De caperucita a loba en solo seis tíos

Marta González de Vega llega al Teatro Campos Elíseos esta Aste Nagusia

Podcast Bilbao

De caperucita a loba en solo seis tíos

Marta González de Vega / Productora de Marta González de Vega

Hablamos con Marta González de Vega, actriz, guionista, humorista y escritora, ganadora del premio Berlanga al humor a la mejor show woman. Su obra De Caperucita a loba en solo seis tíos llega al Teatro Campos Elíseos de Bilbao los días 28 y 29 de agosto, después de diez años de éxito sobre los escenarios y más de 500.000 espectadores.

Marta, diez años después del estreno, ¿sigues sintiéndote un poco Caperucita o ya te has convertido definitivamente en loba?

Pues mira, la verdad es que he ido evolucionando mucho a medida que evolucionaba la obra, porque yo creo que repetirte el mensaje durante tantísimos años y tantísimas funciones te cala a ti misma, ¿no? Yo creo que todos, todos seguimos siendo un poco caperucitas porque, además, me gusta decirlo que esta obra es para todos los sexos y que cuando hablo de caperucitas y lobas me refiero a personas. Porque todos somos iguales cuando nos enamoramos, ¿no? Y todos seguimos siendo toda la vida un poco caperucitas, pero el truco está en aprender a reírse de sí mismo. Que una loba no es más que una caperucita que ha aprendido a reírse de sí misma, que yo pienso que este es el mayor superpoder que existe. Porque si nadie se puede reír de ti más fuerte que tú, nadie te puede hacer daño con nada. Entonces se trata de aprender a reírse cada vez más rápido de las cosas que antes nos parecían dramas.

Me gusta mucho eso como técnica de protección. Porque es verdad que a veces somos un poco orgullosos y decimos, oye, a mí eso no me va a pasar.

Profundizar absolutamente en todo para luego darte cuenta de que detrás del drama viene la risa, ¿no? No se trata de volverse superficial.

Claro, porque el amor tiene que venir para alegrarnos.

Sin embargo, ¿hasta qué punto crees que seguimos educados para buscar al amor de nuestra vida? ¿Hasta qué punto deberíamos simplemente aprender a relacionarnos mejor?

Creo que el amor es la forma más poderosa de aprender a conocernos a nosotros mismos y aprender a crecer. Pues si tú te lo tomas todo como un reto para aprender de eso, como el que vive en un videojuego, ¿no? Y tiene que pasar de pantalla. Y en vez de verlo como obstáculo, lo ve como oportunidades de crecimiento que te van a hacer más feliz. Porque cuanto más crecemos por dentro, más felices somos. Porque más armas tenemos y más capacidad para pasar a la siguiente pantalla. Todo se vuelve como muy divertido. Es que cuando cambias ese chip estás deseando: ‘oh, que venga el siguiente desgraciado, porque me va a aportar superpoderes, porque voy a aprender’. Cuando vienen bien dadas es pura alegría, mira qué bien. Pero cuando no, precisamente lo que sirve es para aumentar tus superpoderes.

Pues me gusta mucho que uses esas claves de humor para reírnos sobre esas cosas. ¿Y crees que en el humor a las mujeres todavía se nos permite ser desagradables, egoístas, ridículas o incluso políticamente incorrectas?

Hoy por hoy está todo ya muy igualado, gracias a Dios. Yo empecé en el humor hace muchos años y no había, o sea, ahí sí que había cierto prejuicio a las mujeres haciendo humor. Pero yo he reflexionado mucho sobre eso y me resulta interesante, porque he pensado: pues eso nunca ha pasado con las actrices. O sea, las grandes actrices cómicas de nuestra historia, del cine, del teatro, Lina Morgan, Mary Santpere, bueno, miles de actrices, Rosa María Sardá, las grandes actrices nunca han tenido ningún problema para ser consideradas al nivel de los grandes actores cómicos. Pero yo creo que donde había un prejuicio era para la mujer creando humor, la mente detrás del chiste.

