programa <b data-path-to-node="5" data-index-in-node="151">EgunOn Bizkaia</b>, se ha abordado una realidad silenciosa que afecta a muchas familias: el miedo de padres y madres a repetir con sus hijos los mismos errores y sufrimientos que ellos experimentaron en su propia infancia.</p>

<h2 data-path-to-node="6">Un miedo real y frecuente en consulta</h2>
<p data-path-to-node="7">Este temor no es una preocupación menor ni anecdótica; al contrario, es un motivo de consulta muy habitual. Existen personas que <b data-path-to-node="7" data-index-in-node="129">dudan de la maternidad o la paternidad, no porque no quieran cuidar, sino porque temen hacer daño</b>. <b data-path-to-node="8,0" data-index-in-node="0">"</b>Este no es un miedo absurdo. <b data-path-to-node="8,0" data-index-in-node="0">Cuando una persona ha vivido experiencias difíciles en su infancia, existe una probabilidad alta de que, sin darse cuenta, repita ciertos patrones con sus hijos." </b>Esta repetición puede manifestarse de dos formas: reproduciendo exactamente el mismo comportamiento o cayendo en el extremo opuesto. Por ejemplo, quien creció bajo una exigencia desmedida puede volverse un padre o madre excesivamente permisivo. Sin embargo, en ambos escenarios el problema de fondo es el mismo: <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="312">no estás eligiendo cómo educar, estás reaccionando desde tu propia herida</b>.</p>

<h2 data-path-to-node="10">Los puntos ciegos de nuestra historia</h2>
<p data-path-to-node="11">El principal obstáculo para romper estos ciclos son nuestros propios <b data-path-to-node="11" data-index-in-node="69">puntos ciegos</b>. Al mirar hacia la propia infancia y hacia los progenitores, se pierde la objetividad: hay conductas que se justifican, realidades que no se quieren ver o dinámicas del pasado que, de forma inconsciente, siguen afectando en el presente.</p>
<p data-path-to-node="12">Es precisamente por esto que, cuando un niño acude a terapia, en muchas ocasiones la recomendación es que <b data-path-to-node="12" data-index-in-node="106">alguno de los progenitores empiece también terapia; pero no desde la culpa, sino desde la responsabilidad</b>. Aunque no todo el mundo necesita terapia —ya que a veces basta con descanso, apoyo o una red social sólida—, cuando se trata de traumas y de evitar la repetición de patrones, el trabajo terapéutico se vuelve una herramienta clave.</p>

<h2 data-path-to-node="13">El reflejo de la propia infancia</h2>
<p data-path-to-node="14">La llegada de un hijo activa de forma inevitable un vínculo con el pasado. <b data-path-to-node="14" data-index-in-node="75">Su infancia conecta directamente con la tuya</b>. Si sufriste acoso escolar, es probable que vivas con un miedo constante a que tu hijo pase por lo mismo; si te sentiste solo, estarás hipervigilante ante cualquier señal de rechazo. Esta carga emocional puede llevar a los padres a <b data-path-to-node="15" data-index-in-node="49">actuar desde el miedo, sobreprotegiendo, anticipando peligros o intentando controlar situaciones</b> de manera innecesaria. A esto se suma que los hijos, por temperamento o forma de reaccionar, suelen parecerse a sus padres, convirtiéndose en espejos que activan aún más esas heridas no resueltas.</p>

<h2 data-path-to-node="16">Sanar a través de la responsabilidad</h2>
<p data-path-to-node="17">A pesar de las dificultades, cometer errores no significa que todo esté perdido. La clave para reparar el daño y cambiar el rumbo de la crianza radica en asumir la responsabilidad. Algo tan sencillo, pero a la vez tan complejo, como que un padre o una madre pueda mirar a su hijo y decirle: <b data-path-to-node="17" data-index-in-node="291">"Tienes razón. Esto que hice te hizo daño, lo siento mucho"</b>, tiene un poder profundamente reparador. Negar, justificar o devolver la culpa a los hijos solo profundiza la herida. Por el contrario, romper el ciclo de dolor no solo beneficia al núcleo familiar, sino que tiene un impacto social. <b data-path-to-node="18" data-index-in-node="192">Cuando criamos a niños sin esas cargas, sin esas heridas no trabajadas, estamos contribuyendo a crear un mundo más sano, más consciente y mejor</b>. <b data-path-to-node="19,0" data-index-in-node="0">"No se trata de ser padres perfectos, se trata de ser padres conscientes." </b>Si sientes que hay aspectos de tu historia personal que estás trasladando a la crianza de tus hijos, tal vez sea el momento de mirarlos de frente.</p>]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[El deseo de proteger a los hijos es universal, pero a menudo viene acompañado de fantasmas del pasado. En la sección Frecuencia Emocional del programa EgunOn Bizkaia, se ha abordado una realidad silenciosa que afecta a muchas familias: el miedo de padres]]></itunes:subtitle>
									<itunes:keywords>Crianza consciente,Egunon Bizkaia,Frecuencia Emocional,Heridas de la infancia,Psicología infantil,Relaciones paternofiliales,Terapia familiar</itunes:keywords>
								<content:encoded><![CDATA[<p data-path-to-node="5">El deseo de proteger a los hijos es universal, pero a menudo viene acompañado de fantasmas del pasado. En la sección <b data-path-to-node="5" data-index-in-node="117">Frecuencia Emocional</b> del programa <b data-path-to-node="5" data-index-in-node="151">EgunOn Bizkaia</b>, se ha abordado una realidad silenciosa que afecta a muchas familias: el miedo de padres y madres a repetir con sus hijos los mismos errores y sufrimientos que ellos experimentaron en su propia infancia.</p>

<h2 data-path-to-node="6">Un miedo real y frecuente en consulta</h2>
<p data-path-to-node="7">Este temor no es una preocupación menor ni anecdótica; al contrario, es un motivo de consulta muy habitual. Existen personas que <b data-path-to-node="7" data-index-in-node="129">dudan de la maternidad o la paternidad, no porque no quieran cuidar, sino porque temen hacer daño</b>. <b data-path-to-node="8,0" data-index-in-node="0">"</b>Este no es un miedo absurdo. <b data-path-to-node="8,0" data-index-in-node="0">Cuando una persona ha vivido experiencias difíciles en su infancia, existe una probabilidad alta de que, sin darse cuenta, repita ciertos patrones con sus hijos." </b>Esta repetición puede manifestarse de dos formas: reproduciendo exactamente el mismo comportamiento o cayendo en el extremo opuesto. Por ejemplo, quien creció bajo una exigencia desmedida puede volverse un padre o madre excesivamente permisivo. Sin embargo, en ambos escenarios el problema de fondo es el mismo: <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="312">no estás eligiendo cómo educar, estás reaccionando desde tu propia herida</b>.</p>

<h2 data-path-to-node="10">Los puntos ciegos de nuestra historia</h2>
<p data-path-to-node="11">El principal obstáculo para romper estos ciclos son nuestros propios <b data-path-to-node="11" data-index-in-node="69">puntos ciegos</b>. Al mirar hacia la propia infancia y hacia los progenitores, se pierde la objetividad: hay conductas que se justifican, realidades que no se quieren ver o dinámicas del pasado que, de forma inconsciente, siguen afectando en el presente.</p>
<p data-path-to-node="12">Es precisamente por esto que, cuando un niño acude a terapia, en muchas ocasiones la recomendación es que <b data-path-to-node="12" data-index-in-node="106">alguno de los progenitores empiece también terapia; pero no desde la culpa, sino desde la responsabilidad</b>. Aunque no todo el mundo necesita terapia —ya que a veces basta con descanso, apoyo o una red social sólida—, cuando se trata de traumas y de evitar la repetición de patrones, el trabajo terapéutico se vuelve una herramienta clave.</p>

<h2 data-path-to-node="13">El reflejo de la propia infancia</h2>
<p data-path-to-node="14">La llegada de un hijo activa de forma inevitable un vínculo con el pasado. <b data-path-to-node="14" data-index-in-node="75">Su infancia conecta directamente con la tuya</b>. Si sufriste acoso escolar, es probable que vivas con un miedo constante a que tu hijo pase por lo mismo; si te sentiste solo, estarás hipervigilante ante cualquier señal de rechazo. Esta carga emocional puede llevar a los padres a <b data-path-to-node="15" data-index-in-node="49">actuar desde el miedo, sobreprotegiendo, anticipando peligros o intentando controlar situaciones</b> de manera innecesaria. A esto se suma que los hijos, por temperamento o forma de reaccionar, suelen parecerse a sus padres, convirtiéndose en espejos que activan aún más esas heridas no resueltas.</p>

<h2 data-path-to-node="16">Sanar a través de la responsabilidad</h2>
<p data-path-to-node="17">A pesar de las dificultades, cometer errores no significa que todo esté perdido. La clave para reparar el daño y cambiar el rumbo de la crianza radica en asumir la responsabilidad. Algo tan sencillo, pero a la vez tan complejo, como que un padre o una madre pueda mirar a su hijo y decirle: <b data-path-to-node="17" data-index-in-node="291">"Tienes razón. Esto que hice te hizo daño, lo siento mucho"</b>, tiene un poder profundamente reparador. Negar, justificar o devolver la culpa a los hijos solo profundiza la herida. Por el contrario, romper el ciclo de dolor no solo beneficia al núcleo familiar, sino que tiene un impacto social. <b data-path-to-node="18" data-index-in-node="192">Cuando criamos a niños sin esas cargas, sin esas heridas no trabajadas, estamos contribuyendo a crear un mundo más sano, más consciente y mejor</b>. <b data-path-to-node="19,0" data-index-in-node="0">"No se trata de ser padres perfectos, se trata de ser padres conscientes." </b>Si sientes que hay aspectos de tu historia personal que estás trasladando a la crianza de tus hijos, tal vez sea el momento de mirarlos de frente.</p>]]></content:encoded>
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				<itunes:summary><![CDATA[El deseo de proteger a los hijos es universal, pero a menudo viene acompañado de fantasmas del pasado. En la sección Frecuencia Emocional del programa EgunOn Bizkaia, se ha abordado una realidad silenciosa que afecta a muchas familias: el miedo de padres y madres a repetir con sus hijos los mismos errores y sufrimientos que ellos experimentaron en su propia infancia.

Un miedo real y frecuente en consulta
Este temor no es una preocupación menor ni anecdótica; al contrario, es un motivo de consulta muy habitual. Existen personas que dudan de la maternidad o la paternidad, no porque no quieran cuidar, sino porque temen hacer daño. "Este no es un miedo absurdo. Cuando una persona ha vivido experiencias difíciles en su infancia, existe una probabilidad alta de que, sin darse cuenta, repita ciertos patrones con sus hijos." Esta repetición puede manifestarse de dos formas: reproduciendo exactamente el mismo comportamiento o cayendo en el extremo opuesto. Por ejemplo, quien creció bajo una exigencia desmedida puede volverse un padre o madre excesivamente permisivo. Sin embargo, en ambos escenarios el problema de fondo es el mismo: no estás eligiendo cómo educar, estás reaccionando desde tu propia herida.

Los puntos ciegos de nuestra historia
El principal obstáculo para romper estos ciclos son nuestros propios puntos ciegos. Al mirar hacia la propia infancia y hacia los progenitores, se pierde la objetividad: hay conductas que se justifican, realidades que no se quieren ver o dinámicas del pasado que, de forma inconsciente, siguen afectando en el presente.
Es precisamente por esto que, cuando un niño acude a terapia, en muchas ocasiones la recomendación es que alguno de los progenitores empiece también terapia; pero no desde la culpa, sino desde la responsabilidad. Aunque no todo el mundo necesita terapia —ya que a veces basta con descanso, apoyo o una red social sólida—, cuando se trata de traumas y de evitar la repetición de patrones, el trabajo terapéutico se vuelve una herramienta clave.

El reflejo de la propia infancia
La llegada de un hijo activa de forma inevitable un vínculo con el pasado. Su infancia conecta directamente con la tuya. Si sufriste acoso escolar, es probable que vivas con un miedo constante a que tu hijo pase por lo mismo; si te sentiste solo, estarás hipervigilante ante cualquier señal de rechazo. Esta carga emocional puede llevar a los padres a actuar desde el miedo, sobreprotegiendo, anticipando peligros o intentando controlar situaciones de manera innecesaria. A esto se suma que los hijos, por temperamento o forma de reaccionar, suelen parecerse a sus padres, convirtiéndose en espejos que activan aún más esas heridas no resueltas.

Sanar a través de la responsabilidad
A pesar de las dificultades, cometer errores no significa que todo esté perdido. La clave para reparar el daño y cambiar el rumbo de la crianza radica en asumir la responsabilidad. Algo tan sencillo, pero a la vez tan complejo, como que un padre o una madre pueda mirar a su hijo y decirle: "Tienes razón. Esto que hice te hizo daño, lo siento mucho", tiene un poder profundamente reparador. Negar, justificar o devolver la culpa a los hijos solo profundiza la herida. Por el contrario, romper el ciclo de dolor no solo beneficia al núcleo familiar, sino que tiene un impacto social. Cuando criamos a niños sin esas cargas, sin esas heridas no trabajadas, estamos contribuyendo a crear un mundo más sano, más consciente y mejor. "No se trata de ser padres perfectos, se trata de ser padres conscientes." Si sientes que hay aspectos de tu historia personal que estás trasladando a la crianza de tus hijos, tal vez sea el momento de mirarlos de frente.]]></itunes:summary>
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				<googleplay:description><![CDATA[El deseo de proteger a los hijos es universal, pero a menudo viene acompañado de fantasmas del pasado. En la sección Frecuencia Emocional del programa EgunOn Bizkaia, se ha abordado una realidad silenciosa que afecta a muchas familias: el miedo de padres y madres a repetir con sus hijos los mismos errores y sufrimientos que ellos experimentaron en su propia infancia.

Un miedo real y frecuente en consulta
Este temor no es una preocupación menor ni anecdótica; al contrario, es un motivo de consulta muy habitual. Existen personas que dudan de la maternidad o la paternidad, no porque no quieran cuidar, sino porque temen hacer daño. "Este no es un miedo absurdo. Cuando una persona ha vivido experiencias difíciles en su infancia, existe una probabilidad alta de que, sin darse cuenta, repita ciertos patrones con sus hijos." Esta repetición puede manifestarse de dos formas: reproduciendo exactamente el mismo comportamiento o cayendo en el extremo opuesto. Por ejemplo, quien creció bajo un]]></googleplay:description>
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				<title>¿Por qué hemos dejado de sentir el dolor ajeno?</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/por-que-hemos-dejado-de-sentir-el-dolor-ajeno</link>
				<pubDate>Thu, 14 May 2026 08:22:10 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
				<guid isPermaLink="false">https://radiopopular.com/?post_type=podcast&#038;p=290250</guid>
				<description><![CDATA[<p data-path-to-node="4">La sección <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="11">Frecuencia Emocional</b> del programa <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="45">EgunOn Bizkaia</b> ha abordado esta semana un fenómeno tan invisible como preocupante: la desensibilización ante el sufrimiento de los demás. En un contexto donde las guerras, catástrofes y actos de violencia inundan nuestras pantallas a diario, es común sentir que, poco a poco, <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="321">reaccionamos con menos intensidad</b>, siguiendo con nuestras vidas como si nada hubiera ocurrido.</p>

<h3 data-path-to-node="5">El cerebro tiene un límite</h3>
<p data-path-to-node="6">Este comportamiento no responde a una falta de bondad o a una personalidad fría. Según se explica en el espacio, <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="113">"nuestro cerebro tiene un límite"</b>. Cuando nos exponemos de forma constante a imágenes de dolor, el órgano más complejo de nuestro cuerpo activa un escudo protector: <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="278">baja la intensidad de la respuesta emocional</b> para sobrevivir al entorno. Es, en esencia, un mecanismo de autodefensa que "baja el volumen" a la tragedia para que podamos seguir funcionando.</p>

<h3 data-path-to-node="7">Menos empatía, menos acción</h3>
<p data-path-to-node="8">La ciencia respalda esta realidad con estudios inquietantes. En el programa se citaron investigaciones donde personas expuestas a videojuegos o películas violentas mostraban una <b data-path-to-node="8" data-index-in-node="178">menor disposición a ayudar</b> a otros en situaciones de emergencia real.</p>
<p data-path-to-node="9">Lo más revelador es que <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="24">"no solo sentimos menos, sino que también actuamos menos"</b>. La desensibilización altera nuestra percepción de la gravedad de las situaciones, haciéndonos creer que el dolor de los demás no es tan urgente o profundo como realmente es.</p>

<h3 data-path-to-node="10">La paradoja de la fuerza emocional</h3>
<p data-path-to-node="11">Existe una creencia errónea de que ver mucho contenido impactante nos hace "más fuertes". Sin embargo, el análisis de Frecuencia Emocional sugiere lo contrario: lo que ocurre es que <b data-path-to-node="11" data-index-in-node="182">perdemos la capacidad de conectar con el otro</b>. Al acostumbrarnos al estímulo, perdemos la perspectiva de quien vive el dolor por primera vez, generando una desconexión que nos impide ponernos en su lugar.</p>

<h3 data-path-to-node="12">¿Protección o desconexión?</h3>
<p data-path-to-node="13">Aunque la desensibilización es necesaria para que profesionales como médicos o personal de emergencias puedan trabajar, el peligro surge cuando se generaliza en nuestra vida cotidiana. <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="185">"Normalizamos situaciones graves y minimizamos el dolor ajeno porque ya estamos acostumbrados"</b>, se advierte en el programa.</p>
<p data-path-to-node="14">El cierre de esta entrega nos invita a una reflexión profunda sobre nuestra higiene emocional: <b data-path-to-node="14" data-index-in-node="95">"¿Te estás protegiendo o te estás desconectando?"</b>. Existe una línea muy fina entre cuidar nuestra salud mental y dejar de ser humanos frente al dolor del prójimo.</p>]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[La sección Frecuencia Emocional del programa EgunOn Bizkaia ha abordado esta semana un fenómeno tan invisible como preocupante: la desensibilización ante el sufrimiento de los demás. En un contexto donde las guerras, catástrofes y actos de violencia inun]]></itunes:subtitle>
									<itunes:keywords>bienestar emocional,Desensibilización,Egunon Bizkaia,empatía,Frecuencia Emocional,psicología,salud mental</itunes:keywords>
								<content:encoded><![CDATA[<p data-path-to-node="4">La sección <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="11">Frecuencia Emocional</b> del programa <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="45">EgunOn Bizkaia</b> ha abordado esta semana un fenómeno tan invisible como preocupante: la desensibilización ante el sufrimiento de los demás. En un contexto donde las guerras, catástrofes y actos de violencia inundan nuestras pantallas a diario, es común sentir que, poco a poco, <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="321">reaccionamos con menos intensidad</b>, siguiendo con nuestras vidas como si nada hubiera ocurrido.</p>

<h3 data-path-to-node="5">El cerebro tiene un límite</h3>
<p data-path-to-node="6">Este comportamiento no responde a una falta de bondad o a una personalidad fría. Según se explica en el espacio, <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="113">"nuestro cerebro tiene un límite"</b>. Cuando nos exponemos de forma constante a imágenes de dolor, el órgano más complejo de nuestro cuerpo activa un escudo protector: <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="278">baja la intensidad de la respuesta emocional</b> para sobrevivir al entorno. Es, en esencia, un mecanismo de autodefensa que "baja el volumen" a la tragedia para que podamos seguir funcionando.</p>

<h3 data-path-to-node="7">Menos empatía, menos acción</h3>
<p data-path-to-node="8">La ciencia respalda esta realidad con estudios inquietantes. En el programa se citaron investigaciones donde personas expuestas a videojuegos o películas violentas mostraban una <b data-path-to-node="8" data-index-in-node="178">menor disposición a ayudar</b> a otros en situaciones de emergencia real.</p>
<p data-path-to-node="9">Lo más revelador es que <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="24">"no solo sentimos menos, sino que también actuamos menos"</b>. La desensibilización altera nuestra percepción de la gravedad de las situaciones, haciéndonos creer que el dolor de los demás no es tan urgente o profundo como realmente es.</p>

<h3 data-path-to-node="10">La paradoja de la fuerza emocional</h3>
<p data-path-to-node="11">Existe una creencia errónea de que ver mucho contenido impactante nos hace "más fuertes". Sin embargo, el análisis de Frecuencia Emocional sugiere lo contrario: lo que ocurre es que <b data-path-to-node="11" data-index-in-node="182">perdemos la capacidad de conectar con el otro</b>. Al acostumbrarnos al estímulo, perdemos la perspectiva de quien vive el dolor por primera vez, generando una desconexión que nos impide ponernos en su lugar.</p>

<h3 data-path-to-node="12">¿Protección o desconexión?</h3>
<p data-path-to-node="13">Aunque la desensibilización es necesaria para que profesionales como médicos o personal de emergencias puedan trabajar, el peligro surge cuando se generaliza en nuestra vida cotidiana. <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="185">"Normalizamos situaciones graves y minimizamos el dolor ajeno porque ya estamos acostumbrados"</b>, se advierte en el programa.</p>
<p data-path-to-node="14">El cierre de esta entrega nos invita a una reflexión profunda sobre nuestra higiene emocional: <b data-path-to-node="14" data-index-in-node="95">"¿Te estás protegiendo o te estás desconectando?"</b>. Existe una línea muy fina entre cuidar nuestra salud mental y dejar de ser humanos frente al dolor del prójimo.</p>]]></content:encoded>
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				<itunes:summary><![CDATA[La sección Frecuencia Emocional del programa EgunOn Bizkaia ha abordado esta semana un fenómeno tan invisible como preocupante: la desensibilización ante el sufrimiento de los demás. En un contexto donde las guerras, catástrofes y actos de violencia inundan nuestras pantallas a diario, es común sentir que, poco a poco, reaccionamos con menos intensidad, siguiendo con nuestras vidas como si nada hubiera ocurrido.

El cerebro tiene un límite
Este comportamiento no responde a una falta de bondad o a una personalidad fría. Según se explica en el espacio, "nuestro cerebro tiene un límite". Cuando nos exponemos de forma constante a imágenes de dolor, el órgano más complejo de nuestro cuerpo activa un escudo protector: baja la intensidad de la respuesta emocional para sobrevivir al entorno. Es, en esencia, un mecanismo de autodefensa que "baja el volumen" a la tragedia para que podamos seguir funcionando.

Menos empatía, menos acción
La ciencia respalda esta realidad con estudios inquietantes. En el programa se citaron investigaciones donde personas expuestas a videojuegos o películas violentas mostraban una menor disposición a ayudar a otros en situaciones de emergencia real.
Lo más revelador es que "no solo sentimos menos, sino que también actuamos menos". La desensibilización altera nuestra percepción de la gravedad de las situaciones, haciéndonos creer que el dolor de los demás no es tan urgente o profundo como realmente es.

La paradoja de la fuerza emocional
Existe una creencia errónea de que ver mucho contenido impactante nos hace "más fuertes". Sin embargo, el análisis de Frecuencia Emocional sugiere lo contrario: lo que ocurre es que perdemos la capacidad de conectar con el otro. Al acostumbrarnos al estímulo, perdemos la perspectiva de quien vive el dolor por primera vez, generando una desconexión que nos impide ponernos en su lugar.

¿Protección o desconexión?
Aunque la desensibilización es necesaria para que profesionales como médicos o personal de emergencias puedan trabajar, el peligro surge cuando se generaliza en nuestra vida cotidiana. "Normalizamos situaciones graves y minimizamos el dolor ajeno porque ya estamos acostumbrados", se advierte en el programa.
El cierre de esta entrega nos invita a una reflexión profunda sobre nuestra higiene emocional: "¿Te estás protegiendo o te estás desconectando?". Existe una línea muy fina entre cuidar nuestra salud mental y dejar de ser humanos frente al dolor del prójimo.]]></itunes:summary>
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				<googleplay:description><![CDATA[La sección Frecuencia Emocional del programa EgunOn Bizkaia ha abordado esta semana un fenómeno tan invisible como preocupante: la desensibilización ante el sufrimiento de los demás. En un contexto donde las guerras, catástrofes y actos de violencia inundan nuestras pantallas a diario, es común sentir que, poco a poco, reaccionamos con menos intensidad, siguiendo con nuestras vidas como si nada hubiera ocurrido.

El cerebro tiene un límite
Este comportamiento no responde a una falta de bondad o a una personalidad fría. Según se explica en el espacio, "nuestro cerebro tiene un límite". Cuando nos exponemos de forma constante a imágenes de dolor, el órgano más complejo de nuestro cuerpo activa un escudo protector: baja la intensidad de la respuesta emocional para sobrevivir al entorno. Es, en esencia, un mecanismo de autodefensa que "baja el volumen" a la tragedia para que podamos seguir funcionando.

Menos empatía, menos acción
La ciencia respalda esta realidad con estudios inqui]]></googleplay:description>
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				<title>Descifrando qué significa ser una Persona con Alta Sensibilidad (PAS)</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/descifrando-que-significa-ser-una-persona-con-alta-sensibilidad-pas</link>
				<pubDate>Thu, 07 May 2026 09:01:30 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
				<guid isPermaLink="false">https://radiopopular.com/?post_type=podcast&#038;p=288690</guid>
				<description><![CDATA[<p data-path-to-node="4">¿Alguna vez has sentido que percibes detalles que otros pasan por alto? ¿Te agotan los ruidos fuertes o los ambientes muy cargados? En una nueva entrega de <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="156">Frecuencia Emocional</b>, el espacio de psicología en <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="206">EgunOn Bizkaia</b>, analizamos qué hay detrás de las <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="255">Personas con Alta Sensibilidad (PAS)</b> y cómo distinguir si se trata de una forma de ser o de algo clínico.</p>

<h2 data-path-to-node="5">Ni trastorno ni diagnóstico: un rasgo de personalidad</h2>
<p data-path-to-node="6">Una de las dudas más frecuentes es si la alta sensibilidad es un trastorno mental. La respuesta es clara: <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="106">"La alta sensibilidad no aparece como un diagnóstico en el manual DSM, que recoge los trastornos mentales reconocidos oficialmente"</b>. En lugar de una patología, la investigación define este fenómeno como <b data-path-to-node="7" data-index-in-node="70">Sensibilidad de Procesamiento Sensorial</b>. No es algo que se "tenga" o no, sino que funciona como un continuo: hay personas con sensibilidad baja, media y alta. Se estima que <b data-path-to-node="7" data-index-in-node="243">aproximadamente un tercio de la población pertenece al grupo de mayor sensibilidad</b>.</p>

<h2 data-path-to-node="8">La capacidad de detectar lo sutil</h2>
<p data-path-to-node="9">Ser PAS implica procesar la información (lo que vemos, oímos y sentimos) de una <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="80">forma más intensa y profunda</b>. Esto se traduce en habilidades muy concretas en el día a día:</p>

<ul data-path-to-node="10">
 	<li>
<p data-path-to-node="10,0,0"><b data-path-to-node="10,0,0" data-index-in-node="0">Detección de detalles sutiles:</b> Capacidad para notar cambios en el tono de voz o expresiones faciales ajenas.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="10,1,0"><b data-path-to-node="10,1,0" data-index-in-node="0">Empatía profunda:</b> Una gran conexión con las emociones de los demás.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="10,2,0"><b data-path-to-node="10,2,0" data-index-in-node="0">Agudeza sensorial:</b> Percibir tensiones ambientales o incomodidades físicas que otros ignoran.</p>
</li>
</ul>
<h2 data-path-to-node="11">El riesgo de la saturación</h2>
<p data-path-to-node="12">Como ocurre con casi todo en psicología, este rasgo tiene dos caras. Si bien aporta una gran capacidad de observación, también conlleva una <b data-path-to-node="12" data-index-in-node="140">mayor facilidad para la sobreestimulación</b>. <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="0">"Las personas PAS se saturan antes y pueden sentirse desbordadas en entornos exigentes"</b>. De hecho, algunos estudios vinculan este rasgo con una mayor tendencia a la <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="165">preocupación, la rumiación o la ansiedad</b>, especialmente cuando el entorno no es favorable.</p>

<h2 data-path-to-node="14">Autoconocimiento para adaptarse mejor</h2>
<p data-path-to-node="15">Más allá de las etiquetas, lo verdaderamente útil es entender cómo funcionamos. Si te identificas con estas características, no lo veas como una limitación, sino como una <b data-path-to-node="15" data-index-in-node="171">herramienta para conocer tus necesidades</b>. Saber que eres una persona con alta sensibilidad te permite <b data-path-to-node="16" data-index-in-node="60">poner límites, regularte mejor y buscar esos momentos de descanso</b> que tu sistema necesita para procesar el exceso de estímulos. En definitiva, se trata de usar esta información a tu favor para vivir de una forma más equilibrada.</p>]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[¿Alguna vez has sentido que percibes detalles que otros pasan por alto? ¿Te agotan los ruidos fuertes o los ambientes muy cargados? En una nueva entrega de Frecuencia Emocional, el espacio de psicología en EgunOn Bizkaia, analizamos qué hay detrás de las]]></itunes:subtitle>
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<h2 data-path-to-node="5">Ni trastorno ni diagnóstico: un rasgo de personalidad</h2>
<p data-path-to-node="6">Una de las dudas más frecuentes es si la alta sensibilidad es un trastorno mental. La respuesta es clara: <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="106">"La alta sensibilidad no aparece como un diagnóstico en el manual DSM, que recoge los trastornos mentales reconocidos oficialmente"</b>. En lugar de una patología, la investigación define este fenómeno como <b data-path-to-node="7" data-index-in-node="70">Sensibilidad de Procesamiento Sensorial</b>. No es algo que se "tenga" o no, sino que funciona como un continuo: hay personas con sensibilidad baja, media y alta. Se estima que <b data-path-to-node="7" data-index-in-node="243">aproximadamente un tercio de la población pertenece al grupo de mayor sensibilidad</b>.</p>

<h2 data-path-to-node="8">La capacidad de detectar lo sutil</h2>
<p data-path-to-node="9">Ser PAS implica procesar la información (lo que vemos, oímos y sentimos) de una <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="80">forma más intensa y profunda</b>. Esto se traduce en habilidades muy concretas en el día a día:</p>

<ul data-path-to-node="10">
 	<li>
<p data-path-to-node="10,0,0"><b data-path-to-node="10,0,0" data-index-in-node="0">Detección de detalles sutiles:</b> Capacidad para notar cambios en el tono de voz o expresiones faciales ajenas.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="10,1,0"><b data-path-to-node="10,1,0" data-index-in-node="0">Empatía profunda:</b> Una gran conexión con las emociones de los demás.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="10,2,0"><b data-path-to-node="10,2,0" data-index-in-node="0">Agudeza sensorial:</b> Percibir tensiones ambientales o incomodidades físicas que otros ignoran.</p>
</li>
</ul>
<h2 data-path-to-node="11">El riesgo de la saturación</h2>
<p data-path-to-node="12">Como ocurre con casi todo en psicología, este rasgo tiene dos caras. Si bien aporta una gran capacidad de observación, también conlleva una <b data-path-to-node="12" data-index-in-node="140">mayor facilidad para la sobreestimulación</b>. <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="0">"Las personas PAS se saturan antes y pueden sentirse desbordadas en entornos exigentes"</b>. De hecho, algunos estudios vinculan este rasgo con una mayor tendencia a la <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="165">preocupación, la rumiación o la ansiedad</b>, especialmente cuando el entorno no es favorable.</p>

<h2 data-path-to-node="14">Autoconocimiento para adaptarse mejor</h2>
<p data-path-to-node="15">Más allá de las etiquetas, lo verdaderamente útil es entender cómo funcionamos. Si te identificas con estas características, no lo veas como una limitación, sino como una <b data-path-to-node="15" data-index-in-node="171">herramienta para conocer tus necesidades</b>. Saber que eres una persona con alta sensibilidad te permite <b data-path-to-node="16" data-index-in-node="60">poner límites, regularte mejor y buscar esos momentos de descanso</b> que tu sistema necesita para procesar el exceso de estímulos. En definitiva, se trata de usar esta información a tu favor para vivir de una forma más equilibrada.</p>]]></content:encoded>
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Ni trastorno ni diagnóstico: un rasgo de personalidad
Una de las dudas más frecuentes es si la alta sensibilidad es un trastorno mental. La respuesta es clara: "La alta sensibilidad no aparece como un diagnóstico en el manual DSM, que recoge los trastornos mentales reconocidos oficialmente". En lugar de una patología, la investigación define este fenómeno como Sensibilidad de Procesamiento Sensorial. No es algo que se "tenga" o no, sino que funciona como un continuo: hay personas con sensibilidad baja, media y alta. Se estima que aproximadamente un tercio de la población pertenece al grupo de mayor sensibilidad.

