Melwin Pantzar ya es historia del Surne Bilbao. El base sueco se ha despedido del club tras tres temporadas como hombre de negro, en las que ha pasado de ser una apuesta llegada desde la LEB Oro a convertirse en uno de los mejores bases de la Liga Endesa. Su próximo destino será el Unicaja de Málaga, donde dará un nuevo paso competitivo después de haber crecido en Miribilla como jugador y como persona.
El Bilbao Basket le ha despedido con el reconocimiento reservado a quienes dejan huella. En la sala de prensa del Bilbao Arena, el club ha colocado un cartel con tres imágenes de Pantzar, una por cada etapa de su evolución en Bilbao. En la parte inferior podía leerse un mensaje sencillo y directo: “Eskerrik asko, tack”, gracias en euskera y en sueco.
De apuesta a referente
Pantzar llegó a Bilbao en 2023 procedente del Valladolid. Entonces era un jugador con margen de crecimiento, una apuesta de Rafa Pueyo y del cuerpo técnico. Tres años después, se marcha como un base consolidado, diferencial y preparado para asumir un reto mayor en Málaga.
El propio jugador ha recordado ese camino con gratitud. Ha agradecido al club la oportunidad de ficharle cuando no muchos equipos de la ACB habían apostado por él. También ha tenido palabras especiales para Rafa Pueyo, Jaume Ponsarnau, Javi Salgado y todo el cuerpo técnico, a quienes ha señalado como figuras clave en su adaptación y evolución.
“No voy a tener nunca un técnico como Jaume”, ha reconocido Pantzar en una despedida marcada por la emoción, la humildad y el cariño hacia todos los trabajadores del club.
Tres años de crecimiento en Miribilla
El base sueco se marcha después de disputar 153 partidos con el Surne Bilbao Basket: 102 en la ACB y 51 en competición europea. Su etapa ha coincidido con algunos de los momentos más importantes de la historia reciente del club, incluidos los dos títulos de la FIBA Europe Cup y el regreso a los Playoffs de la Liga Endesa.
En su última temporada, Pantzar ha firmado números de jugador total: 11 puntos, 4,3 rebotes, 4,3 asistencias y un 42,9% en triples. Además, ha sido el jugador más valorado del equipo, el máximo asistente, el máximo recuperador, el que más minutos ha jugado y el que más faltas ha recibido.
Más allá de las estadísticas, Pantzar se ha ganado a Miribilla por su carácter. Ha sido un jugador competitivo, constante, humilde y comprometido. Un perfil que encaja de lleno con la cultura del Bilbao Basket.
“Esta es mi casa”
La despedida ha tenido también un fuerte componente emocional. Pantzar ha reconocido que Bilbao será siempre un lugar especial para él. Aquí ha crecido como jugador, ha madurado y también ha vivido uno de los momentos más importantes de su vida personal: el nacimiento de su hijo.
Su recuerdo deportivo más especial como hombre de negro ha sido la final europea ante el PAOK en Salónica, cuando el Bilbao Basket conquistó su primer título continental. Una noche histórica que el base sueco llevará siempre consigo.
Preguntado por una posible vuelta en el futuro, Pantzar no ha cerrado ninguna puerta. “Esta es mi casa”, ha afirmado. Una frase que resume la relación que ha construido con el club, con la ciudad y con una afición que le ha acompañado en los buenos y en los malos momentos.
Un salto competitivo hacia Málaga
Pantzar pone ahora rumbo al Unicaja, uno de los proyectos más potentes del baloncesto español. Lo hace después de subir su nivel competitivo en Bilbao y demostrar que está preparado para competir en un escalón superior.
Su marcha deja un vacío importante en el Surne Bilbao Basket, pero también una historia de éxito. La de un jugador que llegó con margen de mejora, trabajó en silencio, creció cada temporada y se va convertido en referente.
El Bilbao Basket pierde a uno de sus grandes nombres recientes. Pantzar gana un nuevo reto. Y Miribilla conserva el recuerdo de un jugador ejemplar, de esos que no solo pasan por un club, sino que dejan huella.