El Surne Bilbao salió vivo… durante un rato. Lo que duró el partido en ese punto en el que todavía creía que podía competirle al UCAM Murcia. Después, el vendaval.
Porque esto fue un partido de dos velocidades. O mejor dicho: de dos mundos. El de un Bilbao Basket que dominó el inicio desde la pintura, con autoridad, con Hlinason imponiendo ley… y el de un UCAM que, cuando encontró el triple, directamente cambió el guion y reventó el partido.
El primer cuarto tuvo acento bilbaíno. Sólidos, serios, mandando incluso con +7 y con la sensación de que el plan tenía sentido. Poco brillo, pero mucha consistencia. Mientras, Murcia sobrevivía como podía, agarrado al triple como quien se agarra a una tabla en medio del mar.
Y le salió bien.
Porque en cuanto los de Sito Alonso subieron un punto la defensa —más manos, más contacto, más incomodidad— el partido empezó a girar. Y ahí apareció el primer gran problema para Bilbao: las pérdidas. Muchas. Demasiadas. Y cada una de ellas, gasolina para el rival.
El UCAM empezó a correr, a soltar el brazo… y a enchufar. Martin, Radebaugh, DeJulius… uno detrás de otro. El parcial fue seco, directo, sin anestesia. De estar por detrás a mandar con claridad.
Y aún así, el Bilbao Basket aguantó.
Porque este equipo tiene carácter. Porque Hlinason siguió dominando cerca del aro. Porque Hilliard apareció a ratos. Y porque, pese a todo, al descanso el partido seguía abierto (49-47). Era un aviso: esto todavía no estaba decidido.
Pero sí lo estaba.
El tercer cuarto fue el punto de quiebre. El empate a 57 fue el último momento de igualdad real. A partir de ahí, otra vez el martillo murciano desde el triple… y el partido se rompió definitivamente.
Y en medio, la jugada que terminó de desordenarlo todo.
La acción de Krampelj. Falta dura, reacción, técnica… y expulsión. Un cortocircuito en el peor momento posible. Con el equipo ya sufriendo, perder una pieza más —y además de esa manera— fue demasiado.
Ahí se acabó.
El último cuarto fue un ejercicio de resistencia sin premio. Murcia ya estaba lanzado, con confianza, con acierto (16 triples, más del 50%) y con la sensación de equipo que sabe perfectamente a lo que juega. Los hombres de negro, en cambio, se fueron diluyendo. Sin tiro exterior, sin fluidez y sin respuestas.
Demasiado Murcia. Demasiado castigo.
Y una lección clara: hay partidos que no se juegan solo con baloncesto. También con dureza, con cabeza fría y con saber moverse en el barro. Ahí, esta vez, el Bilbao Basket no estuvo. Y el UCAM sí. Por eso está donde está. Siguiente objetivo: recuperar cuanto antes de Frey.
Ficha técnica:
100 – UCAM Murcia (22+27+21+30): De Julius (18), Saint-Ross (14) Radebaugh (16), Martin (18), Cate (2) -quinteto inicial- Cacock (10), Forrest (9), Martínez (-), Falk (2), Ennis (5) y Nakic (6).
81 – Surne Bilbao (25+22+16+18): Pantzar (11), Jaworski (4), Hilliard (18), Petrasek (-), Hlinason (16) -quinteto inicial- Normantas (11), Krampelj (5), Bagayoko (8), Sylla (-), Font (2) y Lazarevic (6).
Árbitros: Óscar Perea, Jorge Martínez y Ariadna Chueca. Descalificaron a Krampelj (m.29) y eliminaron por cinco faltas a Cacock (m.37).
Incidencias: Partido de la 24ª jornada de la Liga Endesa disputado en el Palacio de Deportes de Murcia con 7.146 espectadores en las gradas. Se guardó un minuto de silencio en memoria de José Illas, uno de los abonados más antiguos del Murcia CB, recientemente fallecido.