La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición ha advertido de una tendencia creciente al déficit de yodo en Europa, relacionada con los cambios en la dieta. En una entrevista en Radio Popular-Herri Irratia, la doctora Marta Diéguez, coordinadora del Grupo de Yodo del Área de Tiroides de la sociedad científica, ha explicado por qué este elemento es fundamental para la salud y cómo se puede incorporar de forma sencilla en la alimentación diaria.
Un problema de salud pública que exige prevención
Marta Diéguez ha subrayado que el yodo no debe preocupar solo a quienes ya tienen un problema de tiroides. La especialista ha remarcado que se trata de “un tema de salud pública muy importante”, especialmente en hogares con mujeres jóvenes, familias que planteen un embarazo y niños.
La doctora ha insistido en que el objetivo es prevenir. El yodo es necesario para sintetizar las hormonas tiroideas, que regulan funciones esenciales como el metabolismo, la frecuencia cardiaca y el neurodesarrollo. Por eso, su déficit puede tener consecuencias importantes, sobre todo en etapas críticas como el embarazo y los primeros años de vida.
La clave está en mirar la etiqueta de la sal
La recomendación principal ha sido clara: revisar qué tipo de sal hay en casa. Diéguez ha explicado que hoy existe una gran variedad de sales en los supermercados, desde las sales en escamas hasta las llamadas sales gourmet o la sal rosa del Himalaya. Sin embargo, ha advertido de que solo una sirve para garantizar el aporte de yodo.
“Solamente la que pone yodada es yodada. Y si no lo pone, no es yodada”, ha señalado la especialista. También ha aclarado que no basta con que la sal sea marina: si no aparece la palabra yodada en el envase, no contiene el aporte necesario.
La endocrinóloga ha recomendado además cambiar el paquete si lleva más de seis meses abierto, porque la degradación de las sustancias químicas puede hacer que pierda efectividad.
Déficit de yodo y problemas de tiroides
La doctora ha explicado que la deficiencia de yodo es la primera causa mundial de los llamados trastornos por deficiencia de yodo. Entre sus posibles consecuencias ha citado el hipotiroidismo, el crecimiento de la tiroides o bocio, la formación de nódulos e incluso la relación con algunos subtipos de cáncer de tiroides.
En el embarazo y en la infancia, el déficit puede afectar al desarrollo neurológico. Diéguez ha precisado que en España no se observan actualmente déficits severos como los que pueden causar daños neurológicos importantes, pero sí ha advertido de situaciones leves y más difíciles de detectar clínicamente.
Lácteos, pescado, marisco y huevos
La entrevista también ha abordado los alimentos que aportan yodo. La especialista ha indicado que una dieta adecuada debe incluir lácteos de vaca, pescado de mar, marisco y huevos. Al mismo tiempo, ha advertido de que el aumento del consumo de bebidas vegetales puede reducir el aporte de yodo si no están enriquecidas.
También ha señalado que algunos vegetales, patatas, legumbres o frutos secos pueden contener yodo, pero en cantidades pequeñas y con una asimilación más limitada. Por eso, las personas que siguen dietas vegetarianas o veganas pueden tener un aporte insuficiente.
Diéguez ha añadido que incluso con una dieta variada puede ser difícil llegar a los requerimientos diarios solo con alimentos. Según ha explicado, en muchos casos la dieta se queda aproximadamente en la mitad de las necesidades de la población general.
No se trata de tomar más sal
La doctora ha querido evitar una confusión importante. La recomendación de consumir sal yodada no significa que haya que tomar más sal. De hecho, ha recordado que también es fundamental cuidar la salud cardiovascular y reducir el consumo global de sal.
“Poca sal, pero la que tomemos que sea yodada”, ha resumido la coordinadora del Grupo de Yodo. La referencia que ha dado es mantenerse por debajo de los 5 gramos de sal al día, pero procurando que esa pequeña cantidad sea yodada.
Un déficit difícil de detectar en el día a día
El déficit de yodo no suele generar una señal clara que permita identificarlo fácilmente. Diéguez ha explicado que pueden observarse indicadores indirectos, como la presencia de bocio en escolares. Según ha indicado, si más del 5% de la población escolar presenta bocio, puede ser una señal de niveles inadecuados de yodo a nivel poblacional.
La medición analítica tampoco resulta sencilla en el plano individual, porque el yodo se mide en orina y puede variar mucho de un día a otro en función de la dieta. Por eso, la especialista ha defendido la importancia de los estudios poblacionales y de las medidas preventivas.
Una recomendación sencilla y barata
Marta Diéguez ha recordado que en los años 90 se impulsaron campañas de salud pública que mejoraron el consumo de sal yodada en los hogares. Ahora, según ha explicado, se ha producido cierta relajación y la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición trabaja con la Agencia Española de Seguridad Alimentaria para volver a poner en valor este problema.
La recomendación que ha dejado la especialista es sencilla: mirar el envase, escoger sal yodada y renovar el paquete si lleva demasiado tiempo abierto. Una medida económica, accesible y útil para cuidar la tiroides y prevenir trastornos asociados al déficit de yodo.
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