Bajo la superficie de los océanos no solo hay agua y vida marina; existen auténticas cápsulas del tiempo que albergan nuestro patrimonio histórico y científico. Para hablar de este fascinante universo, el programa EgunOn Bizkaia ha contado con la presencia de María Intxaustegui, arqueóloga subacuática, patrona de altura y guía de expediciones polares en entornos tan exigentes como la Antártida o el Ártico.
Frente a la visión romantizada de la arqueología marina, Intxaustegui explica que la disciplina ha evolucionado notablemente en los últimos años. Hoy en día cuenta con titulación propia y másteres especializados, permitiendo profesionalizar una labor que exige precisión antes, durante y después de cada inmersión. «La arqueología subacuática es básicamente arqueología terrestre, pero debajo del agua; para eso, hay que bucear», señala la experta. Sin embargo, matiza que el trabajo sumergido es solo una fracción del esfuerzo total: «Hay muchísimo trabajo previo, burocracia y papeleo, y luego queda la parte más importante al final, que es la investigación». Además, la científica destaca que la disciplina se ha vuelto plenamente multidisciplinar. «Para dedicarse a esto no hace falta ir in situ al yacimiento; hay facetas como el trabajo de archivo, la construcción naval o la fotografía digitalizada que no requieren sumergirse», explica.
Expediciones en condiciones extremas
Natural de Donostia y estrechamente ligada al mar desde su infancia, María Intxaustegui ha desarrollado gran parte de su trayectoria en latitudes extremas. Recientemente ha regresado de una expedición bordeando la isla de Terranova (Canadá) con National Geographic, un enclave histórico donde confluyeron culturas como la vasca, la acadia y la escocesa. Trabajar en entornos helados implica enfrentarse a condiciones sumamente exigentes. Al ser preguntada sobre cómo gestiona las temperaturas extremas, la arqueóloga reconoce con naturalidad el impacto del frío en el agua de mar, que se congela -1,6ºC. «Cuando estás buceando a -1ºC o -1,2ºC, aunque lleves traje seco y la mejor ropa polar, sigues estando helado. Trabajas con dolor, pero te aguantas y lo haces», revela Intxaustegui, remarcando que la pasión por el trabajo acaba superando cualquier adversidad.
Divulgación para conectar con la sociedad
A pesar de la dureza del entorno, Intxaustegui encuentra su mayor satisfacción en llegar a lugares inexplorados y compartir la experiencia con el mundo. «Haber logrado ser buceadora polar en la Antártida o en el mar de hielo al norte de Svalbard es un logro. He buceado en zonas que sé que nadie nunca ha visto antes, y poder enseñar esos vídeos por primera vez emociona mucho», afirma. Respecto a la difusión de su trabajo, que comparte activamente en sus redes sociales (@maria_intxaustegi), la investigadora considera indispensable tender puentes entre la ciencia y la ciudadanía. «El problema del sector científico es que nos centramos en un lenguaje que solo entendemos los profesionales. Hace falta divulgación para llegar al gran público», concluye.
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