Se os preguntaba incluso, ¿no? ¿Quién te ha escrito el monólogo?

Claro, ¿no? Y yo, de hecho, empecé en el Club de la Comedia, y escribí durante seis años más de 600 monólogos para todos los actores del país. Es al revés, ¿no? Ha habido mujeres y hay muchísimas mujeres en todos los programas de televisión, en todos los monólogos, detrás de los chistes que dice un hombre y viceversa. Y yo sí noto que ya cada vez más, aunque tengo compañeras que siguen haciendo bolos por pubs, por bares, por sitios y me dicen que siguen notando esa diferenciación y tal, pero yo creo que ha cambiado muchísimo. Y bueno, y ahora yo creo que ya cada vez está todo más igualado. Somos personas, como yo te digo. A mí me gusta mucho remarcar eso porque muchísimos hombres en mi show se sienten súper identificados. O sea, no es para nada un show para chicas, es para todos, para todos los sexos. Es para lo que nos pasa a todos cuando nos enamoramos, que aquí no es una cuestión de ser hombre o ser mujer, ser hetero, ser homo, da igual. O sea, todos nos sentimos igual cuando amamos. Sentimos las mismas inseguridades y unas veces te toca estar en un lado y otras veces te toca estar en el otro.

Me hace mucha gracia, de hecho, leyendo la sinopsis de tu obra, que decías que vengan todos los sexos: las mujeres, si quieren empoderarse más, y los hombres, si quieren aprender los secretos de la mente femenina.

La mente femenina tiene también su idiosincrasia y sus volvernos locas y tal. A mí me parece un gran síntoma de empoderamiento ser capaz de mostrar tus debilidades, porque a veces tenemos miedo. Obviamente somos iguales en derechos y tal, y lo mismo estoy diciendo que incluso en formas de sentir, pero tenemos nuestras peculiaridades. Que yo lo veo y que tengo muchísimos amigos y muchísimas amigas, y veo que nosotras procesamos a veces la información de una manera determinada que ellos no captan. Y yo tengo muchos amigos a los que aconsejo mucho sobre sus relaciones porque es que ni huelen cómo se está sintiendo su pareja. Y eso es una realidad. No debilita mostrar las debilidades intrínsecas de cada sexo. Ellos tienen las suyas también. Entonces hay muchas cosas que son comunes y otras cosas que son peculiares y que son curiosas, que te las revela el otro.

Sí, es interesante poner estas diferentes perspectivas en conversación para aprender a relacionarnos mejor, como dices también.

Se vuelve un tema muy apasionante y muy disfrutón. Porque claro, tú puedes convertirte, como digo en el título de Caperucita en Loba en solo seis tíos. Pero si viene uno lo bastante cabrón que te las haces todas juntas, te haces el proceso en uno. Con esa perspectiva estás deseando que venga un cabrón. ¡Qué me ahorre tiempo!

Eso sí, hay que ser capaz de reconocerlo. Y hablando también de que tú has pasado por diferentes formatos, el stand-up, el teatro, el cine, la televisión y también la literatura, ¿dónde te sientes tú más libre para crear y para hablar de estos temas que te tocan?

Pues mira, yo la verdad es que me siento muy libre en todo. El teatro tiene una cosa muy bonita, que es que puedes ir también incorporando matices, ¿no?, a medida que tú mismo evolucionas y tal, y cada función es un mundo nuevo. Y la verdad, yo lo pensaba, digo: todo el mundo, todo actor debería tener la oportunidad de hacer el mismo texto, y todo creador, durante diez años, porque realmente es increíble cómo le sigues sacando cosas, matices, jugando con la energía del público de cada noche. O sea, es una cosa muy apasionante, lo vivo que está el teatro. Y luego, de la literatura me encanta que yo, como he sido guionista tantos años, pues el guion es precioso. Por ejemplo, una cosa que me da mucha pena del teatro, que una vez que lo dejas de hacer, que dentro de poco pues ya dejaré de hacer Caperucita, tendré que pasar otra cosa, desaparece. Eso me da muchísima pena. O sea, lo mismo que es la virtud de que está vivo, efectivamente, cuando muere no queda ahí constancia de nada y da una pena tremenda. En el cine, por ejemplo, queda ahí para siempre. La literatura… Y de la literatura me encanta que no hay intermediarios tampoco.

