El peligro de "poder con todo": ¿Qué es la ansiedad funcional y cómo nos afecta?

Muchas personas conviven con una tensión constante e invisible que la sociedad premia, pero que el cuerpo termina pagando

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El peligro de «poder con todo»: ¿Qué es la ansiedad funcional y cómo nos afecta?

¿Eres de esas personas que siempre puede con todo? ¿La que trabaja, organiza, responde mensajes, llega a tiempo a cada compromiso y ayuda a los demás aunque por dentro esté agotada? Si te cuesta muchísimo parar y sientes que, si lo haces, todo se va a derrumbar, es muy probable que estés conviviendo con la ansiedad funcional. En el espacio «Frecuencia Emocional» del programa EgunOn Bizkaia, la psicóloga Iratxe López ha analizado este perfil de personas que, de cara al exterior, parecen un ejemplo de éxito y productividad, pero que por dentro «viven con el cerebro a 200 por hora».

Una máscara de normalidad

La gran dificultad de la ansiedad funcional es que resulta invisible para el entorno e, incluso, para quien la padece. «Como la persona sigue rindiendo, nadie detecta el sufrimiento, ni siquiera la propia persona», advierte López. Existe la falsa creencia de que la ansiedad solo se manifiesta a través de bloqueos, ataques de pánico o la incapacidad de salir de casa. Sin embargo, este tipo de ansiedad es mucho más silenciosa y está socialmente premiada. Es común que estas personas hiperproductivas reciban constantes elogios de su entorno: «qué responsable eres», «qué trabajadora» o «qué fuerte eres». El problema, como señala la psicóloga, es que «a veces lo que se está premiando no es el bienestar, sino la hipervigilancia y la autoexigencia más cruel».

El miedo como motor

Detrás de esa fachada de control absoluto no hay calma; hay un motor alimentado por el temor. Las personas con ansiedad funcional se mueven por el miedo a fallar, a decepcionar, a perder el control o a no ser suficientes, lo que empuja al cuerpo a entrar en un «modo de supervivencia permanente». Esta desconexión con el propio bienestar es tal que muchas personas «sienten culpa cuando intentan descansar o ansiedad cuando no están haciendo algo productivo». Detrás de este comportamiento se suele esconder una mezcla de hiperexigencia, perfeccionismo y, en ocasiones, historias personales donde se aprendió que había que rendir al máximo para sentirse seguro o querido.

Cuando el cuerpo dice «basta»

Aunque se pueda ignorar la ansiedad durante un tiempo, el organismo tiene sus propios límites. La procesión va por dentro, pero termina manifestándose físicamente. «El cuerpo suele empezar a pasar factura», explica Iratxe López, a través de síntomas como insomnio, bruxismo, problemas digestivos, irritabilidad, cansancio constante y una clara dificultad para disfrutar de la vida. La experta recuerda que el sistema nervioso humano no está diseñado para vivir en alerta permanente y que, tarde o temprano, enviará un aviso contundente si se estira demasiado la cuerda.

Romper con la romantización del estrés

Para finalizar, la psicóloga invita a hacer una reflexión incómoda: ¿por qué admiramos tanto a las personas que nunca paran? «Socialmente hemos romantizado muchísimo el estar ocupados», lamenta, como si descansar fuera una pérdida de tiempo. Frente a esta corriente, es vital recordar que «la salud mental también consiste en poder descansar sin culpa, poder bajar la guardia y permitirnos fallar o no poder con todo».


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