La sexualidad femenina explora sus propias reglas

'Un nuevo contrato sexual' analiza cómo el mercado, la pornografía y los viejos roles de poder condicionan todavía el deseo femenino.

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El placer femenino busca salir del guion escrito por otros

La socióloga y antropóloga Andrea García-Santesmases ha presentado en EgunON Magazine su libro Un nuevo contrato sexual, donde analiza la relación entre placer, poder, feminismo e industria del deseo femenino.

El libro aborda una cuestión que trasciende el contexto del 8M: la necesidad de repensar el cuerpo femenino, la sexualidad y el deseo desde una mirada crítica y actual. La invitada ha sido Andrea García-Santesmases, licenciada en Antropología, doctora en Sociología y profesora en la UNED, que ha presentado su libro Un nuevo contrato sexual. Placer y poder en la industria del deseo femenino.

Más allá del consentimiento

Andrea García ha explicado que el llamado contrato sexual tiene que ver con la forma en la que se organizan las relaciones entre los sexos y también con la manera en la que la sociedad piensa el sexo. Aunque en los últimos años se ha hablado mucho de corresponsabilidad, cuidados y trabajo doméstico, la autora considera que el deseo y la erótica han quedado en un segundo plano.

En su opinión, limitar el debate sobre la sexualidad al consentimiento ha sido necesario desde el punto de vista jurídico, especialmente tras el movimiento Me Too, pero resulta insuficiente. García sostiene que, después de años centrando la conversación en las violencias sexuales, también es necesario construir imágenes positivas, eróticas y afectivas que no dejen todo el imaginario en manos de la industria pornográfica.

La industria del deseo femenino

La autora ha señalado que una de las tensiones centrales de su libro está en cómo la reivindicación femenina y feminista del placer puede ser absorbida por el mercado. Según ha explicado, la industria ha detectado esa demanda de libertad sexual y la transforma en consumo, presentando la igualdad como la posibilidad de consumir igual que los hombres.

Andrea García considera problemático ese desplazamiento, porque convierte una reflexión crítica sobre la sexualidad en un producto mercantil. De esta forma, la industria pornográfica y otros sectores vinculados al deseo femenino buscan blanquearse, ampliar su público y desactivar parte de la carga política de la reivindicación.

¿Igualdad o imitación de modelos masculinos?

Durante la entrevista, García ha defendido que la igualdad no puede entenderse simplemente como repetir los comportamientos que históricamente han protagonizado los hombres. Ha puesto como ejemplo el mercado laboral, donde acceder a posiciones de poder no debería significar reproducir modelos de autoridad agresivos o jornadas abusivas.

En el terreno sexual, la autora vincula esta cuestión con el llamado heteropesimismo, un desencanto hacia la heterosexualidad que afecta especialmente a muchas mujeres. Según ha explicado, parte de ese malestar surge cuando se imitan conductas masculinas, como la acumulación de relaciones o la objetualización de cuerpos, sin que eso responda necesariamente a un deseo propio o satisfactorio.

El deseo también se construye socialmente

Andrea García-Santesmases ha insistido en que el deseo no surge de manera aislada ni puramente individual. Desde una perspectiva sociológica y antropológica, ha explicado que el deseo es social, contextual e histórico, y que por eso las fantasías, los cuerpos deseables y las formas de mostrarse están atravesadas por normas culturales.

En ese sentido, ha reflexionado sobre determinadas imágenes de empoderamiento femenino vinculadas a la música, el baile o la exposición del cuerpo. Para la autora, no basta con afirmar que una mujer hace algo porque quiere; también hay que preguntarse qué imaginarios han configurado ese deseo y qué formas de validación femenina siguen operando detrás.

Mujeres que pagan por servicios sexuales

Uno de los ámbitos que García analiza en su libro es el de las mujeres que contratan servicios eróticos o sexuales ofrecidos por hombres. Ha explicado que se trata de un mercado reducido en términos cuantitativos, pero significativo por lo que revela sobre la idea contemporánea de empoderamiento.

La autora ha estudiado un amplio abanico de prácticas, desde despedidas de soltera con striptease masculino hasta masajes eróticos, asistencia sexual para mujeres con discapacidad o la figura del gigoló. Según ha relatado, muchas webs presentan estos servicios dirigidos a mujeres “empoderadas” que ahora también pueden hacer lo que los hombres han hecho históricamente.

El poder no cambia necesariamente de manos

Andrea García ha problematizado que este tipo de consumo pueda presentarse automáticamente como una forma de igualdad. En su investigación, basada en entrevistas con personas vinculadas a la industria y con hombres que prestan estos servicios, ha observado que aunque ellas paguen, ellos siguen ocupando muchas veces una posición de saber y poder.

La autora ha explicado que los hombres entrevistados no suelen experimentar miedo en estas relaciones, mientras que las clientas sí pueden sentir cierto temor o vulnerabilidad. Además, ha señalado que muchos de ellos se reservan la posibilidad de elegir, pedir fotografías, mantener una conversación previa o rechazar servicios si la clienta no les resulta adecuada. Para García, esto muestra que la inversión económica no implica necesariamente una inversión real de las relaciones de poder.

Nuevos imaginarios para nuevas relaciones

La profesora de la UNED ha defendido la necesidad de ampliar los imaginarios sobre el deseo, los cuerpos y las prácticas sexuales. Ha recordado su investigación anterior sobre sexualidad y discapacidad, donde se cuestionaba la idea de que determinados cuerpos fueran considerados intrínsecamente indeseables.

Desde esa experiencia, García plantea que transformar la sexualidad pasa también por crear comunidades, referentes y relatos distintos. Su propuesta no consiste únicamente en permitir que cada persona exprese sus fantasías, sino en preguntarse qué deseos han sido construidos por el mercado, la pornografía o la desigualdad, y cuáles pueden abrir caminos más libres y compartidos.

Brechas pendientes

La entrevista también ha abordado el cansancio de muchas mujeres ante la heterosexualidad. García ha vinculado ese desencanto con la distancia entre las promesas de la liberación sexual y la realidad cotidiana. Según ha explicado, se había extendido la idea de que el acceso al trabajo, los anticonceptivos y la igualdad formal permitirían relaciones plenamente corresponsables y placenteras.

Sin embargo, la autora ha recordado que siguen existiendo varias brechas: la salarial, la de los cuidados y la orgásmica. Esta última se refiere a la desigualdad en el placer dentro de muchas relaciones heterosexuales, especialmente en el sexo ocasional, donde el orgasmo masculino sigue siendo más habitual que el femenino.

Un libro para abrir conversación

Un nuevo contrato sexual propone mirar el deseo femenino desde un lugar incómodo, pero necesario. Andrea García-Santesmases invita a pensar la sexualidad más allá del consentimiento, del consumo y de la simple inversión de roles. Su reflexión plantea que el verdadero reto no está solo en ocupar espacios antes reservados a los hombres, sino en imaginar otras formas de deseo, placer y relación que no reproduzcan las mismas desigualdades.


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