Y al final, tenerlo en estos tres formatos facilita que más personas lleguen a él, porque no todo el mundo… Igual a alguien le gusta más leer, a alguien le gusta más ir al teatro, alguien prefiere verse una película en casa.

Yo siempre intento, cuando escribo literatura, escribir de una manera que… no, o sea, utilizar los recursos de la literatura que no podríamos hacer en cine y en teatro. ¿Por qué? Porque tienes la visión. Entonces tú no puedes jugar con ciertas sorpresas si tú estás viendo al personaje desde el principio, ¿sabes? Y sin embargo, si lo estás leyendo, que no estás teniendo una imagen, sí puedes hacer ciertas sorpresas. En cine puedes hacer chistes de realización, jugando con la cámara, con los planos, con estar más cerca y luego alejarte, que no podrías hacerlos nunca en literatura. Entonces lo bonito es darle a cada medio lo suyo, porque realmente para hacer una cosa que daría igual que la leyeras a que la vieras, pues no tiene tanta gracia.

Qué interesante que puedas usar todos esos lenguajes en su plenitud y qué interesante también lo que me contabas de que una obra que nació en 2016 siga conectando con el público diez años después.

Pues sí, porque mira, la gente me pregunta: ¿has cambiado mucho el texto y tal? Digo: no, porque realmente yo no me centro tanto… O sea, al hablar de las relaciones es verdad que han cambiado mucho las formas en las que nos conocemos, las apps y las no sé qué, pero es que yo me centro más en lo que sentimos una vez que estamos en relación y lo que es el amor y las cosas que sentimos los seres humanos. Cuanto más apelas a lo profundo, más iguales somos, pero no de hace diez años, del principio de los tiempos. Y puedes conectar con una tragedia griega exactamente igual sin cambiarle nada, ¿no? Porque el amor de toda la vida, los sentimientos que nos hace tener, son exactamente los mismos. Entonces realmente no, al centrarte tanto en eso, no necesitas cambiarlo tanto. Es verdad que, claro, las formas de sentir han cambiado un poquito en las personalidades. A mí me hace gracia. El otro día, precisamente en la última función que tuve, vinieron a verme unas chicas muy jovencitas y me decían: no, bueno, pero es que nosotras ya no lo vivimos así, porque nosotras ya no nos comemos tanto el coco y no sé qué. Digo: mira, no sabes cómo me alegro, pero date tiempo, date tiempo. Porque claro, también muchas veces pensamos que cuando nosotros no hemos pasado por algo es que eso no existe. Y luego, cuando pasa… A mí lo bonito de llevar 10 años haciendo la función es que ha venido a verme gente que repite. Y, por ejemplo, vino una chica en la temporada 8, por ahí, que me dijo: mira, vine en la temporada 2 y me reí mucho, pero no me identifiqué porque yo llevaba 20 años casada y no había pasado por todo eso que decías. Pero es que he vuelto ahora porque me divorcié el año pasado y ya he pasado por todo. He pasado por todos los tíos que dices y es tal cual. Entonces, pues al final, todos nos identificamos en lo mismo.

Es que tendemos a pensar que nuestras experiencias son universales, pero me gusta que hables de una esencia, de unos sentimientos profundos que podemos compartir y luego de una experiencia de vida que, al final, te puede acabar llevando a experimentar más cosas de las que hablas en la obra.

