El centro y el occidente de Colombia intentan recuperarse del devastador terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el país este pasado lunes, un trágico suceso cuyo balance de personas fallecidas no deja de incrementarse con el paso de las horas, además de contabilizar miles de heridos graves e ingentes daños estructurales en regiones como el Chocó, el Eje Cafetero y la ciudad de Cali.
Para conocer de primera mano cómo se está viviendo esta emergencia en el terreno, los micrófonos de EgunOn Bizkaia han conectado con Iñaki Larrea Múgica misionero javeriano nacido en San Miguel de Basauri que lleva décadas entregado a la labor social y pastoral en tierras colombianas.
El impacto en Bogotá y la situación de las comunidades
A pesar del temblor, el misionero vizcaíno confirma que tanto él como los miembros de su entorno se encuentran a salvo. «En Bogotá sentimos fuerte el temblor; tuvimos que evacuar el centro de salud y permanecer media hora en la calle antes de volver a entrar, pero afortunadamente estamos bien», relata Larrea. Recuerda además que, aunque el epicentro en el Chocó se sitúa a unos 500 kilómetros de la capital, el terremoto se ha hecho sentir con gran intensidad en todo el país.
Respecto a las zonas más castigadas, como Cali —donde Larrea trabajó durante 18 años—, el impacto ha sido especialmente severo desde el centro hacia el sur. Paradójicamente, en sectores vulnerables como el Distrito de Aguablanca, donde la comunidad realizó un intenso trabajo de construcción comunitaria de escuelas y dispensarios, «la gente se encuentra bien», concentrándose la mayor destrucción en las zonas de mayor poder adquisitivo de la ciudad.
Agua, herramientas y calor humano en las primeras 72 horas
Al analizar las urgencias más apremiantes sobre el terreno, Iñaki Larrea subraya que la respuesta inicial debe atender tanto a lo material como a lo afectivo. «Lo más importante es la ayuda material como el agua y herramientas para remover escombros, pero junto a esto es crucial la presencia humana y la solidaridad», afirma.
Con las primeras 72 horas marcando el límite crítico de supervivencia para quienes permanecen atrapados, el misionero enfatiza el papel vital de los voluntarios y vecinos que se han organizado espontáneamente: «Es lo más urgente que necesita ahora la comunidad: personas volcadas en salvar a quienes todavía están bajo las ruinas». En estos momentos de angustia y pérdida, la población local encuentra un sostén anímico esencial en sus creencias, ya que «la fe forma parte del ADN cultural de esta sociedad; pones a Dios en primer lugar como sustento para salir adelante».
Una labor social ininterrumpida entre Ciudad Bolívar y Bizkaia
Más allá de la atención a la coyuntura de la catástrofe, Iñaki Larrea continúa volcado en proyectos de transformación social duraderos. En la actualidad combina la pastoral vocacional con su trabajo en Ciudad Bolívar (Bogotá), un entorno caracterizado por construcciones precarias y altos índices de vulnerabilidad social. Allí, a través del proyecto Entretejendo, ofrecen apoyo socioeconómico y acompañamiento integral a niños, jóvenes y familias en situación de exclusión.
Esta vocación solidaria mantiene además un estrecho puente histórico entre Bizkaia y Colombia. «Desde la parroquia de San Miguel de Basauri, la unidad pastoral y el propio Ayuntamiento impulsamos en 2010 un centro socioeducativo en Buenaventura que todavía hoy sigue funcionando», recuerda emocionado el misionero, dejando patente que la huella y el compromiso del pueblo vasco con la sociedad colombiana siguen más vivos que nunca.
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