La capacidad de detectar lo sutil
Ser PAS implica procesar la información (lo que vemos, oímos y sentimos) de una forma más intensa y profunda. Esto se traduce en habilidades muy concretas en el día a día:


 	
Detección de detalles sutiles: Capacidad para notar cambios en el tono de voz o expresiones faciales ajenas.

 	
Empatía profunda: Una gran conexión con las emociones de los demás.

 	
Agudeza sensorial: Percibir tensiones ambientales o incomodidades físicas que otros ignoran.


El riesgo de la saturación
Como ocurre con casi todo en psicología, este rasgo tiene dos caras. Si bien aporta una gran capacidad de observación, también conlleva una mayor facilidad para la sobreestimulación. "Las personas PAS se saturan antes y pueden sentirse desbordadas en entornos exigentes". De hecho, algunos estudios vinculan este rasgo con una mayor tendencia a la preocupación, la rumiación o la ansiedad, especialmente cuando el entorno no es favorable.

Autoconocimiento para adaptarse mejor
Más allá de las etiquetas, lo verdaderamente útil es entender cómo funcionamos. Si te identificas con estas características, no lo veas como una limitación, sino como una herramienta para conocer tus necesidades. Saber que eres una persona con alta sensibilidad te permite poner límites, regularte mejor y buscar esos momentos de descanso que tu sistema necesita para procesar el exceso de estímulos. En definitiva, se trata de usar esta información a tu favor para vivir de una forma más equilibrada.]]></itunes:summary>
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				<googleplay:description><![CDATA[¿Alguna vez has sentido que percibes detalles que otros pasan por alto? ¿Te agotan los ruidos fuertes o los ambientes muy cargados? En una nueva entrega de Frecuencia Emocional, el espacio de psicología en EgunOn Bizkaia, analizamos qué hay detrás de las Personas con Alta Sensibilidad (PAS) y cómo distinguir si se trata de una forma de ser o de algo clínico.

Ni trastorno ni diagnóstico: un rasgo de personalidad
Una de las dudas más frecuentes es si la alta sensibilidad es un trastorno mental. La respuesta es clara: "La alta sensibilidad no aparece como un diagnóstico en el manual DSM, que recoge los trastornos mentales reconocidos oficialmente". En lugar de una patología, la investigación define este fenómeno como Sensibilidad de Procesamiento Sensorial. No es algo que se "tenga" o no, sino que funciona como un continuo: hay personas con sensibilidad baja, media y alta. Se estima que aproximadamente un tercio de la población pertenece al grupo de mayor sensibilidad.

La capacida]]></googleplay:description>
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				<title>¿Por qué muchas mujeres llegan a los 30 o 40 años sin saber que son autistas?</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/por-que-muchas-mujeres-llegan-a-los-30-o-40-anos-sin-saber-que-son-autistas</link>
				<pubDate>Thu, 30 Apr 2026 08:28:01 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[<p data-path-to-node="4">En la sección <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="14">Frecuencia Emocional</b> de <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="38">EgunOn Bizkaia</b>, abordamos un fenómeno en auge en las consultas de psicología: el diagnóstico de autismo en mujeres adultas. Esta tendencia no responde a un aumento real de casos, sino a que históricamente estas mujeres han sido invisibles para el sistema. Para comprenderlo, debemos entender que la neurodivergencia implica que <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="366">no todos los cerebros funcionan igual</b>, ya que algunas personas procesan la información de manera distinta sin que esto sea mejor ni peor, simplemente diferente.</p>

<h2 data-path-to-node="5">El peso de un modelo masculino</h2>
<p data-path-to-node="6">El principal obstáculo ha sido un sesgo de género histórico, donde <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="67">el modelo de diagnóstico se basó casi exclusivamente en cómo se presenta el autismo en niños y hombres</b>. Esto provocó que muchas niñas quedaran fuera del radar al no presentar conductas disruptivas y al contar con herramientas de evaluación poco sensibles a su realidad. Además, las mujeres suelen desarrollar estrategias de adaptación social mucho más sofisticadas que los varones.</p>

<h2 data-path-to-node="7">La trampa del camuflaje social</h2>
<p data-path-to-node="8">Una de las claves de esta invisibilidad es el <b data-path-to-node="8" data-index-in-node="46">camuflaje o masking</b>, un esfuerzo constante por parecer neurotípica que implica forzar la mirada o ensayar conversaciones mentalmente. Esta imitación de gestos para encajar tiene un coste psicológico devastador, pues <b data-path-to-node="8" data-index-in-node="262">supone muchísimo agotamiento, ansiedad y la sensación de perder la propia identidad</b>. Mientras en los hombres el autismo suele manifestarse de forma externa, en las mujeres predominan los problemas internalizantes como la tristeza y la ansiedad.</p>

<h2 data-path-to-node="9">Señales en la vida adulta</h2>
<p data-path-to-node="10">En el día a día, estas mujeres pueden parecer funcionales, pero a menudo se sienten como "extraterrestres" que actúan un papel. Presentan rasgos como un agotamiento social profundo que requiere aislamiento para recuperarse, hipersensibilidad a ruidos o luces, e intereses muy intensos en temas como la lectura o la psicología que suelen pasar desapercibidos por ser socialmente aceptados.</p>

<h2 data-path-to-node="11">El diagnóstico como nuevo comienzo</h2>
<p data-path-to-node="12">Finalmente, recibir el diagnóstico en la madurez se vive como un alivio transformador. <b data-path-to-node="12" data-index-in-node="87">No es una etiqueta rápida, sino una explicación que permite ser más compasiva con una misma</b> al entender por fin el porqué de tantos años de esfuerzo. Como reflexión necesaria, debemos recordar que <b data-path-to-node="12" data-index-in-node="284">muchas veces, lo que no se ve no es que no exista, es que nadie ha sabido mirarlo bien</b>.</p>]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[En la sección Frecuencia Emocional de EgunOn Bizkaia, abordamos un fenómeno en auge en las consultas de psicología: el diagnóstico de autismo en mujeres adultas. Esta tendencia no responde a un aumento real de casos, sino a que históricamente estas mujer]]></itunes:subtitle>
									<itunes:keywords>autismo femenino,diagnóstico tardío,Egunon Bizkaia,Frecuencia Emocional,neurodivergencia,psicología emocional,salud mental</itunes:keywords>
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<h2 data-path-to-node="5">El peso de un modelo masculino</h2>
<p data-path-to-node="6">El principal obstáculo ha sido un sesgo de género histórico, donde <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="67">el modelo de diagnóstico se basó casi exclusivamente en cómo se presenta el autismo en niños y hombres</b>. Esto provocó que muchas niñas quedaran fuera del radar al no presentar conductas disruptivas y al contar con herramientas de evaluación poco sensibles a su realidad. Además, las mujeres suelen desarrollar estrategias de adaptación social mucho más sofisticadas que los varones.</p>

<h2 data-path-to-node="7">La trampa del camuflaje social</h2>
<p data-path-to-node="8">Una de las claves de esta invisibilidad es el <b data-path-to-node="8" data-index-in-node="46">camuflaje o masking</b>, un esfuerzo constante por parecer neurotípica que implica forzar la mirada o ensayar conversaciones mentalmente. Esta imitación de gestos para encajar tiene un coste psicológico devastador, pues <b data-path-to-node="8" data-index-in-node="262">supone muchísimo agotamiento, ansiedad y la sensación de perder la propia identidad</b>. Mientras en los hombres el autismo suele manifestarse de forma externa, en las mujeres predominan los problemas internalizantes como la tristeza y la ansiedad.</p>

<h2 data-path-to-node="9">Señales en la vida adulta</h2>
<p data-path-to-node="10">En el día a día, estas mujeres pueden parecer funcionales, pero a menudo se sienten como "extraterrestres" que actúan un papel. Presentan rasgos como un agotamiento social profundo que requiere aislamiento para recuperarse, hipersensibilidad a ruidos o luces, e intereses muy intensos en temas como la lectura o la psicología que suelen pasar desapercibidos por ser socialmente aceptados.</p>

<h2 data-path-to-node="11">El diagnóstico como nuevo comienzo</h2>
<p data-path-to-node="12">Finalmente, recibir el diagnóstico en la madurez se vive como un alivio transformador. <b data-path-to-node="12" data-index-in-node="87">No es una etiqueta rápida, sino una explicación que permite ser más compasiva con una misma</b> al entender por fin el porqué de tantos años de esfuerzo. Como reflexión necesaria, debemos recordar que <b data-path-to-node="12" data-index-in-node="284">muchas veces, lo que no se ve no es que no exista, es que nadie ha sabido mirarlo bien</b>.</p>]]></content:encoded>
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				<itunes:summary><![CDATA[En la sección Frecuencia Emocional de EgunOn Bizkaia, abordamos un fenómeno en auge en las consultas de psicología: el diagnóstico de autismo en mujeres adultas. Esta tendencia no responde a un aumento real de casos, sino a que históricamente estas mujeres han sido invisibles para el sistema. Para comprenderlo, debemos entender que la neurodivergencia implica que no todos los cerebros funcionan igual, ya que algunas personas procesan la información de manera distinta sin que esto sea mejor ni peor, simplemente diferente.

El peso de un modelo masculino
El principal obstáculo ha sido un sesgo de género histórico, donde el modelo de diagnóstico se basó casi exclusivamente en cómo se presenta el autismo en niños y hombres. Esto provocó que muchas niñas quedaran fuera del radar al no presentar conductas disruptivas y al contar con herramientas de evaluación poco sensibles a su realidad. Además, las mujeres suelen desarrollar estrategias de adaptación social mucho más sofisticadas que los varones.

La trampa del camuflaje social
Una de las claves de esta invisibilidad es el camuflaje o masking, un esfuerzo constante por parecer neurotípica que implica forzar la mirada o ensayar conversaciones mentalmente. Esta imitación de gestos para encajar tiene un coste psicológico devastador, pues supone muchísimo agotamiento, ansiedad y la sensación de perder la propia identidad. Mientras en los hombres el autismo suele manifestarse de forma externa, en las mujeres predominan los problemas internalizantes como la tristeza y la ansiedad.

Señales en la vida adulta
En el día a día, estas mujeres pueden parecer funcionales, pero a menudo se sienten como "extraterrestres" que actúan un papel. Presentan rasgos como un agotamiento social profundo que requiere aislamiento para recuperarse, hipersensibilidad a ruidos o luces, e intereses muy intensos en temas como la lectura o la psicología que suelen pasar desapercibidos por ser socialmente aceptados.

El diagnóstico como nuevo comienzo
Finalmente, recibir el diagnóstico en la madurez se vive como un alivio transformador. No es una etiqueta rápida, sino una explicación que permite ser más compasiva con una misma al entender por fin el porqué de tantos años de esfuerzo. Como reflexión necesaria, debemos recordar que muchas veces, lo que no se ve no es que no exista, es que nadie ha sabido mirarlo bien.]]></itunes:summary>
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El peso de un modelo masculino
El principal obstáculo ha sido un sesgo de género histórico, donde el modelo de diagnóstico se basó casi exclusivamente en cómo se presenta el autismo en niños y hombres. Esto provocó que muchas niñas quedaran fuera del radar al no presentar conductas disruptivas y al contar con herramientas de evaluación poco sensibles a su realidad. Además, las mujeres suelen desarrollar estrategias de adaptación social mucho más sofisticadas que l]]></googleplay:description>
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				<title>Ciberhipocondría: cuando internet se convierte en el peor enemigo de tu salud</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/ciberhipocondria-cuando-internet-se-convierte-en-el-peor-enemigo-de-tu-salud</link>
				<pubDate>Fri, 24 Apr 2026 04:36:25 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[<p data-path-to-node="4">En la última entrega de <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="24">"Frecuencia Emocional"</b> dentro del programa <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="67">EgunOn Bizkaia</b>, hemos abordado un fenómeno cada vez más extendido en la era digital: la <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="155">ciberhipocondría</b>. Aunque no es un trastorno clasificado oficialmente en manuales como el DSM-5, su impacto en nuestra salud mental es una realidad que los psicólogos ven cada día con más frecuencia.</p>

<h2 data-path-to-node="5">¿Qué es exactamente la ciberhipocondría?</h2>
<p data-path-to-node="6">La ciberhipocondría se define como la <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="38">búsqueda excesiva y repetitiva de información sobre salud en internet</b> que, lejos de tranquilizarnos, <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="139">aumenta nuestra ansiedad</b>. El problema radica en la intención: no buscamos por curiosidad, sino para intentar aplacar un miedo.</p>
<p data-path-to-node="7">Como bien se ha señalado en el programa, <b data-path-to-node="7" data-index-in-node="41">"no buscamos por curiosidad, buscamos para tranquilizarnos"</b>. Queremos que la red nos diga que no es nada, pero internet no está diseñado para dar respuestas personalizadas.</p>

<h2 data-path-to-node="8">El peligro del "algoritmo del miedo"</h2>
<p data-path-to-node="9">Internet es una herramienta potente, pero ciega. No conoce tu historial médico, tu edad ni el contexto de tus síntomas. Cuando introduces un dolor de cabeza en el buscador, los resultados pueden oscilar desde el estrés hasta patologías graves.</p>
<p data-path-to-node="10">El problema es que <b data-path-to-node="10" data-index-in-node="19">"nuestro cerebro, en modo alerta, no se queda con lo probable, se queda con lo peligroso"</b>. Este sesgo nos empuja a ignorar las explicaciones lógicas y centrarnos en las más alarmantes, creando una sobrecarga de información que el cerebro gestiona con gran dificultad.</p>

<h2 data-path-to-node="11">El bucle compulsivo y la desconfianza médica</h2>
<p data-path-to-node="12">Esta práctica puede convertirse en algo <b data-path-to-node="12" data-index-in-node="40">compulsivo</b>, robándonos tiempo y desconectándonos del día a día. Además, tiene efectos secundarios graves en el sistema sanitario:</p>

<ul data-path-to-node="13">
 	<li>
<p data-path-to-node="13,0,0"><b data-path-to-node="13,0,0" data-index-in-node="0">Deterioro de la relación médico-paciente:</b> Los pacientes llegan a consulta con ideas cerradas y, a veces, buscan de médico en médico hasta encontrar quien confirme lo que han leído.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="13,1,0"><b data-path-to-node="13,1,0" data-index-in-node="0">Amplificación de sensaciones:</b> Estar en alerta constante hace que sintamos más el cuerpo. <b data-path-to-node="13,1,0" data-index-in-node="89">"Las señales normales del cuerpo se amplifican y se interpretan como amenazas"</b> cuando estamos bajo el influjo de la ansiedad por la salud.</p>
</li>
</ul>
<h2 data-path-to-node="14">Claves para una mejor higiene digital</h2>
<p data-path-to-node="15">No se trata de demonizar internet, sino de cambiar la forma en la que lo usamos. Aquí algunas pautas esenciales:</p>

<ol start="1" data-path-to-node="16">
 	<li>
<p data-path-to-node="16,0,0"><b data-path-to-node="16,0,0" data-index-in-node="0">Higiene Digital:</b> No revises síntomas cada vez que notes algo. El cuerpo siempre emite sensaciones; convertirlas todas en enfermedades es vivir en alerta constante.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="16,1,0"><b data-path-to-node="16,1,0" data-index-in-node="0">Tolerar la duda:</b> Es vital <b data-path-to-node="16,1,0" data-index-in-node="26">"aprender a tolerar la duda"</b>. Nadie tiene certeza absoluta sobre su salud todo el tiempo, e intentar conseguirla en Google es como <b data-path-to-node="16,1,0" data-index-in-node="157">"intentar apagar un fuego con gasolina"</b>.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="16,2,0"><b data-path-to-node="16,2,0" data-index-in-node="0">Identificar la intención:</b> Antes de teclear, pregúntate: ¿Me estoy informando o estoy intentando calmar mi ansiedad?</p>
</li>
</ol>
<p data-path-to-node="17">Si la respuesta es que buscas calma, recuerda que esa estrategia casi nunca funciona a largo plazo y solo alimenta el bucle del miedo.</p>]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[En la última entrega de Frecuencia Emocional dentro del programa EgunOn Bizkaia, hemos abordado un fenómeno cada vez más extendido en la era digital: la ciberhipocondría. Aunque no es un trastorno clasificado oficialmente en manuales como el DSM-5, su im]]></itunes:subtitle>
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<h2 data-path-to-node="5">¿Qué es exactamente la ciberhipocondría?</h2>
<p data-path-to-node="6">La ciberhipocondría se define como la <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="38">búsqueda excesiva y repetitiva de información sobre salud en internet</b> que, lejos de tranquilizarnos, <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="139">aumenta nuestra ansiedad</b>. El problema radica en la intención: no buscamos por curiosidad, sino para intentar aplacar un miedo.</p>
<p data-path-to-node="7">Como bien se ha señalado en el programa, <b data-path-to-node="7" data-index-in-node="41">"no buscamos por curiosidad, buscamos para tranquilizarnos"</b>. Queremos que la red nos diga que no es nada, pero internet no está diseñado para dar respuestas personalizadas.</p>

<h2 data-path-to-node="8">El peligro del "algoritmo del miedo"</h2>
<p data-path-to-node="9">Internet es una herramienta potente, pero ciega. No conoce tu historial médico, tu edad ni el contexto de tus síntomas. Cuando introduces un dolor de cabeza en el buscador, los resultados pueden oscilar desde el estrés hasta patologías graves.</p>
<p data-path-to-node="10">El problema es que <b data-path-to-node="10" data-index-in-node="19">"nuestro cerebro, en modo alerta, no se queda con lo probable, se queda con lo peligroso"</b>. Este sesgo nos empuja a ignorar las explicaciones lógicas y centrarnos en las más alarmantes, creando una sobrecarga de información que el cerebro gestiona con gran dificultad.</p>

<h2 data-path-to-node="11">El bucle compulsivo y la desconfianza médica</h2>
<p data-path-to-node="12">Esta práctica puede convertirse en algo <b data-path-to-node="12" data-index-in-node="40">compulsivo</b>, robándonos tiempo y desconectándonos del día a día. Además, tiene efectos secundarios graves en el sistema sanitario:</p>

<ul data-path-to-node="13">
 	<li>
<p data-path-to-node="13,0,0"><b data-path-to-node="13,0,0" data-index-in-node="0">Deterioro de la relación médico-paciente:</b> Los pacientes llegan a consulta con ideas cerradas y, a veces, buscan de médico en médico hasta encontrar quien confirme lo que han leído.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="13,1,0"><b data-path-to-node="13,1,0" data-index-in-node="0">Amplificación de sensaciones:</b> Estar en alerta constante hace que sintamos más el cuerpo. <b data-path-to-node="13,1,0" data-index-in-node="89">"Las señales normales del cuerpo se amplifican y se interpretan como amenazas"</b> cuando estamos bajo el influjo de la ansiedad por la salud.</p>
</li>
</ul>
<h2 data-path-to-node="14">Claves para una mejor higiene digital</h2>
<p data-path-to-node="15">No se trata de demonizar internet, sino de cambiar la forma en la que lo usamos. Aquí algunas pautas esenciales:</p>

<ol start="1" data-path-to-node="16">
 	<li>
<p data-path-to-node="16,0,0"><b data-path-to-node="16,0,0" data-index-in-node="0">Higiene Digital:</b> No revises síntomas cada vez que notes algo. El cuerpo siempre emite sensaciones; convertirlas todas en enfermedades es vivir en alerta constante.</p>
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</li>
 	<li>
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¿Qué es exactamente la ciberhipocondría?
La ciberhipocondría se define como la búsqueda excesiva y repetitiva de información sobre salud en internet que, lejos de tranquilizarnos, aumenta nuestra ansiedad. El problema radica en la intención: no buscamos por curiosidad, sino para intentar aplacar un miedo.
Como bien se ha señalado en el programa, "no buscamos por curiosidad, buscamos para tranquilizarnos". Queremos que la red nos diga que no es nada, pero internet no está diseñado para dar respuestas personalizadas.

El peligro del "algoritmo del miedo"
Internet es una herramienta potente, pero ciega. No conoce tu historial médico, tu edad ni el contexto de tus síntomas. Cuando introduces un dolor de cabeza en el buscador, los resultados pueden oscilar desde el estrés hasta patologías graves.
El problema es que "nuestro cerebro, en modo alerta, no se queda con lo probable, se queda con lo peligroso". Este sesgo nos empuja a ignorar las explicaciones lógicas y centrarnos en las más alarmantes, creando una sobrecarga de información que el cerebro gestiona con gran dificultad.

El bucle compulsivo y la desconfianza médica
Esta práctica puede convertirse en algo compulsivo, robándonos tiempo y desconectándonos del día a día. Además, tiene efectos secundarios graves en el sistema sanitario:


 	
Deterioro de la relación médico-paciente: Los pacientes llegan a consulta con ideas cerradas y, a veces, buscan de médico en médico hasta encontrar quien confirme lo que han leído.

 	
Amplificación de sensaciones: Estar en alerta constante hace que sintamos más el cuerpo. "Las señales normales del cuerpo se amplifican y se interpretan como amenazas" cuando estamos bajo el influjo de la ansiedad por la salud.


Claves para una mejor higiene digital
No se trata de demonizar internet, sino de cambiar la forma en la que lo usamos. Aquí algunas pautas esenciales:


 	
Higiene Digital: No revises síntomas cada vez que notes algo. El cuerpo siempre emite sensaciones; convertirlas todas en enfermedades es vivir en alerta constante.

 	
Tolerar la duda: Es vital "aprender a tolerar la duda". Nadie tiene certeza absoluta sobre su salud todo el tiempo, e intentar conseguirla en Google es como "intentar apagar un fuego con gasolina".

 	
Identificar la intención: Antes de teclear, pregúntate: ¿Me estoy informando o estoy intentando calmar mi ansiedad?


Si la respuesta es que buscas calma, recuerda que esa estrategia casi nunca funciona a largo plazo y solo alimenta el bucle del miedo.]]></itunes:summary>
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¿Qué es exactamente la ciberhipocondría?
La ciberhipocondría se define como la búsqueda excesiva y repetitiva de información sobre salud en internet que, lejos de tranquilizarnos, aumenta nuestra ansiedad. El problema radica en la intención: no buscamos por curiosidad, sino para intentar aplacar un miedo.
Como bien se ha señalado en el programa, "no buscamos por curiosidad, buscamos para tranquilizarnos". Queremos que la red nos diga que no es nada, pero internet no está diseñado para dar respuestas personalizadas.

El peligro del "algoritmo del miedo"
Internet es una herramienta potente, pero ciega. No conoce tu historial médico]]></googleplay:description>
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				<title>La dictadura del ‘like’: ¿Por qué buscamos validación en una pantalla?</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/la-dictadura-del-like-por-que-buscamos-validacion-en-una-pantalla</link>
				<pubDate>Fri, 17 Apr 2026 07:23:05 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[<p data-path-to-node="4">Imagina un martes cualquiera. Has tenido un día normal: trabajo, compra, una cena rica y sofá. Estás bien, hasta que abres Instagram. En cinco minutos, el viaje a Bali de una amiga o el cuerpo "perfecto" de una desconocida transforman tu calma en insuficiencia. <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="262">"Lo que ha cambiado no es tu vida, sino que te has comparado con los mejores momentos de miles de personas"</b>. En la sección <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="385">Frecuencia Emocional</b> de hoy, analizamos esta "trampa" digital.</p>

<h2 data-path-to-node="6">El espejismo de la comparación social</h2>
<p data-path-to-node="7">La comparación no es nueva, pero su escala sí. Antes nos comparábamos con nuestro entorno cercano; hoy, lo hacemos contra escaparates editados. <b data-path-to-node="7" data-index-in-node="144">"Nuestro cerebro evalúa cómo estamos comparándonos con otras personas, pero ahora te comparas con los mejores momentos de miles de personas que cuentan su vida en redes sociales"</b>. Esta dinámica alimenta una sensación constante de frustración y de no ser suficiente, afectando directamente a nuestra autoestima.</p>

<h2 data-path-to-node="8">Higiene digital: ¿Qué estás desayunando?</h2>
<p data-path-to-node="9">Iratxe López nos invita a tratar el contenido digital como tratamos a la comida. <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="86">"Igual que cuidamos lo que comemos, también deberíamos cuidar lo que consumimos en redes sociales; si todos los días desayunas comida basura, tu cuerpo lo nota, y si consumes contenido que te hace sentir inferior, tu autoestima también lo notará"</b>. La clave no es prohibir las redes, sino practicar una <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="388">higiene digital consciente</b> y preguntarse si lo que vemos nos inspira o nos hace sentir vacíos.</p>

<h2 data-path-to-node="10">Del consumo pasivo a la conexión real</h2>
<p data-path-to-node="11">No todas las interacciones pesan lo mismo, ya que el mayor malestar psicológico se asocia al <b data-path-to-node="11" data-index-in-node="93">consumo pasivo</b>, que consiste en deslizar el dedo por la pantalla viendo vidas ajenas que no son reales. La verdadera salud emocional surge al hacer limpieza y dejar de seguir cuentas que generen envidia, diferenciando siempre la realidad del escaparate, pues <b data-path-to-node="11" data-index-in-node="352">todo el mundo tiene inseguridades y días malos que no se ven en un vídeo de 30 segundos</b>. Al final, la clave es aprender a cerrar la aplicación a tiempo, justo cuando notas que el contenido ya no te está haciendo bien. <b data-path-to-node="12,0" data-index-in-node="0">"Tu valor no se mide en píxeles. La validación más importante no viene de un seguidor desconocido, sino de aprender a cerrar la pantalla para conectar contigo mismo."</b></p>]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[Imagina un martes cualquiera. Has tenido un día normal: trabajo, compra, una cena rica y sofá. Estás bien, hasta que abres Instagram. En cinco minutos, el viaje a Bali de una amiga o el cuerpo perfecto de una desconocida transforman tu calma en insuficie]]></itunes:subtitle>
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								<content:encoded><![CDATA[<p data-path-to-node="4">Imagina un martes cualquiera. Has tenido un día normal: trabajo, compra, una cena rica y sofá. Estás bien, hasta que abres Instagram. En cinco minutos, el viaje a Bali de una amiga o el cuerpo "perfecto" de una desconocida transforman tu calma en insuficiencia. <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="262">"Lo que ha cambiado no es tu vida, sino que te has comparado con los mejores momentos de miles de personas"</b>. En la sección <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="385">Frecuencia Emocional</b> de hoy, analizamos esta "trampa" digital.</p>

<h2 data-path-to-node="6">El espejismo de la comparación social</h2>
<p data-path-to-node="7">La comparación no es nueva, pero su escala sí. Antes nos comparábamos con nuestro entorno cercano; hoy, lo hacemos contra escaparates editados. <b data-path-to-node="7" data-index-in-node="144">"Nuestro cerebro evalúa cómo estamos comparándonos con otras personas, pero ahora te comparas con los mejores momentos de miles de personas que cuentan su vida en redes sociales"</b>. Esta dinámica alimenta una sensación constante de frustración y de no ser suficiente, afectando directamente a nuestra autoestima.</p>

<h2 data-path-to-node="8">Higiene digital: ¿Qué estás desayunando?</h2>
<p data-path-to-node="9">Iratxe López nos invita a tratar el contenido digital como tratamos a la comida. <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="86">"Igual que cuidamos lo que comemos, también deberíamos cuidar lo que consumimos en redes sociales; si todos los días desayunas comida basura, tu cuerpo lo nota, y si consumes contenido que te hace sentir inferior, tu autoestima también lo notará"</b>. La clave no es prohibir las redes, sino practicar una <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="388">higiene digital consciente</b> y preguntarse si lo que vemos nos inspira o nos hace sentir vacíos.</p>

<h2 data-path-to-node="10">Del consumo pasivo a la conexión real</h2>
<p data-path-to-node="11">No todas las interacciones pesan lo mismo, ya que el mayor malestar psicológico se asocia al <b data-path-to-node="11" data-index-in-node="93">consumo pasivo</b>, que consiste en deslizar el dedo por la pantalla viendo vidas ajenas que no son reales. La verdadera salud emocional surge al hacer limpieza y dejar de seguir cuentas que generen envidia, diferenciando siempre la realidad del escaparate, pues <b data-path-to-node="11" data-index-in-node="352">todo el mundo tiene inseguridades y días malos que no se ven en un vídeo de 30 segundos</b>. Al final, la clave es aprender a cerrar la aplicación a tiempo, justo cuando notas que el contenido ya no te está haciendo bien. <b data-path-to-node="12,0" data-index-in-node="0">"Tu valor no se mide en píxeles. La validación más importante no viene de un seguidor desconocido, sino de aprender a cerrar la pantalla para conectar contigo mismo."</b></p>]]></content:encoded>
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El espejismo de la comparación social
La comparación no es nueva, pero su escala sí. Antes nos comparábamos con nuestro entorno cercano; hoy, lo hacemos contra escaparates editados. "Nuestro cerebro evalúa cómo estamos comparándonos con otras personas, pero ahora te comparas con los mejores momentos de miles de personas que cuentan su vida en redes sociales". Esta dinámica alimenta una sensación constante de frustración y de no ser suficiente, afectando directamente a nuestra autoestima.

Higiene digital: ¿Qué estás desayunando?
Iratxe López nos invita a tratar el contenido digital como tratamos a la comida. "Igual que cuidamos lo que comemos, también deberíamos cuidar lo que consumimos en redes sociales; si todos los días desayunas comida basura, tu cuerpo lo nota, y si consumes contenido que te hace sentir inferior, tu autoestima también lo notará". La clave no es prohibir las redes, sino practicar una higiene digital consciente y preguntarse si lo que vemos nos inspira o nos hace sentir vacíos.

Del consumo pasivo a la conexión real
No todas las interacciones pesan lo mismo, ya que el mayor malestar psicológico se asocia al consumo pasivo, que consiste en deslizar el dedo por la pantalla viendo vidas ajenas que no son reales. La verdadera salud emocional surge al hacer limpieza y dejar de seguir cuentas que generen envidia, diferenciando siempre la realidad del escaparate, pues todo el mundo tiene inseguridades y días malos que no se ven en un vídeo de 30 segundos. Al final, la clave es aprender a cerrar la aplicación a tiempo, justo cuando notas que el contenido ya no te está haciendo bien. "Tu valor no se mide en píxeles. La validación más importante no viene de un seguidor desconocido, sino de aprender a cerrar la pantalla para conectar contigo mismo."]]></itunes:summary>
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				<googleplay:description><![CDATA[Imagina un martes cualquiera. Has tenido un día normal: trabajo, compra, una cena rica y sofá. Estás bien, hasta que abres Instagram. En cinco minutos, el viaje a Bali de una amiga o el cuerpo "perfecto" de una desconocida transforman tu calma en insuficiencia. "Lo que ha cambiado no es tu vida, sino que te has comparado con los mejores momentos de miles de personas". En la sección Frecuencia Emocional de hoy, analizamos esta "trampa" digital.

El espejismo de la comparación social
La comparación no es nueva, pero su escala sí. Antes nos comparábamos con nuestro entorno cercano; hoy, lo hacemos contra escaparates editados. "Nuestro cerebro evalúa cómo estamos comparándonos con otras personas, pero ahora te comparas con los mejores momentos de miles de personas que cuentan su vida en redes sociales". Esta dinámica alimenta una sensación constante de frustración y de no ser suficiente, afectando directamente a nuestra autoestima.

