Las niñas sufren exclusión en los videojuegos online y muchas se ven obligadas a ocultar su identidad con avatares masculinos o nombres neutros para evitar insultos, menosprecios o expulsiones de las partidas. Es una de las conclusiones del proyecto Cyber-Resistance, una investigación liderada por la Universidad de Deusto y financiada por el Ministerio de Ciencia e Innovación.
La brecha digital empieza en la infancia
El estudio ha analizado la tercera brecha digital de género y las ciberviolencias machistas en menores de 5 a 13 años. La investigación se ha desarrollado entre 2023 y 2026 en nueve centros educativos de Euskadi y cuatro de Gran Canaria.
El informe constata que la socialización digital comienza prácticamente desde el nacimiento. A los 5 o 6 años, muchos menores ya utilizan tablets y videojuegos. Entre los 8 y 9 años se produce el gran salto, con el móvil propio y la apertura de cuentas en redes sociales como TikTok.
Videojuegos para ellos, redes de imagen para ellas
La investigación señala que los niños tienden a monopolizar los videojuegos de combate, competición y deporte. En esos espacios vinculan su identidad digital a la fuerza, el poder y la violencia.
Las niñas, en cambio, se concentran más en redes de edición de imagen y vídeo. Allí consumen contenidos de belleza, estética y bailes. Según el estudio, esto favorece una hipersexualización temprana y las empuja hacia cánones estéticos muy restrictivos.
Patios, parques y violencia física en Euskadi
El estudio también advierte de que las agresiones más graves que sufre la infancia en Euskadi siguen produciéndose en espacios físicos. Ocurren sobre todo en patios y parques, por motivos racistas, sexistas o de exclusión hacia la diversidad.
Además, tanto niños como niñas se encuentran de forma accidental con contenidos pornográficos o violentos de alta intensidad a edades muy tempranas. En muchos casos, acceden a ellos a través de dispositivos de familiares adultos.
Las madres asumen la educación digital
El proyecto Cyber-Resistance detecta otra desigualdad dentro de los hogares. La educación digital recae mayoritariamente sobre las madres. Son ellas quienes suelen vigilar pantallas, poner límites y mediar en los conflictos.
Los padres, por lo general, mantienen una relación más vinculada al ocio, el juego o el soporte técnico. Esta carga desigual aparece en familias de distintos niveles económicos, aunque el uso de la tecnología cambia según el contexto social.
El profesorado pide corresponsabilidad
El profesorado consultado denuncia una sensación de desamparo institucional. Los centros educativos aseguran que están afrontando problemas que superan sus competencias, como la salud mental, las adicciones a pantallas o los conflictos digitales que acaban llegando al aula.
Por ello, el estudio reclama una respuesta compartida entre escuelas, familias, servicios sociales y salud mental. El objetivo es que internet deje de amplificar el machismo y se convierta en un espacio digital más seguro e igualitario.
Una campaña llegará a parques de Bizkaia
La investigación también apunta una oportunidad. Los menores de 5 a 13 años muestran una gran capacidad crítica y muchos reconocen que les gustaría pasar menos tiempo frente a las pantallas.
El equipo investigador ha creado materiales pedagógicos para familias y escuelas. Incluyen fichas, vídeos, preguntas y actividades para desmontar estereotipos de género y prevenir ciberviolencias machistas. Próximamente, el proyecto prevé llevar una campaña de sensibilización a parques infantiles de seis municipios de Bizkaia.