La vitamina B12 participa en procesos esenciales del organismo, desde la formación normal de los glóbulos rojos hasta el correcto funcionamiento del sistema nervioso. Sin embargo, con el paso de los años puede resultar más difícil obtener y absorber cantidades suficientes. A partir de los 50, el riesgo de presentar niveles bajos aumenta y no siempre tiene que ver con llevar una alimentación poco equilibrada.
El déficit puede avanzar lentamente y manifestarse mediante síntomas que, en ocasiones, se atribuyen simplemente al envejecimiento o al cansancio cotidiano. Por eso, conocer qué factores influyen en la absorción de esta vitamina y cuándo conviene consultar con un profesional sanitario puede ayudar a detectar el problema antes de que progrese.
Por qué la edad puede dificultar la absorción de vitamina B12
La vitamina B12 se encuentra de forma natural principalmente en alimentos de origen animal, como carnes, pescados, huevos y productos lácteos. No obstante, ingerir una cantidad adecuada no garantiza necesariamente que el organismo pueda aprovecharla.
Para absorber la B12 presente en los alimentos intervienen diferentes mecanismos digestivos. Entre ellos se encuentran el ácido del estómago y el llamado factor intrínseco, una proteína necesaria para su correcta absorción intestinal.
Con la edad es más frecuente que disminuya la producción de ácido gástrico o aparezcan alteraciones como la gastritis atrófica. Esto puede dificultar la liberación y posterior absorción de la vitamina B12 presente en los alimentos. De hecho, los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos señalan que los adultos mayores constituyen uno de los grupos con mayor riesgo de presentar niveles insuficientes.
Un déficit que puede pasar desapercibido
Una de las particularidades de la vitamina B12 es que el organismo puede almacenar reservas durante bastante tiempo. Esto significa que una reducción progresiva de la absorción no siempre produce síntomas inmediatamente.
Cuando aparecen, las señales pueden ser poco específicas. Cansancio, debilidad o dificultades de concentración pueden relacionarse con numerosas causas diferentes. En déficits más importantes también pueden producirse alteraciones hematológicas y neurológicas. El NHS advierte de que algunos problemas relacionados con una deficiencia prolongada, especialmente los que afectan al sistema nervioso, pueden llegar a ser permanentes si no se tratan adecuadamente.
Por ese motivo, estos síntomas por sí solos no permiten saber si existe una carencia. Cuando hay sospecha, la valoración médica y las pruebas analíticas son las que permiten determinar los niveles de B12 y estudiar su posible origen.
La alimentación no es el único factor
Aunque una dieta con poca vitamina B12 puede favorecer el déficit, especialmente en personas que evitan los alimentos de origen animal, existen otros factores que pueden interferir con su absorción.
Determinadas enfermedades gastrointestinales, algunas cirugías digestivas y la anemia perniciosa pueden reducir la capacidad del organismo para aprovechar la vitamina. También existen medicamentos que pueden influir en sus niveles. Entre ellos se encuentran el uso prolongado de inhibidores de la bomba de protones, utilizados para reducir la producción de ácido gástrico, y la metformina.
Por este motivo, cuando se detecta una deficiencia no basta con aumentar automáticamente el consumo de alimentos ricos en B12, resulta importante conocer qué está provocando el problema.
¿Cuándo pueden ser útiles los suplementos?
En personas que no consiguen cubrir sus necesidades mediante la dieta o presentan dificultades para absorber la vitamina procedente de los alimentos, puede valorarse el uso de alimentos fortificados o de suplementos de vitamina B12. Los NIH indican precisamente que, a partir de los 50 años, puede resultar conveniente obtener una parte importante de esta vitamina mediante alimentos enriquecidos o suplementos, ya que la B12 presente en estas fuentes puede resultar más accesible para el organismo en determinados casos.
Esto no significa, sin embargo, que todas las personas mayores de 50 años deban suplementarse de la misma manera. La dosis, el formato y la necesidad real dependen de la alimentación, los niveles analíticos y, especialmente, de la causa de una posible deficiencia.
Prestar atención antes de que aparezcan problemas
Cumplir años no implica necesariamente desarrollar una deficiencia de vitamina B12, pero sí aumenta la presencia de algunos de los factores que pueden favorecerla. Mantener una alimentación variada, revisar los tratamientos farmacológicos con los profesionales sanitarios correspondientes y consultar ante síntomas persistentes permite abordar la situación de forma individualizada.
En determinados casos, una simple analítica puede aclarar si existe una carencia y ayudar a encontrar su origen. Más que suplementar de forma indiscriminada, la clave está en detectar cuándo la absorción o el aporte de vitamina B12 ya no son suficientes y actuar en función de las necesidades de cada persona.