Higiene digital: ¿Qué estás desayunando?
Iratxe Ló]]></googleplay:description>
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				<title>El síndrome de la agenda llena: ¿Por qué volvemos de vacaciones más cansados que antes?</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/el-sindrome-de-la-agenda-llena-por-que-volvemos-de-vacaciones-mas-cansados-que-antes</link>
				<pubDate>Thu, 09 Apr 2026 08:00:39 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[<p data-path-to-node="4">Las vacaciones de Semana Santa han terminado y, para muchos, el regreso a la rutina no ha venido acompañado de una sensación de descanso, sino de un agotamiento profundo o incluso de malestar físico. ¿Cómo es posible que el tiempo diseñado para el relax nos deje exhaustos? En la sección <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="288">Frecuencia Emocional</b> de <i data-path-to-node="4" data-index-in-node="312">EgunOn Bizkaia</i>, exploramos los tres factores clave que convierten nuestro tiempo libre en una fuente de estrés.</p>

<h2 data-path-to-node="5">La tiranía de las "vacaciones perfectas"</h2>
<p data-path-to-node="6">Hoy en día, parece que no basta con descansar; hay que <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="55">gestionar el descanso como si fuera un proyecto laboral</b>. Sentimos la presión de viajar, de aprovechar cada minuto, de hacer planes constantes y de volver "totalmente renovados" para mostrarlo al mundo.</p>
<p data-path-to-node="7">El problema radica en que, al convertir las vacaciones en una lista de tareas, <b data-path-to-node="7" data-index-in-node="79">nuestro sistema nervioso no cambia de modo, solo cambia el tipo de exigencia</b>. Si tratas a tu ocio con la misma rigidez que a tu trabajo, tu cuerpo nunca recibe la señal de que es seguro desconectar.</p>

<h2 data-path-to-node="8">¿Por qué enfermamos al parar?</h2>
<p data-path-to-node="9">Es un fenómeno común: pasas todo el año rindiendo al máximo y, en cuanto llegan los días libres, aparecen los resfriados, las migrañas o los dolores musculares. Esto sucede porque, durante el estrés diario, el cuerpo sobrevive gracias a la <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="240">activación del cortisol y la adrenalina</b>.</p>
<p data-path-to-node="10"><b data-path-to-node="10" data-index-in-node="0">"No es que las vacaciones te sienten mal, es que es el primer momento en meses en el que tu cuerpo puede demostrar que estaba agotado"</b>. Al bajar la guardia, emergen todas esas somatizaciones que la tensión del día a día mantenía ocultas.</p>

<h2 data-path-to-node="11">La diferencia entre "desconectar" y "descansar"</h2>
<p data-path-to-node="12">A menudo confundimos el descanso con la disociación. Tirarse en el sofá a mirar el móvil de forma compulsiva o encadenar capítulos de una serie puede ser una vía de escape, pero no es necesariamente reparador.</p>
<p data-path-to-node="13">El descanso real suele ser <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="27">"mucho menos espectacular y menos divertido"</b> de lo que nos venden:</p>

<ul data-path-to-node="14">
 	<li>
<p data-path-to-node="14,0,0"><b data-path-to-node="14,0,0" data-index-in-node="0">Reducir estímulos</b> sensoriales.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="14,1,0"><b data-path-to-node="14,1,0" data-index-in-node="0">Bajar el nivel de exigencia</b> personal.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="14,2,0"><b data-path-to-node="14,2,0" data-index-in-node="0">Permitir que el cuerpo entre en un estado de seguridad.</b></p>
</li>
</ul>
<h2 data-path-to-node="15">Aprender a no hacer nada</h2>
<p data-path-to-node="16">La clave para unas vacaciones que funcionen no es añadir actividades, sino restar obligaciones. La pregunta que deberíamos hacernos no es "¿qué más puedo hacer?", sino <b data-path-to-node="16" data-index-in-node="168">"¿qué menos necesito hacer?"</b>. <b data-path-to-node="17" data-index-in-node="0">"Aprender a no hacer nada no es perder el tiempo, es permitir que el sistema nervioso se regule"</b>. El verdadero éxito de un periodo de descanso se mide por cómo te sientes al volver: más regulado, más lento y con menos necesidad de producir constantemente.</p>]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[Las vacaciones de Semana Santa han terminado y, para muchos, el regreso a la rutina no ha venido acompañado de una sensación de descanso, sino de un agotamiento profundo o incluso de malestar físico. ¿Cómo es posible que el tiempo diseñado para el relax ]]></itunes:subtitle>
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								<content:encoded><![CDATA[<p data-path-to-node="4">Las vacaciones de Semana Santa han terminado y, para muchos, el regreso a la rutina no ha venido acompañado de una sensación de descanso, sino de un agotamiento profundo o incluso de malestar físico. ¿Cómo es posible que el tiempo diseñado para el relax nos deje exhaustos? En la sección <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="288">Frecuencia Emocional</b> de <i data-path-to-node="4" data-index-in-node="312">EgunOn Bizkaia</i>, exploramos los tres factores clave que convierten nuestro tiempo libre en una fuente de estrés.</p>

<h2 data-path-to-node="5">La tiranía de las "vacaciones perfectas"</h2>
<p data-path-to-node="6">Hoy en día, parece que no basta con descansar; hay que <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="55">gestionar el descanso como si fuera un proyecto laboral</b>. Sentimos la presión de viajar, de aprovechar cada minuto, de hacer planes constantes y de volver "totalmente renovados" para mostrarlo al mundo.</p>
<p data-path-to-node="7">El problema radica en que, al convertir las vacaciones en una lista de tareas, <b data-path-to-node="7" data-index-in-node="79">nuestro sistema nervioso no cambia de modo, solo cambia el tipo de exigencia</b>. Si tratas a tu ocio con la misma rigidez que a tu trabajo, tu cuerpo nunca recibe la señal de que es seguro desconectar.</p>

<h2 data-path-to-node="8">¿Por qué enfermamos al parar?</h2>
<p data-path-to-node="9">Es un fenómeno común: pasas todo el año rindiendo al máximo y, en cuanto llegan los días libres, aparecen los resfriados, las migrañas o los dolores musculares. Esto sucede porque, durante el estrés diario, el cuerpo sobrevive gracias a la <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="240">activación del cortisol y la adrenalina</b>.</p>
<p data-path-to-node="10"><b data-path-to-node="10" data-index-in-node="0">"No es que las vacaciones te sienten mal, es que es el primer momento en meses en el que tu cuerpo puede demostrar que estaba agotado"</b>. Al bajar la guardia, emergen todas esas somatizaciones que la tensión del día a día mantenía ocultas.</p>

<h2 data-path-to-node="11">La diferencia entre "desconectar" y "descansar"</h2>
<p data-path-to-node="12">A menudo confundimos el descanso con la disociación. Tirarse en el sofá a mirar el móvil de forma compulsiva o encadenar capítulos de una serie puede ser una vía de escape, pero no es necesariamente reparador.</p>
<p data-path-to-node="13">El descanso real suele ser <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="27">"mucho menos espectacular y menos divertido"</b> de lo que nos venden:</p>

<ul data-path-to-node="14">
 	<li>
<p data-path-to-node="14,0,0"><b data-path-to-node="14,0,0" data-index-in-node="0">Reducir estímulos</b> sensoriales.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="14,1,0"><b data-path-to-node="14,1,0" data-index-in-node="0">Bajar el nivel de exigencia</b> personal.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="14,2,0"><b data-path-to-node="14,2,0" data-index-in-node="0">Permitir que el cuerpo entre en un estado de seguridad.</b></p>
</li>
</ul>
<h2 data-path-to-node="15">Aprender a no hacer nada</h2>
<p data-path-to-node="16">La clave para unas vacaciones que funcionen no es añadir actividades, sino restar obligaciones. La pregunta que deberíamos hacernos no es "¿qué más puedo hacer?", sino <b data-path-to-node="16" data-index-in-node="168">"¿qué menos necesito hacer?"</b>. <b data-path-to-node="17" data-index-in-node="0">"Aprender a no hacer nada no es perder el tiempo, es permitir que el sistema nervioso se regule"</b>. El verdadero éxito de un periodo de descanso se mide por cómo te sientes al volver: más regulado, más lento y con menos necesidad de producir constantemente.</p>]]></content:encoded>
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La tiranía de las "vacaciones perfectas"
Hoy en día, parece que no basta con descansar; hay que gestionar el descanso como si fuera un proyecto laboral. Sentimos la presión de viajar, de aprovechar cada minuto, de hacer planes constantes y de volver "totalmente renovados" para mostrarlo al mundo.
El problema radica en que, al convertir las vacaciones en una lista de tareas, nuestro sistema nervioso no cambia de modo, solo cambia el tipo de exigencia. Si tratas a tu ocio con la misma rigidez que a tu trabajo, tu cuerpo nunca recibe la señal de que es seguro desconectar.

¿Por qué enfermamos al parar?
Es un fenómeno común: pasas todo el año rindiendo al máximo y, en cuanto llegan los días libres, aparecen los resfriados, las migrañas o los dolores musculares. Esto sucede porque, durante el estrés diario, el cuerpo sobrevive gracias a la activación del cortisol y la adrenalina.
"No es que las vacaciones te sienten mal, es que es el primer momento en meses en el que tu cuerpo puede demostrar que estaba agotado". Al bajar la guardia, emergen todas esas somatizaciones que la tensión del día a día mantenía ocultas.

La diferencia entre "desconectar" y "descansar"
A menudo confundimos el descanso con la disociación. Tirarse en el sofá a mirar el móvil de forma compulsiva o encadenar capítulos de una serie puede ser una vía de escape, pero no es necesariamente reparador.
El descanso real suele ser "mucho menos espectacular y menos divertido" de lo que nos venden:


 	
Reducir estímulos sensoriales.

 	
Bajar el nivel de exigencia personal.

 	
Permitir que el cuerpo entre en un estado de seguridad.


Aprender a no hacer nada
La clave para unas vacaciones que funcionen no es añadir actividades, sino restar obligaciones. La pregunta que deberíamos hacernos no es "¿qué más puedo hacer?", sino "¿qué menos necesito hacer?". "Aprender a no hacer nada no es perder el tiempo, es permitir que el sistema nervioso se regule". El verdadero éxito de un periodo de descanso se mide por cómo te sientes al volver: más regulado, más lento y con menos necesidad de producir constantemente.]]></itunes:summary>
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La tiranía de las "vacaciones perfectas"
Hoy en día, parece que no basta con descansar; hay que gestionar el descanso como si fuera un proyecto laboral. Sentimos la presión de viajar, de aprovechar cada minuto, de hacer planes constantes y de volver "totalmente renovados" para mostrarlo al mundo.
El problema radica en que, al convertir las vacaciones en una lista de tareas, nuestro sistema nervioso no cambia de modo, solo cambia el tipo de exigencia. Si tratas a tu ocio con la misma rigidez que a tu trabajo, tu cuerpo nunca recibe la señal de que es seguro descone]]></googleplay:description>
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				<title>¿Qué hacer ante una crisis ajena? Guía básica de primeros auxilios psicológicos</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/que-hacer-ante-una-crisis-ajena-guia-basica-de-primeros-auxilios-psicologicos</link>
				<pubDate>Thu, 26 Mar 2026 08:31:18 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[<p data-path-to-node="4">Imagina que te encuentras ante una persona que, de repente, comienza a respirar aceleradamente, siente que le falta el aire y expresa un miedo intenso a morir. O quizá presencias un accidente donde alguien está en estado de shock y desorientado. Ante estas situaciones de crisis, la mayoría queremos ayudar, pero <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="313">a menudo "metemos la pata" por desconocimiento, no por mala intención</b>. Nadie nos ha enseñado cómo gestionar una crisis psicológica, por ello es fundamental contar con unas pautas básicas que marquen la diferencia.</p>

<h2 data-path-to-node="5">Entender la crisis: Una reacción normal ante algo anormal</h2>
<p data-path-to-node="6">Lo primero que debemos tener claro es que <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="42">la persona no se está volviendo loca; está teniendo una reacción normal ante una situación de intensidad excepcional</b>. Síntomas como los temblores, el llanto, el bloqueo mental o la dificultad para hablar son, en realidad, <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="264">la forma que tiene el cerebro de intentar sobrevivir a una amenaza</b>. Comprender esto es el primer paso para ofrecer una ayuda real y empática.</p>

<h2 data-path-to-node="7">Cómo intervenir con calma y presencia</h2>
<p data-path-to-node="8">Para intervenir de manera eficaz, el primer paso es <b data-path-to-node="8" data-index-in-node="52">bajar la intensidad y transmitir calma</b>. Las emociones se contagian y si tú te pones nervioso, la otra persona empeorará. Es vital <b data-path-to-node="8" data-index-in-node="182">hablar despacio, con voz tranquila y utilizar frases cortas y sencillas</b>. No es necesario un discurso elaborado; un simple "estoy aquí contigo" puede ser suficiente. Además, es fundamental <b data-path-to-node="8" data-index-in-node="370">acompañar y no dirigir</b>. Un error común es intentar controlar al otro con frases como "cálmate" o "no pasa nada". Esto suele ser contraproducente porque la persona ya sabe que debe calmarse, pero no puede. Lo ideal es decir: <b data-path-to-node="8" data-index-in-node="594">"Veo que lo estás pasando mal, estoy contigo, vamos a ir poco a poco juntos"</b>. Lo más recordado no es el consejo, sino cómo hiciste sentir a la persona.</p>
<p data-path-to-node="9">En estos momentos, ayuda mucho <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="31">escuchar más y hablar menos</b>. Tendemos a llenar los silencios por incomodidad, pero la ayuda más potente es la presencia. <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="152">Escuchar sin juzgar, sin interrumpir y sin dar soluciones rápidas o promesas vacías</b> como "todo va a salir bien" es fundamental. En crisis, se necesita seguridad y compañía antes que consejos. Asimismo, es clave ayudar a la persona a <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="385">volver al presente</b>. Cuando alguien sufre un ataque de pánico, su cerebro está en "modo amenaza" total. Para ayudarle a aterrizar, puedes hacerle <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="530">preguntas muy concretas y sencillas</b> sobre su nombre, qué ha pasado, si necesita agua o si sabe qué día es hoy. Estos pequeños anclajes devuelven la sensación de control.</p>
<p data-path-to-node="10">Finalmente, debemos recordar <b data-path-to-node="10" data-index-in-node="29">no intentar ser terapeutas o psicólogos</b>. El objetivo de los primeros auxilios psicológicos no es hacer terapia ni analizar profundamente la situación. Se trata simplemente de <b data-path-to-node="10" data-index-in-node="204">ayudar a estabilizar a la persona en ese momento</b>, intentando que su intensidad emocional baje de un diez a un siete, y eso ya es muchísimo.</p>

<h2 data-path-to-node="11">Errores típicos que debemos evitar</h2>
<p data-path-to-node="12">Para no agravar la situación, es mejor evitar ciertas conductas como minimizar el dolor ajeno. No digas "bueno, tampoco es para tanto" ni intentes comparar la situación con algo que te pasó a ti. Tampoco es el momento de moralizar con frases como "tienes que ser fuerte". El exceso de preguntas también es un error; no es un juicio y no hace falta reconstruir todo lo ocurrido en ese instante.</p>
<p data-path-to-node="13">Otra cuestión importante es <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="28">no quitar importancia al miedo físico</b>. Si alguien dice "me voy a morir", no le digas "no digas eso". Es mejor validar su sentir con algo como: <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="171">"Ahora mismo tu cuerpo está muy activado, pero estoy aquí contigo"</b>. En definitiva, ante una crisis psicológica no hace falta ser un profesional para ayudar, pero sí se requiere <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="348">calma, sentido común y humanidad</b>. A veces, lo más valioso es simplemente preguntar: <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="432">"¿Qué necesitas ahora mismo? ¿Prefieres que me quede aquí o que llame a alguien?"</b>.</p>]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[Imagina que te encuentras ante una persona que, de repente, comienza a respirar aceleradamente, siente que le falta el aire y expresa un miedo intenso a morir. O quizá presencias un accidente donde alguien está en estado de shock y desorientado. Ante est]]></itunes:subtitle>
									<itunes:keywords>bienestar emocional,gestión de crisis,primeros auxilios psicológicos,psicología,salud mental</itunes:keywords>
								<content:encoded><![CDATA[<p data-path-to-node="4">Imagina que te encuentras ante una persona que, de repente, comienza a respirar aceleradamente, siente que le falta el aire y expresa un miedo intenso a morir. O quizá presencias un accidente donde alguien está en estado de shock y desorientado. Ante estas situaciones de crisis, la mayoría queremos ayudar, pero <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="313">a menudo "metemos la pata" por desconocimiento, no por mala intención</b>. Nadie nos ha enseñado cómo gestionar una crisis psicológica, por ello es fundamental contar con unas pautas básicas que marquen la diferencia.</p>

<h2 data-path-to-node="5">Entender la crisis: Una reacción normal ante algo anormal</h2>
<p data-path-to-node="6">Lo primero que debemos tener claro es que <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="42">la persona no se está volviendo loca; está teniendo una reacción normal ante una situación de intensidad excepcional</b>. Síntomas como los temblores, el llanto, el bloqueo mental o la dificultad para hablar son, en realidad, <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="264">la forma que tiene el cerebro de intentar sobrevivir a una amenaza</b>. Comprender esto es el primer paso para ofrecer una ayuda real y empática.</p>

<h2 data-path-to-node="7">Cómo intervenir con calma y presencia</h2>
<p data-path-to-node="8">Para intervenir de manera eficaz, el primer paso es <b data-path-to-node="8" data-index-in-node="52">bajar la intensidad y transmitir calma</b>. Las emociones se contagian y si tú te pones nervioso, la otra persona empeorará. Es vital <b data-path-to-node="8" data-index-in-node="182">hablar despacio, con voz tranquila y utilizar frases cortas y sencillas</b>. No es necesario un discurso elaborado; un simple "estoy aquí contigo" puede ser suficiente. Además, es fundamental <b data-path-to-node="8" data-index-in-node="370">acompañar y no dirigir</b>. Un error común es intentar controlar al otro con frases como "cálmate" o "no pasa nada". Esto suele ser contraproducente porque la persona ya sabe que debe calmarse, pero no puede. Lo ideal es decir: <b data-path-to-node="8" data-index-in-node="594">"Veo que lo estás pasando mal, estoy contigo, vamos a ir poco a poco juntos"</b>. Lo más recordado no es el consejo, sino cómo hiciste sentir a la persona.</p>
<p data-path-to-node="9">En estos momentos, ayuda mucho <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="31">escuchar más y hablar menos</b>. Tendemos a llenar los silencios por incomodidad, pero la ayuda más potente es la presencia. <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="152">Escuchar sin juzgar, sin interrumpir y sin dar soluciones rápidas o promesas vacías</b> como "todo va a salir bien" es fundamental. En crisis, se necesita seguridad y compañía antes que consejos. Asimismo, es clave ayudar a la persona a <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="385">volver al presente</b>. Cuando alguien sufre un ataque de pánico, su cerebro está en "modo amenaza" total. Para ayudarle a aterrizar, puedes hacerle <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="530">preguntas muy concretas y sencillas</b> sobre su nombre, qué ha pasado, si necesita agua o si sabe qué día es hoy. Estos pequeños anclajes devuelven la sensación de control.</p>
<p data-path-to-node="10">Finalmente, debemos recordar <b data-path-to-node="10" data-index-in-node="29">no intentar ser terapeutas o psicólogos</b>. El objetivo de los primeros auxilios psicológicos no es hacer terapia ni analizar profundamente la situación. Se trata simplemente de <b data-path-to-node="10" data-index-in-node="204">ayudar a estabilizar a la persona en ese momento</b>, intentando que su intensidad emocional baje de un diez a un siete, y eso ya es muchísimo.</p>

<h2 data-path-to-node="11">Errores típicos que debemos evitar</h2>
<p data-path-to-node="12">Para no agravar la situación, es mejor evitar ciertas conductas como minimizar el dolor ajeno. No digas "bueno, tampoco es para tanto" ni intentes comparar la situación con algo que te pasó a ti. Tampoco es el momento de moralizar con frases como "tienes que ser fuerte". El exceso de preguntas también es un error; no es un juicio y no hace falta reconstruir todo lo ocurrido en ese instante.</p>
<p data-path-to-node="13">Otra cuestión importante es <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="28">no quitar importancia al miedo físico</b>. Si alguien dice "me voy a morir", no le digas "no digas eso". Es mejor validar su sentir con algo como: <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="171">"Ahora mismo tu cuerpo está muy activado, pero estoy aquí contigo"</b>. En definitiva, ante una crisis psicológica no hace falta ser un profesional para ayudar, pero sí se requiere <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="348">calma, sentido común y humanidad</b>. A veces, lo más valioso es simplemente preguntar: <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="432">"¿Qué necesitas ahora mismo? ¿Prefieres que me quede aquí o que llame a alguien?"</b>.</p>]]></content:encoded>
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				<itunes:summary><![CDATA[Imagina que te encuentras ante una persona que, de repente, comienza a respirar aceleradamente, siente que le falta el aire y expresa un miedo intenso a morir. O quizá presencias un accidente donde alguien está en estado de shock y desorientado. Ante estas situaciones de crisis, la mayoría queremos ayudar, pero a menudo "metemos la pata" por desconocimiento, no por mala intención. Nadie nos ha enseñado cómo gestionar una crisis psicológica, por ello es fundamental contar con unas pautas básicas que marquen la diferencia.

Entender la crisis: Una reacción normal ante algo anormal
Lo primero que debemos tener claro es que la persona no se está volviendo loca; está teniendo una reacción normal ante una situación de intensidad excepcional. Síntomas como los temblores, el llanto, el bloqueo mental o la dificultad para hablar son, en realidad, la forma que tiene el cerebro de intentar sobrevivir a una amenaza. Comprender esto es el primer paso para ofrecer una ayuda real y empática.

Cómo intervenir con calma y presencia
Para intervenir de manera eficaz, el primer paso es bajar la intensidad y transmitir calma. Las emociones se contagian y si tú te pones nervioso, la otra persona empeorará. Es vital hablar despacio, con voz tranquila y utilizar frases cortas y sencillas. No es necesario un discurso elaborado; un simple "estoy aquí contigo" puede ser suficiente. Además, es fundamental acompañar y no dirigir. Un error común es intentar controlar al otro con frases como "cálmate" o "no pasa nada". Esto suele ser contraproducente porque la persona ya sabe que debe calmarse, pero no puede. Lo ideal es decir: "Veo que lo estás pasando mal, estoy contigo, vamos a ir poco a poco juntos". Lo más recordado no es el consejo, sino cómo hiciste sentir a la persona.
En estos momentos, ayuda mucho escuchar más y hablar menos. Tendemos a llenar los silencios por incomodidad, pero la ayuda más potente es la presencia. Escuchar sin juzgar, sin interrumpir y sin dar soluciones rápidas o promesas vacías como "todo va a salir bien" es fundamental. En crisis, se necesita seguridad y compañía antes que consejos. Asimismo, es clave ayudar a la persona a volver al presente. Cuando alguien sufre un ataque de pánico, su cerebro está en "modo amenaza" total. Para ayudarle a aterrizar, puedes hacerle preguntas muy concretas y sencillas sobre su nombre, qué ha pasado, si necesita agua o si sabe qué día es hoy. Estos pequeños anclajes devuelven la sensación de control.
Finalmente, debemos recordar no intentar ser terapeutas o psicólogos. El objetivo de los primeros auxilios psicológicos no es hacer terapia ni analizar profundamente la situación. Se trata simplemente de ayudar a estabilizar a la persona en ese momento, intentando que su intensidad emocional baje de un diez a un siete, y eso ya es muchísimo.

Errores típicos que debemos evitar
Para no agravar la situación, es mejor evitar ciertas conductas como minimizar el dolor ajeno. No digas "bueno, tampoco es para tanto" ni intentes comparar la situación con algo que te pasó a ti. Tampoco es el momento de moralizar con frases como "tienes que ser fuerte". El exceso de preguntas también es un error; no es un juicio y no hace falta reconstruir todo lo ocurrido en ese instante.
Otra cuestión importante es no quitar importancia al miedo físico. Si alguien dice "me voy a morir", no le digas "no digas eso". Es mejor validar su sentir con algo como: "Ahora mismo tu cuerpo está muy activado, pero estoy aquí contigo". En definitiva, ante una crisis psicológica no hace falta ser un profesional para ayudar, pero sí se requiere calma, sentido común y humanidad. A veces, lo más valioso es simplemente preguntar: "¿Qué necesitas ahora mismo? ¿Prefieres que me quede aquí o que llame a alguien?".]]></itunes:summary>
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				<googleplay:description><![CDATA[Imagina que te encuentras ante una persona que, de repente, comienza a respirar aceleradamente, siente que le falta el aire y expresa un miedo intenso a morir. O quizá presencias un accidente donde alguien está en estado de shock y desorientado. Ante estas situaciones de crisis, la mayoría queremos ayudar, pero a menudo "metemos la pata" por desconocimiento, no por mala intención. Nadie nos ha enseñado cómo gestionar una crisis psicológica, por ello es fundamental contar con unas pautas básicas que marquen la diferencia.

Entender la crisis: Una reacción normal ante algo anormal
Lo primero que debemos tener claro es que la persona no se está volviendo loca; está teniendo una reacción normal ante una situación de intensidad excepcional. Síntomas como los temblores, el llanto, el bloqueo mental o la dificultad para hablar son, en realidad, la forma que tiene el cerebro de intentar sobrevivir a una amenaza. Comprender esto es el primer paso para ofrecer una ayuda real y empática.

C]]></googleplay:description>
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				<title>¿Se heredan los traumas? La ciencia tras la transmisión intergeneracional</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/se-heredan-los-traumas-la-ciencia-tras-la-transmision-intergeneracional</link>
				<pubDate>Thu, 12 Mar 2026 08:53:50 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[<p data-path-to-node="5">A menudo escuchamos que heredamos las heridas de nuestros antepasados como si de un proceso mágico o esotérico se tratase. Sin embargo, la psicología y la biología tienen mucho que decir al respecto. En la sección <b data-path-to-node="5" data-index-in-node="214">'Frecuencia Emocional'</b>, la psicóloga <b data-path-to-node="5" data-index-in-node="251">Iratxe López</b> ha desgranado qué hay de cierto en la transmisión intergeneracional del trauma y cómo este fenómeno impacta en nuestro presente, alejándose de visiones místicas para centrarse en la evidencia científica disponible.</p>

<h2 data-path-to-node="6">El peso de la crianza y los modelos de relación</h2>
<p data-path-to-node="7">Uno de los pilares fundamentales para entender esta transmisión es el aprendizaje a través de la crianza. Diversos estudios han demostrado que la forma en que una madre trata a sus hijos durante la adolescencia tiende a influir notablemente en cómo esos mismos hijos ejercerán su propia paternidad o maternidad años después. Iratxe López aclara que no estamos irremediablemente condenados a repetir los mismos esquemas, pero sí es innegable que los modelos de relación aprendidos en el hogar dejan una huella profunda que condiciona nuestra forma de educar y de vincularnos emocionalmente con las siguientes generaciones.</p>

<h2 data-path-to-node="8">Susceptibilidad diferencial: la influencia del entorno</h2>
<p data-path-to-node="9">No todas las personas reaccionan de la misma manera ante entornos familiares complejos debido a lo que se conoce como susceptibilidad diferencial. Ciertas variantes genéticas hacen que algunos individuos sean especialmente sensibles a su entorno, lo que significa que en contextos de crianza negativos pueden verse mucho más afectados que otros. Por el contrario, esta misma sensibilidad permite que estas personas se beneficien de manera más intensa cuando crecen en ambientes positivos y de apoyo, demostrando que la herencia no es solo una carga, sino también una oportunidad de desarrollo según el contexto.</p>

<h2 data-path-to-node="10">El "puente" del trauma en situaciones extremas</h2>
<p data-path-to-node="11">La investigación con familias de supervivientes de traumas intensos, como guerras o el Holocausto, ha revelado que el impacto en los hijos no suele ser un mecanismo directo, sino que se transmite a través del clima familiar. Factores como la agresión verbal o una mala calidad en la relación de pareja actúan como un puente que conecta las experiencias traumáticas de los padres con las dificultades emocionales o conductuales de sus descendientes. Asimismo, se está investigando el papel de la epigenética, que analiza cómo el estrés extremo puede alterar la activación de ciertos genes, aunque este campo de estudio aún se encuentra en sus fases iniciales.</p>
<p data-path-to-node="12">En conclusión, entender nuestra historia familiar es una herramienta vital para romper patrones y mejorar nuestra salud mental. Comprender de dónde vienen ciertos comportamientos nos permite dejar de repetirlos y construir un futuro emocionalmente más sano.</p>]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[A menudo escuchamos que heredamos las heridas de nuestros antepasados como si de un proceso mágico o esotérico se tratase. Sin embargo, la psicología y la biología tienen mucho que decir al respecto. En la sección Frecuencia Emocional, la psicóloga Iratx]]></itunes:subtitle>
									<itunes:keywords>Crianza,Epigenética,iratxe lópez,psicología,salud mental,Trauma Intergeneracional</itunes:keywords>
								<content:encoded><![CDATA[<p data-path-to-node="5">A menudo escuchamos que heredamos las heridas de nuestros antepasados como si de un proceso mágico o esotérico se tratase. Sin embargo, la psicología y la biología tienen mucho que decir al respecto. En la sección <b data-path-to-node="5" data-index-in-node="214">'Frecuencia Emocional'</b>, la psicóloga <b data-path-to-node="5" data-index-in-node="251">Iratxe López</b> ha desgranado qué hay de cierto en la transmisión intergeneracional del trauma y cómo este fenómeno impacta en nuestro presente, alejándose de visiones místicas para centrarse en la evidencia científica disponible.</p>

<h2 data-path-to-node="6">El peso de la crianza y los modelos de relación</h2>
<p data-path-to-node="7">Uno de los pilares fundamentales para entender esta transmisión es el aprendizaje a través de la crianza. Diversos estudios han demostrado que la forma en que una madre trata a sus hijos durante la adolescencia tiende a influir notablemente en cómo esos mismos hijos ejercerán su propia paternidad o maternidad años después. Iratxe López aclara que no estamos irremediablemente condenados a repetir los mismos esquemas, pero sí es innegable que los modelos de relación aprendidos en el hogar dejan una huella profunda que condiciona nuestra forma de educar y de vincularnos emocionalmente con las siguientes generaciones.</p>

<h2 data-path-to-node="8">Susceptibilidad diferencial: la influencia del entorno</h2>
<p data-path-to-node="9">No todas las personas reaccionan de la misma manera ante entornos familiares complejos debido a lo que se conoce como susceptibilidad diferencial. Ciertas variantes genéticas hacen que algunos individuos sean especialmente sensibles a su entorno, lo que significa que en contextos de crianza negativos pueden verse mucho más afectados que otros. Por el contrario, esta misma sensibilidad permite que estas personas se beneficien de manera más intensa cuando crecen en ambientes positivos y de apoyo, demostrando que la herencia no es solo una carga, sino también una oportunidad de desarrollo según el contexto.</p>

<h2 data-path-to-node="10">El "puente" del trauma en situaciones extremas</h2>
<p data-path-to-node="11">La investigación con familias de supervivientes de traumas intensos, como guerras o el Holocausto, ha revelado que el impacto en los hijos no suele ser un mecanismo directo, sino que se transmite a través del clima familiar. Factores como la agresión verbal o una mala calidad en la relación de pareja actúan como un puente que conecta las experiencias traumáticas de los padres con las dificultades emocionales o conductuales de sus descendientes. Asimismo, se está investigando el papel de la epigenética, que analiza cómo el estrés extremo puede alterar la activación de ciertos genes, aunque este campo de estudio aún se encuentra en sus fases iniciales.</p>
<p data-path-to-node="12">En conclusión, entender nuestra historia familiar es una herramienta vital para romper patrones y mejorar nuestra salud mental. Comprender de dónde vienen ciertos comportamientos nos permite dejar de repetirlos y construir un futuro emocionalmente más sano.</p>]]></content:encoded>
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				<itunes:summary><![CDATA[A menudo escuchamos que heredamos las heridas de nuestros antepasados como si de un proceso mágico o esotérico se tratase. Sin embargo, la psicología y la biología tienen mucho que decir al respecto. En la sección 'Frecuencia Emocional', la psicóloga Iratxe López ha desgranado qué hay de cierto en la transmisión intergeneracional del trauma y cómo este fenómeno impacta en nuestro presente, alejándose de visiones místicas para centrarse en la evidencia científica disponible.

El peso de la crianza y los modelos de relación
Uno de los pilares fundamentales para entender esta transmisión es el aprendizaje a través de la crianza. Diversos estudios han demostrado que la forma en que una madre trata a sus hijos durante la adolescencia tiende a influir notablemente en cómo esos mismos hijos ejercerán su propia paternidad o maternidad años después. Iratxe López aclara que no estamos irremediablemente condenados a repetir los mismos esquemas, pero sí es innegable que los modelos de relación aprendidos en el hogar dejan una huella profunda que condiciona nuestra forma de educar y de vincularnos emocionalmente con las siguientes generaciones.

Susceptibilidad diferencial: la influencia del entorno
No todas las personas reaccionan de la misma manera ante entornos familiares complejos debido a lo que se conoce como susceptibilidad diferencial. Ciertas variantes genéticas hacen que algunos individuos sean especialmente sensibles a su entorno, lo que significa que en contextos de crianza negativos pueden verse mucho más afectados que otros. Por el contrario, esta misma sensibilidad permite que estas personas se beneficien de manera más intensa cuando crecen en ambientes positivos y de apoyo, demostrando que la herencia no es solo una carga, sino también una oportunidad de desarrollo según el contexto.

