Aritz Obregón ha explicado en Desorden Mundial, la sección de EgunOn Bizkaia, el origen, los límites y la crisis actual de una doctrina nacida para responder ante genocidios, crímenes de guerra, depuraciones étnicas y crímenes contra la humanidad.
Un principio nacido de los fracasos internacionales
La responsabilidad de proteger, conocida también por sus siglas en inglés R2P, nació como respuesta a algunas de las grandes heridas abiertas del orden internacional contemporáneo. En la sección Desorden Mundial de EgunOn Bizkaia, Aritz Obregón, doctor en Derecho Internacional e investigador postdoctoral en la EHU, ha explicado que este concepto no puede entenderse sin mirar a episodios como el genocidio de Ruanda en 1994 o la masacre de Srebrenica en 1995.
La idea parte de una pregunta incómoda: ¿qué debe hacer la comunidad internacional cuando un Estado no protege a su población o participa directamente en crímenes masivos? Durante décadas, el principio de soberanía había blindado la separación entre lo interno y lo internacional. Sin embargo, las grandes atrocidades cometidas ante la pasividad de Naciones Unidas impulsaron una reflexión que acabaría dando forma a esta doctrina.
De la intervención humanitaria a la soberanía responsable
Obregón ha situado los antecedentes en la vieja teoría de la guerra justa y en las intervenciones humanitarias que comenzaron a invocarse con más fuerza tras la Guerra Fría. Durante los años 90, con Estados Unidos como única gran superpotencia y con la expansión del discurso de los derechos humanos, se multiplicaron las operaciones justificadas, al menos formalmente, por motivos humanitarios.
Sin embargo, la responsabilidad de proteger introduce una diferencia clave: no se trata simplemente de reconocer un derecho a intervenir militarmente, sino de afirmar que los Estados tienen la obligación principal de proteger a sus poblaciones. Esa protección se refiere a crímenes especialmente graves: genocidio, crímenes de guerra, depuración étnica y crímenes contra la humanidad.
El cambio conceptual es importante. La soberanía deja de entenderse como un poder absoluto y pasa a concebirse como una responsabilidad. Cuando un Estado no puede o no quiere cumplir con esa obligación, la comunidad internacional puede plantearse actuar, aunque siempre dentro de unos límites políticos y jurídicos muy estrictos.
Tres pilares y una confusión frecuente
Uno de los puntos en los que más ha insistido Obregón es que la responsabilidad de proteger no equivale automáticamente a una intervención militar. La doctrina se desarrolló sobre tres pilares. El primero es la obligación del propio Estado de prevenir y perseguir esos crímenes. El segundo se refiere a la asistencia internacional para ayudar a los Estados a cumplir con esa responsabilidad. El tercero contempla una respuesta oportuna y decisiva cuando el Estado falla de forma evidente.
Esa respuesta puede incluir medidas coercitivas, pero no necesariamente armadas. Puede haber sanciones, embargos de armas, asistencia técnica o acciones diplomáticas. Solo en último término aparece la posibilidad del uso de la fuerza, y en ese caso debe estar autorizada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Por eso, la R2P funciona más como una doctrina que señala cuándo y cómo debe actuar la comunidad internacional, pero no constituye por sí sola una justificación jurídica automática para intervenir militarmente en otro territorio.
Si te gusta Desorden mundial, suscríbete en nuestros canales de podcast:
Y sigue a Radio Popular en las redes sociales:
- Sigue todas las noticias de Bilbao y Bizkaia en nuestro Facebook
- Conoce la radio desde dentro en nuestro Instagram
- Los titulares y los bacalaos del Athletic al minuto en X
- Revive los mejores bacalaos en YouTube
- Recibe las actualizaciones de nuestra programación y nuestras noticias en nuestro canal de Telegram
