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Entrevista a médico internista por el hantavirus

El dr. Antonio Ramos aclara que el hantavirus "se transmite mal entre personas, a diferencia del COVID o la gripe”

Podcast Ciencia y salud

El hantavirus Andes, bajo la lupa: qué se sabe del virus que preocupa tras los casos del crucero

Roedor silvestre / Depositphotos

La crisis del hantavirus Andes ha vuelto a situar el foco sobre las enfermedades infecciosas emergentes y sobre la relación entre seres humanos, animales y nuevos escenarios de exposición. En EgunON Magazine, el doctor Antonio Ramos, especialista en Medicina Interna y miembro del Grupo de Trabajo de Enfermedades Infecciosas de la Sociedad Española de Medicina Interna, ha explicado qué certezas científicas existen sobre este virus y cómo se está abordando desde el punto de vista clínico.

Dos grandes familias de hantavirus

El doctor ha recordado que no existe un único hantavirus. Por un lado, están los virus del llamado Viejo Mundo, presentes en Europa y Asia, que suelen provocar una afectación principalmente renal. Por otro, se encuentran los del Nuevo Mundo, localizados en América, entre los que figura el virus Andes, vinculado al sur de Chile y Argentina.

Según ha explicado Ramos, el elemento que ha generado más preocupación es que este virus concreto presenta cierta capacidad de transmisión entre personas, aunque lo hace con poca eficacia. El especialista ha subrayado que no se comporta como otros virus respiratorios de alta difusión, como el COVID, la gripe o el sarampión.

El origen: un ratón de campo, no los roedores urbanos

Ramos ha aclarado también que el reservorio del virus no son las ratas o los ratones domésticos habituales en las ciudades. En este caso, el portador es el ratón colilargo, un roedor de campo presente en zonas concretas de la Patagonia.

El especialista ha explicado que estos animales pueden portar el virus sin desarrollar enfermedad. El riesgo aparece cuando el ser humano entra en contacto con entornos rurales contaminados por restos procedentes del tracto urinario o digestivo del roedor.

Por eso, en zonas de riesgo, la recomendación pasa por ventilar las cabañas o casas de campo, evitar barrer en seco y realizar limpiezas húmedas para impedir que partículas contaminadas pasen al aire y puedan ser inhaladas.

Un contagio entre humanos poco eficaz

El doctor ha insistido en que la transmisión de persona a persona es posible, pero limitada. De forma global, el riesgo de contagio tras contactar con una persona enferma se sitúa en torno al 4%, aunque aumenta cuando el contacto es más íntimo, prolongado o cercano.

Ramos ha puesto como ejemplo el entorno de un barco, donde muchas personas conviven durante semanas en espacios reducidos. Aun así, ha señalado que, si se tratara de un virus como el COVID, la transmisión habría sido mucho más amplia. En el caso del hantavirus Andes, el número de contagios ha llamado la atención, pero no responde a un patrón de difusión masiva.

El periodo de transmisión obliga a extremar la prudencia

Uno de los aspectos relevantes es el periodo en el que una persona puede transmitir la infección. El especialista ha explicado que el mayor riesgo se concentra desde dos días antes del inicio de los síntomas hasta cinco días después.

Aun así, las autoridades sanitarias tienden a aplicar medidas de aislamiento más prolongadas por prudencia. Ramos ha señalado que los brotes estudiados en profundidad han sido pocos y que la transmisión no se limita necesariamente a la vía aérea, sino que también puede producirse por líquidos corporales, contacto físico directo o superficies.

Una enfermedad con afectación cardiopulmonar

El internista ha explicado que los casos graves pueden provocar una importante afectación cardiopulmonar. El virus altera la barrera de los vasos sanguíneos más pequeños del pulmón, lo que permite que se filtre líquido hacia el tejido pulmonar.

Ese proceso puede generar una caída del oxígeno, acumulación de líquido en el pulmón y, en los casos más severos, un cuadro de shock con tensión muy baja. Ramos ha señalado que el ingreso temprano en una unidad de cuidados intensivos resulta clave cuando la evolución es grave.

Sin tratamiento específico, pero con soporte clínico

El doctor ha recordado que, actualmente, no existe un tratamiento farmacológico específico que haya demostrado reducir de forma clara la evolución del hantavirus. El abordaje se basa en el tratamiento de soporte, especialmente en los casos más graves.

En situaciones extremas, algunos pacientes pueden necesitar sistemas como el ECMO, una técnica que sustituye temporalmente la función pulmonar y permite aportar oxígeno mientras el organismo intenta recuperarse.

Ramos ha señalado que el objetivo es dar tiempo al cuerpo para que responda mediante sus propias defensas, con producción de anticuerpos y recuperación progresiva de los órganos afectados. También ha advertido de que no todos los pacientes tienen el mismo riesgo: la edad avanzada, la diabetes, las cardiopatías u otras comorbilidades pueden condicionar la evolución.


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