El fútbol es un negocio hace mucho tiempo. La Federación vendió su alma a los petrodólares a costa de blanquear al régimen Saudi. Un buen acuerdo económico por el que todos hacen la vista gorda a semejante despropósito. No podemos naturalizar que la Supercopa de España se juegue en Arabia todos los años sin apenas presencia de aficionados de los cuatro equipos de la liga que lo disputan.
El torno es atractivo deportivamente con ese formato a cuatro. Dos buenas semifinales y una mejor final aún entre los equipos más en forma del momento, pero se han cargado el espíritu de la competición. Ya lo decía Quevedo: «Madre, yo al oro me humillo, él es mi amante y mi amado, pues de puro enamorado de continuo anda amarillo. Que pues doblón o sencillo hace todo cuanto quiero, poderoso caballero es don Dinero«.
Mejor en La Cartuja
¿Se imaginan este mismo evento en La Cartuja con miles de aficionados de cada equipo en la grada? No es que La Cartuja de Sevilla sea el escenario soñado por los athleticzales, pero antes que Arabia, cualquier estadio español sería bien recibido. La supercopa daría un salto de calidad y emoción, aunque perdería músculo económico que es lo único que interesa. Además es un torneo pensado para Real Madrid y Barça, el resto son meros comparseros y así se demuestra en la bolsa que reciben.
La Supercopa de España es un título oficial y como tal lo va a afrontar el Athletic porque además, todos los aficionados quieren que su equipo gane cada partido que juegue, hasta el torneo de la galleta, pero es evidente que este torneo apenas despierta interés a tantos kilómetros de Yeda. Los aficionados celebrarán un triunfo, pero no perderán el sueño en caso de derrota. No es la competición que nos da de comer por mucho que sea la más rentable en tan corto espacio de tiempo.