Magnesio, creatina, vitamina D, probióticos… Los suplementos han ganado espacio en las redes sociales y también en los armarios de muchas casas. Pero ¿realmente los necesitamos? Elisa Escorihuela, farmacéutica y nutricionista clínica, ha analizado qué dice la evidencia científica y ha advertido de los riesgos de consumir estos productos sin conocer previamente las necesidades de nuestro organismo. La especialista acaba de publicar Los suplementos a debate, una guía con la que ha tratado de separar evidencia, expectativas y tendencias.
La conversación se ha emitido en el programa EgunON Magazine.
Primero, saber si existe una carencia
Escorihuela ha puesto como ejemplo la vitamina D. Cuando una analítica detecta unos niveles bajos y un médico prescribe la suplementación, existe una razón concreta para tomarla. El problema aparece cuando se consume sin haber pasado «por el filtro, ni de un análisis, ni de un médico».
La especialista ha recomendado comprobar las posibles carencias cuando existen sospechas. «Todo tiene que ser conociendo cómo está tu cuerpo», ha explicado. De lo contrario, ha advertido con humor, en algunas ocasiones podemos estar consumiendo algo «para hacer un pis un poquito más caro».
El magnesio: no todo sirve para lo mismo
Uno de los suplementos que más protagonismo ha adquirido es el magnesio. Escorihuela ha señalado que no existe una deficiencia generalizada clara y, sin embargo, se ha convertido en «el rey de los minerales» por sus ventas.
Pero hablar simplemente de magnesio es insuficiente. La experta ha explicado que la evidencia cambia dependiendo de la forma utilizada y del objetivo. Ha señalado, por ejemplo, que determinadas formas se han empleado tradicionalmente contra el estreñimiento y ha hablado de evidencia científica en el uso del citrato de magnesio para las migrañas. En este último caso, ha advertido de que las cantidades necesarias deben estar pautadas por un médico.
El suplemento no siempre es inocuo
Que un producto pueda comprarse fácilmente no significa que carezca de efectos sobre el organismo. «La suplementación se trata de sustancias que realmente son activas en nuestro organismo», ha recordado Escorihuela.
Por eso ha pedido tener en cuenta posibles patologías, problemas de absorción, medicamentos e interacciones. «El reel que estás viendo en Instagram que te lo está recomendando no te lo va a preguntar y el bote tampoco te lo va a preguntar», ha advertido.
Incluso el efecto placebo puede hacer que una persona perciba una mejoría. Escorihuela no ha rechazado esa posibilidad, pero ha introducido una condición importante: «El efecto placebo es fantástico, es maravilloso. Eso sí, que no te cueste una inflamación en el hígado».
¿Y qué ocurre con la creatina?
La creatina ha servido para explicar otro de los objetivos del libro: evitar respuestas absolutas. Escorihuela ha contado que para escribirlo ha tratado de desprenderse de sus propias preferencias profesionales y analizar metaanálisis y revisiones sistemáticas que reúnen diferentes investigaciones.
Ese trabajo le ha hecho modificar incluso algunas de sus propias opiniones. La experta ha explicado que la creatina acumula más de 20 años de investigación y que existe evidencia en determinados casos relacionados con la masa muscular. También ha señalado resultados en personas mayores con problemas como pérdidas de memoria, diferenciando estos casos de una persona sana que busca otros efectos relacionados con el ejercicio.
«Dentro de un sí y un no también hay un abanico de grises súper interesante», ha resumido.
No todos los estudios pesan igual
Escorihuela también ha llamado la atención sobre el sesgo a la hora de interpretar la ciencia. Una persona puede sentirse atraída por aquellos estudios que confirman lo que ya pensaba previamente, algo que también puede suceder entre profesionales.
Por ello, ha defendido revisar el conjunto de las investigaciones y observar incluso quién ha financiado cada trabajo. «Hay estudios que son súper favorables y, si tú miras la letrita pequeña, están financiados por la propia casa que produce el suplemento», ha explicado. Para la autora, es necesario analizar «la ciencia, la financiación y el beneficio» que puede aportar realmente cada producto.
Tomarlos «por si acaso» no garantiza nada
Utilizar suplementos como una especie de seguro para el futuro tampoco convence a la especialista. Escorihuela ha denominado esta idea «la póliza del suplemento»: consumirlos ahora pensando que servirán para garantizar una vejez más saludable.
«La mayoría de los suplementos que tienen evidencia científica tienen evidencia científica en aquellos casos de las personas que tienen una carencia o que tienen una patología determinada», ha explicado. En personas sanas, ha añadido, muchos no producen el efecto esperado porque no existe nada que corregir.
Los probióticos tampoco son todos iguales
Algo parecido sucede con los probióticos. Escorihuela ha defendido que la base de una buena salud deben ser los hábitos y ha cuestionado la utilidad de recurrir a estos productos mientras se mantiene una alimentación que perjudica la microbiota intestinal.
Además, ha rechazado hablar de los probióticos como si todos fueran equivalentes. «Cada uno tiene su nombre, su apellido, su DNI. Funciona para una cosa», ha explicado. En determinadas circunstancias concretas pueden tener sentido, pero no como una solución general para cualquier persona y situación.
Cuidarse no significa llenar la cocina de botes
La presión alrededor de los suplementos afecta especialmente, según ha explicado Escorihuela, a mujeres en etapas como la perimenopausia y la menopausia. La especialista ha detectado entre sus pacientes la sensación de que no tomar determinados productos equivale a descuidar la propia salud.
Frente a ese mensaje, ha enumerado otros hábitos: acudir al ginecólogo, realizar las revisiones, hacer ejercicio físico diariamente, cuidar la alimentación e intentar reducir el estrés. «Eso es ser precavido, eso es cuidar de ti, no meter cada vez más frascos en la cocina», ha afirmado.
En Los suplementos a debate, Escorihuela ha analizado distintos productos recurriendo a metaanálisis y revisiones sistemáticas para valorar la evidencia disponible y sus diferentes grados. La farmacéutica y nutricionista ha resumido el planteamiento que atraviesa el libro en una idea: «Menos cápsulas, más criterio».
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