El "puente" del trauma en situaciones extremas
La investigación con familias de supervivientes de traumas intensos, como guerras o el Holocausto, ha revelado que el impacto en los hijos no suele ser un mecanismo directo, sino que se transmite a través del clima familiar. Factores como la agresión verbal o una mala calidad en la relación de pareja actúan como un puente que conecta las experiencias traumáticas de los padres con las dificultades emocionales o conductuales de sus descendientes. Asimismo, se está investigando el papel de la epigenética, que analiza cómo el estrés extremo puede alterar la activación de ciertos genes, aunque este campo de estudio aún se encuentra en sus fases iniciales.
En conclusión, entender nuestra historia familiar es una herramienta vital para romper patrones y mejorar nuestra salud mental. Comprender de dónde vienen ciertos comportamientos nos permite dejar de repetirlos y construir un futuro emocionalmente más sano.]]></itunes:summary>
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				<googleplay:description><![CDATA[A menudo escuchamos que heredamos las heridas de nuestros antepasados como si de un proceso mágico o esotérico se tratase. Sin embargo, la psicología y la biología tienen mucho que decir al respecto. En la sección 'Frecuencia Emocional', la psicóloga Iratxe López ha desgranado qué hay de cierto en la transmisión intergeneracional del trauma y cómo este fenómeno impacta en nuestro presente, alejándose de visiones místicas para centrarse en la evidencia científica disponible.

El peso de la crianza y los modelos de relación
Uno de los pilares fundamentales para entender esta transmisión es el aprendizaje a través de la crianza. Diversos estudios han demostrado que la forma en que una madre trata a sus hijos durante la adolescencia tiende a influir notablemente en cómo esos mismos hijos ejercerán su propia paternidad o maternidad años después. Iratxe López aclara que no estamos irremediablemente condenados a repetir los mismos esquemas, pero sí es innegable que los modelos de relación]]></googleplay:description>
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				<title>¿Por qué ya no disfruto con mis amigos? Claves para entender la anhedonia social</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/por-que-ya-no-disfruto-con-mis-amigos-claves-para-entender-la-anhedonia-social</link>
				<pubDate>Thu, 05 Mar 2026 08:45:50 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[<p data-path-to-node="4">En la última entrega de la sección <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="35">Frecuencia Emocional</b>, la psicóloga <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="70">Iratxe López</b> aborda una consulta cada vez más recurrente: personas que mantienen sus planes sociales pero que, internamente, han dejado de disfrutarlos. ¿Es timidez, es agotamiento o algo más profundo?</p>

<h2 data-path-to-node="5">¿Qué es la anhedonia social?</h2>
<p data-path-to-node="6">La clave reside en diferenciar conceptos. La anhedonia, en términos generales, es la <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="85">incapacidad para experimentar placer</b> en actividades que antes resultaban gratificantes. Cuando este síntoma se traslada a nuestras relaciones, hablamos de <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="240">anhedonia social</b>. <b data-path-to-node="7,0" data-index-in-node="0">"En la anhedonia social, la persona no disfruta del contacto con los demás; los planes se viven más como una obligación que como una elección"</b>, explica López. A diferencia de la ansiedad social —donde predomina el miedo al juicio o la tensión—, en la anhedonia social lo que impera es una <b data-path-to-node="8" data-index-in-node="130">sensación de vacío o de estar "plano" emocionalmente</b>. No hay vínculo, no hay conexión, solo una presencia física sin eco interno.</p>

<h2 data-path-to-node="9">No todo es un trastorno clínico</h2>
<p data-path-to-node="10">Es fundamental no patologizar cada sensación de desgana. Iratxe López subraya que existen factores naturales y personales que pueden reducir nuestro deseo de interactuar:</p>

<ul data-path-to-node="11">
 	<li>
<p data-path-to-node="11,0,0"><b data-path-to-node="11,0,0" data-index-in-node="0">Neurodiversidad:</b> Algunas personas requieren de <b data-path-to-node="11,0,0" data-index-in-node="47">más tiempo de soledad para recuperarse</b> tras contextos sociales que les saturan fácilmente.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="11,1,0"><b data-path-to-node="11,1,0" data-index-in-node="0">Carga mental y cansancio:</b> En épocas de estrés o mucho trabajo, el cuerpo y la mente piden <b data-path-to-node="11,1,0" data-index-in-node="90">recogimiento</b>, y forzarse a socializar solo genera más malestar.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="11,2,0"><b data-path-to-node="11,2,0" data-index-in-node="0">Falta de autenticidad:</b> A veces, el problema no es nuestra capacidad de sentir placer, sino que <b data-path-to-node="11,2,0" data-index-in-node="95">estamos funcionando desde una versión adaptada y poco auténtica de nosotros mismos</b>.</p>
</li>
</ul>
<h2 data-path-to-node="12">La importancia de revisar nuestros vínculos</h2>
<p data-path-to-node="13">La soledad subjetiva, tan común hoy en día, a menudo surge de un desajuste entre la persona y su entorno. <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="106">"Muchos vínculos se mantienen por inercia o compromiso"</b>, advierte la psicóloga. Si seguimos quedando con grupos con los que ya no encajamos, es lógico que aparezca esa desconexión. Entender si lo que nos ocurre es <b data-path-to-node="14" data-index-in-node="33">ansiedad, anhedonia por depresión o simplemente una necesidad de cambiar de aires</b> es el primer paso para recuperar el bienestar. Al final, se trata de escuchar qué necesitamos realmente y ser fieles a ello.</p>]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[En la última entrega de la sección Frecuencia Emocional, la psicóloga Iratxe López aborda una consulta cada vez más recurrente: personas que mantienen sus planes sociales pero que, internamente, han dejado de disfrutarlos. ¿Es timidez, es agotamiento o a]]></itunes:subtitle>
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								<content:encoded><![CDATA[<p data-path-to-node="4">En la última entrega de la sección <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="35">Frecuencia Emocional</b>, la psicóloga <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="70">Iratxe López</b> aborda una consulta cada vez más recurrente: personas que mantienen sus planes sociales pero que, internamente, han dejado de disfrutarlos. ¿Es timidez, es agotamiento o algo más profundo?</p>

<h2 data-path-to-node="5">¿Qué es la anhedonia social?</h2>
<p data-path-to-node="6">La clave reside en diferenciar conceptos. La anhedonia, en términos generales, es la <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="85">incapacidad para experimentar placer</b> en actividades que antes resultaban gratificantes. Cuando este síntoma se traslada a nuestras relaciones, hablamos de <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="240">anhedonia social</b>. <b data-path-to-node="7,0" data-index-in-node="0">"En la anhedonia social, la persona no disfruta del contacto con los demás; los planes se viven más como una obligación que como una elección"</b>, explica López. A diferencia de la ansiedad social —donde predomina el miedo al juicio o la tensión—, en la anhedonia social lo que impera es una <b data-path-to-node="8" data-index-in-node="130">sensación de vacío o de estar "plano" emocionalmente</b>. No hay vínculo, no hay conexión, solo una presencia física sin eco interno.</p>

<h2 data-path-to-node="9">No todo es un trastorno clínico</h2>
<p data-path-to-node="10">Es fundamental no patologizar cada sensación de desgana. Iratxe López subraya que existen factores naturales y personales que pueden reducir nuestro deseo de interactuar:</p>

<ul data-path-to-node="11">
 	<li>
<p data-path-to-node="11,0,0"><b data-path-to-node="11,0,0" data-index-in-node="0">Neurodiversidad:</b> Algunas personas requieren de <b data-path-to-node="11,0,0" data-index-in-node="47">más tiempo de soledad para recuperarse</b> tras contextos sociales que les saturan fácilmente.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="11,1,0"><b data-path-to-node="11,1,0" data-index-in-node="0">Carga mental y cansancio:</b> En épocas de estrés o mucho trabajo, el cuerpo y la mente piden <b data-path-to-node="11,1,0" data-index-in-node="90">recogimiento</b>, y forzarse a socializar solo genera más malestar.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="11,2,0"><b data-path-to-node="11,2,0" data-index-in-node="0">Falta de autenticidad:</b> A veces, el problema no es nuestra capacidad de sentir placer, sino que <b data-path-to-node="11,2,0" data-index-in-node="95">estamos funcionando desde una versión adaptada y poco auténtica de nosotros mismos</b>.</p>
</li>
</ul>
<h2 data-path-to-node="12">La importancia de revisar nuestros vínculos</h2>
<p data-path-to-node="13">La soledad subjetiva, tan común hoy en día, a menudo surge de un desajuste entre la persona y su entorno. <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="106">"Muchos vínculos se mantienen por inercia o compromiso"</b>, advierte la psicóloga. Si seguimos quedando con grupos con los que ya no encajamos, es lógico que aparezca esa desconexión. Entender si lo que nos ocurre es <b data-path-to-node="14" data-index-in-node="33">ansiedad, anhedonia por depresión o simplemente una necesidad de cambiar de aires</b> es el primer paso para recuperar el bienestar. Al final, se trata de escuchar qué necesitamos realmente y ser fieles a ello.</p>]]></content:encoded>
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				<itunes:summary><![CDATA[En la última entrega de la sección Frecuencia Emocional, la psicóloga Iratxe López aborda una consulta cada vez más recurrente: personas que mantienen sus planes sociales pero que, internamente, han dejado de disfrutarlos. ¿Es timidez, es agotamiento o algo más profundo?

¿Qué es la anhedonia social?
La clave reside en diferenciar conceptos. La anhedonia, en términos generales, es la incapacidad para experimentar placer en actividades que antes resultaban gratificantes. Cuando este síntoma se traslada a nuestras relaciones, hablamos de anhedonia social. "En la anhedonia social, la persona no disfruta del contacto con los demás; los planes se viven más como una obligación que como una elección", explica López. A diferencia de la ansiedad social —donde predomina el miedo al juicio o la tensión—, en la anhedonia social lo que impera es una sensación de vacío o de estar "plano" emocionalmente. No hay vínculo, no hay conexión, solo una presencia física sin eco interno.

No todo es un trastorno clínico
Es fundamental no patologizar cada sensación de desgana. Iratxe López subraya que existen factores naturales y personales que pueden reducir nuestro deseo de interactuar:


 	
Neurodiversidad: Algunas personas requieren de más tiempo de soledad para recuperarse tras contextos sociales que les saturan fácilmente.

 	
Carga mental y cansancio: En épocas de estrés o mucho trabajo, el cuerpo y la mente piden recogimiento, y forzarse a socializar solo genera más malestar.

 	
Falta de autenticidad: A veces, el problema no es nuestra capacidad de sentir placer, sino que estamos funcionando desde una versión adaptada y poco auténtica de nosotros mismos.


La importancia de revisar nuestros vínculos
La soledad subjetiva, tan común hoy en día, a menudo surge de un desajuste entre la persona y su entorno. "Muchos vínculos se mantienen por inercia o compromiso", advierte la psicóloga. Si seguimos quedando con grupos con los que ya no encajamos, es lógico que aparezca esa desconexión. Entender si lo que nos ocurre es ansiedad, anhedonia por depresión o simplemente una necesidad de cambiar de aires es el primer paso para recuperar el bienestar. Al final, se trata de escuchar qué necesitamos realmente y ser fieles a ello.]]></itunes:summary>
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				<googleplay:description><![CDATA[En la última entrega de la sección Frecuencia Emocional, la psicóloga Iratxe López aborda una consulta cada vez más recurrente: personas que mantienen sus planes sociales pero que, internamente, han dejado de disfrutarlos. ¿Es timidez, es agotamiento o algo más profundo?

¿Qué es la anhedonia social?
La clave reside en diferenciar conceptos. La anhedonia, en términos generales, es la incapacidad para experimentar placer en actividades que antes resultaban gratificantes. Cuando este síntoma se traslada a nuestras relaciones, hablamos de anhedonia social. "En la anhedonia social, la persona no disfruta del contacto con los demás; los planes se viven más como una obligación que como una elección", explica López. A diferencia de la ansiedad social —donde predomina el miedo al juicio o la tensión—, en la anhedonia social lo que impera es una sensación de vacío o de estar "plano" emocionalmente. No hay vínculo, no hay conexión, solo una presencia física sin eco interno.

No todo es un ]]></googleplay:description>
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				<title>¿Por qué procrastinamos? No es falta de tiempo, es gestión emocional</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/por-que-procrastinamos-no-es-falta-de-tiempo-es-gestion-emocional</link>
				<pubDate>Thu, 26 Feb 2026 10:01:00 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[<p data-path-to-node="4">La escena es familiar para cualquier trabajador: comienzas la jornada sabiendo perfectamente qué tarea es la más importante y la que más paz te daría al terminarla. Sin embargo, en lugar de ponerte manos a la obra, acabas abriendo una pestaña de internet, mirando el móvil o respondiendo mensajes irrelevantes. Cuando te das cuenta, han pasado treinta minutos y aparece un discurso interno cargado de culpa donde te recriminas la falta de disciplina o te etiquetas como un desastre.</p>
<p data-path-to-node="4">En la sección <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="497">Frecuencia Emocional</b> de <i data-path-to-node="4" data-index-in-node="521">EgunOn Bizkaia</i>, la psicóloga <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="550">Iratxe López</b> explica que la procrastinación no es un problema de tiempo, de pereza o de falta de voluntad, sino que se trata, en esencia, de un problema de gestión emocional.</p>

<h2 data-path-to-node="5">El cerebro frente a la amenaza del malestar</h2>
<p data-path-to-node="6">Al posponer una responsabilidad, el individuo no está evitando la tarea en sí, sino el sentimiento que le produce pensar en ella. Esta resistencia puede nacer del miedo a equivocarse, de la frustración ante una dificultad, del aburrimiento o de un perfeccionismo paralizante. El cerebro humano funciona buscando evitar el malestar y acercarse al placer, por lo que ante una tarea que activa la incomodidad, la amígdala —estructura implicada en la detección de amenazas— se enciende. Mientras esto ocurre, la corteza prefrontal, que es la encargada de planificar y regular los impulsos, pierde fuerza frente al sistema de recompensa, empujándonos hacia lo fácil e inmediato para obtener un alivio rápido pero momentáneo.</p>

<h2 data-path-to-node="7">Estrategias para romper el bloqueo</h2>
<p data-path-to-node="8">Para romper este ciclo, Iratxe López propone tres estrategias fundamentales que comienzan por identificar la emoción que se intenta evitar, ya que el simple hecho de poner nombre a lo que sentimos reduce la intensidad de la emoción. Posteriormente, resulta vital dividir la tarea en pasos muy pequeños y concretos, como abrir un documento o escribir un título, ya que el inicio siempre es lo más difícil y, una vez que se arranca, la resistencia baja. Finalmente, es necesario cambiar el foco del perfeccionismo hacia el progreso, aceptando que es mejor hacer algo posible que buscar algo impecable, evitando así la presión que paradójicamente aumenta la procrastinación.</p>

<h2 data-path-to-node="9">El ejercicio del sapo: mirar de frente al miedo</h2>
<p data-path-to-node="10">Como herramienta práctica, la psicóloga comparte el ejercicio de "dibujar un sapo", una propuesta que ayuda a mirar la tarea de frente desde una perspectiva creativa e infantil que baja la tensión. Este sapo representa la tarea que estamos evitando y, tras dibujarlo, se debe escribir sobre él la responsabilidad pendiente para luego responder honestamente por qué resulta difícil, qué cambiaría si se intentara y qué creencias hay detrás de esa resistencia. Aunque este ejercicio no elimina el trabajo pendiente, obliga a entender la emoción subyacente y permite afrontar la jornada con una mayor consciencia y menos culpa.</p>]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[La escena es familiar para cualquier trabajador: comienzas la jornada sabiendo perfectamente qué tarea es la más importante y la que más paz te daría al terminarla. Sin embargo, en lugar de ponerte manos a la obra, acabas abriendo una pestaña de internet]]></itunes:subtitle>
									<itunes:keywords>Egunon Bizkaia,gestión emocional,iratxe lópez,Procrastinación,productividad,psicología,salud mental</itunes:keywords>
								<content:encoded><![CDATA[<p data-path-to-node="4">La escena es familiar para cualquier trabajador: comienzas la jornada sabiendo perfectamente qué tarea es la más importante y la que más paz te daría al terminarla. Sin embargo, en lugar de ponerte manos a la obra, acabas abriendo una pestaña de internet, mirando el móvil o respondiendo mensajes irrelevantes. Cuando te das cuenta, han pasado treinta minutos y aparece un discurso interno cargado de culpa donde te recriminas la falta de disciplina o te etiquetas como un desastre.</p>
<p data-path-to-node="4">En la sección <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="497">Frecuencia Emocional</b> de <i data-path-to-node="4" data-index-in-node="521">EgunOn Bizkaia</i>, la psicóloga <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="550">Iratxe López</b> explica que la procrastinación no es un problema de tiempo, de pereza o de falta de voluntad, sino que se trata, en esencia, de un problema de gestión emocional.</p>

<h2 data-path-to-node="5">El cerebro frente a la amenaza del malestar</h2>
<p data-path-to-node="6">Al posponer una responsabilidad, el individuo no está evitando la tarea en sí, sino el sentimiento que le produce pensar en ella. Esta resistencia puede nacer del miedo a equivocarse, de la frustración ante una dificultad, del aburrimiento o de un perfeccionismo paralizante. El cerebro humano funciona buscando evitar el malestar y acercarse al placer, por lo que ante una tarea que activa la incomodidad, la amígdala —estructura implicada en la detección de amenazas— se enciende. Mientras esto ocurre, la corteza prefrontal, que es la encargada de planificar y regular los impulsos, pierde fuerza frente al sistema de recompensa, empujándonos hacia lo fácil e inmediato para obtener un alivio rápido pero momentáneo.</p>

<h2 data-path-to-node="7">Estrategias para romper el bloqueo</h2>
<p data-path-to-node="8">Para romper este ciclo, Iratxe López propone tres estrategias fundamentales que comienzan por identificar la emoción que se intenta evitar, ya que el simple hecho de poner nombre a lo que sentimos reduce la intensidad de la emoción. Posteriormente, resulta vital dividir la tarea en pasos muy pequeños y concretos, como abrir un documento o escribir un título, ya que el inicio siempre es lo más difícil y, una vez que se arranca, la resistencia baja. Finalmente, es necesario cambiar el foco del perfeccionismo hacia el progreso, aceptando que es mejor hacer algo posible que buscar algo impecable, evitando así la presión que paradójicamente aumenta la procrastinación.</p>

<h2 data-path-to-node="9">El ejercicio del sapo: mirar de frente al miedo</h2>
<p data-path-to-node="10">Como herramienta práctica, la psicóloga comparte el ejercicio de "dibujar un sapo", una propuesta que ayuda a mirar la tarea de frente desde una perspectiva creativa e infantil que baja la tensión. Este sapo representa la tarea que estamos evitando y, tras dibujarlo, se debe escribir sobre él la responsabilidad pendiente para luego responder honestamente por qué resulta difícil, qué cambiaría si se intentara y qué creencias hay detrás de esa resistencia. Aunque este ejercicio no elimina el trabajo pendiente, obliga a entender la emoción subyacente y permite afrontar la jornada con una mayor consciencia y menos culpa.</p>]]></content:encoded>
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				<itunes:summary><![CDATA[La escena es familiar para cualquier trabajador: comienzas la jornada sabiendo perfectamente qué tarea es la más importante y la que más paz te daría al terminarla. Sin embargo, en lugar de ponerte manos a la obra, acabas abriendo una pestaña de internet, mirando el móvil o respondiendo mensajes irrelevantes. Cuando te das cuenta, han pasado treinta minutos y aparece un discurso interno cargado de culpa donde te recriminas la falta de disciplina o te etiquetas como un desastre.
En la sección Frecuencia Emocional de EgunOn Bizkaia, la psicóloga Iratxe López explica que la procrastinación no es un problema de tiempo, de pereza o de falta de voluntad, sino que se trata, en esencia, de un problema de gestión emocional.

El cerebro frente a la amenaza del malestar
Al posponer una responsabilidad, el individuo no está evitando la tarea en sí, sino el sentimiento que le produce pensar en ella. Esta resistencia puede nacer del miedo a equivocarse, de la frustración ante una dificultad, del aburrimiento o de un perfeccionismo paralizante. El cerebro humano funciona buscando evitar el malestar y acercarse al placer, por lo que ante una tarea que activa la incomodidad, la amígdala —estructura implicada en la detección de amenazas— se enciende. Mientras esto ocurre, la corteza prefrontal, que es la encargada de planificar y regular los impulsos, pierde fuerza frente al sistema de recompensa, empujándonos hacia lo fácil e inmediato para obtener un alivio rápido pero momentáneo.

Estrategias para romper el bloqueo
Para romper este ciclo, Iratxe López propone tres estrategias fundamentales que comienzan por identificar la emoción que se intenta evitar, ya que el simple hecho de poner nombre a lo que sentimos reduce la intensidad de la emoción. Posteriormente, resulta vital dividir la tarea en pasos muy pequeños y concretos, como abrir un documento o escribir un título, ya que el inicio siempre es lo más difícil y, una vez que se arranca, la resistencia baja. Finalmente, es necesario cambiar el foco del perfeccionismo hacia el progreso, aceptando que es mejor hacer algo posible que buscar algo impecable, evitando así la presión que paradójicamente aumenta la procrastinación.

El ejercicio del sapo: mirar de frente al miedo
Como herramienta práctica, la psicóloga comparte el ejercicio de "dibujar un sapo", una propuesta que ayuda a mirar la tarea de frente desde una perspectiva creativa e infantil que baja la tensión. Este sapo representa la tarea que estamos evitando y, tras dibujarlo, se debe escribir sobre él la responsabilidad pendiente para luego responder honestamente por qué resulta difícil, qué cambiaría si se intentara y qué creencias hay detrás de esa resistencia. Aunque este ejercicio no elimina el trabajo pendiente, obliga a entender la emoción subyacente y permite afrontar la jornada con una mayor consciencia y menos culpa.]]></itunes:summary>
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En la sección Frecuencia Emocional de EgunOn Bizkaia, la psicóloga Iratxe López explica que la procrastinación no es un problema de tiempo, de pereza o de falta de voluntad, sino que se trata, en esencia, de un problema de gestión emocional.

El cerebro frente a la amenaza del malestar
Al posponer una responsabilidad, el individuo no está evitando la tarea en sí, sino el sentimiento que le produce pensar en ella. Esta resistencia puede nacer del miedo a equivocarse, de la frustración ante una dificultad, de]]></googleplay:description>
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				<title>¿Cómo funciona la radicalización y el fanatismo en las sectas?</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/como-funciona-la-radicalizacion-y-el-fanatismo-en-las-sectas</link>
				<pubDate>Thu, 19 Feb 2026 08:44:50 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[La psicóloga Iratxe López ha abordado el fenómeno del fanatismo y la radicalización en la sección Frecuencia Emocional del programa EgunOn Bizkaia de Radio Popular – Herri Irratia.

Durante su intervención, ha explicado que cuando hablamos de sectas solemos pensar únicamente en grupos religiosos extremos, pero ha subrayado que una secta también puede ser terapéutica, empresarial, política, espiritual o incluso familiar.
<h2>El control, la verdadera clave</h2>
López ha insistido en que lo importante no es tanto la ideología como el nivel de control que el grupo ejerce sobre la identidad, las decisiones y las relaciones personales.

Ha definido el fanatismo no como una fe intensa, sino como el momento en el que una idea se vuelve incuestionable y la persona deja de actuar desde su propio criterio para convertirse en “soldado” de ese relato.
<h2>Cómo comienza la radicalización</h2>
Según ha detallado en antena, la radicalización no suele empezar con una decisión consciente de integrarse en una secta. Habitualmente arranca con sensaciones de vacío, desplazamiento, dolor o enfado, que llevan a buscar un lugar donde sentirse comprendido.

En ese punto suele aparecer una figura carismática —mentor, líder, gurú o influencer— que valida el malestar y ofrece explicaciones simples para problemas complejos.
<h2>Cinco mecanismos habituales de control</h2>
En la sección, la psicóloga ha enumerado cinco formas de control frecuentes en procesos de radicalización:
<ul>
 	<li>Control del líder, donde cuestionar se interpreta como traición.</li>
 	<li>Aislamiento social, separando progresivamente de familia y amistades.</li>
 	<li>Explotación económica, con aportaciones constantes de dinero o tiempo.</li>
 	<li>Pensamiento polarizado, donde el grupo posee “la única verdad”.</li>
 	<li>Manipulación emocional, utilizando culpa y miedo como herramientas.</li>
</ul>
Ha advertido además de que estos mecanismos pueden ser muy sutiles y presentarse bajo discursos de ayuda o superación personal.
<h2>Cómo actuar ante una posible situación</h2>
Como mensaje final, Iratxe López ha recomendado no ridiculizar ni atacar a quien pueda estar viviendo una situación de este tipo, sino abrir un espacio de diálogo sin juicio. Ha recordado que, en estos casos, lo esencial no es tanto la ideología como el nivel de control que se ejerce sobre la persona.]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[La psicóloga Iratxe López ha abordado el fenómeno del fanatismo y la radicalización en la sección Frecuencia Emocional del programa EgunOn Bizkaia de Radio Popular – Herri Irratia.

Durante su intervención, ha explicado que cuando hablamos de sectas so]]></itunes:subtitle>
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								<content:encoded><![CDATA[La psicóloga Iratxe López ha abordado el fenómeno del fanatismo y la radicalización en la sección Frecuencia Emocional del programa EgunOn Bizkaia de Radio Popular – Herri Irratia.

Durante su intervención, ha explicado que cuando hablamos de sectas solemos pensar únicamente en grupos religiosos extremos, pero ha subrayado que una secta también puede ser terapéutica, empresarial, política, espiritual o incluso familiar.
<h2>El control, la verdadera clave</h2>
López ha insistido en que lo importante no es tanto la ideología como el nivel de control que el grupo ejerce sobre la identidad, las decisiones y las relaciones personales.

Ha definido el fanatismo no como una fe intensa, sino como el momento en el que una idea se vuelve incuestionable y la persona deja de actuar desde su propio criterio para convertirse en “soldado” de ese relato.
<h2>Cómo comienza la radicalización</h2>
Según ha detallado en antena, la radicalización no suele empezar con una decisión consciente de integrarse en una secta. Habitualmente arranca con sensaciones de vacío, desplazamiento, dolor o enfado, que llevan a buscar un lugar donde sentirse comprendido.

En ese punto suele aparecer una figura carismática —mentor, líder, gurú o influencer— que valida el malestar y ofrece explicaciones simples para problemas complejos.
<h2>Cinco mecanismos habituales de control</h2>
En la sección, la psicóloga ha enumerado cinco formas de control frecuentes en procesos de radicalización:
<ul>
 	<li>Control del líder, donde cuestionar se interpreta como traición.</li>
 	<li>Aislamiento social, separando progresivamente de familia y amistades.</li>
 	<li>Explotación económica, con aportaciones constantes de dinero o tiempo.</li>
 	<li>Pensamiento polarizado, donde el grupo posee “la única verdad”.</li>
 	<li>Manipulación emocional, utilizando culpa y miedo como herramientas.</li>
</ul>
Ha advertido además de que estos mecanismos pueden ser muy sutiles y presentarse bajo discursos de ayuda o superación personal.
<h2>Cómo actuar ante una posible situación</h2>
Como mensaje final, Iratxe López ha recomendado no ridiculizar ni atacar a quien pueda estar viviendo una situación de este tipo, sino abrir un espacio de diálogo sin juicio. Ha recordado que, en estos casos, lo esencial no es tanto la ideología como el nivel de control que se ejerce sobre la persona.]]></content:encoded>
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Durante su intervención, ha explicado que cuando hablamos de sectas solemos pensar únicamente en grupos religiosos extremos, pero ha subrayado que una secta también puede ser terapéutica, empresarial, política, espiritual o incluso familiar.
El control, la verdadera clave
López ha insistido en que lo importante no es tanto la ideología como el nivel de control que el grupo ejerce sobre la identidad, las decisiones y las relaciones personales.

Ha definido el fanatismo no como una fe intensa, sino como el momento en el que una idea se vuelve incuestionable y la persona deja de actuar desde su propio criterio para convertirse en “soldado” de ese relato.
Cómo comienza la radicalización
Según ha detallado en antena, la radicalización no suele empezar con una decisión consciente de integrarse en una secta. Habitualmente arranca con sensaciones de vacío, desplazamiento, dolor o enfado, que llevan a buscar un lugar donde sentirse comprendido.

En ese punto suele aparecer una figura carismática —mentor, líder, gurú o influencer— que valida el malestar y ofrece explicaciones simples para problemas complejos.
Cinco mecanismos habituales de control
En la sección, la psicóloga ha enumerado cinco formas de control frecuentes en procesos de radicalización:

 	Control del líder, donde cuestionar se interpreta como traición.
 	Aislamiento social, separando progresivamente de familia y amistades.
 	Explotación económica, con aportaciones constantes de dinero o tiempo.
 	Pensamiento polarizado, donde el grupo posee “la única verdad”.
 	Manipulación emocional, utilizando culpa y miedo como herramientas.

Ha advertido además de que estos mecanismos pueden ser muy sutiles y presentarse bajo discursos de ayuda o superación personal.
Cómo actuar ante una posible situación
Como mensaje final, Iratxe López ha recomendado no ridiculizar ni atacar a quien pueda estar viviendo una situación de este tipo, sino abrir un espacio de diálogo sin juicio. Ha recordado que, en estos casos, lo esencial no es tanto la ideología como el nivel de control que se ejerce sobre la persona.]]></itunes:summary>
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Durante su intervención, ha explicado que cuando hablamos de sectas solemos pensar únicamente en grupos religiosos extremos, pero ha subrayado que una secta también puede ser terapéutica, empresarial, política, espiritual o incluso familiar.
El control, la verdadera clave
López ha insistido en que lo importante no es tanto la ideología como el nivel de control que el grupo ejerce sobre la identidad, las decisiones y las relaciones personales.

