La comunicación asertiva es una de esas habilidades que todos sabemos que necesitamos, pero que a menudo se nos resiste en el día a día. Para ayudarnos a entenderla, la psicóloga Iratxe López propone un símil muy visual que utiliza habitualmente en terapia y que divide nuestras reacciones en tres figuras: la tortuga, el dragón y el humano.
Los tres estilos de comunicación
El primer perfil es el de la tortuga, que representa el estilo pasivo. En este caso, la persona se esconde en su caparazón, evitando expresar lo que siente o piensa por miedo al conflicto. Aunque parece una solución sencilla para evitar líos, la realidad es que genera una gran frustración y agotamiento al llegar a casa por no haber defendido los intereses propios.
En el extremo opuesto aparece el dragón, que simboliza el estilo agresivo. Este perfil sí dice las cosas, pero lo hace atacando, imponiendo o utilizando el sarcasmo. El problema principal del dragón es que su «fuego» es tan intenso que el interlocutor se pone inmediatamente a la defensiva, provocando que el mensaje original se pierda entre los reproches.
Finalmente, el ideal se encuentra en el humano, el estilo asertivo por excelencia. El humano es capaz de utilizar la palabra para comunicar sus necesidades y aquello que no le parece bien sin necesidad de herir ni esconderse. Es un equilibrio donde se mantiene el respeto hacia uno mismo y hacia los demás de forma simultánea.
La realidad sobre poner límites
Más allá de estos perfiles, Iratxe López advierte sobre varias mentiras que rodean a la asertividad. La primera es creer que se sabe o no se sabe poner límites como si fuera una capacidad innata, cuando la realidad es que depende totalmente del contexto y de la historia personal con cada individuo. También es un error pensar que la asertividad consiste únicamente en aprender una «frase perfecta». Si no existe un trabajo interno previo para tener claro qué nos molesta, ninguna técnica de comunicación será efectiva por sí sola.
Por último, existe el peligroso mito de que poner límites garantiza el respeto ajeno. La psicóloga aclara que ser asertivo es un acto de autorespeto, pero no ofrece ninguna garantía de que la otra persona vaya a reaccionar de forma positiva o respetuosa. La invitación final es a la autoobservación consciente para entender desde dónde nos comunicamos y poder realizar cambios saludables.
