En la búsqueda constante de soluciones naturales para cuidar nuestro entorno, a veces las respuestas más innovadoras provienen de la tradición más pura. Esta semana en EgunOn Bizkaia, dentro de la sección de ecología «Campo Abierto», Ion Colino nos desvela que la rotación de cultivos es la clave fundamental para que, al terminar nuestra labor hortícola, dejemos la tierra en las mismas condiciones para las generaciones venideras.
El equilibrio natural frente a las plagas
Para Colino, esta práctica es vital si queremos mantener un huerto sano y equilibrado con un mínimo de enfermedades, ya que la mayoría de los vegetales extraen nutrientes específicos y liberan toxinas durante su crecimiento. Según explica el experto, si no se alternan las familias, los insectos y parásitos se hacen «dueños de la situación» al acumularse residuos y perderse la fertilidad del suelo. En este sentido, hace especial hincapié en los hongos, que pueden quedar inoculados en la tierra hasta cuatro o cinco años, por lo que la regla de oro establece que la misma familia de plantas no debe volver al mismo lugar durante un ciclo de cuatro años.
La importancia de la organización metódica
La aplicación práctica de este método requiere ser extremadamente metódicos y llevar un registro en un cuaderno, pues es fácil olvidar qué se plantó años atrás. Por ejemplo, si en 2025 se plantaron tomates, que pertenecen a la familia de las solanáceas, el año siguiente no se deben poner en ese sitio ni patatas, ni pimientos, ni berenjenas. En su lugar, sería idóneo optar por lechugas (compuestas) o zanahorias (umbelíferas), que pertenecen a familias distintas y tienen necesidades diferentes.
El huerto como su propia farmacia
Además de nutrir la tierra, este sistema permite reducir la dependencia de productos químicos. Colino señala que las plantas no solo quitan, sino que también aportan vitaminas y moléculas que actúan como potentes inhibidores de parásitos. Un ejemplo claro es el uso de repollos o rábanos; al descomponerse sus hojas en el suelo, liberan isotiocianatos que funcionan como un insecticida biológico capaz de eliminar patógenos. Finalmente, el experto sugiere que el éxito total se alcanza al combinar la rotación con la asociación de cultivos, como mezclar patatas con alubias para fijar el nitrógeno del aire, caminando así hacia una agricultura que prescinde de métodos nocivos para el medio ambiente.
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