Hay victorias que se archivan por la estadística y otras que se graban por el esfuerzo. La que firmó el Surne Bilbao ante MoraBanc Andorra (88-76) pertenece por derecho propio a la segunda categoría. Importaba el fondo, claro: tras el duro correctivo encajado en el Movistar Arena hace siete días, la obligación moral del vestuario era reaccionar para consolidar el balance positivo en la Liga Endesa (3-2). Pero importaba, sobre todo, la forma. Ganar cuando el cuerpo te pide la cama y el rival te exige el cuerpo a cuerpo tiene un valor que trasciende a la tabla clasificatoria.
El vestuario de los hombres de negro ha vivido una semana de pesadilla vírica. Hlinason pasó la víspera entre vómitos y sin entrenar; Frey saltó al parqué tiritando y arropado en el calentamiento como si estuviera en pleno invierno; Duscak tuvo que retirarse indispuesto durante el propio choque y Hilliard tiró de oficio conviviendo con calambres musculares. En ese escenario de pura supervivencia, y frente a un Andorra que olió la debilidad para endurecer el choque al límite del reglamento —con acciones que encendieron la mecha en Miribilla como la flagrante de Iwundu o el golpe de McGriff a Frey—, el equipo de Jaume Ponsarnau se puso el mono de faena y compitió con el alma.
La madurez de Somogyi y el pulso del partido
El arranque fue espeso, accidentado por revisiones interminables y condicionado por el acierto visitante de la mano de Akinjo y la envergadura de Pustovyi (15-22 al término del primer cuarto). Pero si algo demostró el Bilbao Basket fue capacidad de digestión. Lejos de desquiciarse con el criterio arbitral, el equipo cocinó la remontada a fuego lento.
Ahí emergió la figura de Adam Somogyi. El húngaro no solo sostuvo al equipo con un par de triples en los momentos de mayor zozobra, sino que ofreció una lección de lectura táctica y liderazgo (8 puntos, 4 recuperaciones y 3 asistencias). Asumió galones en la dirección ante la merma física de Frey, apretó las líneas de pase y marcó el tempo exacto que requería el duelo. Junto a él, se confirmó la evolución positiva en el engranaje interior: Bastien Vautier sigue sumando presencia en la pintura (pese al peaje de la línea de personal) y Luke Petrasek aportó el pegamento habitual convirtiendo segundas opciones en oxígeno puro para irse al descanso mandando (42-40).
La rebelión de Krampelj y la redención tardía de Darling
El golpe de timón definitivo llegó tras el paso por vestuarios. Los hombres de negro secaron por completo al conjunto del Principado, dejándolo cerca de cinco minutos sin anotar en el amanecer del tercer asalto (parcial de 5-0 de salida y máxima ventaja con un triple de Font, 52-42).
Cuando Kyle Kuric amenazó con arruinar la fiesta desde el 6,75 (5/7 en triples para 17 puntos) recortando la renta a un peligroso 69-65 a falta de pocos minutos, Miribilla encontró a su héroe dominical: Martin Krampelj. El esloveno completó su partido más demoledor en ACB con la camiseta bilbaína. Firmó 20 puntos, 6 rebotes y 21 de valoración, asumiendo la responsabilidad cuando el balón quemaba. En apenas tres minutos de trance en el último cuarto, Krampelj encadenó dos triples, un mate y un tiro libre que hicieron saltar por los aires la resistencia pirenaica.
En ese desenlace también hubo hueco para la reconciliación de Nate Darling. El canadiense, cuyo acoplamiento al ritmo de la liga y al ecosistema del equipo avanza a una velocidad más lenta de lo esperado, venía de una primera mitad para olvidar (-3 de valoración). Sin embargo, cuando el encuentro demandaba valentía en el perímetro, se soltó el corsé: clavó un triple balsámico y sumó ocho puntos capitales en el tramo decisivo que deben servirle como punto de inflexión.
Ficha Técnica:
88.- Surne Bilbao (15+27+23+23): Frey (8), Vautier (5), Petrasek (9), Normantas (8), Hilliard (11) – cinco inicial -Somogyi (8), Krampelj (20), Hilnason (6), Darling (8), Ansoregi, Duscak y Font (5).
76.- MoraBanc Andorra (22+18+17+19): Akinjo (13), Robertson (4), Ortega, McGriff (6) y Radošević (2) -cinco inicial- Iwundu (5), Pustovyi (14), Kuric (17), Best (6), Mutic (5), Andronikashvili (4), y Owen Aquino.
Arbitraje: Fernando Calatrava, Fabio Fernández y Carlos Merino.
Incidencias: alrededor de 8.000 aficionados en el pabellón Miribilla de Bilbao.