Los malos en la ópera

Margarita Lorenzo de Reizabal nos desvela una imaginación verdaderamente notable de los libretistas a la hora de eliminar personajes

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Los malos en la ópera

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Hoy vamos a hablar de unos personajes que, aunque no siempre nos resulten simpáticos, son absolutamente imprescindibles para que muchas de las grandes historias del teatro lírico funcionen. Me refiero a los malos de la ópera. Esos individuos capaces de mentir, traicionar, manipular, perseguir e incluso asesinar para conseguir sus propósitos. Personajes que, en la vida real, procuraríamos tener lo más lejos posible, pero que, cuando aparecen sobre un escenario, pueden llegar a fascinarnos.

Y es que la ópera, como el teatro y la literatura, necesita conflictos. Necesita personajes que se enfrenten, intereses contrapuestos, pasiones que choquen entre sí y situaciones que pongan a prueba los sentimientos humanos. Y en ese universo dramático, los villanos desempeñan con frecuencia un papel fundamental. Sin ellos, muchas de las grandes tragedias operísticas sencillamente no existirían, o al menos no serían como las conocemos.

Pensemos, por ejemplo, en Tosca. ¿Qué sería de la historia de amor entre Tosca y Cavaradossi sin la intervención del perverso Scarpia? Probablemente, una historia mucho más feliz, pero también bastante menos dramática. O imaginemos el Otello de Verdi sin Yago, ese personaje que consigue destruir un matrimonio y provocar una tragedia mediante una sucesión de mentiras cuidadosamente calculadas. En ambos casos, el villano no es un personaje secundario que se limita a complicar las cosas: es el verdadero motor de la acción.

Pero hay algo especialmente interesante en los malos de la ópera, y es que no todos son iguales. Algunos ejercen la maldad desde el poder, convencidos de que su posición les permite disponer de la vida de los demás. Otros se dejan arrastrar por la ambición, los celos o el deseo de venganza. Los hay que disfrutan causando sufrimiento y también quienes, para salvarse a sí mismos, están dispuestos a sacrificar a cualquiera que se cruce en su camino. Y, por supuesto, no podemos olvidarnos de los personajes diabólicos, esos seres sobrenaturales que encarnan la tentación y la capacidad de corromper al ser humano.

Lo verdaderamente extraordinario es la manera en que los compositores han sabido traducir todos esos comportamientos a un lenguaje musical. Porque en la ópera la maldad no solamente se representa mediante las palabras o las acciones: también se escucha. Puede manifestarse en una armonía inquietante, en un ritmo obsesivo, en una melodía amenazadora o en una orquestación que parece anunciar una catástrofe. En ocasiones, basta con que un personaje aparezca acompañado por determinados acordes para que comprendamos inmediatamente que algo terrible está a punto de suceder.

Y, sin embargo, no siempre la música de los villanos resulta oscura o amenazadora. Algunos cantan páginas de una belleza extraordinaria. Otros despliegan una energía irresistible, una brillantez vocal o una capacidad de seducción que nos obliga a reconocer una curiosa paradoja: podemos detestar profundamente a un personaje y, al mismo tiempo, disfrutar enormemente escuchándolo cantar.

Hay además una circunstancia que merece la pena recordar. Muchos de los grandes villanos de la ópera están escritos para voces graves, especialmente barítonos y bajos. No se trata de una regla absoluta, pero sí de una tendencia bastante reconocible en el repertorio. Frente al tenor que suele encarnar al enamorado o al héroe romántico, el barítono aparece con frecuencia asociado a personajes de autoridad, rivales, padres severos y, por supuesto, antagonistas. Esa profundidad vocal puede transmitir poder, amenaza, misterio o una inquietante sensación de dominio.

Nuestro recorrido de hoy nos llevará por distintas épocas, países y estilos musicales. Conoceremos a un gobernador corrupto dispuesto a cometer un asesinato para ocultar sus crímenes; a un hombre que intenta salvar su alma entregando otra al diablo; a un espíritu infernal que se divierte tentando a los mortales; y a varios personajes cuya ambición, crueldad o capacidad de manipulación desencadenan algunas de las tragedias más célebres de la historia de la ópera.

Escucharemos música de Beethoven, Weber, Gounod, Verdi, Ponchielli y Puccini. Seis compositores muy diferentes que nos permitirán descubrir otras tantas maneras de construir musicalmente a un villano.


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