Ha definido el fanatismo no como una fe intensa, sino como el momento en el que una idea se vuelve incuestionable y la persona deja de actuar desde su propio criterio para convertirse en “soldado” de ese relato.
Cómo comienza la radicalización
Según ha detallado en antena, la radicalización no suele empezar con una decisión consciente de integrarse en una sec]]></googleplay:description>
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						<item>
				<title>Prohibir las redes no es la pócima mágica</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/prohibir-las-redes-no-es-la-pocima-magica</link>
				<pubDate>Thu, 12 Feb 2026 08:15:43 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
				<guid isPermaLink="false">https://radiopopular.com/?post_type=podcast&#038;p=272563</guid>
				<description><![CDATA[<p data-path-to-node="4">El debate está en la calle y en los hogares. El anuncio del Gobierno de prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años ha encendido las alarmas. En la sección <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="177">Frecuencia Emocional</b> de <i data-path-to-node="4" data-index-in-node="201">EgunOn Bizkaia</i>, la psicóloga <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="230">Iratxe López</b> aporta una mirada profesional sobre un tema complejo que toca lo más sensible: la protección de nuestros menores.</p>

<h2 data-path-to-node="5">¿Veto necesario o parche educativo?</h2>
<p data-path-to-node="6">La psicología está dividida. Mientras algunos profesionales ven la prohibición como un muro necesario contra la <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="112">toxicidad</b>, el <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="126">bullying</b> y la <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="140">adicción</b>, otros señalan un peligro invisible: que al prohibir, les robemos la oportunidad de desarrollar su propio "músculo" crítico.</p>
<p data-path-to-node="7">López se posiciona cerca de esta segunda vía: "El pensamiento crítico sirve para las redes, pero también para decir 'no' a una relación sexual sin protección o al consumo de drogas". Según la experta, el objetivo de la terapia —y de la vida— es la autonomía, no crear una dependencia eterna de normas externas.</p>

<h2 data-path-to-node="8">La trampa de la coherencia: ¿Y los adultos?</h2>
<p data-path-to-node="9">Iratxe López lanza una pregunta incómoda al aire: si el argumento para prohibir es que las redes generan frustración y problemas de autoestima, <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="144">¿por qué no se le prohíben también a los adultos?</b>. Los mayores también sufren acoso y adicción, lo que demuestra que el problema no se limita al DNI.</p>
<p data-path-to-node="10">Además, recuerda una realidad técnica: "Los adolescentes tienen herramientas de sobra para saltarse estas limitaciones". Prohibir no garantiza que algo no ocurra; a menudo, solo hace que ocurra a escondidas.</p>
<p data-path-to-node="12">No todo es educación. La psicóloga reconoce que existen riesgos, como la <b data-path-to-node="12" data-index-in-node="73">pederastia</b>, de los que un menor no puede ser responsable de protegerse por sí mismo. En estos casos de seguridad extrema, el argumento de la prohibición gana su mayor peso.</p>
<p data-path-to-node="14">Poner límites es educar, pero la prohibición vacía de contenido educativo es un arma de doble filo. Para López, la solución no es aislar a los jóvenes del mundo digital, sino enseñarles a habitarlo. "La responsabilidad es compartida: familias, centros educativos, profesionales y la sociedad en su conjunto".</p>]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[El debate está en la calle y en los hogares. El anuncio del Gobierno de prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años ha encendido las alarmas. En la sección Frecuencia Emocional de EgunOn Bizkaia, la psicóloga Iratxe López aporta una ]]></itunes:subtitle>
									<itunes:keywords>adolescentes,Educación digital,Egunon Bizkaia,iratxe lópez,pensamiento crítico,prohibicion,psicología,redes sociales,salud mental</itunes:keywords>
								<content:encoded><![CDATA[<p data-path-to-node="4">El debate está en la calle y en los hogares. El anuncio del Gobierno de prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años ha encendido las alarmas. En la sección <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="177">Frecuencia Emocional</b> de <i data-path-to-node="4" data-index-in-node="201">EgunOn Bizkaia</i>, la psicóloga <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="230">Iratxe López</b> aporta una mirada profesional sobre un tema complejo que toca lo más sensible: la protección de nuestros menores.</p>

<h2 data-path-to-node="5">¿Veto necesario o parche educativo?</h2>
<p data-path-to-node="6">La psicología está dividida. Mientras algunos profesionales ven la prohibición como un muro necesario contra la <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="112">toxicidad</b>, el <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="126">bullying</b> y la <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="140">adicción</b>, otros señalan un peligro invisible: que al prohibir, les robemos la oportunidad de desarrollar su propio "músculo" crítico.</p>
<p data-path-to-node="7">López se posiciona cerca de esta segunda vía: "El pensamiento crítico sirve para las redes, pero también para decir 'no' a una relación sexual sin protección o al consumo de drogas". Según la experta, el objetivo de la terapia —y de la vida— es la autonomía, no crear una dependencia eterna de normas externas.</p>

<h2 data-path-to-node="8">La trampa de la coherencia: ¿Y los adultos?</h2>
<p data-path-to-node="9">Iratxe López lanza una pregunta incómoda al aire: si el argumento para prohibir es que las redes generan frustración y problemas de autoestima, <b data-path-to-node="9" data-index-in-node="144">¿por qué no se le prohíben también a los adultos?</b>. Los mayores también sufren acoso y adicción, lo que demuestra que el problema no se limita al DNI.</p>
<p data-path-to-node="10">Además, recuerda una realidad técnica: "Los adolescentes tienen herramientas de sobra para saltarse estas limitaciones". Prohibir no garantiza que algo no ocurra; a menudo, solo hace que ocurra a escondidas.</p>
<p data-path-to-node="12">No todo es educación. La psicóloga reconoce que existen riesgos, como la <b data-path-to-node="12" data-index-in-node="73">pederastia</b>, de los que un menor no puede ser responsable de protegerse por sí mismo. En estos casos de seguridad extrema, el argumento de la prohibición gana su mayor peso.</p>
<p data-path-to-node="14">Poner límites es educar, pero la prohibición vacía de contenido educativo es un arma de doble filo. Para López, la solución no es aislar a los jóvenes del mundo digital, sino enseñarles a habitarlo. "La responsabilidad es compartida: familias, centros educativos, profesionales y la sociedad en su conjunto".</p>]]></content:encoded>
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				<itunes:summary><![CDATA[El debate está en la calle y en los hogares. El anuncio del Gobierno de prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años ha encendido las alarmas. En la sección Frecuencia Emocional de EgunOn Bizkaia, la psicóloga Iratxe López aporta una mirada profesional sobre un tema complejo que toca lo más sensible: la protección de nuestros menores.

¿Veto necesario o parche educativo?
La psicología está dividida. Mientras algunos profesionales ven la prohibición como un muro necesario contra la toxicidad, el bullying y la adicción, otros señalan un peligro invisible: que al prohibir, les robemos la oportunidad de desarrollar su propio "músculo" crítico.
López se posiciona cerca de esta segunda vía: "El pensamiento crítico sirve para las redes, pero también para decir 'no' a una relación sexual sin protección o al consumo de drogas". Según la experta, el objetivo de la terapia —y de la vida— es la autonomía, no crear una dependencia eterna de normas externas.

La trampa de la coherencia: ¿Y los adultos?
Iratxe López lanza una pregunta incómoda al aire: si el argumento para prohibir es que las redes generan frustración y problemas de autoestima, ¿por qué no se le prohíben también a los adultos?. Los mayores también sufren acoso y adicción, lo que demuestra que el problema no se limita al DNI.
Además, recuerda una realidad técnica: "Los adolescentes tienen herramientas de sobra para saltarse estas limitaciones". Prohibir no garantiza que algo no ocurra; a menudo, solo hace que ocurra a escondidas.
No todo es educación. La psicóloga reconoce que existen riesgos, como la pederastia, de los que un menor no puede ser responsable de protegerse por sí mismo. En estos casos de seguridad extrema, el argumento de la prohibición gana su mayor peso.
Poner límites es educar, pero la prohibición vacía de contenido educativo es un arma de doble filo. Para López, la solución no es aislar a los jóvenes del mundo digital, sino enseñarles a habitarlo. "La responsabilidad es compartida: familias, centros educativos, profesionales y la sociedad en su conjunto".]]></itunes:summary>
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				<googleplay:description><![CDATA[El debate está en la calle y en los hogares. El anuncio del Gobierno de prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años ha encendido las alarmas. En la sección Frecuencia Emocional de EgunOn Bizkaia, la psicóloga Iratxe López aporta una mirada profesional sobre un tema complejo que toca lo más sensible: la protección de nuestros menores.

¿Veto necesario o parche educativo?
La psicología está dividida. Mientras algunos profesionales ven la prohibición como un muro necesario contra la toxicidad, el bullying y la adicción, otros señalan un peligro invisible: que al prohibir, les robemos la oportunidad de desarrollar su propio "músculo" crítico.
López se posiciona cerca de esta segunda vía: "El pensamiento crítico sirve para las redes, pero también para decir 'no' a una relación sexual sin protección o al consumo de drogas". Según la experta, el objetivo de la terapia —y de la vida— es la autonomía, no crear una dependencia eterna de normas externas.

La trampa de ]]></googleplay:description>
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						<item>
				<title>¿Tortuga, dragón o humano?, ¿Qué estilo de comunicación asertiva practicas?</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/tortuga-dragon-o-humano-que-estilo-de-comunicacion-asertiva-practicas</link>
				<pubDate>Thu, 05 Feb 2026 09:09:31 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[<p data-path-to-node="4">La comunicación asertiva es una de esas habilidades que todos sabemos que necesitamos, pero que a menudo se nos resiste en el día a día. Para ayudarnos a entenderla, la psicóloga <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="179">Iratxe López</b> propone un símil muy visual que utiliza habitualmente en terapia y que divide nuestras reacciones en tres figuras: la tortuga, el dragón y el humano.</p>

<h2 data-path-to-node="5">Los tres estilos de comunicación</h2>
<p data-path-to-node="6">El primer perfil es el de la <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="29">tortuga</b>, que representa el estilo pasivo. En este caso, la persona se esconde en su caparazón, evitando expresar lo que siente o piensa por miedo al conflicto. Aunque parece una solución sencilla para evitar líos, la realidad es que genera una gran frustración y agotamiento al llegar a casa por no haber defendido los intereses propios.</p>
<p data-path-to-node="7">En el extremo opuesto aparece el <b data-path-to-node="7" data-index-in-node="33">dragón</b>, que simboliza el estilo agresivo. Este perfil sí dice las cosas, pero lo hace atacando, imponiendo o utilizando el sarcasmo. El problema principal del dragón es que su "fuego" es tan intenso que el interlocutor se pone inmediatamente a la defensiva, provocando que el mensaje original se pierda entre los reproches.</p>
<p data-path-to-node="8">Finalmente, el ideal se encuentra en el <b data-path-to-node="8" data-index-in-node="40">humano</b>, el estilo asertivo por excelencia. El humano es capaz de utilizar la palabra para comunicar sus necesidades y aquello que no le parece bien sin necesidad de herir ni esconderse. Es un equilibrio donde se mantiene el respeto hacia uno mismo y hacia los demás de forma simultánea.</p>

<h2 data-path-to-node="10">La realidad sobre poner límites</h2>
<p data-path-to-node="11">Más allá de estos perfiles, Iratxe López advierte sobre varias mentiras que rodean a la asertividad. La primera es creer que se sabe o no se sabe poner límites como si fuera una capacidad innata, cuando la realidad es que depende totalmente del contexto y de la historia personal con cada individuo. También es un error pensar que la asertividad consiste únicamente en aprender una "frase perfecta". Si no existe un trabajo interno previo para tener claro qué nos molesta, ninguna técnica de comunicación será efectiva por sí sola.</p>
<p data-path-to-node="12">Por último, existe el peligroso mito de que poner límites garantiza el respeto ajeno. La psicóloga aclara que ser asertivo es un acto de autorespeto, pero no ofrece ninguna garantía de que la otra persona vaya a reaccionar de forma positiva o respetuosa. La invitación final es a la autoobservación consciente para entender desde dónde nos comunicamos y poder realizar cambios saludables.</p>]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[La comunicación asertiva es una de esas habilidades que todos sabemos que necesitamos, pero que a menudo se nos resiste en el día a día. Para ayudarnos a entenderla, la psicóloga Iratxe López propone un símil muy visual que utiliza habitualmente en terap]]></itunes:subtitle>
									<itunes:keywords>adolescentes,Educación digital,Egunon Bizkaia,iratxe lópez,pensamiento crítico,prohibicion,psicología,redes sociales,salud mental</itunes:keywords>
								<content:encoded><![CDATA[<p data-path-to-node="4">La comunicación asertiva es una de esas habilidades que todos sabemos que necesitamos, pero que a menudo se nos resiste en el día a día. Para ayudarnos a entenderla, la psicóloga <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="179">Iratxe López</b> propone un símil muy visual que utiliza habitualmente en terapia y que divide nuestras reacciones en tres figuras: la tortuga, el dragón y el humano.</p>

<h2 data-path-to-node="5">Los tres estilos de comunicación</h2>
<p data-path-to-node="6">El primer perfil es el de la <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="29">tortuga</b>, que representa el estilo pasivo. En este caso, la persona se esconde en su caparazón, evitando expresar lo que siente o piensa por miedo al conflicto. Aunque parece una solución sencilla para evitar líos, la realidad es que genera una gran frustración y agotamiento al llegar a casa por no haber defendido los intereses propios.</p>
<p data-path-to-node="7">En el extremo opuesto aparece el <b data-path-to-node="7" data-index-in-node="33">dragón</b>, que simboliza el estilo agresivo. Este perfil sí dice las cosas, pero lo hace atacando, imponiendo o utilizando el sarcasmo. El problema principal del dragón es que su "fuego" es tan intenso que el interlocutor se pone inmediatamente a la defensiva, provocando que el mensaje original se pierda entre los reproches.</p>
<p data-path-to-node="8">Finalmente, el ideal se encuentra en el <b data-path-to-node="8" data-index-in-node="40">humano</b>, el estilo asertivo por excelencia. El humano es capaz de utilizar la palabra para comunicar sus necesidades y aquello que no le parece bien sin necesidad de herir ni esconderse. Es un equilibrio donde se mantiene el respeto hacia uno mismo y hacia los demás de forma simultánea.</p>

<h2 data-path-to-node="10">La realidad sobre poner límites</h2>
<p data-path-to-node="11">Más allá de estos perfiles, Iratxe López advierte sobre varias mentiras que rodean a la asertividad. La primera es creer que se sabe o no se sabe poner límites como si fuera una capacidad innata, cuando la realidad es que depende totalmente del contexto y de la historia personal con cada individuo. También es un error pensar que la asertividad consiste únicamente en aprender una "frase perfecta". Si no existe un trabajo interno previo para tener claro qué nos molesta, ninguna técnica de comunicación será efectiva por sí sola.</p>
<p data-path-to-node="12">Por último, existe el peligroso mito de que poner límites garantiza el respeto ajeno. La psicóloga aclara que ser asertivo es un acto de autorespeto, pero no ofrece ninguna garantía de que la otra persona vaya a reaccionar de forma positiva o respetuosa. La invitación final es a la autoobservación consciente para entender desde dónde nos comunicamos y poder realizar cambios saludables.</p>]]></content:encoded>
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				<itunes:summary><![CDATA[La comunicación asertiva es una de esas habilidades que todos sabemos que necesitamos, pero que a menudo se nos resiste en el día a día. Para ayudarnos a entenderla, la psicóloga Iratxe López propone un símil muy visual que utiliza habitualmente en terapia y que divide nuestras reacciones en tres figuras: la tortuga, el dragón y el humano.

Los tres estilos de comunicación
El primer perfil es el de la tortuga, que representa el estilo pasivo. En este caso, la persona se esconde en su caparazón, evitando expresar lo que siente o piensa por miedo al conflicto. Aunque parece una solución sencilla para evitar líos, la realidad es que genera una gran frustración y agotamiento al llegar a casa por no haber defendido los intereses propios.
En el extremo opuesto aparece el dragón, que simboliza el estilo agresivo. Este perfil sí dice las cosas, pero lo hace atacando, imponiendo o utilizando el sarcasmo. El problema principal del dragón es que su "fuego" es tan intenso que el interlocutor se pone inmediatamente a la defensiva, provocando que el mensaje original se pierda entre los reproches.
Finalmente, el ideal se encuentra en el humano, el estilo asertivo por excelencia. El humano es capaz de utilizar la palabra para comunicar sus necesidades y aquello que no le parece bien sin necesidad de herir ni esconderse. Es un equilibrio donde se mantiene el respeto hacia uno mismo y hacia los demás de forma simultánea.

La realidad sobre poner límites
Más allá de estos perfiles, Iratxe López advierte sobre varias mentiras que rodean a la asertividad. La primera es creer que se sabe o no se sabe poner límites como si fuera una capacidad innata, cuando la realidad es que depende totalmente del contexto y de la historia personal con cada individuo. También es un error pensar que la asertividad consiste únicamente en aprender una "frase perfecta". Si no existe un trabajo interno previo para tener claro qué nos molesta, ninguna técnica de comunicación será efectiva por sí sola.
Por último, existe el peligroso mito de que poner límites garantiza el respeto ajeno. La psicóloga aclara que ser asertivo es un acto de autorespeto, pero no ofrece ninguna garantía de que la otra persona vaya a reaccionar de forma positiva o respetuosa. La invitación final es a la autoobservación consciente para entender desde dónde nos comunicamos y poder realizar cambios saludables.]]></itunes:summary>
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				<googleplay:description><![CDATA[La comunicación asertiva es una de esas habilidades que todos sabemos que necesitamos, pero que a menudo se nos resiste en el día a día. Para ayudarnos a entenderla, la psicóloga Iratxe López propone un símil muy visual que utiliza habitualmente en terapia y que divide nuestras reacciones en tres figuras: la tortuga, el dragón y el humano.

Los tres estilos de comunicación
El primer perfil es el de la tortuga, que representa el estilo pasivo. En este caso, la persona se esconde en su caparazón, evitando expresar lo que siente o piensa por miedo al conflicto. Aunque parece una solución sencilla para evitar líos, la realidad es que genera una gran frustración y agotamiento al llegar a casa por no haber defendido los intereses propios.
En el extremo opuesto aparece el dragón, que simboliza el estilo agresivo. Este perfil sí dice las cosas, pero lo hace atacando, imponiendo o utilizando el sarcasmo. El problema principal del dragón es que su "fuego" es tan intenso que el interlocutor ]]></googleplay:description>
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						<item>
				<title>El precio de la hiperconectividad</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/el-precio-de-la-hiperconectividad</link>
				<pubDate>Thu, 29 Jan 2026 07:30:50 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[<p data-path-to-node="4">En la última entrega de <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="24">Frecuencia Emocional</b>, la psicóloga Iratxe López aborda una realidad que define nuestra época: la dictadura del "visto". Vivimos con la sensación de estar permanentemente localizables, pendientes de cada notificación y con un sentimiento de culpa punzante si no respondemos con la rapidez que el mundo espera de nosotros.</p>
<p data-path-to-node="6">Estar siempre "conectado" se ha vendido erróneamente como un sinónimo de compromiso, generosidad o eficiencia. Sin embargo, Beñat advierte que esta conducta muchas veces no nace de la entrega genuina, sino de la <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="212">inseguridad</b>. Es esa necesidad de aprobación y el miedo a incomodar o a perder el vínculo lo que nos empuja a dejarlo todo por un mensaje.</p>
<p data-path-to-node="7">Como seres sociales, buscamos pertenecer al grupo, pero el problema surge cuando priorizamos esa validación externa sobre nuestro propio bienestar.</p>

<h2 data-path-to-node="8">Consecuencias: Agotamiento y pérdida de identidad</h2>
<p data-path-to-node="9">Esta "entrega sin límites" tiene un coste invisible pero elevado:</p>

<ul data-path-to-node="10">
 	<li>
<p data-path-to-node="10,0,0"><b data-path-to-node="10,0,0" data-index-in-node="0">Agotamiento del sistema nervioso:</b> Vivir pendientes del móvil mantiene nuestro cerebro en alerta constante. No hay descanso real si sabemos que, ante cualquier notificación, debemos reaccionar.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="10,1,0"><b data-path-to-node="10,1,0" data-index-in-node="0">Confusión de valores:</b> Empezamos a creer que valemos en función de lo útiles que somos para los demás ("Valgo si respondo rápido", "Valgo si no digo que no").</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="10,2,0"><b data-path-to-node="10,2,0" data-index-in-node="0">Relaciones desiguales:</b> Se generan vínculos donde una persona siempre sostiene y se adapta, mientras la otra se acostumbra a recibir sin medida.</p>
</li>
</ul>
<h2 data-path-to-node="11">El "No" como herramienta de autocuidado</h2>
<p data-path-to-node="12">Beñat es claro: el cariño y la aceptación no se ganan sacrificándose hasta el desgaste. Cuando no ponemos límites, los demás terminan por darlos por hechos, y nuestras propias necesidades quedan sepultadas.</p>
<p data-path-to-node="13">Aprender a decir <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="17">"ahora no"</b>, <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="29">"mañana"</b> o un simple <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="50">"no puedo"</b> no es un acto de egoísmo ni una falta de amor. Es, fundamentalmente, una forma de respeto hacia uno mismo. No puedes estar disponible para los demás si no lo estás primero para ti.</p>
<p data-path-to-node="15">La alternativa no es desaparecer ni levantar muros infranqueables, sino elegir conscientemente <b data-path-to-node="15" data-index-in-node="95">cuándo, cómo y a quién</b> ofrecemos nuestro tiempo y energía. Solo así podremos dejar de vivir para el dispositivo y empezar a vivir de verdad en el presente.</p>]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[En la última entrega de Frecuencia Emocional, la psicóloga Iratxe López aborda una realidad que define nuestra época: la dictadura del visto. Vivimos con la sensación de estar permanentemente localizables, pendientes de cada notificación y con un sentimi]]></itunes:subtitle>
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								<content:encoded><![CDATA[<p data-path-to-node="4">En la última entrega de <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="24">Frecuencia Emocional</b>, la psicóloga Iratxe López aborda una realidad que define nuestra época: la dictadura del "visto". Vivimos con la sensación de estar permanentemente localizables, pendientes de cada notificación y con un sentimiento de culpa punzante si no respondemos con la rapidez que el mundo espera de nosotros.</p>
<p data-path-to-node="6">Estar siempre "conectado" se ha vendido erróneamente como un sinónimo de compromiso, generosidad o eficiencia. Sin embargo, Beñat advierte que esta conducta muchas veces no nace de la entrega genuina, sino de la <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="212">inseguridad</b>. Es esa necesidad de aprobación y el miedo a incomodar o a perder el vínculo lo que nos empuja a dejarlo todo por un mensaje.</p>
<p data-path-to-node="7">Como seres sociales, buscamos pertenecer al grupo, pero el problema surge cuando priorizamos esa validación externa sobre nuestro propio bienestar.</p>

<h2 data-path-to-node="8">Consecuencias: Agotamiento y pérdida de identidad</h2>
<p data-path-to-node="9">Esta "entrega sin límites" tiene un coste invisible pero elevado:</p>

<ul data-path-to-node="10">
 	<li>
<p data-path-to-node="10,0,0"><b data-path-to-node="10,0,0" data-index-in-node="0">Agotamiento del sistema nervioso:</b> Vivir pendientes del móvil mantiene nuestro cerebro en alerta constante. No hay descanso real si sabemos que, ante cualquier notificación, debemos reaccionar.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="10,1,0"><b data-path-to-node="10,1,0" data-index-in-node="0">Confusión de valores:</b> Empezamos a creer que valemos en función de lo útiles que somos para los demás ("Valgo si respondo rápido", "Valgo si no digo que no").</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="10,2,0"><b data-path-to-node="10,2,0" data-index-in-node="0">Relaciones desiguales:</b> Se generan vínculos donde una persona siempre sostiene y se adapta, mientras la otra se acostumbra a recibir sin medida.</p>
</li>
</ul>
<h2 data-path-to-node="11">El "No" como herramienta de autocuidado</h2>
<p data-path-to-node="12">Beñat es claro: el cariño y la aceptación no se ganan sacrificándose hasta el desgaste. Cuando no ponemos límites, los demás terminan por darlos por hechos, y nuestras propias necesidades quedan sepultadas.</p>
<p data-path-to-node="13">Aprender a decir <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="17">"ahora no"</b>, <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="29">"mañana"</b> o un simple <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="50">"no puedo"</b> no es un acto de egoísmo ni una falta de amor. Es, fundamentalmente, una forma de respeto hacia uno mismo. No puedes estar disponible para los demás si no lo estás primero para ti.</p>
<p data-path-to-node="15">La alternativa no es desaparecer ni levantar muros infranqueables, sino elegir conscientemente <b data-path-to-node="15" data-index-in-node="95">cuándo, cómo y a quién</b> ofrecemos nuestro tiempo y energía. Solo así podremos dejar de vivir para el dispositivo y empezar a vivir de verdad en el presente.</p>]]></content:encoded>
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				<itunes:summary><![CDATA[En la última entrega de Frecuencia Emocional, la psicóloga Iratxe López aborda una realidad que define nuestra época: la dictadura del "visto". Vivimos con la sensación de estar permanentemente localizables, pendientes de cada notificación y con un sentimiento de culpa punzante si no respondemos con la rapidez que el mundo espera de nosotros.
Estar siempre "conectado" se ha vendido erróneamente como un sinónimo de compromiso, generosidad o eficiencia. Sin embargo, Beñat advierte que esta conducta muchas veces no nace de la entrega genuina, sino de la inseguridad. Es esa necesidad de aprobación y el miedo a incomodar o a perder el vínculo lo que nos empuja a dejarlo todo por un mensaje.
Como seres sociales, buscamos pertenecer al grupo, pero el problema surge cuando priorizamos esa validación externa sobre nuestro propio bienestar.

Consecuencias: Agotamiento y pérdida de identidad
Esta "entrega sin límites" tiene un coste invisible pero elevado:


 	
Agotamiento del sistema nervioso: Vivir pendientes del móvil mantiene nuestro cerebro en alerta constante. No hay descanso real si sabemos que, ante cualquier notificación, debemos reaccionar.

 	
Confusión de valores: Empezamos a creer que valemos en función de lo útiles que somos para los demás ("Valgo si respondo rápido", "Valgo si no digo que no").

 	
Relaciones desiguales: Se generan vínculos donde una persona siempre sostiene y se adapta, mientras la otra se acostumbra a recibir sin medida.


El "No" como herramienta de autocuidado
Beñat es claro: el cariño y la aceptación no se ganan sacrificándose hasta el desgaste. Cuando no ponemos límites, los demás terminan por darlos por hechos, y nuestras propias necesidades quedan sepultadas.
Aprender a decir "ahora no", "mañana" o un simple "no puedo" no es un acto de egoísmo ni una falta de amor. Es, fundamentalmente, una forma de respeto hacia uno mismo. No puedes estar disponible para los demás si no lo estás primero para ti.
La alternativa no es desaparecer ni levantar muros infranqueables, sino elegir conscientemente cuándo, cómo y a quién ofrecemos nuestro tiempo y energía. Solo así podremos dejar de vivir para el dispositivo y empezar a vivir de verdad en el presente.]]></itunes:summary>
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Estar siempre "conectado" se ha vendido erróneamente como un sinónimo de compromiso, generosidad o eficiencia. Sin embargo, Beñat advierte que esta conducta muchas veces no nace de la entrega genuina, sino de la inseguridad. Es esa necesidad de aprobación y el miedo a incomodar o a perder el vínculo lo que nos empuja a dejarlo todo por un mensaje.
Como seres sociales, buscamos pertenecer al grupo, pero el problema surge cuando priorizamos esa validación externa sobre nuestro propio bienestar.

Consecuencias: Agotamiento y pérdida de identidad
Esta "entrega sin límites" tiene un coste invisible pero elevado:


 	
Agotamiento del sistema n]]></googleplay:description>
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			</item>
						<item>
				<title>El síndrome del impostor: ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar nuestro propio éxito?</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/el-sindrome-del-impostor-por-que-nos-cuesta-tanto-aceptar-nuestro-propio-exito</link>
				<pubDate>Fri, 23 Jan 2026 05:46:36 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
				<guid isPermaLink="false">https://radiopopular.com/?post_type=podcast&#038;p=268569</guid>
				<description><![CDATA[<p data-path-to-node="4">El <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="3">síndrome del impostor</b> se ha convertido en un tema recurrente en las conversaciones sobre carrera profesional y desarrollo personal. Aunque no se trata de un diagnóstico clínico ni de un trastorno mental —como podrían serlo la depresión o los trastornos de la conducta alimentaria—, es una experiencia psicológica profundamente arraigada en nuestra relación con el éxito y los logros personales.</p>

<h2 data-path-to-node="5">¿Qué es realmente el síndrome del impostor?</h2>
<p data-path-to-node="6">A pesar de ser un término muy utilizado, no existe una definición única o síntomas delimitados con precisión. Sin embargo, de forma general, lo reconocemos como la incapacidad de <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="189">internalizar los logros reales</b>.</p>
<p data-path-to-node="7">Las personas que lo sufren son competentes y han obtenido éxitos objetivos, pero sienten que su triunfo es producto de la suerte o la casualidad. Viven con el miedo constante de que, en cualquier momento, alguien descubrirá que "no son para tanto".</p>

<h2 data-path-to-node="8">El peligro de "romantizar" la inseguridad</h2>
<p data-path-to-node="9">Recientemente, en redes sociales, se ha extendido la idea de que sentir el síndrome del impostor es una señal de alta inteligencia o de crecimiento personal. No obstante, la ciencia no respalda esta afirmación. Idealizar este síndrome bajo el lema "si sufres es porque vales" es peligroso. No es una medalla moral ni una prueba de valor; es una <b data-path-to-node="10" data-index-in-node="134">respuesta psicológica a la presión</b>, al perfeccionismo y al miedo al fallo. Este fenómeno suele aparecer en contextos de alta evaluación, mucha comparación y poco margen de error, afectando especialmente a profesiones muy demandantes.</p>

<h2 data-path-to-node="11">Un desgaste que no desaparece con títulos</h2>
<p data-path-to-node="12">Uno de los mitos más comunes es pensar que el síndrome del impostor se cura con más formación o más éxitos. Los estudios demuestran lo contrario: a menudo se intensifica cuando la persona asume <b data-path-to-node="12" data-index-in-node="194">nuevas responsabilidades</b> o roles de mayor jerarquía, ya que el nivel de exigencia interna aumenta.</p>
<p data-path-to-node="13">Este sentimiento no es inofensivo. Está directamente asociado con:</p>

<ul data-path-to-node="14">
 	<li>
<p data-path-to-node="14,0,0">Mayores niveles de <b data-path-to-node="14,0,0" data-index-in-node="19">ansiedad</b>.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="14,1,0">Agotamiento o <b data-path-to-node="14,1,0" data-index-in-node="14">burnout</b>.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="14,2,0">Exceso de autoexigencia.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="14,3,0">Baja autoestima.</p>
</li>
</ul>
<h3 data-path-to-node="15">Herramientas para combatirlo</h3>
<p data-path-to-node="16">Para reducir el impacto de esta "voz interior" incómoda, podemos aplicar varias estrategias:</p>

<ol start="1" data-path-to-node="17">
 	<li>
<p data-path-to-node="17,0,0"><b data-path-to-node="17,0,0" data-index-in-node="0">Hablar de ello:</b> Nombrar el problema y compartirlo reduce su poder y su impacto emocional.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="17,1,0"><b data-path-to-node="17,1,0" data-index-in-node="0">Reatribución de logros:</b> Aprender a reconocer que el éxito viene de la preparación, el esfuerzo y las decisiones propias, no solo del azar.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="17,2,0"><b data-path-to-node="17,2,0" data-index-in-node="0">Cuestionar el perfeccionismo:</b> Dejar de vivir bajo estándares imposibles de alcanzar.</p>
</li>
</ol>
<p data-path-to-node="18">El objetivo final no es eliminar cualquier duda sobre nuestras capacidades, sino lograr que esa duda no gobierne nuestro valor ni decida si merecemos estar donde estamos.</p>]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[El síndrome del impostor se ha convertido en un tema recurrente en las conversaciones sobre carrera profesional y desarrollo personal. Aunque no se trata de un diagnóstico clínico ni de un trastorno mental —como podrían serlo la depresión o los trastorno]]></itunes:subtitle>
									<itunes:keywords>autoexigencia,bienestar laboral,desarrollo personal,éxito,iratxe lópez,psicología,salud mental,Síndrome del impostor</itunes:keywords>
								<content:encoded><![CDATA[<p data-path-to-node="4">El <b data-path-to-node="4" data-index-in-node="3">síndrome del impostor</b> se ha convertido en un tema recurrente en las conversaciones sobre carrera profesional y desarrollo personal. Aunque no se trata de un diagnóstico clínico ni de un trastorno mental —como podrían serlo la depresión o los trastornos de la conducta alimentaria—, es una experiencia psicológica profundamente arraigada en nuestra relación con el éxito y los logros personales.</p>

<h2 data-path-to-node="5">¿Qué es realmente el síndrome del impostor?</h2>
<p data-path-to-node="6">A pesar de ser un término muy utilizado, no existe una definición única o síntomas delimitados con precisión. Sin embargo, de forma general, lo reconocemos como la incapacidad de <b data-path-to-node="6" data-index-in-node="189">internalizar los logros reales</b>.</p>
<p data-path-to-node="7">Las personas que lo sufren son competentes y han obtenido éxitos objetivos, pero sienten que su triunfo es producto de la suerte o la casualidad. Viven con el miedo constante de que, en cualquier momento, alguien descubrirá que "no son para tanto".</p>

<h2 data-path-to-node="8">El peligro de "romantizar" la inseguridad</h2>
<p data-path-to-node="9">Recientemente, en redes sociales, se ha extendido la idea de que sentir el síndrome del impostor es una señal de alta inteligencia o de crecimiento personal. No obstante, la ciencia no respalda esta afirmación. Idealizar este síndrome bajo el lema "si sufres es porque vales" es peligroso. No es una medalla moral ni una prueba de valor; es una <b data-path-to-node="10" data-index-in-node="134">respuesta psicológica a la presión</b>, al perfeccionismo y al miedo al fallo. Este fenómeno suele aparecer en contextos de alta evaluación, mucha comparación y poco margen de error, afectando especialmente a profesiones muy demandantes.</p>

<h2 data-path-to-node="11">Un desgaste que no desaparece con títulos</h2>
<p data-path-to-node="12">Uno de los mitos más comunes es pensar que el síndrome del impostor se cura con más formación o más éxitos. Los estudios demuestran lo contrario: a menudo se intensifica cuando la persona asume <b data-path-to-node="12" data-index-in-node="194">nuevas responsabilidades</b> o roles de mayor jerarquía, ya que el nivel de exigencia interna aumenta.</p>
<p data-path-to-node="13">Este sentimiento no es inofensivo. Está directamente asociado con:</p>

<ul data-path-to-node="14">
 	<li>
<p data-path-to-node="14,0,0">Mayores niveles de <b data-path-to-node="14,0,0" data-index-in-node="19">ansiedad</b>.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="14,1,0">Agotamiento o <b data-path-to-node="14,1,0" data-index-in-node="14">burnout</b>.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="14,2,0">Exceso de autoexigencia.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="14,3,0">Baja autoestima.</p>
</li>
</ul>
<h3 data-path-to-node="15">Herramientas para combatirlo</h3>
<p data-path-to-node="16">Para reducir el impacto de esta "voz interior" incómoda, podemos aplicar varias estrategias:</p>

<ol start="1" data-path-to-node="17">
 	<li>
<p data-path-to-node="17,0,0"><b data-path-to-node="17,0,0" data-index-in-node="0">Hablar de ello:</b> Nombrar el problema y compartirlo reduce su poder y su impacto emocional.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="17,1,0"><b data-path-to-node="17,1,0" data-index-in-node="0">Reatribución de logros:</b> Aprender a reconocer que el éxito viene de la preparación, el esfuerzo y las decisiones propias, no solo del azar.</p>
</li>
 	<li>
<p data-path-to-node="17,2,0"><b data-path-to-node="17,2,0" data-index-in-node="0">Cuestionar el perfeccionismo:</b> Dejar de vivir bajo estándares imposibles de alcanzar.</p>
</li>
</ol>
<p data-path-to-node="18">El objetivo final no es eliminar cualquier duda sobre nuestras capacidades, sino lograr que esa duda no gobierne nuestro valor ni decida si merecemos estar donde estamos.</p>]]></content:encoded>
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				<itunes:summary><![CDATA[El síndrome del impostor se ha convertido en un tema recurrente en las conversaciones sobre carrera profesional y desarrollo personal. Aunque no se trata de un diagnóstico clínico ni de un trastorno mental —como podrían serlo la depresión o los trastornos de la conducta alimentaria—, es una experiencia psicológica profundamente arraigada en nuestra relación con el éxito y los logros personales.

