R2-KT, el robot rosa de la saga de Star Wars que busca las sonrisas de los niños del hospital de Basurto

El alumnado de la Escuela de Ingeniería de Bilbao (EHU) construirá réplicas del robot R2-KT para que acompañen a los menores hospitalizados
R2-KT, el robot rosa de la saga de Star Wars que busca las sonrisas de los niños del hospital de Basurto
Fotrograma de R2-KT / RADIO POPULAR/ HERRI IRRATIA
Banner de BBVA en Bilbao

La imagen, la de pequeños ojos sorprendidos que contemplan boquiabiertos como una versión rosa del famoso R2-D2 se pasea por las habitaciones del hospital. “Bip, bup, bup, bip”, el robot parece estar vivo, se comunica igual que el de la saga, baila al ritmo de “Staying alive”, reproduce un mensaje de la princesa Leia, y hasta imprime fotografías.

La historia, la de Katie Johnson, una pequeña de siete años de Carolina del Sur que en el 2004 fue diagnosticada de un tumor cerebral inoperable. Para darle fuerza durante su enfermedad, su padre, cofundador de la Legión 501, organizó la construcción de su personaje favorito R2-D2. Un robot que su hermana rebautizó como R2-KT, en honor a Katie, y que pintaron de rosa, su color favorito. En cuanto lo vio, Katie se abrazó a él y ya nunca más se soltó. Hasta que tristemente falleció en 2005.

Dos décadas más tarde su historia llega a Bilbao, con una réplica de ese dron que pronto se paseará por los pasillos del hospital de Aburto.  El salto de continente lo dio hace 10 años de la mano de Andoni Serrano, presidente de la Fundación The Pink Force, un proyecto que quiere seguir llevando esperanza allí donde más se necesita.

Un robot con alma y tecnología «de Play»

El diseño y las dimensiones del R2-KT que visitará a los niños ingresados imponen a primera vista, pero su objetivo es generar otro tipo de emociones. Según se explicó en la presentación, el modelo hospitalario “mide aproximadamente 1,50 metros de alto, 70 centímetros de ancho y pesa unos 70 kg”. Sin embargo, el verdadero secreto de su éxito no está sus dimensiones, sino en la ilusión que genera al moverse:

“Las cualidades de este robot, fundamentalmente, es primero que se mueva, o sea, que cuando lo lleves a una habitación hace sonido, abre las tapitas… Los niños lo que ven y piensan: ‘Uy, está vivo’. Es muy importante, tengo un mando en la mano muy chiquitín, es el mando de una Play. Si no lo ven, yo lo llevo siempre escondido. Para ellos el robot está vivo. Es magia pura”, contaba Andoni Serrano.

Esta versión a tamaño real no solo camina y emite los icónicos sonidos de la saga de Star Wars, sino que está diseñada para interactuar directamente con los pequeños en la cabecera de sus camas de una forma muy especial:

“Sacas una foto con el móvil y el robot imprime la foto por una ranurita que tiene detrás, una impresorita Polaroid… Imaginaros la ilusión que le hace a los niños. También tiene un proyector, donde se le puede proyectar, imaginaros, que unos amiguitos suyos le han grabado un vídeo; pues en vez de enseñárselo en el móvil, que es algo que está muy visto, Katy entra en la habitación y se lo proyecta en la pared”, detalló Serrano.

De la artesanía manual a la Inteligencia Artificial

Hasta ahora, el proyecto ha crecido de forma completamente voluntaria y artesanal, un modelo que, aunque exitoso —ya cuentan con 46 unidades operativas en 20 países—, busca dar un salto cualitativo de la mano de la ciencia regulada. Y ahí es donde entra la Escuela de Ingeniería de Bilbao.

Andoni explicaba entonces que lo que le piden a las universidades es que les ayuden a automatizar con inteligencia artificial lo que el robot hace de forma manual, para que incluso sean autónomos. «O sea, que se puedan mover, que detecten la presencia de un niño y giren la cabeza sin que haya realmente nadie… Actualmente todo esto es manual. La universidad está aquí para aportar esa magia con su conocimiento”, resaltaba.

Desde la perspectiva académica y técnica, este reto encaja perfectamente con el propósito último de la profesión. Como bien recordó Charles Pinto, director de la Escuela de Ingeniería de Bilbao, durante el acto, “la ingeniería es una respuesta a la necesidad de la sociedad. No creamos dispositivos porque sí (…), si además podemos sacar una sonrisa a un niño que lo necesita para la recuperación, todos estamos de acuerdo en que va a ser algo de interés”.

Para el desarrollo de esta tecnología de vanguardia (sistemas de visión, IA y reconocimiento), el alumnado trabajará en una primera fase con modelos a una escala reducida al 50%.

«Mini» robots construidos por niños para niños

Además del gran clon rosa que recorrerá Basurto, «The Pink Force Factory», la fundación que continua con el legado de Katie,  incluye una vertiente educativa infalible: robots R2-KT de apenas 30 centímetros de alto y menos de un kilo de peso.

“Es un proyecto STEM escolar donde nosotros a los coles les entregamos todos los ficheritos que necesitan, el listado de componentes para que los niños los hagan. La diferencia con otros proyectos de robótica es que en estos se los quedan ahí en una estantería en el cole, y aquí se lo entregan a niños que están hospitalizados con cáncer”, contaba Serrano.

La caja en la que se entrega este pequeño droide está diseñada con todo el mimo posible: incluye un recuadro para escribir el nombre del paciente y un hueco para que firmen los escolares que ayudaron a imprimirlo y ensamblarlo. El objetivo de la alianza universitaria es “normalizarlo, convertirlo en algo que realmente sea entregable homologado en un hospital” y crear protocolos para introducir esta actividad en las propias aulas pediátricas, ayudando a los menores ingresados a sobrellevar el tiempo que pasan allí.

Un trampolín solidario que ya busca expandirse

La iniciativa no solo busca transformar la estancia hospitalaria de Basurto, sino que también aspira a ser un motor de vocaciones entre la juventud local. Desde la Escuela de Ingeniería de Bilbao destacaron que se hará partícipes tanto a sus estudiantes de grado y máster como al alumnado de los más de 62 centros de bachillerato y secundaria con los que tienen acuerdos: “Muchas veces las vocaciones están, y yo creo que este es un trampolín para ello”, aseguró Serrano.

La presentación del proyecto en la Escuela de Ingeniería esta mañana despertaba un entusiasmo inmediato, contagiando incluso a investigadores de otras comunidades autónomas. Víctor Muñoz, de la Universidad de Málaga confesaba emocionado, se me van a saltar las lágrimas. No puedo decir otra cosa. Impresionante”, interesándose al instante por el tipo de convenio necesario para replicar la iniciativa en Andalucía.

La respuesta de la fundación fue clara y abierta a todo el mundo: “El convenio es ayudarnos con vuestro conocimiento, realmente lo que la universidad aporta es lo que sabéis hacer. No hay compromisos reales ni hay dinero por medio, solamente vuestro esfuerzo para ayudarnos a hacer que esto sea cada día más grande”, le contestaba Serrano. Tras consolidarse en Bilbao, la meta de la fundación es exportar este modelo de colaboración ordenada «de universidad a universidad, y de hospital a hospital» hacia Italia, el resto de Europa, Estados Unidos y Asia.

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