El comandante de líneas aéreas y divulgador Ramón Vallés ha presentado en Radio Popular su libro Bienvenidos a bordo, les escribe su comandante, una obra con la que acerca el mundo de la aviación al gran público y responde a muchas de las dudas más frecuentes de quienes vuelan con respeto o con miedo.
Ramón Vallés ha pasado por los micrófonos de Radio Popular para hablar de Bienvenidos a bordo, les escribe su comandante, un libro con el que ha querido abrir al gran público las puertas de la aviación comercial. El piloto ha explicado cómo vive su profesión, qué peso tiene la responsabilidad sobre los pasajeros y por qué la seguridad sigue siendo el eje absoluto de cada decisión dentro de un avión.
Una vocación que no nace de un día para otro
El comandante ha explicado que ser piloto no ha sido en su caso una salida improvisada, sino una vocación que ha crecido desde la infancia. Según ha relatado, el deseo de volar ha ido entrando poco a poco en su vida hasta convertirse en una decisión profesional firme, de esas que exigen tiempo, convicción y mucha reflexión.
En ese sentido, Vallés ha subrayado que pilotar un avión no es solo un trabajo, sino una forma de vida. No en vano, ha recordado que, especialmente en los vuelos de largo recorrido, pasa jornadas enteras fuera de casa y ha resumido esa realidad con una frase muy gráfica: «Te pasas exactamente la mitad de tu vida lejos de casa».
La cabina, el equipo y una segunda familia
Durante la entrevista, Ramón Vallés también ha puesto el foco en la dimensión humana de la aviación. Ha señalado que el trabajo en equipo resulta fundamental dentro de un avión y que, aunque existe una jerarquía clara en cabina, las decisiones se toman escuchando al conjunto de profesionales que forman parte de la operación.
Esa convivencia constante con copilotos y tripulaciones ha hecho que el piloto haya acabado viendo a sus compañeros como algo más que colegas de profesión. De hecho, ha afirmado que el personal de su aerolínea «se acaba convirtiendo casi en tu segunda familia», una idea que ayuda a entender hasta qué punto la aviación condiciona también la vida personal de quienes la ejercen.
«Yo me debo a mis pasajeros siempre»
Uno de los aspectos más potentes de la conversación ha llegado cuando el comandante ha hablado de la responsabilidad humana que implica llevar a bordo a cientos de personas. Valles ha dejado claro que no piensa solo en la parte técnica del vuelo, sino también en las historias que transporta cada avión.
El piloto ha explicado que procura ponerse en la piel de sus pasajeros porque cada uno viaja por un motivo distinto: una ilusión, un reencuentro, un proyecto o incluso un momento doloroso. Por eso ha resumido su manera de entender el oficio con una declaración rotunda: «Yo me debo a mis pasajeros siempre».
En la misma línea, ha dejado otra frase especialmente reveladora: «Dentro de cada avión hay muchas historias». Con ella ha querido reflejar que la aviación no consiste únicamente en mover personas de un punto a otro, sino en acompañar situaciones personales muy diferentes bajo una enorme responsabilidad profesional.
El miedo a volar, el respeto y el rigor
La entrevista ha partido de una idea compartida por muchas personas: el respeto, e incluso el miedo, que sigue despertando el hecho de coger un avión. Ramón Vallés no ha negado esa sensación, pero sí ha querido matizarla desde la experiencia profesional.
Según ha explicado, el respeto debe estar siempre presente, también entre los propios pilotos, porque operar un avión exige asumir que el error humano existe y que precisamente por eso cada procedimiento se basa en el rigor. En ese punto ha dejado una de las reflexiones más interesantes de la charla: «Hay que asumir que el ser humano y el error van cogidos de la mano».
Frente al miedo, el comandante ha defendido la preparación, la disciplina y el cumplimiento estricto de los procedimientos. A su juicio, ese respeto bien entendido es una garantía añadida, no una debilidad.
Tecnología sí, pero sin sustituir a las personas
Otro de los temas que ha abordado ha sido la evolución tecnológica en la aviación. Valles ha recordado que los avances de las últimas décadas han sido enormes y ha puesto como ejemplo la posibilidad de realizar aterrizajes automáticos en condiciones de baja visibilidad, algo impensable hace años.
Sin embargo, ha querido desmontar la idea simplista de que hoy los aviones «vuelan solos». Ha explicado que el piloto automático es una herramienta imprescindible para mantener la seguridad en vuelos muy largos, pero no un sustituto de la labor humana en cabina. En sus propias palabras, «no es para que el piloto no haga nada», sino para reducir carga de trabajo y preservar los estándares de seguridad.
Sobre la irrupción de nuevas herramientas, también ha sido claro: «Mientras sea para sumar y garantizar y mejorar la seguridad, bienvenido sea toda la tecnología y la inteligencia artificial que queramos, pero nunca para sustituir a las personas».
Bilbao, Loiu y los aterrizajes con fama
En una conversación mantenida desde Bilbao, no ha faltado una referencia al aeropuerto de Loiu y a esa fama de aterrizajes complicados que tantas veces circula entre pasajeros y redes sociales. Valles ha reconocido que esa percepción existe, aunque ha querido contextualizarla.
El piloto ha explicado que la orografía del entorno y el viento pueden provocar aproximaciones turbulentas o inestables en determinados momentos, especialmente en la pista 30. Aun así, ha insistido en que los pilotos que operan en Bilbao conocen perfectamente esas condiciones y trabajan con procedimientos concretos para afrontarlas.
En ese punto ha sido tajante: «Si un día el viento fuera excesivo, si fuera necesario diríamos: pues hoy no vamos a Bilbao». Y ha añadido otra frase que resume la filosofía con la que se trabaja en cabina: «Aquí no estamos para poner en riesgo la vida de nadie».
Además, ha desmontado parte del mito bilbaíno al asegurar que las situaciones meteorológicas más adversas que ha vivido en su carrera no se han producido en Loiu, sino en Barcelona, donde las tormentas pueden generar escenarios especialmente complicados.
Hablar a los pasajeros también forma parte del vuelo
El libro de Ramón Valles también parte de una frase muy reconocible para cualquier viajero: «Bienvenidos a bordo, les habla su comandante». A partir de ahí, el autor ha construido un título que conecta de forma directa con una figura que, según ha defendido, también debe comunicar, explicar y tranquilizar.
Durante la entrevista ha asegurado que el pasajero agradece escuchar la voz del comandante, sobre todo cuando hay incidencias, retrasos o decisiones operativas que pueden generar inquietud. Aunque la información no siempre sea agradable, considera que explicarla forma parte del respeto debido a quienes viajan a bordo.
Por eso ha dejado otra afirmación muy clara: «Lo que no voy a poner es, una vez más, en riesgo la vida de nadie, pensando en la puntualidad antes que en la seguridad». Una idea que atraviesa toda la conversación y también su libro: la aviación moderna se apoya en la tecnología, pero se sostiene sobre todo en la responsabilidad, el criterio y la humanidad de quienes están al mando.
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