¿Por qué procrastinamos? No es falta de tiempo, es gestión emocional

La resistencia a empezar una tarea importante no se debe a la pereza, sino a un mecanismo de defensa de nuestro cerebro ante el malestar

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¿Por qué procrastinamos? No es falta de tiempo, es gestión emocional

La escena es familiar para cualquier trabajador: comienzas la jornada sabiendo perfectamente qué tarea es la más importante y la que más paz te daría al terminarla. Sin embargo, en lugar de ponerte manos a la obra, acabas abriendo una pestaña de internet, mirando el móvil o respondiendo mensajes irrelevantes. Cuando te das cuenta, han pasado treinta minutos y aparece un discurso interno cargado de culpa donde te recriminas la falta de disciplina o te etiquetas como un desastre.

En la sección Frecuencia Emocional de EgunOn Bizkaia, la psicóloga Iratxe López explica que la procrastinación no es un problema de tiempo, de pereza o de falta de voluntad, sino que se trata, en esencia, de un problema de gestión emocional.

El cerebro frente a la amenaza del malestar

Al posponer una responsabilidad, el individuo no está evitando la tarea en sí, sino el sentimiento que le produce pensar en ella. Esta resistencia puede nacer del miedo a equivocarse, de la frustración ante una dificultad, del aburrimiento o de un perfeccionismo paralizante. El cerebro humano funciona buscando evitar el malestar y acercarse al placer, por lo que ante una tarea que activa la incomodidad, la amígdala —estructura implicada en la detección de amenazas— se enciende. Mientras esto ocurre, la corteza prefrontal, que es la encargada de planificar y regular los impulsos, pierde fuerza frente al sistema de recompensa, empujándonos hacia lo fácil e inmediato para obtener un alivio rápido pero momentáneo.

Estrategias para romper el bloqueo

Para romper este ciclo, Iratxe López propone tres estrategias fundamentales que comienzan por identificar la emoción que se intenta evitar, ya que el simple hecho de poner nombre a lo que sentimos reduce la intensidad de la emoción. Posteriormente, resulta vital dividir la tarea en pasos muy pequeños y concretos, como abrir un documento o escribir un título, ya que el inicio siempre es lo más difícil y, una vez que se arranca, la resistencia baja. Finalmente, es necesario cambiar el foco del perfeccionismo hacia el progreso, aceptando que es mejor hacer algo posible que buscar algo impecable, evitando así la presión que paradójicamente aumenta la procrastinación.

El ejercicio del sapo: mirar de frente al miedo

Como herramienta práctica, la psicóloga comparte el ejercicio de «dibujar un sapo», una propuesta que ayuda a mirar la tarea de frente desde una perspectiva creativa e infantil que baja la tensión. Este sapo representa la tarea que estamos evitando y, tras dibujarlo, se debe escribir sobre él la responsabilidad pendiente para luego responder honestamente por qué resulta difícil, qué cambiaría si se intentara y qué creencias hay detrás de esa resistencia. Aunque este ejercicio no elimina el trabajo pendiente, obliga a entender la emoción subyacente y permite afrontar la jornada con una mayor consciencia y menos culpa.

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