El trabajo en alturas es una de las actividades con mayor potencial de accidentalidad en la industria y la construcción. Aunque las normativas son claras, la realidad del día a día laboral presenta retos que, de no gestionarse correctamente, pueden derivar en consecuencias fatales. Javi García, técnico de prevención de IMQ Prevención, desgrana los puntos críticos para mantener la seguridad cuando los pies dejan de tocar el suelo.
¿Qué consideramos trabajo en altura?
En el marco estatal, se define como trabajo con riesgo de caída en altura a «todos los trabajos que se realizan con los pies por encima de los 2 metros». Es importante notar que esta medida varía según la región; por ejemplo, en EE. UU. o Sudamérica, el límite se sitúa en los 1,80 metros. La estadística es implacable: a partir de los dos metros, una caída suele acarrear lesiones de gravedad considerable.
El peligro de la improvisación
Uno de los mayores enemigos de la seguridad es la urgencia. Según García, el origen de muchos accidentes reside en la improvisación ante tareas urgentes o no planificadas. Cuando una planta se detiene o surge una rotura inesperada en una zona de difícil acceso, la presión por reparar puede llevar a una mala elección del método de trabajo. «La improvisación se evita con la planificación y el diseño previo del trabajo para evitar decisiones precipitadas».
La formación: más allá del título inicial
No basta con haber realizado un curso hace una década. La seguridad requiere un reciclaje periódico y una formación teórico-práctica realizada en instalaciones adecuadas. El técnico de IMQ resalta errores comunes por falta de conocimiento:
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Plataformas elevadoras: Muchos trabajadores desconocen por qué deben ir sujetos con arnés si ya existe una barandilla. El riesgo real es el «efecto catapulta», que puede proyectar al operario fuera de la cesta.
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Uso de escaleras: Es obligatorio estar sujeto con arnés cuando el punto de operación de las manos supera los 3,5 metros y el trabajo requiere esfuerzos o movimientos peligrosos.
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Puntos de amarre: Si vas a usar una escalera y no tienes dónde amarrarte, es que «no has elegido el método adecuado y estás improvisando».
La distancia libre de caída: un cálculo vital
Un error recurrente es no calcular la distancia necesaria para que el arnés sea efectivo. Si un trabajador se amarra a la altura de los pies (factor de caída 2), podría necesitar hasta 7 metros de caída libre para no impactar contra el suelo. La solución técnica es clara: «Elevar el punto de amarre por encima del trabajador». Al reducir el factor de caída a niveles cercanos a cero, la distancia de caída se vuelve despreciable (apenas medio metro), garantizando que el sistema de retención cumpla su función antes del impacto.
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