¿Qué es realmente el síndrome del impostor?
A pesar de ser un término muy utilizado, no existe una definición única o síntomas delimitados con precisión. Sin embargo, de forma general, lo reconocemos como la incapacidad de internalizar los logros reales.
Las personas que lo sufren son competentes y han obtenido éxitos objetivos, pero sienten que su triunfo es producto de la suerte o la casualidad. Viven con el miedo constante de que, en cualquier momento, alguien descubrirá que "no son para tanto".

El peligro de "romantizar" la inseguridad
Recientemente, en redes sociales, se ha extendido la idea de que sentir el síndrome del impostor es una señal de alta inteligencia o de crecimiento personal. No obstante, la ciencia no respalda esta afirmación. Idealizar este síndrome bajo el lema "si sufres es porque vales" es peligroso. No es una medalla moral ni una prueba de valor; es una respuesta psicológica a la presión, al perfeccionismo y al miedo al fallo. Este fenómeno suele aparecer en contextos de alta evaluación, mucha comparación y poco margen de error, afectando especialmente a profesiones muy demandantes.

Un desgaste que no desaparece con títulos
Uno de los mitos más comunes es pensar que el síndrome del impostor se cura con más formación o más éxitos. Los estudios demuestran lo contrario: a menudo se intensifica cuando la persona asume nuevas responsabilidades o roles de mayor jerarquía, ya que el nivel de exigencia interna aumenta.
Este sentimiento no es inofensivo. Está directamente asociado con:


 	
Mayores niveles de ansiedad.

 	
Agotamiento o burnout.

 	
Exceso de autoexigencia.

 	
Baja autoestima.


Herramientas para combatirlo
Para reducir el impacto de esta "voz interior" incómoda, podemos aplicar varias estrategias:


 	
Hablar de ello: Nombrar el problema y compartirlo reduce su poder y su impacto emocional.

 	
Reatribución de logros: Aprender a reconocer que el éxito viene de la preparación, el esfuerzo y las decisiones propias, no solo del azar.

 	
Cuestionar el perfeccionismo: Dejar de vivir bajo estándares imposibles de alcanzar.


El objetivo final no es eliminar cualquier duda sobre nuestras capacidades, sino lograr que esa duda no gobierne nuestro valor ni decida si merecemos estar donde estamos.]]></itunes:summary>
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				<googleplay:description><![CDATA[El síndrome del impostor se ha convertido en un tema recurrente en las conversaciones sobre carrera profesional y desarrollo personal. Aunque no se trata de un diagnóstico clínico ni de un trastorno mental —como podrían serlo la depresión o los trastornos de la conducta alimentaria—, es una experiencia psicológica profundamente arraigada en nuestra relación con el éxito y los logros personales.

¿Qué es realmente el síndrome del impostor?
A pesar de ser un término muy utilizado, no existe una definición única o síntomas delimitados con precisión. Sin embargo, de forma general, lo reconocemos como la incapacidad de internalizar los logros reales.
Las personas que lo sufren son competentes y han obtenido éxitos objetivos, pero sienten que su triunfo es producto de la suerte o la casualidad. Viven con el miedo constante de que, en cualquier momento, alguien descubrirá que "no son para tanto".

El peligro de "romantizar" la inseguridad
Recientemente, en redes sociales, se ha extend]]></googleplay:description>
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				<title>&quot;Las adicciones son un intento de calmar el dolor, no una debilidad&quot;</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/las-adicciones-son-un-intento-de-calmar-el-dolor-no-una-debilidad</link>
				<pubDate>Thu, 15 Jan 2026 09:27:10 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
				<guid isPermaLink="false">https://radiopopular.com/?post_type=podcast&#038;p=266737</guid>
				<description><![CDATA[La psicóloga <strong>Iratxe López</strong> propone en <strong>Frecuencia Emocional</strong> una lectura distinta sobre las adicciones. Defiende que, más que un problema de sustancias, <strong>las adicciones son un intento de regulación emocional</strong> en personas que no encuentran otra manera de sostener su malestar. “Usamos algo externo para intentar calmar algo interno”, resume. López subraya que, si solo se mira qué se consume, cuánto y con qué consecuencias, <strong>se pierde lo esencial</strong>. Explica que <strong>el alivio que aportan las adicciones es momentáneo</strong> y que, cuando desaparece, <strong>el dolor vuelve con más fuerza</strong>, acompañado de culpa y dependencia.

La psicóloga recuerda que <strong>no todas las adicciones implican sustancias</strong>. Junto a alcohol, tabaco o drogas, señala <strong>ludopatía, compras compulsivas, relación con la comida, redes sociales, videojuegos, trabajo e incluso ciertos vínculos</strong>. Precisa que las adicciones con sustancias tienen un impacto físico añadido, pero que <strong>todas cumplen la misma función: anestesiar el dolor</strong>. López advierte de que <strong>muchas adicciones son funcionales</strong>: desde fuera la persona trabaja, cumple y sostiene responsabilidades, <strong>pero el problema persiste</strong>. Insiste en que <strong>esto también es adicción</strong>, aunque no encaje con el estereotipo que se suele tener.

En el plano terapéutico, señala que <strong>no basta con eliminar la conducta adictiva</strong>. Indica que, si <strong>no se atiende el dolor que la origina</strong>, el síntoma <strong>reaparece, a veces de otra forma</strong>. Por eso, defiende que el abordaje <strong>tiene que integrar la conducta y el sufrimiento emocional que la sostiene</strong>.

Citando al médico y escritor <strong>Gabor Maté</strong>, López recuerda que <strong>“la pregunta no es por qué la adicción, sino qué dolor necesita ser calmado”</strong>. Con esta perspectiva, invita a la audiencia a <strong>ampliar la mirada</strong> y a comprender las adicciones <strong>desde lo que duele, no solo desde lo que se ve</strong>.]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[La psicóloga Iratxe López propone en Frecuencia Emocional una lectura distinta sobre las adicciones. Defiende que, más que un problema de sustancias, las adicciones son un intento de regulación emocional en personas que no encuentran otra manera de soste]]></itunes:subtitle>
									<itunes:keywords>adicciones,Bizkaia,compras compulsivas,dolor emocional,Egunon Bizkaia,Frecuencia Emocional,Gabor Maté,iratxe lópez,ludopatía,Radio Popular - Herri Irratia,redes sociales,regulación emocional,relación con la comida,salud mental,terapia,trabajo,videojuegos,vínculos</itunes:keywords>
								<content:encoded><![CDATA[La psicóloga <strong>Iratxe López</strong> propone en <strong>Frecuencia Emocional</strong> una lectura distinta sobre las adicciones. Defiende que, más que un problema de sustancias, <strong>las adicciones son un intento de regulación emocional</strong> en personas que no encuentran otra manera de sostener su malestar. “Usamos algo externo para intentar calmar algo interno”, resume. López subraya que, si solo se mira qué se consume, cuánto y con qué consecuencias, <strong>se pierde lo esencial</strong>. Explica que <strong>el alivio que aportan las adicciones es momentáneo</strong> y que, cuando desaparece, <strong>el dolor vuelve con más fuerza</strong>, acompañado de culpa y dependencia.

La psicóloga recuerda que <strong>no todas las adicciones implican sustancias</strong>. Junto a alcohol, tabaco o drogas, señala <strong>ludopatía, compras compulsivas, relación con la comida, redes sociales, videojuegos, trabajo e incluso ciertos vínculos</strong>. Precisa que las adicciones con sustancias tienen un impacto físico añadido, pero que <strong>todas cumplen la misma función: anestesiar el dolor</strong>. López advierte de que <strong>muchas adicciones son funcionales</strong>: desde fuera la persona trabaja, cumple y sostiene responsabilidades, <strong>pero el problema persiste</strong>. Insiste en que <strong>esto también es adicción</strong>, aunque no encaje con el estereotipo que se suele tener.

En el plano terapéutico, señala que <strong>no basta con eliminar la conducta adictiva</strong>. Indica que, si <strong>no se atiende el dolor que la origina</strong>, el síntoma <strong>reaparece, a veces de otra forma</strong>. Por eso, defiende que el abordaje <strong>tiene que integrar la conducta y el sufrimiento emocional que la sostiene</strong>.

Citando al médico y escritor <strong>Gabor Maté</strong>, López recuerda que <strong>“la pregunta no es por qué la adicción, sino qué dolor necesita ser calmado”</strong>. Con esta perspectiva, invita a la audiencia a <strong>ampliar la mirada</strong> y a comprender las adicciones <strong>desde lo que duele, no solo desde lo que se ve</strong>.]]></content:encoded>
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				<itunes:summary><![CDATA[La psicóloga Iratxe López propone en Frecuencia Emocional una lectura distinta sobre las adicciones. Defiende que, más que un problema de sustancias, las adicciones son un intento de regulación emocional en personas que no encuentran otra manera de sostener su malestar. “Usamos algo externo para intentar calmar algo interno”, resume. López subraya que, si solo se mira qué se consume, cuánto y con qué consecuencias, se pierde lo esencial. Explica que el alivio que aportan las adicciones es momentáneo y que, cuando desaparece, el dolor vuelve con más fuerza, acompañado de culpa y dependencia.

La psicóloga recuerda que no todas las adicciones implican sustancias. Junto a alcohol, tabaco o drogas, señala ludopatía, compras compulsivas, relación con la comida, redes sociales, videojuegos, trabajo e incluso ciertos vínculos. Precisa que las adicciones con sustancias tienen un impacto físico añadido, pero que todas cumplen la misma función: anestesiar el dolor. López advierte de que muchas adicciones son funcionales: desde fuera la persona trabaja, cumple y sostiene responsabilidades, pero el problema persiste. Insiste en que esto también es adicción, aunque no encaje con el estereotipo que se suele tener.

En el plano terapéutico, señala que no basta con eliminar la conducta adictiva. Indica que, si no se atiende el dolor que la origina, el síntoma reaparece, a veces de otra forma. Por eso, defiende que el abordaje tiene que integrar la conducta y el sufrimiento emocional que la sostiene.

Citando al médico y escritor Gabor Maté, López recuerda que “la pregunta no es por qué la adicción, sino qué dolor necesita ser calmado”. Con esta perspectiva, invita a la audiencia a ampliar la mirada y a comprender las adicciones desde lo que duele, no solo desde lo que se ve.]]></itunes:summary>
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				<googleplay:description><![CDATA[La psicóloga Iratxe López propone en Frecuencia Emocional una lectura distinta sobre las adicciones. Defiende que, más que un problema de sustancias, las adicciones son un intento de regulación emocional en personas que no encuentran otra manera de sostener su malestar. “Usamos algo externo para intentar calmar algo interno”, resume. López subraya que, si solo se mira qué se consume, cuánto y con qué consecuencias, se pierde lo esencial. Explica que el alivio que aportan las adicciones es momentáneo y que, cuando desaparece, el dolor vuelve con más fuerza, acompañado de culpa y dependencia.

La psicóloga recuerda que no todas las adicciones implican sustancias. Junto a alcohol, tabaco o drogas, señala ludopatía, compras compulsivas, relación con la comida, redes sociales, videojuegos, trabajo e incluso ciertos vínculos. Precisa que las adicciones con sustancias tienen un impacto físico añadido, pero que todas cumplen la misma función: anestesiar el dolor. López advierte de que mucha]]></googleplay:description>
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						<item>
				<title>Cómo disfrutar de las Navidades sin fingir felicidad</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/como-disfrutar-de-las-navidades-sin-fingir-felicidad</link>
				<pubDate>Thu, 18 Dec 2025 10:59:55 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[<p data-start="296" data-end="695">La Navidad es una época llena de expectativas, tanto sociales como personales, que a menudo nos presionan a ser felices, a disfrutar de cada momento y a mostrarnos agradecidos. Sin embargo, esta “felicidad obligatoria” no siempre es realista ni saludable. La psicóloga Iratxe López nos invita a vivir unas Navidades más auténticas, respetando nuestras emociones y evitando la carga de las expectativas ajenas.</p>
<p data-start="697" data-end="1222">Durante las fiestas, es común sentir que debemos ajustarnos a una imagen ideal de la Navidad: estar siempre sonrientes, participar en todas las reuniones y aparentar estar disfrutando a pesar de nuestras emociones. Sin embargo, esta “farsa” de felicidad puede tener un costo emocional significativo, desconectándonos de lo que realmente sentimos. Aprender a reconocer y respetar nuestros estados emocionales, sin la presión de ser siempre positivos, es clave para vivir una Navidad más plena y respetuosa con nosotros mismos.</p>

<h2 data-start="1224" data-end="1247">El precio de fingir</h2>
<p data-start="1249" data-end="1672">Las fiestas están llenas de momentos de encuentro con la familia y amigos, pero también pueden traer consigo emociones contradictorias. No todo el mundo se siente feliz durante estas fechas; algunas personas pueden estar atravesando un duelo, un momento de cansancio o simplemente no tener ganas de socializar. Aceptar que no todas las Navidades tienen que ser sinónimo de alegría es un primer paso para reducir la presión.</p>
<p data-start="1674" data-end="2019">Fingir felicidad para encajar en la expectativa social puede llevarte a sentirte más solo, incluso cuando estás rodeado de personas. Por ello, es fundamental permitirte no estar bien y decirlo. Esto puede significar irte antes de una reunión si no te sientes cómodo o tomar un tiempo para estar solo sin que eso se sienta como una justificación.</p>

<h2 data-start="2021" data-end="2063">La gestión de las reuniones familiares</h2>
<p data-start="2065" data-end="2582">Las reuniones familiares, a menudo retratadas como momentos idílicos de armonía, son un terreno fértil para tensiones y desencuentros. La presión para comportarse de manera idealizada frente a familiares, algunas veces, nos obliga a tolerar comentarios incómodos o convivir con personas con las que no tenemos una conexión genuina. La clave aquí es saber poner límites claros y comunicar de manera respetuosa lo que te incomoda, ya sea evitando ciertos temas o determinando cuánto tiempo deseas quedarte en un evento. No se trata de ser rudo ni de provocar conflictos, sino de ser honesto contigo mismo y con los demás sobre lo que necesitas para estar bien.</p>

<h2 data-start="2726" data-end="2765">Una Navidad a tu manera</h2>
<p data-start="2767" data-end="3144">La Navidad no tiene que ser una lucha constante por cumplir con expectativas ajenas. Es posible disfrutar de las fiestas de manera auténtica, al respetar tus propios sentimientos y establecer límites claros. No tengas miedo de no encajar en la imagen idealizada de las festividades; lo importante es encontrar una manera de vivirlas que respete tu bienestar emocional y físico. Este diciembre, permítete ser honesto contigo mismo y disfrutar de unas fiestas que realmente te hagan sentir bien, a tu propio ritmo. Sin forzar ni fingir, puedes encontrar la paz y la alegría auténtica que mereces. ¡Felices fiestas, a tu manera!</p>]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[La Navidad es una época llena de expectativas, tanto sociales como personales, que a menudo nos presionan a ser felices, a disfrutar de cada momento y a mostrarnos agradecidos. Sin embargo, esta “felicidad obligatoria” no siempre es realista ni saludable]]></itunes:subtitle>
									<itunes:keywords>autenticidad en las fiestas,autocuidado en fiestas,bienestar en Navidad,disfrutar de la Navidad,emociones en Navidad,expectativas de Navidad,felicidad genuina,gestión de reuniones familiares,Navidad auténtica,no fingir felicidad,poner límites,presión social en Navidad,Relaciones Familiares,salud emocional</itunes:keywords>
								<content:encoded><![CDATA[<p data-start="296" data-end="695">La Navidad es una época llena de expectativas, tanto sociales como personales, que a menudo nos presionan a ser felices, a disfrutar de cada momento y a mostrarnos agradecidos. Sin embargo, esta “felicidad obligatoria” no siempre es realista ni saludable. La psicóloga Iratxe López nos invita a vivir unas Navidades más auténticas, respetando nuestras emociones y evitando la carga de las expectativas ajenas.</p>
<p data-start="697" data-end="1222">Durante las fiestas, es común sentir que debemos ajustarnos a una imagen ideal de la Navidad: estar siempre sonrientes, participar en todas las reuniones y aparentar estar disfrutando a pesar de nuestras emociones. Sin embargo, esta “farsa” de felicidad puede tener un costo emocional significativo, desconectándonos de lo que realmente sentimos. Aprender a reconocer y respetar nuestros estados emocionales, sin la presión de ser siempre positivos, es clave para vivir una Navidad más plena y respetuosa con nosotros mismos.</p>

<h2 data-start="1224" data-end="1247">El precio de fingir</h2>
<p data-start="1249" data-end="1672">Las fiestas están llenas de momentos de encuentro con la familia y amigos, pero también pueden traer consigo emociones contradictorias. No todo el mundo se siente feliz durante estas fechas; algunas personas pueden estar atravesando un duelo, un momento de cansancio o simplemente no tener ganas de socializar. Aceptar que no todas las Navidades tienen que ser sinónimo de alegría es un primer paso para reducir la presión.</p>
<p data-start="1674" data-end="2019">Fingir felicidad para encajar en la expectativa social puede llevarte a sentirte más solo, incluso cuando estás rodeado de personas. Por ello, es fundamental permitirte no estar bien y decirlo. Esto puede significar irte antes de una reunión si no te sientes cómodo o tomar un tiempo para estar solo sin que eso se sienta como una justificación.</p>

<h2 data-start="2021" data-end="2063">La gestión de las reuniones familiares</h2>
<p data-start="2065" data-end="2582">Las reuniones familiares, a menudo retratadas como momentos idílicos de armonía, son un terreno fértil para tensiones y desencuentros. La presión para comportarse de manera idealizada frente a familiares, algunas veces, nos obliga a tolerar comentarios incómodos o convivir con personas con las que no tenemos una conexión genuina. La clave aquí es saber poner límites claros y comunicar de manera respetuosa lo que te incomoda, ya sea evitando ciertos temas o determinando cuánto tiempo deseas quedarte en un evento. No se trata de ser rudo ni de provocar conflictos, sino de ser honesto contigo mismo y con los demás sobre lo que necesitas para estar bien.</p>

<h2 data-start="2726" data-end="2765">Una Navidad a tu manera</h2>
<p data-start="2767" data-end="3144">La Navidad no tiene que ser una lucha constante por cumplir con expectativas ajenas. Es posible disfrutar de las fiestas de manera auténtica, al respetar tus propios sentimientos y establecer límites claros. No tengas miedo de no encajar en la imagen idealizada de las festividades; lo importante es encontrar una manera de vivirlas que respete tu bienestar emocional y físico. Este diciembre, permítete ser honesto contigo mismo y disfrutar de unas fiestas que realmente te hagan sentir bien, a tu propio ritmo. Sin forzar ni fingir, puedes encontrar la paz y la alegría auténtica que mereces. ¡Felices fiestas, a tu manera!</p>]]></content:encoded>
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Durante las fiestas, es común sentir que debemos ajustarnos a una imagen ideal de la Navidad: estar siempre sonrientes, participar en todas las reuniones y aparentar estar disfrutando a pesar de nuestras emociones. Sin embargo, esta “farsa” de felicidad puede tener un costo emocional significativo, desconectándonos de lo que realmente sentimos. Aprender a reconocer y respetar nuestros estados emocionales, sin la presión de ser siempre positivos, es clave para vivir una Navidad más plena y respetuosa con nosotros mismos.

El precio de fingir
Las fiestas están llenas de momentos de encuentro con la familia y amigos, pero también pueden traer consigo emociones contradictorias. No todo el mundo se siente feliz durante estas fechas; algunas personas pueden estar atravesando un duelo, un momento de cansancio o simplemente no tener ganas de socializar. Aceptar que no todas las Navidades tienen que ser sinónimo de alegría es un primer paso para reducir la presión.
Fingir felicidad para encajar en la expectativa social puede llevarte a sentirte más solo, incluso cuando estás rodeado de personas. Por ello, es fundamental permitirte no estar bien y decirlo. Esto puede significar irte antes de una reunión si no te sientes cómodo o tomar un tiempo para estar solo sin que eso se sienta como una justificación.

La gestión de las reuniones familiares
Las reuniones familiares, a menudo retratadas como momentos idílicos de armonía, son un terreno fértil para tensiones y desencuentros. La presión para comportarse de manera idealizada frente a familiares, algunas veces, nos obliga a tolerar comentarios incómodos o convivir con personas con las que no tenemos una conexión genuina. La clave aquí es saber poner límites claros y comunicar de manera respetuosa lo que te incomoda, ya sea evitando ciertos temas o determinando cuánto tiempo deseas quedarte en un evento. No se trata de ser rudo ni de provocar conflictos, sino de ser honesto contigo mismo y con los demás sobre lo que necesitas para estar bien.

Una Navidad a tu manera
La Navidad no tiene que ser una lucha constante por cumplir con expectativas ajenas. Es posible disfrutar de las fiestas de manera auténtica, al respetar tus propios sentimientos y establecer límites claros. No tengas miedo de no encajar en la imagen idealizada de las festividades; lo importante es encontrar una manera de vivirlas que respete tu bienestar emocional y físico. Este diciembre, permítete ser honesto contigo mismo y disfrutar de unas fiestas que realmente te hagan sentir bien, a tu propio ritmo. Sin forzar ni fingir, puedes encontrar la paz y la alegría auténtica que mereces. ¡Felices fiestas, a tu manera!]]></itunes:summary>
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Durante las fiestas, es común sentir que debemos ajustarnos a una imagen ideal de la Navidad: estar siempre sonrientes, participar en todas las reuniones y aparentar estar disfrutando a pesar de nuestras emociones. Sin embargo, esta “farsa” de felicidad puede tener un costo emocional significativo, desconectándonos de lo que realmente sentimos. Aprender a reconocer y respetar nuestros estados emocionales, sin la presión de ser siempre positivos, es clave para vivir una Navidad más plena y respetuosa con nosotros mismos.

El precio de fingir
Las fiestas están llenas de momentos d]]></googleplay:description>
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				<title>El poder de la autoaceptación</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/el-poder-de-la-autoaceptacion-la-relacion-saludable-con-nuestro-cuerpo</link>
				<pubDate>Thu, 11 Dec 2025 10:35:24 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[La presión estética es un tema que afecta, en mayor medida, a las mujeres. A lo largo de los años, la sociedad ha impuesto estándares de belleza que muchas veces no coinciden con la realidad de la mayoría de las personas. Durante épocas festivas, como las navidades, esta presión puede intensificarse debido a las reuniones sociales, las fotos familiares y los eventos donde la apariencia se vuelve un tema central. Sin embargo, es fundamental entender que la autoaceptación corporal no es solo un concepto abstracto, sino una necesidad para vivir una vida plena y saludable.
<h2>¿Por qué seguimos criticándonos?</h2>
Una de las preguntas que la psicóloga Iratxe López plantea es fundamental: ¿Cuántos años llevamos hablándonos mal? Desde muy jóvenes, muchas personas comienzan a juzgar su cuerpo, buscando lo que falta, lo que sobra, lo que debe ser "mejorado". Pero, ¿ha funcionado alguna vez esta actitud? En la mayoría de los casos, la respuesta es no. En lugar de sentirnos mejor, la crítica constante sobre nuestro cuerpo solo nos lleva a aumentar nuestra inseguridad.

Es una fantasía pensar que al ser más duras con nosotras mismas vamos a conseguir el cuerpo "perfecto" que nos hará sentir mejor. Lo cierto es que este enfoque solo perpetúa una relación destructiva con nosotros mismos. La verdadera transformación solo es posible cuando dejamos de castigarnos y comenzamos a tratarnos con compasión.
<h2>El poder de la compasión</h2>
La autoaceptación no implica resignación ni conformismo. Aceptar nuestro cuerpo no significa rendirse ante lo que es, sino dejar de pelear contra él. Solo cuando dejamos de rechazarlo podemos comenzar a cuidarlo de manera más saludable y equilibrada. De hecho, los cambios duraderos suelen llegar cuando abandonamos la autocrítica y comenzamos a valorar lo que somos tal como somos.

La psicóloga también destaca que la relación que tenemos con nuestro cuerpo cambia según cómo nos sintamos emocionalmente en un determinado momento. Cuando estamos cansados, estresados o emocionalmente saturados, la percepción que tenemos de nuestro cuerpo se distorsiona. El espejo no muestra la realidad, sino nuestra visión subjetiva. Por eso, es común mirarse en el espejo un día y sentir que no nos gusta lo que vemos, para al día siguiente, sin haber cambiado nada en nuestro físico, vernos mejor. Esta fluctuación es un recordatorio de que nuestras emociones influyen en nuestra percepción corporal.
<h2>La neutralidad corporal: un enfoque liberador</h2>
Un concepto liberador propuesto por Iratxe López es la neutralidad corporal o Body Neutrality. Esta idea invita a las personas a liberarse de la presión de tener que amar incondicionalmente su cuerpo. En lugar de centrarse en su apariencia, la neutralidad corporal nos anima a valorar la funcionalidad del cuerpo: lo que puede hacer por nosotros a diario, como caminar, respirar, abrazar o sostenernos.

En vez de obsesionarnos con cómo se ve nuestro cuerpo, la neutralidad corporal nos invita a enfocarnos en lo que nos permite hacer, lo cual es mucho más estable y realista. Al adoptar este enfoque, dejamos de lado la presión estética y comenzamos a reconocer que nuestro valor no depende de cumplir con ideales de belleza inalcanzables.
<h2>Hacia una relación más sana con nuestro cuerpo</h2>
Cambiar la narrativa interna sobre nuestro cuerpo es un paso crucial para mejorar nuestra salud mental y emocional. Al dejar de luchar contra nosotros mismos y abrazar la aceptación, no solo mejoramos nuestra percepción corporal, sino que también iniciamos un camino hacia un bienestar más profundo. Este cambio de enfoque no solo se traduce en una mayor confianza, sino en una relación más saludable con nuestro cuerpo, que permite vivir el día a día con mayor paz y satisfacción.

En definitiva, la autoaceptación corporal no es un acto de conformismo, sino de cuidado y respeto hacia uno mismo. Al centrarnos en la funcionalidad y dejar de lado los juicios externos e internos, podemos disfrutar de una vida más plena y libre de la presión estética que tantas veces nos limita.

Si alguna de estas ideas resuena contigo, te invitamos a reflexionar sobre tu propia relación con tu cuerpo y a dar el primer paso hacia la autoaceptación. Recuerda, el cambio verdadero solo llega cuando dejamos de castigarnos y comenzamos a cuidarnos desde el amor y la compasión.]]></description>
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									<itunes:keywords>aceptación,amor propio,autoaceptación,autoaceptación corporal,autocrítica,autoestima,autoestima positiva,bienestar emocional,cambio de enfoque,compasión,cuerpo y bienestar,cuerpo y mente,feminismo y cuerpo,funcionalidad corporal,neutralidad corporal,presión estética,psicología,relación con el cuerpo,salud emocional,salud mental</itunes:keywords>
								<content:encoded><![CDATA[La presión estética es un tema que afecta, en mayor medida, a las mujeres. A lo largo de los años, la sociedad ha impuesto estándares de belleza que muchas veces no coinciden con la realidad de la mayoría de las personas. Durante épocas festivas, como las navidades, esta presión puede intensificarse debido a las reuniones sociales, las fotos familiares y los eventos donde la apariencia se vuelve un tema central. Sin embargo, es fundamental entender que la autoaceptación corporal no es solo un concepto abstracto, sino una necesidad para vivir una vida plena y saludable.
<h2>¿Por qué seguimos criticándonos?</h2>
Una de las preguntas que la psicóloga Iratxe López plantea es fundamental: ¿Cuántos años llevamos hablándonos mal? Desde muy jóvenes, muchas personas comienzan a juzgar su cuerpo, buscando lo que falta, lo que sobra, lo que debe ser "mejorado". Pero, ¿ha funcionado alguna vez esta actitud? En la mayoría de los casos, la respuesta es no. En lugar de sentirnos mejor, la crítica constante sobre nuestro cuerpo solo nos lleva a aumentar nuestra inseguridad.

Es una fantasía pensar que al ser más duras con nosotras mismas vamos a conseguir el cuerpo "perfecto" que nos hará sentir mejor. Lo cierto es que este enfoque solo perpetúa una relación destructiva con nosotros mismos. La verdadera transformación solo es posible cuando dejamos de castigarnos y comenzamos a tratarnos con compasión.
<h2>El poder de la compasión</h2>
La autoaceptación no implica resignación ni conformismo. Aceptar nuestro cuerpo no significa rendirse ante lo que es, sino dejar de pelear contra él. Solo cuando dejamos de rechazarlo podemos comenzar a cuidarlo de manera más saludable y equilibrada. De hecho, los cambios duraderos suelen llegar cuando abandonamos la autocrítica y comenzamos a valorar lo que somos tal como somos.

La psicóloga también destaca que la relación que tenemos con nuestro cuerpo cambia según cómo nos sintamos emocionalmente en un determinado momento. Cuando estamos cansados, estresados o emocionalmente saturados, la percepción que tenemos de nuestro cuerpo se distorsiona. El espejo no muestra la realidad, sino nuestra visión subjetiva. Por eso, es común mirarse en el espejo un día y sentir que no nos gusta lo que vemos, para al día siguiente, sin haber cambiado nada en nuestro físico, vernos mejor. Esta fluctuación es un recordatorio de que nuestras emociones influyen en nuestra percepción corporal.
<h2>La neutralidad corporal: un enfoque liberador</h2>
Un concepto liberador propuesto por Iratxe López es la neutralidad corporal o Body Neutrality. Esta idea invita a las personas a liberarse de la presión de tener que amar incondicionalmente su cuerpo. En lugar de centrarse en su apariencia, la neutralidad corporal nos anima a valorar la funcionalidad del cuerpo: lo que puede hacer por nosotros a diario, como caminar, respirar, abrazar o sostenernos.

En vez de obsesionarnos con cómo se ve nuestro cuerpo, la neutralidad corporal nos invita a enfocarnos en lo que nos permite hacer, lo cual es mucho más estable y realista. Al adoptar este enfoque, dejamos de lado la presión estética y comenzamos a reconocer que nuestro valor no depende de cumplir con ideales de belleza inalcanzables.
<h2>Hacia una relación más sana con nuestro cuerpo</h2>
Cambiar la narrativa interna sobre nuestro cuerpo es un paso crucial para mejorar nuestra salud mental y emocional. Al dejar de luchar contra nosotros mismos y abrazar la aceptación, no solo mejoramos nuestra percepción corporal, sino que también iniciamos un camino hacia un bienestar más profundo. Este cambio de enfoque no solo se traduce en una mayor confianza, sino en una relación más saludable con nuestro cuerpo, que permite vivir el día a día con mayor paz y satisfacción.

