Una combinación de arcillas y aceites esenciales puede convertirse en una alternativa a los antibióticos utilizados frente a determinadas bacterias que afectan a los cultivos. Cástor Salgado, investigador del CSIC en el Instituto de Cerámica y Vidrio, ha explicado cómo han desarrollado una formulación que permite mantener durante más tiempo estos aceites sobre las hojas de las plantas y proporcionarles propiedades antimicrobianas.
La conversación se ha emitido en el programa EgunON Magazine.
De las defensas de las plantas a una arcilla protectora
Los aceites esenciales son compuestos volátiles que las propias plantas generan como mecanismo de defensa. El equipo investigador ha aprovechado esas propiedades para fijarlos en minerales arcillosos como la bentonita o la sepiolita, materiales caracterizados por su capacidad de absorción.
«Nosotros lo que hacemos es aprovechar esos aceites para fijarlos en materiales arcillosos», ha explicado Salgado. Posteriormente, esos minerales pueden aplicarse sobre las hojas para proporcionar a las plantas una propiedad antimicrobiana.
La arcilla permite además resolver uno de los problemas que presentan los aceites esenciales. Si se aplican directamente en estado líquido, «en pocas horas se evaporaría, se volatiliza». Con esta formulación, los investigadores han conseguido prolongar su presencia sobre la superficie de las hojas entre 10 y 14 días.
Frente al fuego bacteriano
Esta mayor duración proporciona a la planta más mecanismos de protección frente a determinadas bacterias. Salgado ha mencionado específicamente la Erwinia amylovora, causante del denominado fuego bacteriano, una enfermedad que afecta a árboles frutales.
La aplicación tampoco requiere cubrir físicamente la planta con una capa gruesa de arcilla. El producto se ha formulado como un polvo fino que puede mezclarse con agua. «Eso luego se aplicaría con un esprayado, mediante pulverización», ha explicado el investigador.
Una alternativa a los antibióticos
El objetivo es disponer de otra herramienta frente al uso de antibióticos en agricultura. Salgado ha recordado que uno de los problemas de estos tratamientos es que las bacterias generan resistencias y los antibióticos terminan perdiendo eficacia.
«No es tanto que los antibióticos pasen a nosotros a través de los alimentos», ha aclarado, ya que esta cuestión está controlada por las agencias alimentarias. La investigación busca disponer de diferentes opciones: «Es importante tener alternativas para no fijar el tiro a un solo objetivo».
El investigador ha descrito la propuesta como una alternativa natural y ha señalado que los productos utilizados son de grado alimentario. Según los estudios que han realizado hasta ahora, resultan «bastante inocuos, tanto para la planta como para la tierra».
Productos naturales, pero con límites
Salgado también ha introducido una precisión al hablar de la seguridad de los componentes. Que tengan un origen natural no significa que puedan utilizarse sin atender a las cantidades. «Como todo, en su determinada concentración hay unos límites, como con cualquier producto», ha advertido.
Los investigadores han trabajado con productos derivados o utilizados en alimentación y que, en principio, pueden ingerirse. El desarrollo busca así combinar la capacidad antimicrobiana de los aceites esenciales con un soporte que prolongue su presencia en la planta.
Un proceso pensado para poder crecer
Uno de los objetivos del Instituto de Cerámica y Vidrio ha sido evitar un procedimiento de fabricación excesivamente complejo que dificulte trasladar posteriormente la investigación a una escala mayor.
El proceso actual se ha simplificado considerablemente. Salgado ha explicado que el mezclado puede realizarse incluso con una amasadora de pan convencional y posteriormente se aplica un tratamiento de secado para obtener la morfología y el tamaño de partícula buscados.
«Es un procedimiento muy sencillo», ha señalado. Además, no emplean disolventes orgánicos, sino agua, lo que facilita el proceso de elaboración.
El siguiente paso: buscar empresas
La investigación se encuentra ahora precisamente ante el reto de trasladar el producto fuera del laboratorio. El equipo ha comenzado a buscar colaboraciones con empresas interesadas en esta tecnología.
«Disponemos de una patente, de varias publicaciones científicas y nuestro objetivo sería que esto pueda llegar al mercado», ha explicado Salgado. La posible consideración del producto como ecológico todavía es una cuestión pendiente de evaluación, ya que tendría que cumplir los correspondientes requisitos.
El trabajo se ha desarrollado desde el Instituto de Cerámica y Vidrio del CSIC, dedicado a investigar materiales cerámicos y basados en vidrio para diferentes aplicaciones. Salgado ha explicado que sus líneas abarcan desde materiales estructurales y ópticos hasta aplicaciones relacionadas con la conducción eléctrica o los biomateriales.
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