Tal y como iba la temporada tenía que llegar y llegó. La grada de San Mamés estalló ante otro ejercicio de impotencia futbolística de los leones. El grosero error de Lekue en el 0-2 acabó por desatar el enfado de una afición que se había cocinado a fuego lento durante todo el curso.
La pitada al equipo al descanso frente al Villarreal fue un cúmulo de lo visto en los primeros 45 minutos, más el infame partido ante el Getafe y otros cuantos más de índole similar. La hinchada zurigorri parecía resignada a un final de temporada sin pena ni gloria, pero al final explotó.
Reacción ante los pitos
Nadie puede negar que la afición está en su derecho de silbar al equipo con lo que están ofreciendo e incluso muchos pensábamos que ese descontento se podía haber manifestado antes, pero eso no es óbice para que los directamente aludidos lo encajen bien.
Sorprendió Valverde en sala de prensa al afirmar que «cada público siempre piensa que es diferente, pero en el fondo todo es igual, hay que ganar». Puede que se haya perdido algo del ‘gure estiloa’ y que su reflexión encierre una parte de verdad, pero no es menos cierto que si esta afición fuera como la del Valencia, Sevilla o Real Madrid, por citar algunos ejemplos, posiblemente ‘Txingurri’ no hubiera acabado la temporada. Creo que no estuvo afortunado.
No sentaron bien los pitos al entrenador ni a los jugadores, que entendían el malestar del personal, pero a los que se notaba picajosos por el toque de atención de los dueños del club. Demostraron tener la piel muy fina. Si no quieren más pitos, ya se saben cual es el camino.