En definitiva, la autoaceptación corporal no es un acto de conformismo, sino de cuidado y respeto hacia uno mismo. Al centrarnos en la funcionalidad y dejar de lado los juicios externos e internos, podemos disfrutar de una vida más plena y libre de la presión estética que tantas veces nos limita.

Si alguna de estas ideas resuena contigo, te invitamos a reflexionar sobre tu propia relación con tu cuerpo y a dar el primer paso hacia la autoaceptación. Recuerda, el cambio verdadero solo llega cuando dejamos de castigarnos y comenzamos a cuidarnos desde el amor y la compasión.]]></content:encoded>
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¿Por qué seguimos criticándonos?
Una de las preguntas que la psicóloga Iratxe López plantea es fundamental: ¿Cuántos años llevamos hablándonos mal? Desde muy jóvenes, muchas personas comienzan a juzgar su cuerpo, buscando lo que falta, lo que sobra, lo que debe ser "mejorado". Pero, ¿ha funcionado alguna vez esta actitud? En la mayoría de los casos, la respuesta es no. En lugar de sentirnos mejor, la crítica constante sobre nuestro cuerpo solo nos lleva a aumentar nuestra inseguridad.

Es una fantasía pensar que al ser más duras con nosotras mismas vamos a conseguir el cuerpo "perfecto" que nos hará sentir mejor. Lo cierto es que este enfoque solo perpetúa una relación destructiva con nosotros mismos. La verdadera transformación solo es posible cuando dejamos de castigarnos y comenzamos a tratarnos con compasión.
El poder de la compasión
La autoaceptación no implica resignación ni conformismo. Aceptar nuestro cuerpo no significa rendirse ante lo que es, sino dejar de pelear contra él. Solo cuando dejamos de rechazarlo podemos comenzar a cuidarlo de manera más saludable y equilibrada. De hecho, los cambios duraderos suelen llegar cuando abandonamos la autocrítica y comenzamos a valorar lo que somos tal como somos.

La psicóloga también destaca que la relación que tenemos con nuestro cuerpo cambia según cómo nos sintamos emocionalmente en un determinado momento. Cuando estamos cansados, estresados o emocionalmente saturados, la percepción que tenemos de nuestro cuerpo se distorsiona. El espejo no muestra la realidad, sino nuestra visión subjetiva. Por eso, es común mirarse en el espejo un día y sentir que no nos gusta lo que vemos, para al día siguiente, sin haber cambiado nada en nuestro físico, vernos mejor. Esta fluctuación es un recordatorio de que nuestras emociones influyen en nuestra percepción corporal.
La neutralidad corporal: un enfoque liberador
Un concepto liberador propuesto por Iratxe López es la neutralidad corporal o Body Neutrality. Esta idea invita a las personas a liberarse de la presión de tener que amar incondicionalmente su cuerpo. En lugar de centrarse en su apariencia, la neutralidad corporal nos anima a valorar la funcionalidad del cuerpo: lo que puede hacer por nosotros a diario, como caminar, respirar, abrazar o sostenernos.

En vez de obsesionarnos con cómo se ve nuestro cuerpo, la neutralidad corporal nos invita a enfocarnos en lo que nos permite hacer, lo cual es mucho más estable y realista. Al adoptar este enfoque, dejamos de lado la presión estética y comenzamos a reconocer que nuestro valor no depende de cumplir con ideales de belleza inalcanzables.
Hacia una relación más sana con nuestro cuerpo
Cambiar la narrativa interna sobre nuestro cuerpo es un paso crucial para mejorar nuestra salud mental y emocional. Al dejar de luchar contra nosotros mismos y abrazar la aceptación, no solo mejoramos nuestra percepción corporal, sino que también iniciamos un camino hacia un bienestar más profundo. Este cambio de enfoque no solo se traduce en una mayor confianza, sino en una relación más saludable con nuestro cuerpo, que permite vivir el día a día con mayor paz y satisfacción.

En definitiva, la autoaceptación corporal no es un acto de conformismo, sino de cuidado y respeto hacia uno mismo. Al centrarnos en la funcionalidad y dejar de lado los juicios externos e internos, podemos disfrutar de una vida más plena y libre de ]]></itunes:summary>
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¿Por qué seguimos criticándonos?
Una de las preguntas que la psicóloga Iratxe López plantea es fundamental: ¿Cuántos años llevamos hablándonos mal? Desde muy jóvenes, muchas personas comienzan a juzgar su cuerpo, buscando lo que falta, lo que sobra, lo que debe ser "mejorado". Pero, ¿ha funcionado alguna vez esta actitud? En la mayoría de los casos, la respuesta es no. En lugar de sentirnos mejor, la crítica constante]]></googleplay:description>
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				<title>«Las microinfidelidades rompen la intimidad emocional más que un desliz físico&quot;</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/las-microinfidelidades-han-roto-la-intimidad-emocional-mas-que-un-desliz-fisico</link>
				<pubDate>Thu, 04 Dec 2025 10:06:28 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[<strong>La psicóloga Iratxe López</strong> ha analizado en <em>EgunOn Bizkaia</em> el auge de las <strong>microinfidelidades</strong> en la era digital y cómo afectan al <strong>pacto del vínculo</strong> en las relaciones de pareja.
<h2>¿Qué se entiende por microinfidelidad?</h2>
López ha aclarado que la infidelidad no la ha inventado el mundo digital, pero <strong>la hiperconectividad la ha hecho más accesible, silenciosa y fácil de negar</strong>. La psicóloga ha descrito conductas que se situan en esa zona gris: <strong>mensajes privados con carga emocional, uso de plataformas donde el contenido desaparece tras verse, cuentas secundarias que la pareja no conoce o likes con intención que buscan conexión o impacto con alguien concreto</strong>.
<h2>La intimidad emocional sale de la pareja</h2>
Según ha expuesto, <strong>muchas de estas interacciones funcionan como refugio emocional</strong>: conversaciones donde comparten miedos, problemas, ilusiones o enfados fuera de la relación principal. Ahí, ha advertido, no se traiciona tanto el cuerpo como la intimidad emocional, «la parte más vulnerable y significativa del vínculo».
<h2>El <strong>pacto del vínculo</strong> se ha puesto en el centro</h2>
López ha definido el pacto del vínculo como ese acuerdo explícito o implícito que sostiene la relación: confianza, lealtad emocional, transparencia y la idea de <em>«tú y yo somos un equipo»</em>. <strong>Cuando se comparte intimidad con otra persona a escondidas, se rompe ese pacto</strong>, igual o más que con un desliz físico.
<h2>No existe una definición universal</h2>
La psicóloga ha subrayado que no existe una definición universal de infidelidad y que, por ello,<strong> cada pareja ha debe conversar y acordar límites</strong>. Para algunas personas, seguir a un ex en redes se siente neutro, mientras que para otras resulta una falta de respeto. «Esto no va de controlar, va de cuidar el vínculo», ha remarcado.
<h2>Privacidad no es lo mismo que secretismo</h2>
En el debate clásico sobre mirar el móvil o compartir contraseñas, López ha propuesto cambiar la pregunta por <strong>«¿para qué necesito mirarlo?</strong>». Si la necesidad nace de inseguridades propias o experiencias pasadas, el trabajo se sitúa en una misma persona. Pero si existen conductas reales de la pareja que generan dudas —borrar conversaciones, cambiar contraseñas, ocultar información—, la revisión corresponde a la relación.
<h2>Acordar límites y revisarlos en el tiempo</h2>
López ha insistido en que <strong>los acuerdos necesitan revisarse porque las relaciones y las formas de conexión cambian</strong>. Expresar con claridad «esto me hiere», «esto me hace sentir insegura» o «esto para mí es traición» muestra madurez afectiva y cuida el vínculo.]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[La psicóloga Iratxe López ha analizado en EgunOn Bizkaia el auge de las microinfidelidades en la era digital y cómo afectan al pacto del vínculo en las relaciones de pareja.
¿Qué se entiende por microinfidelidad?
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<h2>¿Qué se entiende por microinfidelidad?</h2>
López ha aclarado que la infidelidad no la ha inventado el mundo digital, pero <strong>la hiperconectividad la ha hecho más accesible, silenciosa y fácil de negar</strong>. La psicóloga ha descrito conductas que se situan en esa zona gris: <strong>mensajes privados con carga emocional, uso de plataformas donde el contenido desaparece tras verse, cuentas secundarias que la pareja no conoce o likes con intención que buscan conexión o impacto con alguien concreto</strong>.
<h2>La intimidad emocional sale de la pareja</h2>
Según ha expuesto, <strong>muchas de estas interacciones funcionan como refugio emocional</strong>: conversaciones donde comparten miedos, problemas, ilusiones o enfados fuera de la relación principal. Ahí, ha advertido, no se traiciona tanto el cuerpo como la intimidad emocional, «la parte más vulnerable y significativa del vínculo».
<h2>El <strong>pacto del vínculo</strong> se ha puesto en el centro</h2>
López ha definido el pacto del vínculo como ese acuerdo explícito o implícito que sostiene la relación: confianza, lealtad emocional, transparencia y la idea de <em>«tú y yo somos un equipo»</em>. <strong>Cuando se comparte intimidad con otra persona a escondidas, se rompe ese pacto</strong>, igual o más que con un desliz físico.
<h2>No existe una definición universal</h2>
La psicóloga ha subrayado que no existe una definición universal de infidelidad y que, por ello,<strong> cada pareja ha debe conversar y acordar límites</strong>. Para algunas personas, seguir a un ex en redes se siente neutro, mientras que para otras resulta una falta de respeto. «Esto no va de controlar, va de cuidar el vínculo», ha remarcado.
<h2>Privacidad no es lo mismo que secretismo</h2>
En el debate clásico sobre mirar el móvil o compartir contraseñas, López ha propuesto cambiar la pregunta por <strong>«¿para qué necesito mirarlo?</strong>». Si la necesidad nace de inseguridades propias o experiencias pasadas, el trabajo se sitúa en una misma persona. Pero si existen conductas reales de la pareja que generan dudas —borrar conversaciones, cambiar contraseñas, ocultar información—, la revisión corresponde a la relación.
<h2>Acordar límites y revisarlos en el tiempo</h2>
López ha insistido en que <strong>los acuerdos necesitan revisarse porque las relaciones y las formas de conexión cambian</strong>. Expresar con claridad «esto me hiere», «esto me hace sentir insegura» o «esto para mí es traición» muestra madurez afectiva y cuida el vínculo.]]></content:encoded>
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López ha aclarado que la infidelidad no la ha inventado el mundo digital, pero la hiperconectividad la ha hecho más accesible, silenciosa y fácil de negar. La psicóloga ha descrito conductas que se situan en esa zona gris: mensajes privados con carga emocional, uso de plataformas donde el contenido desaparece tras verse, cuentas secundarias que la pareja no conoce o likes con intención que buscan conexión o impacto con alguien concreto.
La intimidad emocional sale de la pareja
Según ha expuesto, muchas de estas interacciones funcionan como refugio emocional: conversaciones donde comparten miedos, problemas, ilusiones o enfados fuera de la relación principal. Ahí, ha advertido, no se traiciona tanto el cuerpo como la intimidad emocional, «la parte más vulnerable y significativa del vínculo».
El pacto del vínculo se ha puesto en el centro
López ha definido el pacto del vínculo como ese acuerdo explícito o implícito que sostiene la relación: confianza, lealtad emocional, transparencia y la idea de «tú y yo somos un equipo». Cuando se comparte intimidad con otra persona a escondidas, se rompe ese pacto, igual o más que con un desliz físico.
No existe una definición universal
La psicóloga ha subrayado que no existe una definición universal de infidelidad y que, por ello, cada pareja ha debe conversar y acordar límites. Para algunas personas, seguir a un ex en redes se siente neutro, mientras que para otras resulta una falta de respeto. «Esto no va de controlar, va de cuidar el vínculo», ha remarcado.
Privacidad no es lo mismo que secretismo
En el debate clásico sobre mirar el móvil o compartir contraseñas, López ha propuesto cambiar la pregunta por «¿para qué necesito mirarlo?». Si la necesidad nace de inseguridades propias o experiencias pasadas, el trabajo se sitúa en una misma persona. Pero si existen conductas reales de la pareja que generan dudas —borrar conversaciones, cambiar contraseñas, ocultar información—, la revisión corresponde a la relación.
Acordar límites y revisarlos en el tiempo
López ha insistido en que los acuerdos necesitan revisarse porque las relaciones y las formas de conexión cambian. Expresar con claridad «esto me hiere», «esto me hace sentir insegura» o «esto para mí es traición» muestra madurez afectiva y cuida el vínculo.]]></itunes:summary>
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López ha aclarado que la infidelidad no la ha inventado el mundo digital, pero la hiperconectividad la ha hecho más accesible, silenciosa y fácil de negar. La psicóloga ha descrito conductas que se situan en esa zona gris: mensajes privados con carga emocional, uso de plataformas donde el contenido desaparece tras verse, cuentas secundarias que la pareja no conoce o likes con intención que buscan conexión o impacto con alguien concreto.
La intimidad emocional sale de la pareja
Según ha expuesto, muchas de estas interacciones funcionan como refugio emocional: conversaciones donde comparten miedos, problemas, ilusiones o enfados fuera de la relación principal. Ahí, ha advertido, no se traiciona tanto el cuerpo como la intimidad emocional, «la parte más vulnerable y signific]]></googleplay:description>
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				<title>Cuidarnos sin aislarnos, poner límites sin convertirnos en islas</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/cuidarnos-sin-aislarnos-poner-limites-sin-convertirnos-en-islas</link>
				<pubDate>Thu, 27 Nov 2025 10:20:37 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[La psicóloga <strong>Iratxe López</strong> ha reflexionado en <strong>EgunOn Bizkaia</strong> sobre cómo <strong>el discurso del autocuidado se cruza con un individualismo</strong> <strong>que</strong> <strong>deteriora los vínculos </strong>que establecemos con las demás personas.

López ha señalado que algunas personas usan el lenguaje del <strong>autocuidado como coartada para evitar compromisos</strong> y no implicarse. Ha advertido de que así se rompen los vínculos “por dentro” y ha subrayado que poner límites no debe convertirse en una excusa para el egoísmo.

La psicóloga propone<strong> cuidar los vínculos por lo que son y no sólo por el beneficio personal</strong>. Ha remarcado que una relación sana puede ayudar a sanar sin que eso implique cargar con la mochila emocional del otro, y ha pedido mirar qué aportamos más allá de lo que recibimos. López ha planteado que el reto pasa por reconciliar el cuidado propio con el compromiso comunitario. Ha defendido que se pueden poner límites sin convertirse en islas y que amar, sostener y comprometerse refuerza las relaciones.

La psicóloga ha invitado a preguntarse<strong> desde qué valores se está relacionando cada persona</strong>. Ha insistido en que un vínculo no debe ser una transacción y ha animado a vincularse desde lo que cada uno es y valora, no desde lo que conviene egoístamente.]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[La psicóloga Iratxe López ha reflexionado en EgunOn Bizkaia sobre cómo el discurso del autocuidado se cruza con un individualismo que deteriora los vínculos que establecemos con las demás personas.

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López ha señalado que algunas personas usan el lenguaje del <strong>autocuidado como coartada para evitar compromisos</strong> y no implicarse. Ha advertido de que así se rompen los vínculos “por dentro” y ha subrayado que poner límites no debe convertirse en una excusa para el egoísmo.

La psicóloga propone<strong> cuidar los vínculos por lo que son y no sólo por el beneficio personal</strong>. Ha remarcado que una relación sana puede ayudar a sanar sin que eso implique cargar con la mochila emocional del otro, y ha pedido mirar qué aportamos más allá de lo que recibimos. López ha planteado que el reto pasa por reconciliar el cuidado propio con el compromiso comunitario. Ha defendido que se pueden poner límites sin convertirse en islas y que amar, sostener y comprometerse refuerza las relaciones.

La psicóloga ha invitado a preguntarse<strong> desde qué valores se está relacionando cada persona</strong>. Ha insistido en que un vínculo no debe ser una transacción y ha animado a vincularse desde lo que cada uno es y valora, no desde lo que conviene egoístamente.]]></content:encoded>
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López ha señalado que algunas personas usan el lenguaje del autocuidado como coartada para evitar compromisos y no implicarse. Ha advertido de que así se rompen los vínculos “por dentro” y ha subrayado que poner límites no debe convertirse en una excusa para el egoísmo.

La psicóloga propone cuidar los vínculos por lo que son y no sólo por el beneficio personal. Ha remarcado que una relación sana puede ayudar a sanar sin que eso implique cargar con la mochila emocional del otro, y ha pedido mirar qué aportamos más allá de lo que recibimos. López ha planteado que el reto pasa por reconciliar el cuidado propio con el compromiso comunitario. Ha defendido que se pueden poner límites sin convertirse en islas y que amar, sostener y comprometerse refuerza las relaciones.

La psicóloga ha invitado a preguntarse desde qué valores se está relacionando cada persona. Ha insistido en que un vínculo no debe ser una transacción y ha animado a vincularse desde lo que cada uno es y valora, no desde lo que conviene egoístamente.]]></itunes:summary>
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López ha señalado que algunas personas usan el lenguaje del autocuidado como coartada para evitar compromisos y no implicarse. Ha advertido de que así se rompen los vínculos “por dentro” y ha subrayado que poner límites no debe convertirse en una excusa para el egoísmo.

La psicóloga propone cuidar los vínculos por lo que son y no sólo por el beneficio personal. Ha remarcado que una relación sana puede ayudar a sanar sin que eso implique cargar con la mochila emocional del otro, y ha pedido mirar qué aportamos más allá de lo que recibimos. López ha planteado que el reto pasa por reconciliar el cuidado propio con el compromiso comunitario. Ha defendido que se pueden poner límites sin convertirse en islas y que amar, sostener y comprometerse refuerza las relaciones.

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				<title>“Superar una ruptura requiere atravesar el dolor, no saltarlo”</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/superar-una-ruptura-requiere-atravesar-el-dolor-no-saltarlo</link>
				<pubDate>Thu, 20 Nov 2025 09:48:53 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
				<guid isPermaLink="false">https://radiopopular.com/?post_type=podcast&#038;p=256087</guid>
				<description><![CDATA[<strong>La psicóloga Iratxe López </strong>ha compartido en <em><strong>EgunOn Bizkaia</strong></em><strong> pautas para afrontar una separación</strong>, recordando que <strong>no existe una fórmula única</strong> y que el proceso <strong>funciona como un duelo</strong> en el que <strong>el dolor se tiene que sentir y atravesar</strong>.

López ha subrayado que <strong>la manera de afrontar una ruptura depende de cómo ha sido la relación previa</strong> y de las dinámicas establecidas. <strong>Ha insistido</strong> en que <strong>no sirve</strong> una respuesta que <strong>valga</strong> para todos los casos, <strong>especialmente</strong> cuando <strong>ha existido</strong> dependencia o <strong>ha habido</strong> maltrato.

<strong>“Todo duelo duele”</strong>, <strong>ha señalado</strong> la psicóloga, al explicar que <strong>el dolor no se evita</strong> ni <strong>se ha sobrepasa </strong>con atajos. Ha remarcado que la pérdida <strong>no sólo afecta</strong> a la persona, sino también <strong>a los planes y proyectos compartidos</strong> que <strong>han quedado</strong> pendientes o <strong>se han transformado</strong>.

Para que el proceso vaya bien, <strong>López defiende</strong> la importancia de <strong>escucharnos</strong>: <strong>“¿Cómo me siento? ¿Qué necesito ahora? ¿Qué me da seguridad?”</strong>. <strong>Ha advertido</strong> de un error frecuente: <strong>llenarnos de ruido</strong> (trabajo, planes, distracciones) para <strong>no parar</strong> y <strong>no sentir</strong>. <strong>Esa estrategia no ayuda </strong>y <strong>dificulta</strong> el duelo.

Durante el proceso aparecen altibajos: <strong>hay</strong> días de fortaleza y otros en los que <strong>volver con la expareja resulta </strong>tentador. <strong>Eso no significa </strong>un error, sino <strong>miedo disfrazado de nostalgia</strong>, <strong>ha explicado</strong>.

Para <strong>no idealizar</strong> lo vivido, <strong>López propone</strong> <strong>recordar lo que no ha funcionado</strong>. <strong>Pide</strong> hacer un <strong>esfuerzo consciente</strong> por traer a la memoria <strong>lo que ha molestado</strong> o <strong>ha sacado de quicio</strong>. Entre los <strong>gestos que ayudan</strong> a asimilar la pérdida, <strong>ha citado</strong>: <strong>devolver las cosas</strong>, <strong>retirar fotos del móvil</strong> y <strong>dejar de esperar</strong> el mensaje de buenos días. <strong>Todo ello es útil</strong> cuando <strong>nos sintamos</strong> preparados.

<strong>Con el tiempo llegan </strong>nuevas ilusiones, proyectos y personas; sin embargo, <strong>la psicóloga ha advertido</strong> de que <strong>iniciar etapas sin procesar el dolor</strong> <strong>no es</strong> buena idea, porque <strong>se construye</strong> sobre una base frágil.

El <strong>contacto cero</strong> <strong>ha generado</strong> debate profesional. <strong>López ha reconocido</strong> que, <strong>en su caso</strong>, <strong>ha resultado</strong> de ayuda porque <strong>ha permitido</strong> <strong>asumir</strong> antes la nueva realidad al <strong>sacar</strong> a la expareja del día a día. <strong>También ha puntualizado</strong> que <strong>no siempre ha sido posible</strong> ni <strong>ha encajado</strong> en todas las circunstancias.

<strong>Superar una ruptura requiere tiempo</strong> y <strong>no tiene atajos ni frases mágicas</strong>. <strong>Las claves</strong> que <strong>López resalta</strong> pasan por <strong>escucharnos</strong>, <strong>respetar los ritmos</strong> y <strong>no forzarnos</strong> a estar bien <strong>antes de estarlo</strong>.]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[La psicóloga Iratxe López ha compartido en EgunOn Bizkaia pautas para afrontar una separación, recordando que no existe una fórmula única y que el proceso funciona como un duelo en el que el dolor se tiene que sentir y atravesar.

López ha subrayado qu]]></itunes:subtitle>
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								<content:encoded><![CDATA[<strong>La psicóloga Iratxe López </strong>ha compartido en <em><strong>EgunOn Bizkaia</strong></em><strong> pautas para afrontar una separación</strong>, recordando que <strong>no existe una fórmula única</strong> y que el proceso <strong>funciona como un duelo</strong> en el que <strong>el dolor se tiene que sentir y atravesar</strong>.

López ha subrayado que <strong>la manera de afrontar una ruptura depende de cómo ha sido la relación previa</strong> y de las dinámicas establecidas. <strong>Ha insistido</strong> en que <strong>no sirve</strong> una respuesta que <strong>valga</strong> para todos los casos, <strong>especialmente</strong> cuando <strong>ha existido</strong> dependencia o <strong>ha habido</strong> maltrato.

<strong>“Todo duelo duele”</strong>, <strong>ha señalado</strong> la psicóloga, al explicar que <strong>el dolor no se evita</strong> ni <strong>se ha sobrepasa </strong>con atajos. Ha remarcado que la pérdida <strong>no sólo afecta</strong> a la persona, sino también <strong>a los planes y proyectos compartidos</strong> que <strong>han quedado</strong> pendientes o <strong>se han transformado</strong>.

Para que el proceso vaya bien, <strong>López defiende</strong> la importancia de <strong>escucharnos</strong>: <strong>“¿Cómo me siento? ¿Qué necesito ahora? ¿Qué me da seguridad?”</strong>. <strong>Ha advertido</strong> de un error frecuente: <strong>llenarnos de ruido</strong> (trabajo, planes, distracciones) para <strong>no parar</strong> y <strong>no sentir</strong>. <strong>Esa estrategia no ayuda </strong>y <strong>dificulta</strong> el duelo.

Durante el proceso aparecen altibajos: <strong>hay</strong> días de fortaleza y otros en los que <strong>volver con la expareja resulta </strong>tentador. <strong>Eso no significa </strong>un error, sino <strong>miedo disfrazado de nostalgia</strong>, <strong>ha explicado</strong>.

Para <strong>no idealizar</strong> lo vivido, <strong>López propone</strong> <strong>recordar lo que no ha funcionado</strong>. <strong>Pide</strong> hacer un <strong>esfuerzo consciente</strong> por traer a la memoria <strong>lo que ha molestado</strong> o <strong>ha sacado de quicio</strong>. Entre los <strong>gestos que ayudan</strong> a asimilar la pérdida, <strong>ha citado</strong>: <strong>devolver las cosas</strong>, <strong>retirar fotos del móvil</strong> y <strong>dejar de esperar</strong> el mensaje de buenos días. <strong>Todo ello es útil</strong> cuando <strong>nos sintamos</strong> preparados.

<strong>Con el tiempo llegan </strong>nuevas ilusiones, proyectos y personas; sin embargo, <strong>la psicóloga ha advertido</strong> de que <strong>iniciar etapas sin procesar el dolor</strong> <strong>no es</strong> buena idea, porque <strong>se construye</strong> sobre una base frágil.

El <strong>contacto cero</strong> <strong>ha generado</strong> debate profesional. <strong>López ha reconocido</strong> que, <strong>en su caso</strong>, <strong>ha resultado</strong> de ayuda porque <strong>ha permitido</strong> <strong>asumir</strong> antes la nueva realidad al <strong>sacar</strong> a la expareja del día a día. <strong>También ha puntualizado</strong> que <strong>no siempre ha sido posible</strong> ni <strong>ha encajado</strong> en todas las circunstancias.

<strong>Superar una ruptura requiere tiempo</strong> y <strong>no tiene atajos ni frases mágicas</strong>. <strong>Las claves</strong> que <strong>López resalta</strong> pasan por <strong>escucharnos</strong>, <strong>respetar los ritmos</strong> y <strong>no forzarnos</strong> a estar bien <strong>antes de estarlo</strong>.]]></content:encoded>
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				<itunes:summary><![CDATA[La psicóloga Iratxe López ha compartido en EgunOn Bizkaia pautas para afrontar una separación, recordando que no existe una fórmula única y que el proceso funciona como un duelo en el que el dolor se tiene que sentir y atravesar.

López ha subrayado que la manera de afrontar una ruptura depende de cómo ha sido la relación previa y de las dinámicas establecidas. Ha insistido en que no sirve una respuesta que valga para todos los casos, especialmente cuando ha existido dependencia o ha habido maltrato.

“Todo duelo duele”, ha señalado la psicóloga, al explicar que el dolor no se evita ni se ha sobrepasa con atajos. Ha remarcado que la pérdida no sólo afecta a la persona, sino también a los planes y proyectos compartidos que han quedado pendientes o se han transformado.

Para que el proceso vaya bien, López defiende la importancia de escucharnos: “¿Cómo me siento? ¿Qué necesito ahora? ¿Qué me da seguridad?”. Ha advertido de un error frecuente: llenarnos de ruido (trabajo, planes, distracciones) para no parar y no sentir. Esa estrategia no ayuda y dificulta el duelo.

Durante el proceso aparecen altibajos: hay días de fortaleza y otros en los que volver con la expareja resulta tentador. Eso no significa un error, sino miedo disfrazado de nostalgia, ha explicado.

Para no idealizar lo vivido, López propone recordar lo que no ha funcionado. Pide hacer un esfuerzo consciente por traer a la memoria lo que ha molestado o ha sacado de quicio. Entre los gestos que ayudan a asimilar la pérdida, ha citado: devolver las cosas, retirar fotos del móvil y dejar de esperar el mensaje de buenos días. Todo ello es útil cuando nos sintamos preparados.

Con el tiempo llegan nuevas ilusiones, proyectos y personas; sin embargo, la psicóloga ha advertido de que iniciar etapas sin procesar el dolor no es buena idea, porque se construye sobre una base frágil.

El contacto cero ha generado debate profesional. López ha reconocido que, en su caso, ha resultado de ayuda porque ha permitido asumir antes la nueva realidad al sacar a la expareja del día a día. También ha puntualizado que no siempre ha sido posible ni ha encajado en todas las circunstancias.

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				<googleplay:description><![CDATA[La psicóloga Iratxe López ha compartido en EgunOn Bizkaia pautas para afrontar una separación, recordando que no existe una fórmula única y que el proceso funciona como un duelo en el que el dolor se tiene que sentir y atravesar.

López ha subrayado que la manera de afrontar una ruptura depende de cómo ha sido la relación previa y de las dinámicas establecidas. Ha insistido en que no sirve una respuesta que valga para todos los casos, especialmente cuando ha existido dependencia o ha habido maltrato.

“Todo duelo duele”, ha señalado la psicóloga, al explicar que el dolor no se evita ni se ha sobrepasa con atajos. Ha remarcado que la pérdida no sólo afecta a la persona, sino también a los planes y proyectos compartidos que han quedado pendientes o se han transformado.

