Ahora sí

Pogacar logra la victoria en la segunda etapa del Giro y ya luce de rosa
Ahora sí
Tadej Pogacar en el podio / Europa Press
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Ahora sí. Tras la ligera decepción de no haberse logrado vestirse de rosa el primer día, Tadej Pogacar (UAE) ya es líder del Giro. El esloveno logró ayer una victoria espectacular, aunque esperada, en el Santuario de Oropa, icónico lugar en la mitología de la ronda italiana. Como en carreras anteriores, quién quiso seguirle lo pagó caro. Solo el trabajo de Lipowitz (Bora) para su líder, Daniel Felipe Martínez, evitó que la diferencia se disparase por encima del minuto. Pogacar ya es líder con 45 segundos de ventaja sobre el galés Geraint Thomas (Ineos). Un margen considerable para solo dos días de batalla.

Líder sorprendente

El primer día, con una subida a Superga que en términos deportivos no solo se asocia con gestas ciclistas, también fue escenario de uno de los grandes dramas futbolísticos de la historia de Italia, sirvió para crear algo de incertidumbre entorno al equipo de Pogacar, el UAE. Es cierto que los de Matxin no han traído un equipo especialmente dominador, sobre todo teniendo en cuenta la calidad de la que dispone en plantilla. Los emiratíes no midieron bien y dejaron a Pogacar solo con Majka, hubo dudas y es probable que el ataque no llegase tan pronto como les hubiera gustado en otro escenario. Esta vez, cuando demarró el esloveno, sí hubo quien pudo seguirle. Se quedaron con el Schachmann (Bora) y el a la postre vencedor, Jhonatan Narváez (Ineos). Ambos le dejaron toda la responsabilidad al dos veces ganador del Tour de Francia y, llegado el momento, pudieron superarlo en el esprint. Aunque apenas 24 horas han servido para demostrar que muchas de las conclusiones fueron exageradas, al menos pudimos disfrutar del ciclismo en su versión más imprevisible.

Nuevos héroes, viejas mitologías

Ayer el Giro llegaba a Oropa y, una vez más y de forma un tanto incomprensible, toda la mitología de la carrera volvió a orbitar alrededor de la trágica figura de Marco Pantani. En 1999, en ese mismo escenario, Pantani dejó una de sus actuaciones más recordadas. El Pirata tuvo problemas mecánicos en el arranque de la subida y protagonizó una remontada como pocas se han visto. Primero apoyado por su equipo, el tantas veces disfuncional Mercatone Uno, y después en solitario, fue adelantando a todos y cada uno de sus rivales hasta llevarse la victoria. Fue, seguramente, uno de sus últimos días felices sobre la bicicleta. Después llegó Madonna di Campiglio, el hematocrito disparado y el principio del fin.

Italia es particular y sigue disfrutando de las teorías alternativas sobre el final, deportivo y vital, de Pantani. No merece la pena volver a discutir teorías de la conspiración que han sido convincentemente refutadas, aunque sí cabe preguntarse por qué se insiste machaconamente en romantizar una vida trágica. La épica de Pantani reside en el recuerdo de sus ataques, pero su vida personal fue un drama bastante vulgar.

En consecuencia, es llamativo que, contando con una figura que representa los nuevos tiempos de forma tan clara como Pogacar, desde el Giro vuelvan una y otra vez al pasado. No ayudaron las circunstancias de carrera, puesto que Pogacar tuvo un problema mecánico en la aproximación a Oropa y tuvo que remontar. Esta vez su equipo sí estuvo a la altura y el esloveno llegó a las primeras rampas ya reintegrado en el grupo principal.

¿Hasta el final?

Lanzado otra vez por Majka (exgregario de Contador, uno de los corredores que nos conecta con la generación pasada) Pogacar se lanzó con ganas de disipar las dudas. El pelo disparado por fuera del casco, como si hubiera entrado en modo super saiyan. Lanzó un ataque demoledor que solo pudo seguir Ben O’Connor (Decathlon). El australiano aprendió una paradójica lección. Seguir un ataque de Pogacar no te acerca al éxito, te aleja del mismo. Porque te vacía, exprime todo lo que tienes y después te suelta como el que arroja un bidón para quitarse un poco de peso. O’Connor siguió a Pogi hasta que reventó, como le pasó a Skjelmose en Lieja.

A partir de ahí, Pogacar buscó la victoria en solitario y por detrás el trabajo de Bora sirvió para que no fuese una carnicería. Después de dos días, muchos empezarán ya a pensar en el segundo puesto.

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