El verano está ya a la vuelta de la esquina y con él la preocupación por la seguridad en los entornos acuáticos. Durante el último fin de semana se han registrado 13 muertes por ahogamiento en la Península Ibérica, una cifra demoledora que vuelve a encender las alarmas. Para analizar esta preocupante realidad, el programa ha contado con la participación de Luis Miguel Pascual, responsable de investigación en ahogamientos del Observatorio de Prevención de Riesgos y Accidentes (OPRA) y profesor de salvamento acuático. El experto ha recordado la necesidad de no bajar la guardia en playas y piscinas, ya que el peligro es constante.
La conversación se ha emitido en el programa EgunON Magazine.
Un problema de cultura preventiva
Luis Miguel Pascual ha lamentado que, a diferencia de lo que ocurre con la seguridad vial, en el ámbito acuático no existe una conciencia clara sobre los riesgos. «Todos sabemos que un semáforo en rojo no se salta… tenemos un código de conducta y una serie de normas que ya están metidas dentro de la educación», explica el investigador. Sin embargo, en los entornos acuáticos falta todo ese trabajo de concienciación para que el público sepa cómo actuar y qué medidas de prevención debe adoptar.
El relax propio de las vacaciones y la asociación del baño con el ocio y el disfrute provocan que la población baje la guardia. Esta falta de percepción del riesgo es especialmente peligrosa en las piscinas domésticas, donde los padres tienden a considerar que sus hijos están en un entorno completamente seguro.
El mito del ahogamiento ruidoso
Uno de los aspectos más críticos que ha destacado el miembro de OPRA es el comportamiento real de una persona cuando se está ahogando, un proceso que dista mucho de la ficción cinematográfica. «El ahogamiento no es fácil de detectar. Los niños no lloran, no gritan, no salpican», afirma el experto. Cuando la cara queda bajo el agua, se produce un silencio absoluto que a menudo se confunde de manera errónea con la tranquilidad.
Esta falta de señales visibles hace que cualquier sumersión que se prolongue más de 10 o 15 segundos deba ser considerada una señal de alerta inmediata. El compromiso respiratorio impide que la víctima pueda pedir auxilio, por lo que la vigilancia visual directa se convierte en la única herramienta eficaz para salvar vidas.
El fallo en la supervisión adulta
Los datos del observatorio son tajantes respecto a las causas de los accidentes con menores en entornos particulares. En el 99% de los casos de ahogamiento infantil en piscinas domésticas existe un componente clave: la falta o el fallo en la supervisión de un adulto. Pequeñas distracciones cotidianas, como leer, charlar o entrar a la casa a atender la cocina, bastan para que ocurra la tragedia en cuestión de un par de minutos.
Pascual ha insistido en que la responsabilidad de vigilar a los niños pequeños nunca debe delegarse en los hermanos mayores, ya que ellos tampoco tienen el criterio ni la capacidad de un adulto. La presencia de una persona mayor y responsable es imprescindible siempre que haya menores cerca del agua.
Medidas de seguridad y protección
Ante el debate sobre la estética de las viviendas frente a la seguridad de los menores, el investigador es rotundo al priorizar la protección. Actualmente, los fabricantes e instaladores ofrecen multitud de sistemas como vallas, cubiertas rígidas o lonas que evitan el acceso accidental al agua. La premisa debe ser clara: si no hay un adulto vigilando, la piscina tiene que estar cerrada.
Además de los elementos físicos, la educación de los propios menores juega un papel fundamental. Los niños son capaces de interiorizar las normas desde el año y medio o dos años de edad, aprendiendo habilidades básicas como flotar, girarse o asirse al borde, destrezas que pueden marcar la diferencia en caso de caer al agua de manera accidental.
Recomendaciones para el baño
Desde OPRA recomiendan acudir siempre a zonas que cuenten con servicio de socorrismo, ya que el primer minuto tras el incidente es crucial para realizar una reanimación con éxito. Asimismo, se aconseja evitar por completo el consumo de alcohol cuando se va a estar en el agua o al cuidado de menores.
Respecto a los sistemas de flotación, el experto ha calificado el chaleco salvavidas homologado con enganche entre las piernas como el único elemento de seguridad totalmente recomendable. Por el contrario, ha advertido de que los manguitos tradicionales son elementos lúdicos y no de seguridad, por lo que su uso debe quedar restringido estrictamente a situaciones de juego compartido con un adulto al lado.
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