El foro Zedarriak propone que Euskadi se convierta en un laboratorio europeo de robótica humanista ante el reto del envejecimiento de la población, la falta de mano de obra y la transformación de la economía. Su noveno informe, “La próxima revolución: Inteligencia Artificial con cuerpo”, analiza la irrupción de los robots humanoides y plantea nueve decisiones estratégicas para que el territorio participe en una industria que considera de enorme potencial.
El documento, de 38 páginas, parte de una idea: la inteligencia artificial ya no solo avanza en el ámbito digital. También empieza a incorporarse a soportes físicos capaces de realizar tareas manuales, desde transportar objetos hasta intervenir en procesos industriales. Una evolución que, según Zedarriak, puede tener un impacto económico y social comparable al de otras grandes transformaciones tecnológicas.
Una carrera tecnológica con China y Estados Unidos a la cabeza
Durante la presentación, Pedro Luis Uriarte ha subrayado que la inteligencia artificial está avanzando en dos direcciones que afectan a ámbitos distintos del trabajo. Por un lado, la llamada IA agéntica, capaz de asumir tareas intelectuales; por otro, la IA física, incorporada a robots que pueden realizar trabajos manuales. Uriarte ha definido esta evolución como un “efecto pinza” que presiona tanto a los empleos administrativos como a los trabajos físicos. En este contexto, el envejecimiento de la población y la reducción de la población activa convierten la robótica en una posible respuesta a la escasez estructural de trabajadores.
El informe destaca la velocidad con la que está creciendo el sector. Como ejemplo, cita a la empresa china Unitree, cuyo debut bursátil ha despertado un enorme interés inversor. Según los datos expuestos, en el primer trimestre de 2026 se vendieron alrededor de 22.000 robots humanoides, el 97% de ellos fabricados en China.
Las previsiones apuntan a un mercado que podría alcanzar los 135.000 millones de dólares en 2035 y varios billones en las décadas siguientes. Una dimensión que explica, según Zedarriak, la importancia de que Euskadi no quede al margen de esta carrera industrial.
Una tecnología con limitaciones, pero con un enorme potencial
Los ponentes han insistido en que los robots humanoides todavía están lejos de reproducir todas las capacidades de una persona. Entre sus principales limitaciones se encuentran la destreza, la autonomía, la seguridad, las averías y el coste. Uriarte ha explicado que una muñeca humana puede realizar seis tipos de movimientos, mientras que muchos robots todavía no reproducen toda esa complejidad. También ha señalado que las baterías limitan su autonomía y que, por el momento, estas máquinas no siempre resultan competitivas frente al trabajo humano.
Sin embargo, sus capacidades en tareas concretas ya son destacables. Para Zedarriak, estas limitaciones no deben llevar a esperar a que la tecnología esté completamente madura. Al contrario, el momento actual exige comenzar a tomar decisiones para participar en su desarrollo.
Euskadi, ante una oportunidad industrial
El informe plantea que Euskadi no tiene por qué competir necesariamente fabricando robots completos. Su oportunidad puede estar en formar parte de la cadena de valor de esta nueva industria, aportando componentes de precisión, sistemas de integración, validación, certificación, mantenimiento y aplicaciones especializadas. Iker Arteagabeitia ha señalado que el territorio cuenta con capacidades industriales y empresariales que pueden facilitar ese posicionamiento. La experiencia en sectores como la máquina herramienta, la automoción y la fabricación avanzada puede ser una ventaja para participar en un mercado que comparte algunas de sus necesidades tecnológicas.
Industria, logística, construcción y cuidados, entre los sectores prioritarios
Zedarriak propone comenzar por aquellos ámbitos en los que la robótica humanoide puede responder a necesidades concretas. Entre ellos se encuentran la industria y la máquina herramienta, la logística y los almacenes, la construcción y los sectores relacionados con la salud y los cuidados.
En la industria, el territorio podría aprovechar su experiencia en componentes y procesos de fabricación. En la logística, los robots podrían asumir tareas físicas repetitivas o penalizadoras para las personas. En la construcción, podrían contribuir a paliar la falta de profesionales en determinados oficios.
