La cantante y multiinstrumentista donostiarra Karen Ortiz de Guinea ha presentado su primer álbum en solitario, Después de todo, un trabajo profundamente personal que ha nacido durante una etapa especialmente complicada de su vida. Después de años acompañando sobre los escenarios a artistas como Elliott Murphy y Revólver, la música se ha convertido en su refugio para transformar el dolor en canciones.
La artista ha reconocido que este proyecto ha supuesto mucho más que un paso adelante en su trayectoria musical. «Estaba en una fase muy difícil de mi vida y me refugié en la música de manera muy natural», ha explicado.
«Hago una canción y me siento muchísimo mejor»
El álbum aborda experiencias relacionadas con el desamor, la pérdida y la reconstrucción personal, pero también deja espacio para la amistad, la esperanza y el amor propio.
Ortiz de Guinea ha confesado que escribir canciones se ha convertido en una auténtica necesidad emocional. «Cuando compongo las canciones es una manera de sanarme y cuando las hago no pienso en nadie», ha señalado. La artista ha resumido esa sensación con una declaración especialmente reveladora: «Hago una canción y me siento mejor, me siento muchísimo mejor».
En composiciones como Casa de Muñecas, la donostiarra explora las heridas sentimentales y la necesidad de volver a empezar. Sin embargo, insiste en que sus canciones no pretenden instalarse en la tristeza, sino reivindicar la importancia de mantener la propia identidad. «El amor propio, aunque estemos mal, es el que prevalece», ha defendido.
De acompañar a grandes músicos a encontrar su propia voz
Después de una extensa trayectoria junto a otros artistas, Ortiz de Guinea ha encontrado el impulso definitivo para desarrollar su proyecto personal gracias al guitarrista Javier Vargas, que la ha animado a grabar sus propias composiciones.
El resultado es un disco de sonido orgánico en el que el piano y el acordeón conviven con las guitarras eléctricas y una marcada influencia rockera. En la grabación ha contado con la colaboración de músicos como Oriol Flores, Iñaki de Lucas, Miquel Aguirre y el propio Vargas, además del trabajo en estudio de John Vidaur.
«El rock siempre ha estado en mi corazón», ha afirmado la cantante, que encuentra en el piano el punto de partida habitual de sus composiciones.
El euskera, una lengua que también inspira sus canciones
El álbum combina temas en castellano y euskera, una elección que responde a la espontaneidad de cada composición. «Me gusta escribir en los dos idiomas», ha explicado Ortiz de Guinea, que considera el euskera una lengua especialmente musical.
La artista también ha destacado la respuesta de oyentes que desconocen el idioma, pero que conectan con su sonoridad. «Mucha gente que no sabe euskera me ha solido decir: ¡qué bonito suena el euskera!», ha relatado.
El repertorio incluye además canciones como Narciso de Plástico, Amigos y Eso me queda de ti, en las que aparecen recuerdos, vínculos personales y reflexiones sobre el paso del tiempo.
Aprender a estar mal sin perder la esperanza
La filosofía que atraviesa Después de todo queda reflejada en una de las reflexiones más personales que ha compartido durante la entrevista. Frente a la presión social por encontrarse siempre bien, Ortiz de Guinea defiende la necesidad de aceptar también los momentos difíciles.
«Si estás mal pues no pasa nada, hay que normalizarlo», ha asegurado, reivindicando la importancia de aprender a convivir con las emociones negativas sin perder la esperanza.
Con su primer álbum ya publicado, la artista ha comenzado una nueva etapa centrada en presentar estas canciones y continuar componiendo, aunque sin imponerse objetivos rígidos. «Tampoco me pongo unas metas porque eso me agobia bastante», ha reconocido, convencida de que el trabajo constante permite que las oportunidades vayan surgiendo de forma natural.