Claro, claro. Sí, sí, sí. Y sobre todo que, a ver, yo en la obra lo que intento, aparte de que la gente se ría en el momento de sus actitudes y de las cosas que le pasan, y en vez de verlo, algunas cosas que vemos como dramáticas las veamos para la risa, eso ya relaja un montón. O sea, ya solo por eso, la comedia ya tiene un valor súper importante. La comedia en general. Pero yo intento con esta obra además como enseñar los mecanismos que yo utilizo como humorista. Porque, en realidad, los cómicos, las personas que necesitamos escribir comedia, crear comedia, lo que hacemos es aplicar un filtro sobre la realidad y verla desde un determinado punto de vista y reflexionar sobre ella. Entonces yo lo que hago es como compartir con el público esa forma de pensar para que la próxima vez que a ti te pase tú lo puedas aplicar, ¿no? Entonces, que te conviertas como en el prota de tu propia comedia. Porque uno puede elegir que su vida sea un drama o sea una comedia de risas enlatadas y que cada vez que te pase algo ridículo o patético tú oigas las risas en tu cabeza y cambies el chip, ¿no? Y digas: coño, pues no. En la obra lo digo y digo: joder, de repente, en vez de decir «soy patética», dices «capitulazo», porque cuantas más risas es que el capítulo es mejor. Entonces eso se entrena. Eso se entrena como el que va al gimnasio y saca abdominales. Entonces cuando tú, de repente, la siguiente vez que ibas a llorar, te descubres reflexionando y riéndote de algo que en el pasado te hubiera hecho llorar y dices: coño, es mi abdominal. Es mental, es espiritual.

Entonces, Marta, y para terminar, ¿crees que después de tantos años estudiando las relaciones humanas a base de ensayo-ostión, has encontrado ya el manual definitivo o seguimos a veces un poco improvisando?

Bueno, uno siempre sigue aprendiendo porque, si no, estaríamos todos iluminados ya. Pero es un camino apasionante y sí que sientes, o sea, te sientes mucho más feliz. Realmente, mira, yo en la obra hablo mucho de Punset porque yo, en el análisis de las cosas que nos pasan por el cuerpo cuando nos enamoramos, y que es absolutamente científico, muchas de las cosas que nos ocurren no es porque seamos gilipollas, es porque empiezan a producirse hormonas en el cerebro y a provocar situaciones caóticas dentro del cuerpo cuando uno se enamora. Y entonces leí muchos libros de divulgación científica de Punset, donde explicaba todos los procesos y es como mi gurú en la obra. Y yo me acabé haciendo amiga suya. O sea, yo publiqué el libro de cómo hablaba con él y tal, y estaba todo en la obra de teatro. Y cuando publiqué el libro se lo envié y me hice amiga suya. Y él me decía una cosa súper bonita. Dice: mira, cualquier conocimiento que no sirva para hacerte más feliz no sirve para nada. Y eso me pareció súper bonito. Entonces todo hay que aplicarlo para ser más feliz, ser más libre. Y la comedia, la base de la fuerza de la comedia, es que te hace libre, porque te hace perder el miedo. Mientras te estás riendo no le tienes miedo a nada. Entonces hay que estar en eso todo el tiempo que se pueda.

Me ha gustado mucho este mensaje final porque, al final, si algo va a ocupar un espacio por lo menos que nos haga sentirnos mejor.

Claro, claro. Es que, a ver, que no hay nada que hagamos en la vida que no tenga otra finalidad que esa, la de ser felices.

Oye, y para ser felices, Marta, vamos a recordar que estarás en el Teatro Campos Elíseos de Bilbao los días 28 y 29 de agosto a las 22, con De Caperucita a loba en solo seis tíos.

Exacto.

¿Algún último mensaje?

Pues nada, que les estoy esperando, que espero que se animen muchísimo, porque es mi segunda experiencia en Aste Nagusia. Ya estuve en 2019, pero estuve dos semanas en un teatro de menor aforo, pero estuve dos semanas enteras. Entonces la gente le daba más tiempo al boca oreja y tal. Pero ahora voy al Campos Elíseos, que es enorme. Voy dos días, con lo cual me tienen que dar el voto de confianza de entrada, porque si no, cuando les cuenten que les ha gustado alguien que la haya visto, ya me he ido. Así que, que se animen.

Tienen que estar ágiles y espero que les llegue este mensaje. Porque Marta, a mí hablar contigo hoy me ha hecho un poquito más feliz.


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