Cuando una catástrofe natural sacude un país, los primeros esfuerzos institucionales e internacionales se centran de forma prioritaria en el rescate, la retirada de escombros y la atención médica urgente a los heridos más graves. Sin embargo, ¿Qué ocurre cuando el ruido de las sirenas se apaga? Más de un mes después del devastador terremoto que sufrió Venezuela, la situación de la población sigue siendo de extrema vulnerabilidad. La reciente réplica y los nuevos sismos registrados esta misma semana en zonas golpeadas como La Guaira y Caracas han reabierto el pánico de una sociedad al límite. Para analizar este impacto invisible, el programa EgunOn Bizkaia ha entrevistado a Ricardo Angora, psiquiatra, responsable de Salud de Médicos del Mundo y profesional desplegado sobre el terreno.
El miedo a la réplica y la salud mental al límite
Los nuevos temblores han encendido de nuevo todas las alarmas en una población exhausta. Según explica Ricardo Angora, la reaparición de sismos genera un impacto profundamente negativo en la salud mental de la ciudadanía: «La gente encaja esto con mucho temor. Es complicado recuperarse tras sufrir pérdidas de familiares, allegados, pertenencias e incluso medios de vida. Cuando las personas empiezan a recuperarse y vuelve a haber otro terremoto, impacta muy negativamente, sobre todo en el miedo».
Este pánico recurrente impide que los afectados puedan cerrar las heridas del trauma inicial. Muchos no quieren regresar a sus casas, aunque permanezcan habitables, por temor a que las estructuras se vengan abajo. «La gente no quiere estar bajo estructuras sólidas que se puedan caer. Prefieren salir a la calle o tienen un miedo atroz, sobre todo por la noche, a volver a sitios cerrados para dormir», señala el psiquiatra.
Regresiones y conducta en la infancia
Uno de los colectivos más vulnerables ante estas crisis es la infancia. Los niños no solo no comprenden en su totalidad la magnitud de lo que ocurre, sino que manifiestan el trauma a través de alteraciones severas en su comportamiento y desarrollo evolutivo. Angora destaca que muchos menores asocian el lugar donde se produjo el temblor con el peligro y se niegan drásticamente a regresar a sus hogares, generando situaciones de gran tensión familiar.
Además, se detectan importantes retrocesos en su conducta cotidiana: «Se producen regresiones en su desarrollo evolutivo: no quieren volver a dormir solos, vuelven a mojar la cama, están pegados a sus padres sin querer quedarse solos ni un momento y pierden el interés por el juego o por volver al colegio». Por ello, desde Médicos del Mundo no solo realizan intervenciones individuales con los menores, sino abordajes sistémicos enfocados en toda la familia para restablecer la rutina previa.
El quiebre psicológico de los rescatistas
Otro grupo severamente afectado, y a menudo olvidado, es el personal de emergencia y salvamento. En el caso de Venezuela, la magnitud de la tragedia obligó a movilizar a guardabosques y personal administrativo sin experiencia previa en catástrofes para realizar labores de rescate y recuperación de cuerpos.
«Estas personas son las que más han sufrido porque no están acostumbradas a rescatar personas o recuperar cadáveres. Han vivido situaciones realmente muy duras y la angustia de los familiares les generaba una presión y un estrés brutales», advierte Angora. Tras los relevos de servicio, muchos de estos efectivos mostraban signos claros de quiebre psicológico. Por ello, resulta vital prestarles apoyo temprano y evitar que el trauma derivado de la exposición a la muerte y al sufrimiento ajeno se instale de forma permanente.
Evitar la cronificación del trauma comunitario
La intervención psicológica en las primeras fases de una emergencia es determinante para que las secuelas no se transformen en patologías permanentes. Ricardo Angora hace especial hincapié en la urgencia de actuar desde el primer momento: «Es muy importante hacer intervenciones desde los primeros momentos para evitar que estos problemas se cronifiquen y se conviertan en estrés postraumático, una condición muy incapacitante y difícil de sobrellevar».
A nivel social, cuando el trauma se vive a gran escala, la dinámica entera de una ciudad o comunidad se fractura. Se alteran los patrones de sueño, proliferan los reflejos condicionados ante cualquier ruido y surge un trauma comunitario mucho más complejo de resolver que el trauma individual. Paralelamente, la incertidumbre sobre la reconstrucción de viviendas y la pérdida de ahorros de toda una vida acentúan la desesperanza.
Médicos del Mundo continúa desplegado en el terreno reforzando la red de servicios de salud venezolana, gravemente afectada tras la destrucción de centros médicos y hospitales en la franja costera de La Guaira. Los equipos proporcionan atención psicológica directa y soporte médico continuo a las poblaciones desplazadas en refugios y centros de acogida.
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