Bermeo y Ondarroa: los dos tesoros de la costa de Bizkaia

La revista Traveler corona a estas dos villas por su esencia marinera y una gastronomía que atrapa al visitante
Bermeo y Ondarroa: los dos tesoros de la costa de Bizkaia
Vista aérea del puerto de Bermeo / Europa Press

No es fácil hacerse un hueco en la lista de los pueblos más bonitos de España, pero Bizkaia ha conseguido meter a dos de sus pesos pesados en el último ranking de la revista Traveler. Los pueblos de Bermeo y Ondarroa no solo representan el paisaje típico del pueblo pesquero, sino que son el ejemplo perfecto de cómo una villa puede evolucionar sin perder ni un gramo de su identidad.

La historia viva de Bermeo y Ondarroa

Bermeo

Bermeo no necesita presentaciones, pero pocos saben que su historia oficial en los mapas de Bizkaia arranca allá por el año 1236. Desde entonces, la villa ha ido moldeando un perfil que es imposible confundir: una silueta volcada por completo al mar que narra siglos de tradición arrantzale.

Pasear por su Puerto Viejo es como entrar en una postal viva, con esas casitas de colores que parecen apretujarse para ganar las mejores vistas al muelle. Su arquitectura medieval todavía asoma en rincones estratégicos, recordándonos que Bermeo fue, durante mucho tiempo, la capital de Bizkaia. Sin embargo, el artículo de Traveler da en el clavo con lo que realmente vuelve loco al visitante: su gastronomía. La cocina de Bermeo funciona como un cebo irresistible; el aroma a pescado fresco y brasa inunda las calles para disfrutar de una de las mejores mesas de la costa vasca.

Ondarroa

Por otro lado está Ondarroa, donde la vida transcurre con esa calma propia de los pueblos que viven al ritmo de las mareas, entre casas que se asoman con descaro tanto al mar como al río Artibai.

Si vas, hay paradas que son auténticos testigos del tiempo: la imponente Iglesia de Santa María, la lonja de pescado o el puente medieval Zubizarra, que conecta la historia con el presente. Pero Ondarroa no es solo piedra y puerto; es alegría. El artículo destaca que no hay que perderse sus coloridas fiestas de Andra Mari, con sus gigantes y cabezudos llenando de vida unas calles que nunca pierden su esencia marinera.

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