Bilbao acoge desde este 18 de junio Un árbol cae en el bosque, la primera exposición individual de la artista cubana Glenda León en la ciudad. La muestra, que podrá visitarse hasta el 27 de septiembre en la Sala de Exposiciones de Azkuna Zentroa, propone un recorrido por más de dos décadas de trabajo a través de instalaciones, fotografía, vídeo, sonido y performance, en un proyecto concebido junto a Fernando Pérez e Iván de la Nuez. “A veces los árboles no dejan ver el bosque”, reflexionaba Iván de la Nuez citando a Hegel, pero con esta exposición Glenda nos propone lo contrario: “girar alrededor de un árbol que, si deja verlo”, aunque no siempre de la forma en la que el espectador espera.
Una poética contra la censura
Para Glenda León, esta retrospectiva es, ante todo, un viaje que busca la historia del espíritu y su elevación a través del arte. La creadora trabaja con la firme convicción de exponer para el pueblo, mezclando lo cotidiano con lo poético en una auténtica poética de este mundo donde la cultura popular y la alta cultura se entrelazan de manera natural. Esta visión es la misma que la lleva a exponer en el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, a pesar de estar en contra de su política; la artista no cree en la censura del arte y mantiene el compromiso de que mostrar su obra allí es una vía crucial para ayudar a elevar el espíritu de su gente. En palabras de León, su obra es literalmente un itinerario que despega, asciende y aterriza: “Empezamos con unas salas que están en la tierra, de cuestiones como la política, el deporte, el sexo o el turismo. Luego empezamos a ascender, incluso hay un pasillo que puede parecer una sala de despegue de avión. Al final hay otras dos salas, del cielo y del cosmos. Luego empieza el descenso que termina de nuevo en la Tierra con Conversio”. “Yo espero que tengan un buen despegue y un buen aterrizaje”, deseaba Glenda.
Del juego terrenal al orden biológico
La retrospectiva prescinde de separaciones rígidas y articula tres niveles conceptuales que se mezclan de forma fluida ante el espectador. El primer nivel aborda las tensiones políticas y sociales de la contemporaneidad a través del juego, transitando desde una figura humana equipada con palos selfies hasta colchones transformados en campos de fútbol, que funcionan como metáforas de los espacios de rivalidad y encuentro entre países o entre personas. El viaje continúa de inmediato hacia un segundo nivel biológico y natural, donde el ser humano se sumerge en un universo de bacterias y conexiones naturales. En este espacio destaca la pieza central que da nombre a la exposición, junto a cuadros con árboles y montañas donde las cuerdas de guitarra dibujan con sonidos. Asimismo, destaca el piano con 114 nombres de dioses creadores del mundo escritos en braille que componen una partitura única, reflejando la diversidad del mundo en que vivimos y logrando desmaterializar la religión.
Polvo de mariposa para atrapar el cosmos
El tercer nivel asciende definitivamente hacia el cosmos, un plano superior en el que nos descubrimos como simples partículas. La propuesta invita a atrapar y vivir el presente con intensidad, bajo la premisa de que lo que estamos viviendo aquí y ahora no se va a volver a repetir. Este espacio deslumbra con cuadros realizados con polvo de mariposa que brillan emulando el cosmos, y culmina en una sala llamada Hábitat y noche de fantasía, decorada con pendientes que encapsulan la fantasía cubana. A través de este recorrido que une imagen, sonido y cuerpo, el propio título de la exposición remite al conocido dilema filosófico sobre si un árbol hace ruido al caer cuando nadie está presente para escucharlo, planteando el silencio no como ausencia, sino como un espacio activo desde el que observar la realidad con mayor profundidad.
Comunión más allá de las creencias
Entre las obras más destacadas figura Conversio, una performance en la que cinco intérpretes, vestidos inicialmente con referencias a distintas tradiciones religiosas, desarrollan una coreografía sincronizada sobre música electrónica del productor Richie Hawtin. A medida que avanza la acción, la vestimenta desaparece y el movimiento conduce a un estado de comunión que trasciende las diferencias culturales y religiosas.
Nacida en La Habana en 1976 y afincada entre Cuba y Madrid, Glenda León ha desarrollado una sólida carrera internacional, con obras en el Centre Pompidou de París o el Museum of Fine Arts de Houston. Con esta propuesta en Bilbao, la creadora desafía al visitante a experimentar el tiempo, la finitud y la percepción desde una perspectiva profundamente espiritual.