Entrevista a SESPAS sobre el impacto de las guerras en la salud pública

De Ucrania a Gaza, la revisión de SESPAS pone nombre al malestar que deja la violencia en el mundo

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Del coste de oportunidad a la ansiedad: la guerra nos está enfermando

Donald TRump / Instagram

La Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) ha advertido de que los conflictos bélicos no solo han provocado sufrimiento en los territorios en guerra, sino que han alterado la salud mental de poblaciones enteras más allá de las fronteras físicas de la violencia.

Una revisión sobre guerras y salud emocional

El presidente saliente de SESPAS, Eduardo Satué, ha explicado en EgunON Magazine que el trabajo ha consistido en una revisión de estudios internacionales sobre el impacto de la guerra en la salud emocional. El análisis reúne evidencias de diferentes contextos y pone el foco en una idea central: la guerra no se queda en el frente, también se cuela en la vida cotidiana de quienes la siguen desde lejos.

Tres grupos afectados: del frente a la distancia y al tiempo

Satué ha detallado que la literatura revisada agrupa los impactos en tres grandes perfiles. Por un lado, el de las personas directamente afectadas por la violencia, donde se concentra la mayor parte de los estudios.

En segundo lugar, aparecen los llamados “coetáneos”, quienes viven el conflicto “a la vez” pero desde otros países. En este grupo pesan factores como la exposición informativa, la preocupación por familiares en zonas de guerra o el efecto emocional de un contexto internacional percibido como inestable.

El tercer bloque introduce la dimensión temporal: el conflicto se hereda. La revisión ha recogido los llamados trastornos intergeneracionales, que afectan a descendientes y familias que arrastran incertidumbres, silencios o duelos no resueltos durante años.

Ansiedad, miedo e impotencia: cuando el malestar también se nota en el cuerpo

El estudio ha conectado con una sensación reconocible en muchas personas: seguir noticias e imágenes de violencia de forma constante y terminar con ansiedad, miedo o desasosiego. Satué ha señalado que existe población especialmente sensible a esa exposición, y que puede aparecer una vivencia de impotencia (“esto escapa a mi control”) que, en algunos casos, también se traduce en síntomas físicos y pérdida de disfrute de lo cotidiano.

El efecto contrario: saturación y “anestesia” informativa

La revisión también ha descrito un fenómeno paradójico: ante un flujo persistente de noticias trágicas, algunas personas se blindan. Satué ha explicado que se produce una especie de “anestesia” que reduce la implicación emocional y puede desembocar en distancia afectiva o falta de empatía. En términos psicológicos, funciona como un mecanismo de protección, aunque tiene efectos sociales relevantes.

Bulos, propaganda y manipulación de la percepción

En la conversación, el presidente saliente de SESPAS ha advertido de que el impacto emocional se ve “entorpecido” por los bulos y por narrativas que buscan magnificar o banalizar los hechos según intereses políticos. También ha señalado que, en algunos contextos, la comunicación oficial minimiza el daño a la población civil para evitar compasión o empatía, lo que agrava la confusión informativa y el desgaste emocional.

Desplazados y refugiados: estar a salvo no elimina el trauma

Satué ha puesto el foco en la situación de las personas desplazadas, que acumulan múltiples pérdidas: seres queridos, hogar, arraigo y proyecto de vida. Aunque abandonen una zona peligrosa, la llegada a entornos más seguros no garantiza bienestar, porque persisten la depresión, el estrés y, en ocasiones, la sensación de abandono.

En Euskadi, la realidad de la comunidad ucraniana ha vuelto a servir de ejemplo cercano: vivir lejos del conflicto ofrece seguridad física, pero no borra el sufrimiento por familiares que se han quedado allí ni la herida del desarraigo.

Duelo individual y duelo colectivo: cuando el silencio dura décadas

La revisión ha distinguido entre duelo individual y duelo colectivo. Satué ha explicado que el duelo compartido puede activar redes de apoyo y cohesión social, pero también puede enquistarse si no se expresa por censura, persecución o silencios familiares. En esos casos, el daño emocional se alarga y puede aparecer mucho después de que termine la violencia.

Más recursos en salud mental y programas de apoyo

Entre las necesidades detectadas, SESPAS ha subrayado el refuerzo de profesionales de salud mental y la creación de programas que aborden el impacto psicológico tanto en quienes han sufrido la guerra de forma directa como en personas que, desde la distancia, viven el malestar con mayor intensidad.

Gasto militar y coste de oportunidad: lo que se deja de financiar

La conversación también ha abordado el coste de oportunidad que acompaña a los conflictos: cuando el gasto se dirige a armamento, se reduce la capacidad de invertir en sanidad, prevención o servicios sociales. Satué ha situado esta reflexión en un contexto internacional donde las reglas del juego y el derecho internacional se cuestionan, con un incremento del gasto militar que impacta en las sociedades europeas.


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