El ámbito de los cuidados ocupa un lugar especialmente relevante. En una sociedad envejecida, la robótica podría ayudar a realizar tareas físicas y repetitivas, aunque el informe insiste en que no se trata de sustituir la atención humana, sino de liberar a las personas de determinadas cargas y mejorar la calidad de vida.
Nueve decisiones para una robotización humanista
El documento propone un plan de acción con nueve decisiones estratégicas para Euskadi:
- Definir el posicionamiento industrialque quiere ocupar el territorio en este nuevo escenario.
- Impulsar el aprendizaje internacional, especialmente a través del contacto con países que están liderando el desarrollo de la robótica.
- Apoyar al tejido empresarial y a las pymes, para que la robotización no quede reservada a las grandes compañías.
- Reforzar el talento y la formación, incorporando la robótica aplicada a la formación profesional, la universidad y la formación dual.
- Poner en marcha proyectos piloto tractores, concentrando los esfuerzos en ámbitos donde Euskadi pueda aportar valor.
- Asegurar el apoyo institucionala un sector que todavía está naciendo y creciendo.
- Garantizar la seguridad y la soberanía funcional, mediante sistemas de revisión, validación y certificación de los robots.
- Construir legitimidad social, incorporando a sindicatos, empresas y ciudadanía al debate sobre cómo debe producirse la transformación.
- Integrar la robótica en las políticas activas, para acompañar los cambios en el mercado laboral.
Una de las propuestas es facilitar el acceso de las pequeñas empresas mediante fórmulas como los servicios compartidos. El objetivo es que las pymes puedan experimentar con esta tecnología sin tener que asumir desde el principio el coste de adquirir un robot.
Un calendario de cinco etapas hasta 2030
Zedarriak concreta su propuesta en un calendario de cinco etapas. La primera, prevista para 2026, consiste en elaborar un mapa de capacidades y seleccionar proyectos piloto.
En 2027 se pondrían en marcha las primeras experiencias reales en industria, cuidados y servicios, con participación empresarial y medición de resultados. El informe contempla también el aprendizaje a partir de casos de uso y referencias internacionales.
La tercera etapa, en 2028, plantea la creación de un nodo de validación, seguridad y certificación. Se trataría de comprobar que los robots pueden trabajar de forma eficiente y segura junto a las personas.
En 2029, el objetivo sería extender la tecnología a las pymes mediante mecanismos de financiación y modelos de uso compartido. Finalmente, en 2030, Euskadi aspira a consolidarse como un territorio europeo de referencia en la integración de la robótica en su tejido industrial.
El debate moral: para qué queremos utilizar la tecnología
Más allá de las cifras de inversión y las oportunidades industriales, el informe abre un debate sobre las consecuencias sociales y políticas de esta transformación. Entre las cuestiones planteadas están la posible destrucción de empleo, la privacidad de unas máquinas equipadas con cámaras y micrófonos, la seguridad de las personas y la responsabilidad ante posibles accidentes. También se plantea cómo afectará la robotización a las pensiones y a la fiscalidad en una sociedad con menos trabajadores. El informe considera que estas cuestiones deben abordarse mediante regulación, diálogo social y decisiones políticas, sin esperar a que la tecnología esté completamente implantada.
Los ponentes han defendido que un trabajador sustituido por un robot no debería quedar simplemente fuera del mercado laboral, sino tener la oportunidad de formarse para realizar tareas de mayor valor. La robotización, sostienen, debería servir para liberar a las personas de trabajos repetitivos, peligrosos o físicamente exigentes, y no orientarse únicamente a la destrucción de empleo o a la obtención de beneficios.
La ventana de oportunidad no estará abierta indefinidamente
La conclusión de Zedarriak es que la robótica humanoide va a transformar la economía y la sociedad, y que Euskadi debe decidir qué papel quiere jugar en ese proceso. El foro apuesta por una aproximación humanista que combine productividad, innovación y cohesión social. Una estrategia que permita aprovechar las capacidades industriales del territorio, responder al envejecimiento y mejorar el bienestar, sin renunciar a la seguridad, la formación y la participación ciudadana.
Para Zedarriak, la cuestión no es si esta transformación va a producirse, sino cómo queremos que suceda. Y la respuesta, según el informe, pasa por empezar a actuar ahora, antes de que otros decidan por Euskadi.
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