Para que el proceso vaya bien, López defiende la importancia de escucharnos: “¿Cómo me siento? ¿Qué necesito ahora? ¿Qué me da seguridad?”. Ha advertido de un error frecuente: llenarnos de ruido (trabajo, planes, d]]></googleplay:description>
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				<title>“El miedo no es nuestro enemigo, es un aliado que nos protege”</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/el-miedo-no-es-nuestro-enemigo-es-un-aliado-que-nos-protege</link>
				<pubDate>Thu, 06 Nov 2025 10:57:51 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[<p data-start="606" data-end="880">La psicóloga <strong data-start="619" data-end="635">Iratxe López</strong> ha abordado en su sección semanal de <em data-start="673" data-end="689">EgunON Bizkaia</em> una de las emociones más universales: <strong data-start="728" data-end="740">el miedo</strong>. A menudo asociado a la debilidad, López recuerda que en realidad “es una emoción adaptativa que <strong>cumple una función esencial: protegernos</strong>”.</p>
<p data-start="1052" data-end="1393">López subraya que <strong data-start="1070" data-end="1109">todas las emociones son adaptativas</strong>. En el caso del miedo, su función es <strong data-start="1147" data-end="1182">avisarnos de un posible peligro</strong> y <strong data-start="1185" data-end="1225">activar al organismo para reaccionar</strong>. Lo ejemplifica con una situación cotidiana: cuando alguien se comporta de forma agresiva en el metro, el miedo nos ayuda a estar atentos y buscar una salida segura.</p>
<p data-start="1395" data-end="1619">Incluso ante una operación médica, esta emoción tiene una función útil. “El miedo te hace prestar más atención a las indicaciones del personal sanitario, preguntar, informarte y actuar con más cuidado”, explica la psicóloga.</p>
<p data-start="1680" data-end="1923">Según López, el verdadero <strong>conflicto</strong> aparece cuando <strong data-start="1731" data-end="1772">tratamos de reprimir o negar el miedo</strong>. “Reprimir una emoción solo consigue intensificarla”, señala. Al hacerlo, nos desconectamos de su función protectora y perdemos su utilidad natural.</p>
<p data-start="1925" data-end="2129">Frases como “no debería sentir miedo” o “ya tendría que tenerlo superado” son comunes, pero poco realistas. Aceptar el miedo —en lugar de combatirlo— es el primer paso para gestionarlo de forma saludable.</p>]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[La psicóloga Iratxe López ha abordado en su sección semanal de EgunON Bizkaia una de las emociones más universales: el miedo. A menudo asociado a la debilidad, López recuerda que en realidad “es una emoción adaptativa que cumple una función esencial: pro]]></itunes:subtitle>
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<p data-start="1052" data-end="1393">López subraya que <strong data-start="1070" data-end="1109">todas las emociones son adaptativas</strong>. En el caso del miedo, su función es <strong data-start="1147" data-end="1182">avisarnos de un posible peligro</strong> y <strong data-start="1185" data-end="1225">activar al organismo para reaccionar</strong>. Lo ejemplifica con una situación cotidiana: cuando alguien se comporta de forma agresiva en el metro, el miedo nos ayuda a estar atentos y buscar una salida segura.</p>
<p data-start="1395" data-end="1619">Incluso ante una operación médica, esta emoción tiene una función útil. “El miedo te hace prestar más atención a las indicaciones del personal sanitario, preguntar, informarte y actuar con más cuidado”, explica la psicóloga.</p>
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<p data-start="1925" data-end="2129">Frases como “no debería sentir miedo” o “ya tendría que tenerlo superado” son comunes, pero poco realistas. Aceptar el miedo —en lugar de combatirlo— es el primer paso para gestionarlo de forma saludable.</p>]]></content:encoded>
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López subraya que todas las emociones son adaptativas. En el caso del miedo, su función es avisarnos de un posible peligro y activar al organismo para reaccionar. Lo ejemplifica con una situación cotidiana: cuando alguien se comporta de forma agresiva en el metro, el miedo nos ayuda a estar atentos y buscar una salida segura.
Incluso ante una operación médica, esta emoción tiene una función útil. “El miedo te hace prestar más atención a las indicaciones del personal sanitario, preguntar, informarte y actuar con más cuidado”, explica la psicóloga.
Según López, el verdadero conflicto aparece cuando tratamos de reprimir o negar el miedo. “Reprimir una emoción solo consigue intensificarla”, señala. Al hacerlo, nos desconectamos de su función protectora y perdemos su utilidad natural.
Frases como “no debería sentir miedo” o “ya tendría que tenerlo superado” son comunes, pero poco realistas. Aceptar el miedo —en lugar de combatirlo— es el primer paso para gestionarlo de forma saludable.]]></itunes:summary>
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López subraya que todas las emociones son adaptativas. En el caso del miedo, su función es avisarnos de un posible peligro y activar al organismo para reaccionar. Lo ejemplifica con una situación cotidiana: cuando alguien se comporta de forma agresiva en el metro, el miedo nos ayuda a estar atentos y buscar una salida segura.
Incluso ante una operación médica, esta emoción tiene una función útil. “El miedo te hace prestar más atención a las indicaciones del personal sanitario, preguntar, informarte y actuar con más cuidado”, explica la psicóloga.
Según López, el verdadero conflicto aparece cuando tratamos de reprimir o negar el miedo. “Reprimir una emoción solo consigue intensificarla”, señala. Al hacerlo, nos desconectam]]></googleplay:description>
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				<title>Más que tristeza: claves para entender el duelo </title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/mas-que-tristeza-claves-para-entender-el-duelo</link>
				<pubDate>Thu, 30 Oct 2025 09:20:13 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[<h2><strong data-start="658" data-end="692">El duelo no va por fases fijas</strong></h2>
Durante años se han popularizado cinco etapas del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Ese esquema fue útil, pero hoy sabemos que no todas las personas transitan esas fases ni en ese orden. El duelo es irregular y cambiante. Puede haber alivio cuando creíamos haber aceptado la pérdida, y luego regresar la rabia o la tristeza.
<h2 data-start="1084" data-end="1467"><strong data-start="1084" data-end="1128">Pérdidas visibles… y pérdidas invisibles</strong></h2>
<p data-start="1084" data-end="1467">No sólo despedimos a una persona; también a rutinas, planes y versiones de nosotros mismos que aparecían con ella. Ese café semanal, ese viaje pendiente o ese “yo” que sólo salía con su humor se apagan con la ausencia. Reconocer esas pérdidas secundarias ayuda a entender por qué todo se descoloca.</p>
<p data-start="1469" data-end="1989"><strong data-start="1469" data-end="1503">El duelo se cura en el vínculo</strong></p>
<p data-start="1469" data-end="1989">Como recuerda la psicología del apego, el duelo no se sana en soledad, sino en el vínculo. Cada pérdida reordena nuestro “mapa afectivo”: habrá quien se acerque, quien se aleje y quien sorprenda con su apoyo. Acompañar no es “arreglar” a nadie ni empujar a “superar” nada. Es ofrecer presencia y espacio al dolor. Frases como “estoy aquí”, “¿qué necesitas?” o “no sé qué decir, pero estoy contigo” ayudan más que cualquier consigna prefabricada.</p>

<h2 data-start="1991" data-end="2297"><strong data-start="1991" data-end="2031">Evita los atajos y las frases hechas</strong></h2>
<p data-start="1991" data-end="2297">Nos ponemos nerviosos ante el sufrimiento y recurrimos a tópicos que no alivian. La propuesta es sencilla: escuchar, sostener silencios y respetar ritmos. El acompañamiento es una compañía honesta, no una lista de soluciones.</p>

<h2><strong data-start="2299" data-end="2353">Duelo y prisas sociales: el debate de los permisos</strong></h2>
Vivimos con prisa y también la exigimos en el duelo. Se espera volver al trabajo “como si nada” en días. Para algunas personas, retomar rutinas ayuda; para otras, dificulta el proceso. Por eso el debate social sobre ampliar los permisos por fallecimiento es relevante: el duelo no cabe en tres días ni en una semana.]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[El duelo no va por fases fijas
Durante años se han popularizado cinco etapas del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Ese esquema fue útil, pero hoy sabemos que no todas las personas transitan esas fases ni en ese orden. El duelo e]]></itunes:subtitle>
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								<content:encoded><![CDATA[<h2><strong data-start="658" data-end="692">El duelo no va por fases fijas</strong></h2>
Durante años se han popularizado cinco etapas del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Ese esquema fue útil, pero hoy sabemos que no todas las personas transitan esas fases ni en ese orden. El duelo es irregular y cambiante. Puede haber alivio cuando creíamos haber aceptado la pérdida, y luego regresar la rabia o la tristeza.
<h2 data-start="1084" data-end="1467"><strong data-start="1084" data-end="1128">Pérdidas visibles… y pérdidas invisibles</strong></h2>
<p data-start="1084" data-end="1467">No sólo despedimos a una persona; también a rutinas, planes y versiones de nosotros mismos que aparecían con ella. Ese café semanal, ese viaje pendiente o ese “yo” que sólo salía con su humor se apagan con la ausencia. Reconocer esas pérdidas secundarias ayuda a entender por qué todo se descoloca.</p>
<p data-start="1469" data-end="1989"><strong data-start="1469" data-end="1503">El duelo se cura en el vínculo</strong></p>
<p data-start="1469" data-end="1989">Como recuerda la psicología del apego, el duelo no se sana en soledad, sino en el vínculo. Cada pérdida reordena nuestro “mapa afectivo”: habrá quien se acerque, quien se aleje y quien sorprenda con su apoyo. Acompañar no es “arreglar” a nadie ni empujar a “superar” nada. Es ofrecer presencia y espacio al dolor. Frases como “estoy aquí”, “¿qué necesitas?” o “no sé qué decir, pero estoy contigo” ayudan más que cualquier consigna prefabricada.</p>

<h2 data-start="1991" data-end="2297"><strong data-start="1991" data-end="2031">Evita los atajos y las frases hechas</strong></h2>
<p data-start="1991" data-end="2297">Nos ponemos nerviosos ante el sufrimiento y recurrimos a tópicos que no alivian. La propuesta es sencilla: escuchar, sostener silencios y respetar ritmos. El acompañamiento es una compañía honesta, no una lista de soluciones.</p>

<h2><strong data-start="2299" data-end="2353">Duelo y prisas sociales: el debate de los permisos</strong></h2>
Vivimos con prisa y también la exigimos en el duelo. Se espera volver al trabajo “como si nada” en días. Para algunas personas, retomar rutinas ayuda; para otras, dificulta el proceso. Por eso el debate social sobre ampliar los permisos por fallecimiento es relevante: el duelo no cabe en tres días ni en una semana.]]></content:encoded>
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Durante años se han popularizado cinco etapas del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Ese esquema fue útil, pero hoy sabemos que no todas las personas transitan esas fases ni en ese orden. El duelo es irregular y cambiante. Puede haber alivio cuando creíamos haber aceptado la pérdida, y luego regresar la rabia o la tristeza.
Pérdidas visibles… y pérdidas invisibles
No sólo despedimos a una persona; también a rutinas, planes y versiones de nosotros mismos que aparecían con ella. Ese café semanal, ese viaje pendiente o ese “yo” que sólo salía con su humor se apagan con la ausencia. Reconocer esas pérdidas secundarias ayuda a entender por qué todo se descoloca.
El duelo se cura en el vínculo
Como recuerda la psicología del apego, el duelo no se sana en soledad, sino en el vínculo. Cada pérdida reordena nuestro “mapa afectivo”: habrá quien se acerque, quien se aleje y quien sorprenda con su apoyo. Acompañar no es “arreglar” a nadie ni empujar a “superar” nada. Es ofrecer presencia y espacio al dolor. Frases como “estoy aquí”, “¿qué necesitas?” o “no sé qué decir, pero estoy contigo” ayudan más que cualquier consigna prefabricada.

Evita los atajos y las frases hechas
Nos ponemos nerviosos ante el sufrimiento y recurrimos a tópicos que no alivian. La propuesta es sencilla: escuchar, sostener silencios y respetar ritmos. El acompañamiento es una compañía honesta, no una lista de soluciones.

Duelo y prisas sociales: el debate de los permisos
Vivimos con prisa y también la exigimos en el duelo. Se espera volver al trabajo “como si nada” en días. Para algunas personas, retomar rutinas ayuda; para otras, dificulta el proceso. Por eso el debate social sobre ampliar los permisos por fallecimiento es relevante: el duelo no cabe en tres días ni en una semana.]]></itunes:summary>
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Durante años se han popularizado cinco etapas del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Ese esquema fue útil, pero hoy sabemos que no todas las personas transitan esas fases ni en ese orden. El duelo es irregular y cambiante. Puede haber alivio cuando creíamos haber aceptado la pérdida, y luego regresar la rabia o la tristeza.
Pérdidas visibles… y pérdidas invisibles
No sólo despedimos a una persona; también a rutinas, planes y versiones de nosotros mismos que aparecían con ella. Ese café semanal, ese viaje pendiente o ese “yo” que sólo salía con su humor se apagan con la ausencia. Reconocer esas pérdidas secundarias ayuda a entender por qué todo se descoloca.
El duelo se cura en el vínculo
Como recuerda la psicología del apego, el duelo no se sana en soledad, sino en el vínculo. Cada pérdida reordena nuestro “mapa afectivo”: habrá quien se acerque, quien se aleje y quien sorprenda con su apoyo. Acompañar no es “arreglar” a nadi]]></googleplay:description>
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				<title>&quot;No podemos vivir con el freno puesto&quot;</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/no-podemos-vivir-con-el-freno-puesto</link>
				<pubDate>Thu, 23 Oct 2025 07:34:27 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
				<guid isPermaLink="false">https://radiopopular.com/?post_type=podcast&#038;p=249687</guid>
				<description><![CDATA[<strong>La psicóloga Iratxe López </strong>ha reflexionado en el programa <a href="https://radiopopular.com/programas/egunon-bizkaia"><strong>Egunon Bizkaia</strong></a> sobre uno de los temores más comunes en la vida cotidiana: <strong>el miedo al fracaso</strong>. En su espacio semanal, ha analizado cómo este sentimiento puede llegar a condicionar las decisiones personales y profesionales, e incluso limitar la forma en la que las personas viven.
<h4>El peso de las expectativas</h4>
López ha explicado que desde la infancia se nos ha enseñado a <strong>valorar el resultado por encima del proceso</strong>. "Nos han inculcado que si las cosas no salen bien, algo está mal en nosotros", ha afirmado. Esta visión, ha apuntado, ha generado generaciones que temen no cumplir las expectativas ajenas y propias, lo que provoca inseguridad y parálisis ante nuevos retos.

Según la psicóloga, <strong>este miedo no surge tanto del hecho de fallar, sino de lo que pensamos de nosotros mismos cuando fallamos</strong>. "Nos da miedo sentir que no valemos", ha destacado, señalando que el verdadero problema radica en <strong>confundir los errores con la falta de valía personal.</strong>
<h4>Aprender a nadar en medio de la tormenta</h4>
Durante su intervención, López ha utilizado una potente metáfora: la del mar. <strong>"No podemos esperar que todos los días esté en calma. Lo importante no es evitar el oleaje, sino saber nadar cuando llega"</strong>, ha expresado. A veces, ha añadido, nadar no significa avanzar con fuerza, sino dejarse flotar y esperar a que pase la ola.

Para la psicóloga, <strong>aceptar que el miedo siempre va a estar presente es esencial</strong>. "La diferencia está en si le dejamos decidir por nosotros o no", ha subrayado. Vivir con el freno puesto, ha advertido, solo conduce a una existencia limitada por la precaución y la duda.
<h4>El valor de fallar</h4>
López Egunon ha señalado que el miedo al fracaso puede adoptar <strong>formas muy diversas: perfeccionismo, procrastinación o incluso ironía y frialdad emocional</strong>. "A veces se disfraza de un 'ya lo haré más adelante' o de ese 'yo paso', que en realidad es una coraza", ha comentado.

Citando a la artista Rosalía, ha recordado unas frases que resumen bien esta actitud: <em>"Enséñame a fallar tantas veces que llegue a dominar el arte del fallo"</em>. Para López, aprender a fallar sin identificarse con el error es una de las claves del bienestar emocional. <strong>"No somos nuestros resultados, ni nuestros éxitos, ni nuestros fallos"</strong>, ha recordado.

La psicóloga ha concluido que <strong>el aprendizaje real proviene de la experiencia y del intento</strong>, incluso cuando este conlleva equivocarse. "Ojalá pudiéramos vivir así, dispuestos a fallar sin miedo, entendiendo que el error forma parte de la práctica de vivir", ha afirmado.]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[La psicóloga Iratxe López ha reflexionado en el programa Egunon Bizkaia sobre uno de los temores más comunes en la vida cotidiana: el miedo al fracaso. En su espacio semanal, ha analizado cómo este sentimiento puede llegar a condicionar las decisiones pe]]></itunes:subtitle>
									<itunes:keywords>aprender de los errores,autoestima,bienestar,crecimiento personal,desarrollo personal,Egunon Bizkaia,fracaso,gestión emocional,iratxe lópez,miedo,miedo al fracaso,psicología,Radio Popular,resiliencia</itunes:keywords>
								<content:encoded><![CDATA[<strong>La psicóloga Iratxe López </strong>ha reflexionado en el programa <a href="https://radiopopular.com/programas/egunon-bizkaia"><strong>Egunon Bizkaia</strong></a> sobre uno de los temores más comunes en la vida cotidiana: <strong>el miedo al fracaso</strong>. En su espacio semanal, ha analizado cómo este sentimiento puede llegar a condicionar las decisiones personales y profesionales, e incluso limitar la forma en la que las personas viven.
<h4>El peso de las expectativas</h4>
López ha explicado que desde la infancia se nos ha enseñado a <strong>valorar el resultado por encima del proceso</strong>. "Nos han inculcado que si las cosas no salen bien, algo está mal en nosotros", ha afirmado. Esta visión, ha apuntado, ha generado generaciones que temen no cumplir las expectativas ajenas y propias, lo que provoca inseguridad y parálisis ante nuevos retos.

Según la psicóloga, <strong>este miedo no surge tanto del hecho de fallar, sino de lo que pensamos de nosotros mismos cuando fallamos</strong>. "Nos da miedo sentir que no valemos", ha destacado, señalando que el verdadero problema radica en <strong>confundir los errores con la falta de valía personal.</strong>
<h4>Aprender a nadar en medio de la tormenta</h4>
Durante su intervención, López ha utilizado una potente metáfora: la del mar. <strong>"No podemos esperar que todos los días esté en calma. Lo importante no es evitar el oleaje, sino saber nadar cuando llega"</strong>, ha expresado. A veces, ha añadido, nadar no significa avanzar con fuerza, sino dejarse flotar y esperar a que pase la ola.

Para la psicóloga, <strong>aceptar que el miedo siempre va a estar presente es esencial</strong>. "La diferencia está en si le dejamos decidir por nosotros o no", ha subrayado. Vivir con el freno puesto, ha advertido, solo conduce a una existencia limitada por la precaución y la duda.
<h4>El valor de fallar</h4>
López Egunon ha señalado que el miedo al fracaso puede adoptar <strong>formas muy diversas: perfeccionismo, procrastinación o incluso ironía y frialdad emocional</strong>. "A veces se disfraza de un 'ya lo haré más adelante' o de ese 'yo paso', que en realidad es una coraza", ha comentado.

Citando a la artista Rosalía, ha recordado unas frases que resumen bien esta actitud: <em>"Enséñame a fallar tantas veces que llegue a dominar el arte del fallo"</em>. Para López, aprender a fallar sin identificarse con el error es una de las claves del bienestar emocional. <strong>"No somos nuestros resultados, ni nuestros éxitos, ni nuestros fallos"</strong>, ha recordado.

La psicóloga ha concluido que <strong>el aprendizaje real proviene de la experiencia y del intento</strong>, incluso cuando este conlleva equivocarse. "Ojalá pudiéramos vivir así, dispuestos a fallar sin miedo, entendiendo que el error forma parte de la práctica de vivir", ha afirmado.]]></content:encoded>
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				<itunes:summary><![CDATA[La psicóloga Iratxe López ha reflexionado en el programa Egunon Bizkaia sobre uno de los temores más comunes en la vida cotidiana: el miedo al fracaso. En su espacio semanal, ha analizado cómo este sentimiento puede llegar a condicionar las decisiones personales y profesionales, e incluso limitar la forma en la que las personas viven.
El peso de las expectativas
López ha explicado que desde la infancia se nos ha enseñado a valorar el resultado por encima del proceso. "Nos han inculcado que si las cosas no salen bien, algo está mal en nosotros", ha afirmado. Esta visión, ha apuntado, ha generado generaciones que temen no cumplir las expectativas ajenas y propias, lo que provoca inseguridad y parálisis ante nuevos retos.

Según la psicóloga, este miedo no surge tanto del hecho de fallar, sino de lo que pensamos de nosotros mismos cuando fallamos. "Nos da miedo sentir que no valemos", ha destacado, señalando que el verdadero problema radica en confundir los errores con la falta de valía personal.
Aprender a nadar en medio de la tormenta
Durante su intervención, López ha utilizado una potente metáfora: la del mar. "No podemos esperar que todos los días esté en calma. Lo importante no es evitar el oleaje, sino saber nadar cuando llega", ha expresado. A veces, ha añadido, nadar no significa avanzar con fuerza, sino dejarse flotar y esperar a que pase la ola.

Para la psicóloga, aceptar que el miedo siempre va a estar presente es esencial. "La diferencia está en si le dejamos decidir por nosotros o no", ha subrayado. Vivir con el freno puesto, ha advertido, solo conduce a una existencia limitada por la precaución y la duda.
El valor de fallar
López Egunon ha señalado que el miedo al fracaso puede adoptar formas muy diversas: perfeccionismo, procrastinación o incluso ironía y frialdad emocional. "A veces se disfraza de un 'ya lo haré más adelante' o de ese 'yo paso', que en realidad es una coraza", ha comentado.

Citando a la artista Rosalía, ha recordado unas frases que resumen bien esta actitud: "Enséñame a fallar tantas veces que llegue a dominar el arte del fallo". Para López, aprender a fallar sin identificarse con el error es una de las claves del bienestar emocional. "No somos nuestros resultados, ni nuestros éxitos, ni nuestros fallos", ha recordado.

La psicóloga ha concluido que el aprendizaje real proviene de la experiencia y del intento, incluso cuando este conlleva equivocarse. "Ojalá pudiéramos vivir así, dispuestos a fallar sin miedo, entendiendo que el error forma parte de la práctica de vivir", ha afirmado.]]></itunes:summary>
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				<googleplay:description><![CDATA[La psicóloga Iratxe López ha reflexionado en el programa Egunon Bizkaia sobre uno de los temores más comunes en la vida cotidiana: el miedo al fracaso. En su espacio semanal, ha analizado cómo este sentimiento puede llegar a condicionar las decisiones personales y profesionales, e incluso limitar la forma en la que las personas viven.
El peso de las expectativas
López ha explicado que desde la infancia se nos ha enseñado a valorar el resultado por encima del proceso. "Nos han inculcado que si las cosas no salen bien, algo está mal en nosotros", ha afirmado. Esta visión, ha apuntado, ha generado generaciones que temen no cumplir las expectativas ajenas y propias, lo que provoca inseguridad y parálisis ante nuevos retos.

Según la psicóloga, este miedo no surge tanto del hecho de fallar, sino de lo que pensamos de nosotros mismos cuando fallamos. "Nos da miedo sentir que no valemos", ha destacado, señalando que el verdadero problema radica en confundir los errores con la falta de va]]></googleplay:description>
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				<title>Desmitificando el TOC: más allá de las manías cotidianas</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/desmitificando-el-toc-mas-alla-de-las-manias-cotidianas</link>
				<pubDate>Thu, 16 Oct 2025 09:12:43 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[En los últimos años, el término "TOC" ha invadido el lenguaje cotidiano. Muchas personas lo usan para referirse a manías o pequeños gustos por el orden y la limpieza. Sin embargo, lo que muchas veces no se sabe es que el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) es mucho más que una simple preferencia por la simetría o la organización. Este trastorno de ansiedad se caracteriza por obsesiones —pensamientos, imágenes o impulsos repetitivos y angustiosos— y compulsiones, que son conductas o pensamientos que la persona realiza para aliviar la ansiedad generada por esas obsesiones. A pesar de ser consciente de que sus acciones no tienen sentido, la persona siente una necesidad incontrolable de llevarlas a cabo.

La confusión entre el TOC y las manías comunes puede contribuir a la falta de comprensión sobre el trastorno. Tal como explica Iratxe López en su reflexión, el TOC se vuelve incapacitante cuando interfiere con la vida diaria y genera un sufrimiento intenso. Es fundamental hacer una distinción clara entre aquellas conductas que se realizan por gusto o costumbre y aquellas que son producto de un trastorno que afecta profundamente el bienestar de quien lo padece. Hablar correctamente del TOC es vital para visibilizar este trastorno y ofrecer el respeto y el apoyo que quienes lo sufren realmente necesitan.]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[En los últimos años, el término TOC ha invadido el lenguaje cotidiano. Muchas personas lo usan para referirse a manías o pequeños gustos por el orden y la limpieza. Sin embargo, lo que muchas veces no se sabe es que el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC)]]></itunes:subtitle>
									<itunes:keywords>ansiedad,bienestar emocional,compulsiones,manías,Obsesiones,salud mental,salud mental en la sociedad,TOC,Trastorno Obsesivo Compulsivo,trastornos psicológicos,visibilidad del TOC</itunes:keywords>
								<content:encoded><![CDATA[En los últimos años, el término "TOC" ha invadido el lenguaje cotidiano. Muchas personas lo usan para referirse a manías o pequeños gustos por el orden y la limpieza. Sin embargo, lo que muchas veces no se sabe es que el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) es mucho más que una simple preferencia por la simetría o la organización. Este trastorno de ansiedad se caracteriza por obsesiones —pensamientos, imágenes o impulsos repetitivos y angustiosos— y compulsiones, que son conductas o pensamientos que la persona realiza para aliviar la ansiedad generada por esas obsesiones. A pesar de ser consciente de que sus acciones no tienen sentido, la persona siente una necesidad incontrolable de llevarlas a cabo.

La confusión entre el TOC y las manías comunes puede contribuir a la falta de comprensión sobre el trastorno. Tal como explica Iratxe López en su reflexión, el TOC se vuelve incapacitante cuando interfiere con la vida diaria y genera un sufrimiento intenso. Es fundamental hacer una distinción clara entre aquellas conductas que se realizan por gusto o costumbre y aquellas que son producto de un trastorno que afecta profundamente el bienestar de quien lo padece. Hablar correctamente del TOC es vital para visibilizar este trastorno y ofrecer el respeto y el apoyo que quienes lo sufren realmente necesitan.]]></content:encoded>
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La confusión entre el TOC y las manías comunes puede contribuir a la falta de comprensión sobre el trastorno. Tal como explica Iratxe López en su reflexión, el TOC se vuelve incapacitante cuando interfiere con la vida diaria y genera un sufrimiento intenso. Es fundamental hacer una distinción clara entre aquellas conductas que se realizan por gusto o costumbre y aquellas que son producto de un trastorno que afecta profundamente el bienestar de quien lo padece. Hablar correctamente del TOC es vital para visibilizar este trastorno y ofrecer el respeto y el apoyo que quienes lo sufren realmente necesitan.]]></itunes:summary>
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La confusión entre el TOC y las manías comunes puede contribuir a la falta de comprensión sobre el trastorno. Tal como explica Iratxe López en su reflexión, el TOC se vuelve incapacitante cuando interfiere con la vida diaria y genera un sufrimiento intenso. Es fundamental hacer una dis]]></googleplay:description>
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				<title>&quot;La terapia no te arregla la vida&quot;</title>
				<link>https://radiopopular.com/podcast/la-terapia-no-te-arregla-la-vida</link>
				<pubDate>Thu, 09 Oct 2025 09:24:53 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Iratxe López</dc:creator>
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				<description><![CDATA[<strong>Iratxe López</strong> se ha estrenado hoy con una nueva sección semanal en <em>EgunOn Bizkaia</em> para ayudar a comprender mejor la mente y las emociones. En este primer espacio, la invitada ha puesto el foco en la banalización de la terapia y en la idea, cada vez más extendida, de que existe una <strong>“solución mágica”</strong> para cualquier malestar.
<h2>“La terapia no te arregla la vida”</h2>
López ha subrayado que, aunque la sociedad ha dado más importancia a la salud mental, esta tendencia también ha favorecido la proliferación de <strong>terapias rápidas y </strong><em><strong>low cost</strong></em> que han prometido resultados inmediatos. La psicóloga ha insistido en que <strong>la terapia no elimina el dolor ni los conflictos</strong> de la vida cotidiana, ni nos hace inmunes a las pérdidas o a las dudas.

Según ha explicado, lo que la terapia sí cambia es <strong>la manera de colocarnos ante lo que nos sucede</strong>. No se debe plantear como un taller de “soluciones” o “herramientas”, sino como <strong>un espacio para mirarnos con menos defensas</strong>, reconocer miedos y heridas, y <strong>responder de forma más consciente</strong>.
<h2>Tiempo, incomodidad y procesos no lineales</h2>
Iratxe López ha recalcado que el proceso terapéutico <strong>requiere tiempo</strong> y no es lineal ni cómodo. Ha reconocido que <strong>se dan sesiones de alivio y otras que remueven</strong>, y ambas forman parte del mismo camino. El objetivo, remarca, no es “sentirse bien” siempre, sino <strong>estar mejor con una misma incluso cuando el malestar ha aparecido</strong>.
<h2>¿Todo el mundo necesita terapia?</h2>
La invitada ha señalado que <strong>no existen verdades universales</strong> en psicología, porque <strong>cada persona tiene su historia, ritmos y maneras de sostenerse</strong>. Por ello, admite que <strong>no todo el mundo necesita el mismo camino</strong> para comprender y resolver sus heridas. <strong>La terapia es una vía válida para muchas personas, pero no tiene por qué ser el camino de todas</strong>.
<h2>Ajustar expectativas antes de empezar</h2>
Para cerrar la sección, López ha lanzado a la audiencia una pregunta directa: <strong>¿Qué esperas encontrar cuando decides iniciar un proceso de terapia? </strong>Ha defendido que <strong>aclarar expectativas</strong> desde la primera o segunda sesión <strong>ayuda a alinear el trabajo terapéutico</strong>. Y, a modo de deseo, ha invitado a vivir <strong>“una semana real, y no perfecta”</strong>.]]></description>
				<itunes:subtitle><![CDATA[Iratxe López se ha estrenado hoy con una nueva sección semanal en EgunOn Bizkaia para ayudar a comprender mejor la mente y las emociones. En este primer espacio, la invitada ha puesto el foco en la banalización de la terapia y en la idea, cada vez más ex]]></itunes:subtitle>
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								<content:encoded><![CDATA[<strong>Iratxe López</strong> se ha estrenado hoy con una nueva sección semanal en <em>EgunOn Bizkaia</em> para ayudar a comprender mejor la mente y las emociones. En este primer espacio, la invitada ha puesto el foco en la banalización de la terapia y en la idea, cada vez más extendida, de que existe una <strong>“solución mágica”</strong> para cualquier malestar.
<h2>“La terapia no te arregla la vida”</h2>
López ha subrayado que, aunque la sociedad ha dado más importancia a la salud mental, esta tendencia también ha favorecido la proliferación de <strong>terapias rápidas y </strong><em><strong>low cost</strong></em> que han prometido resultados inmediatos. La psicóloga ha insistido en que <strong>la terapia no elimina el dolor ni los conflictos</strong> de la vida cotidiana, ni nos hace inmunes a las pérdidas o a las dudas.

Según ha explicado, lo que la terapia sí cambia es <strong>la manera de colocarnos ante lo que nos sucede</strong>. No se debe plantear como un taller de “soluciones” o “herramientas”, sino como <strong>un espacio para mirarnos con menos defensas</strong>, reconocer miedos y heridas, y <strong>responder de forma más consciente</strong>.
<h2>Tiempo, incomodidad y procesos no lineales</h2>
Iratxe López ha recalcado que el proceso terapéutico <strong>requiere tiempo</strong> y no es lineal ni cómodo. Ha reconocido que <strong>se dan sesiones de alivio y otras que remueven</strong>, y ambas forman parte del mismo camino. El objetivo, remarca, no es “sentirse bien” siempre, sino <strong>estar mejor con una misma incluso cuando el malestar ha aparecido</strong>.
<h2>¿Todo el mundo necesita terapia?</h2>
La invitada ha señalado que <strong>no existen verdades universales</strong> en psicología, porque <strong>cada persona tiene su historia, ritmos y maneras de sostenerse</strong>. Por ello, admite que <strong>no todo el mundo necesita el mismo camino</strong> para comprender y resolver sus heridas. <strong>La terapia es una vía válida para muchas personas, pero no tiene por qué ser el camino de todas</strong>.
<h2>Ajustar expectativas antes de empezar</h2>
Para cerrar la sección, López ha lanzado a la audiencia una pregunta directa: <strong>¿Qué esperas encontrar cuando decides iniciar un proceso de terapia? </strong>Ha defendido que <strong>aclarar expectativas</strong> desde la primera o segunda sesión <strong>ayuda a alinear el trabajo terapéutico</strong>. Y, a modo de deseo, ha invitado a vivir <strong>“una semana real, y no perfecta”</strong>.]]></content:encoded>
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				<itunes:summary><![CDATA[Iratxe López se ha estrenado hoy con una nueva sección semanal en EgunOn Bizkaia para ayudar a comprender mejor la mente y las emociones. En este primer espacio, la invitada ha puesto el foco en la banalización de la terapia y en la idea, cada vez más extendida, de que existe una “solución mágica” para cualquier malestar.
“La terapia no te arregla la vida”
López ha subrayado que, aunque la sociedad ha dado más importancia a la salud mental, esta tendencia también ha favorecido la proliferación de terapias rápidas y low cost que han prometido resultados inmediatos. La psicóloga ha insistido en que la terapia no elimina el dolor ni los conflictos de la vida cotidiana, ni nos hace inmunes a las pérdidas o a las dudas.

Según ha explicado, lo que la terapia sí cambia es la manera de colocarnos ante lo que nos sucede. No se debe plantear como un taller de “soluciones” o “herramientas”, sino como un espacio para mirarnos con menos defensas, reconocer miedos y heridas, y responder de forma más consciente.
Tiempo, incomodidad y procesos no lineales
Iratxe López ha recalcado que el proceso terapéutico requiere tiempo y no es lineal ni cómodo. Ha reconocido que se dan sesiones de alivio y otras que remueven, y ambas forman parte del mismo camino. El objetivo, remarca, no es “sentirse bien” siempre, sino estar mejor con una misma incluso cuando el malestar ha aparecido.
¿Todo el mundo necesita terapia?
La invitada ha señalado que no existen verdades universales en psicología, porque cada persona tiene su historia, ritmos y maneras de sostenerse. Por ello, admite que no todo el mundo necesita el mismo camino para comprender y resolver sus heridas. La terapia es una vía válida para muchas personas, pero no tiene por qué ser el camino de todas.
Ajustar expectativas antes de empezar
Para cerrar la sección, López ha lanzado a la audiencia una pregunta directa: ¿Qué esperas encontrar cuando decides iniciar un proceso de terapia? Ha defendido que aclarar expectativas desde la primera o segunda sesión ayuda a alinear el trabajo terapéutico. Y, a modo de deseo, ha invitado a vivir “una semana real, y no perfecta”.]]></itunes:summary>
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“La terapia no te arregla la vida”
López ha subrayado que, aunque la sociedad ha dado más importancia a la salud mental, esta tendencia también ha favorecido la proliferación de terapias rápidas y low cost que han prometido resultados inmediatos. La psicóloga ha insistido en que la terapia no elimina el dolor ni los conflictos de la vida cotidiana, ni nos hace inmunes a las pérdidas o a las dudas.

Según ha explicado, lo que la terapia sí cambia es la manera de colocarnos ante lo que nos sucede. No se debe plantear como un taller de “soluciones” o “herramientas”, sino como un espacio para mirarnos con menos defensas, reconocer miedos y heridas, y responder de for]]></googleplay:description>
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