El eclipse solar total del próximo 12 de agosto ha despertado una gran expectación, pero su observación también exige adoptar medidas de protección, especialmente cuando participan niños. El doctor Valero Sebastián, miembro del Comité de Promoción de la Salud de la Asociación Española de Pediatría, ha advertido de que la edad, la impulsividad y la dificultad para reconocer el peligro convierten a los menores en uno de los grupos más vulnerables.
La conversación se ha emitido en el programa EgunON Magazine.
Los niños más pequeños pueden no entender el peligro
La capacidad para seguir las indicaciones depende, en gran medida, de la edad. El pediatra ha explicado que un niño de dos, tres o cuatro años puede tener dificultades para comprender que no debe mirar directamente al sol, especialmente cuando observa que los adultos dirigen la vista hacia el cielo.
Incluso cuando utiliza unas gafas de protección, el menor puede mirar por encima o por debajo del filtro, retirárselo o colocárselo incorrectamente. Por esta razón, el especialista considera que, en determinados casos, los niños más pequeños no deben participar directamente en la observación.
«Dependiendo de la edad, sí que es verdad que se pueden controlar mejor o no», ha señalado. Cuando los menores tienen una mayor capacidad de comprensión, las familias pueden explicarles los riesgos, ofrecerles indicaciones y mantener una supervisión constante.
Una lesión que no duele y aparece después
El eclipse presenta un riesgo particular porque la reducción de la luminosidad puede disminuir la sensación inmediata de molestia. En condiciones normales, una persona aparta rápidamente la mirada del sol, pero durante el fenómeno puede mantenerla durante más tiempo sin percibir el peligro.
Valero Sebastián ha comparado el efecto de la radiación solar sobre la retina con el de una lupa que concentra la luz sobre un trozo de papel. La radiación puede provocar una quemadura en las células de la retina, especialmente en la mácula, la zona central responsable de la visión detallada.
«Se producen daños irreversibles y, desgraciadamente, en fracción de segundos», ha advertido el pediatra.
Uno de los principales problemas es que la lesión no provoca dolor ni síntomas inmediatos. Las alteraciones pueden aparecer durante los días o semanas posteriores, cuando la persona empieza a detectar sombras, deformaciones, destellos o visión borrosa.
Las gafas deben estar homologadas
El especialista ha insistido en que las gafas utilizadas para observar el eclipse deben contar con filtros adecuados y homologados. También deben encontrarse en perfecto estado y estar diseñadas para impedir cualquier exposición directa.
Incluso con protección, no recomienda mantener la mirada fija durante periodos prolongados. El médico ha aconsejado limitar cada observación a unos segundos y evitar superar los 20 segundos de exposición continuada.
«No recomendamos estar un minuto y pico mirando al sol incluso con el filtro», ha explicado. Mantener la mirada fija sin parpadear puede aumentar la cantidad de radiación que llega al ojo.
Ni radiografías, ni cristales ahumados, ni gafas de sol
La Asociación Española de Pediatría ha rechazado el uso de soluciones caseras. Las radiografías, los cristales ahumados y las gafas de sol convencionales no ofrecen una protección adecuada y pueden transmitir una falsa sensación de seguridad.
«No, nada, ni radiografías, ni cristales ahumados, ni nada casero», ha recalcado Valero Sebastián.
Los telescopios y otros instrumentos ópticos también pueden incrementar el riesgo cuando no disponen de los filtros solares específicos. El llamado efecto lupa concentra la radiación y puede agravar las lesiones en la retina.
«Preparar, explicar y supervisar»
La principal recomendación para las familias se resume en tres acciones: preparar, explicar y supervisar. Los adultos deben contar a los menores qué va a ocurrir, explicarles por qué no pueden mirar directamente al sol y comprobar en todo momento que utilizan correctamente la protección.
«Los padres tienen que supervisar mucho, mucho a sus hijos y a todos los niños que estén a su alrededor», ha subrayado el pediatra.
El especialista ha advertido de que no basta con dar una indicación antes del eclipse. Un niño puede imitar a los adultos que tiene alrededor y levantar la vista de forma impulsiva. «Ve a quince adultos alrededor mirando al cielo y va a mirar al cielo», ha explicado.
Tras la observación, las familias deben prestar atención a síntomas como visión borrosa, destellos, sombras o deformación de las imágenes. La aparición de cualquiera de estas alteraciones requiere acudir inmediatamente a un profesional sanitario.
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