
San Mamés dejó el balón a un lado durante dos noches para convertirse en otra cosa: una ciudad futura, una ceremonia colectiva y una catedral electrónica en euskera. Zetak cerró este fin de semana en Bilbao su trilogía Mitoaroa con dos conciertos —viernes 19 y sábado 20 de junio— que estaban llamados a ser históricos y terminaron siéndolo: 80.000 personas entre ambas jornadas, dos llenos y una producción de una ambición poco habitual en la música vasca.
La propuesta de Pello Reparaz no fue un concierto al uso. Mitoaroa III funcionó como un relato escénico total, con música, audiovisual, teatro, danza, pasarelas, pantallas, fuego, luces, láseres y una narrativa situada en un futuro distópico. GARA ha situado ese universo en el año 2084, con la inteligencia artificial, el control social y la resistencia como ejes del espectáculo.
Retraso por el temporal
El viernes abrió el camino y el sábado lo elevó a categoría de acontecimiento. Incluso la lluvia quiso entrar en el guion: la segunda noche arrancó con retraso por el temporal, pero el público respondió con paciencia, fiesta y una entrega que terminó convirtiendo la espera en parte de la épica.
Sobre el escenario, Zetak tiró de repertorio reconocible y de pulso narrativo. Sonaron temas como Deskontrola, Zoriontasuna, Errepidean, Anguleele, Argitan, Begi beltz y Zeinen ederra izango den, integrados en una puesta en escena que no separó la canción del relato.
Símbolos de la cultura euskaldun
Uno de los grandes aciertos estuvo en convertir lo local en monumental. La electrónica de Zetak no apareció desligada de la raíz, sino atravesada por símbolos, tradición, memoria y comunidad. La aparición de José Ángel Iribar e Inaxio Kortabarria, ikurriña en mano, conectó directamente San Mamés, la historia del Athletic y el imaginario colectivo vasco.
La dimensión del espectáculo fue enorme: El País habla de más de 300 artistas sobre el escenario y destaca el carácter íntegramente en euskera de una producción que combinó referencias de gran espectáculo internacional con una identidad propia muy marcada.
Pero quizá lo más importante no fue el tamaño, sino el mensaje. Zetak consiguió que un estadio entero cantara en euskera sin que el idioma fuera una frontera, sino el centro de gravedad. En una industria musical que muchas veces empuja hacia lo global y lo homogéneo, Reparaz eligió el camino contrario: hacer de lo específico algo enorme.
Próximo concierto en Gasteiz
El cierre dejó además una puerta abierta. Tras el éxito de San Mamés, Zetak anunció Km0, su nuevo proyecto, con tres citas en el Buesa Arena de Gasteiz en enero de 2027.
Lo de este fin de semana en Bilbao no fue solo un doble concierto. Fue una demostración de fuerza cultural, técnica y emocional. Zetak llenó San Mamés dos noches seguidas y lo hizo con una propuesta en euskera, futurista y profundamente arraigada. Una de esas noches —en realidad, dos— que dentro de unos años se contarán con la frase de siempre: “yo estuve allí”.