Sesgo de género en la salud: los riesgos de estudiar solo a hombres para aplicar la medicina en mujeres

La ausencia de datos específicos sobre la fisiología femenina condiciona la eficacia de las recomendaciones de salud

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Sesgo de género en la salud: los riesgos de estudiar solo a hombres para aplicar la medicina en mujeres

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La investigación biomédica arrastra una materia pendiente con la salud de las mujeres: la falta de representación equitativa en los estudios científicos. Durante décadas, las fluctuaciones hormonales femeninas han servido de pretexto para excluir a las mujeres de numerosos ensayos, bajo la premisa de que podían complicar los resultados. Esta inercia histórica ha provocado que muchos conocimientos aplicados hoy en día a la población femenina procedan de investigaciones realizadas exclusivamente en hombres.

El caso AESAN y las recomendaciones extrapoladas

Un claro ejemplo de esta problemática ocurrió en marzo de 2026, cuando la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) publicó un informe sobre riesgos nutricionales durante la menopausia. Pocos días después, diversas científicas advirtieron que varias de las recomendaciones sobre nutrientes clave, como el hierro o la vitamina C, provenían de estudios hechos solo en hombres.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ya alertaba en sus documentos sobre esta limitación y la falta de datos específicos. No obstante, la AESAN omitió estas advertencias en su informe, lo que provocó que el documento fuera retirado para su posterior revisión. El problema reside en presentar como evidencia específica para mujeres lo que en realidad son extrapolaciones de datos masculinos.

La exclusión en etapas clave: menopausia y embarazo

Esta falta de rigor o de datos propios se extiende a etapas vitales y exclusivas de la fisiología femenina. El caso de las mujeres embarazadas es especialmente crítico: en junio de 2025, la OMS reveló que solo un 4 % de los ensayos clínicos de la última década permitía la inclusión de embarazadas. Aunque el motivo principal es la prudencia y el temor a posibles riesgos fetales, la exclusión sistemática implica prescribir medicamentos y vacunas sin suficiente evidencia sobre su seguridad en este grupo de población. En definitiva, lo que no se investiga no se conoce, y sin conocimiento específico es imposible garantizar una atención médica con la precisión que las mujeres merecen.


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