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Ortuella reconoce a la corporación municipal de 1931 en un pleno extraordinario

En un pleno extraordinario celebrado con motivo del 95 aniversario de la proclamación de la II República
Ortuella reconoce a la corporación municipal de 1931 en un pleno extraordinario

El Ayuntamiento de Ortuella ha rendido homenaje a la primera corporación municipal constituida en 1931, en un pleno extraordinario celebrado con motivo del 95 aniversario de la proclamación de la II República. El acto ha servido para reafirmar el compromiso institucional con la memoria histórica y para reparar simbólicamente a quienes formaron parte de aquel Consistorio en uno de los periodos más convulsos del siglo XX.

Un reconocimiento institucional a la memoria democrática

Durante la sesión, el pleno ha aprobado un manifiesto institucional en el que el Ayuntamiento ha expresado su voluntad de reparar, restablecer y reconocer a los cargos públicos que integraron la corporación ortuellana de 1931. Con este gesto, el municipio ha querido poner en valor la labor desempeñada por aquellos representantes públicos, que trabajaron por mejorar las condiciones de vida de la localidad en un momento marcado por la crisis social y política.

Tras la aprobación del texto, la corporación municipal ha entregado un recuerdo a los descendientes de aquellos concejales. De los 17 corporativos reconocidos, familiares de 15 de ellos han acudido al acto desde distintos puntos de Euskadi y del Estado. Solo han faltado los descendientes de dos de los ediles que terminaron en el exilio y con cuyos familiares no se ha podido contactar.

La primera corporación alejada del control de las empresas mineras

El manifiesto recuerda que aquella corporación surgió tras las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, en las que las candidaturas favorables a la República obtuvieron un respaldo mayoritario en Ortuella. El nuevo Ayuntamiento quedó integrado por seis concejales del Partido Socialista, cinco del Partido Republicano Radical Socialista y tres del Partido Comunista. Más adelante, ya iniciada la Guerra Civil, se incorporaron otros tres representantes del Partido Nacionalista Vasco.

El Consistorio ha destacado que fue la primera vez en la historia de Ortuella en que el Ayuntamiento no estuvo controlado por las empresas mineras ni por las élites locales vinculadas a ellas. Aquellos corporativos, según recoge el manifiesto, eran personas trabajadoras y de origen humilde, profundamente ligadas a la realidad social del municipio y a las necesidades de sus vecinos.

Educación, sanidad y lucha contra el hambre

Encabezados primero por Vicente Vicandi y después por Enrique Atozqui como alcaldes, los miembros de aquella corporación trabajaron para mejorar áreas esenciales como la educación, la sanidad y el acceso al agua potable. El texto aprobado subraya especialmente su sensibilidad hacia la escolarización de todos los niños y niñas del municipio, incluso de quienes vivían en barrios más alejados.

Sin embargo, una de sus mayores preocupaciones fue combatir el hambre en una localidad golpeada por la crisis económica y el desempleo. El Ayuntamiento recuerda que aquella corporación impulsó los comedores escolares para garantizar al menos una comida diaria a muchos menores. Con el estallido de la Guerra Civil, la situación se agravó todavía más, y el esfuerzo municipal se centró también en conseguir alimentos básicos para la población.

Represión, cárcel, exilio y olvido

El reconocimiento aprobado por el Ayuntamiento pone el foco también en las consecuencias que sufrieron aquellos concejales tras el triunfo franquista. El alzamiento militar, la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista truncaron sus proyectos políticos y personales. Algunos fueron enviados al frente, otros continuaron al frente de la administración local y todos acabaron pagando un alto precio por defender la legalidad republicana.

El manifiesto recuerda casos como el de Lucio Gómez, que murió en circunstancias no aclaradas en la cárcel de Larrinaga; el de Cándido López y Santiago Fernández, que marcharon al exilio y fallecieron en Chile y la URSS; o el de Enrique Atozqui, condenado a muerte antes de que la pena le fuera conmutada por años de prisión. El resto de integrantes de la corporación también fue castigado con cárcel o trabajos forzados en batallones.

Con este homenaje, Ortuella ha querido saldar una deuda histórica con quienes, según el propio manifiesto, defendieron la democracia, la convivencia y la libertad y después fueron condenados al silencio y al olvido.

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