La afición rojiblanca ha llegado al primer parón liguero con cierta inquietud por los últimos resultados cosechados en este arranque del nuevo proyecto que encabeza Edin Terzic. Ocho puntos en seis jornadas disputadas, a falta de recuperar el del Levante, no son números preocupantes, aunque hay que matizarlos.
El Athletic ha desaprovechado la ventaja de jugar en San Mamés cuatro de los seis partidos disputados. Se ganó el más difícil, ante el Atlético de Madrid, se perdió contra el Sevilla en lo que se puede considerar un accidente por las circunstancias del encuentro, pero los empates ante Elche y Deportivo Alavés han hecho daño.
Cinco puntos de doce ante estos equipos es un pobre bagaje para una escuadra a la que se le pide competición europea. Está claro que es pronto para sacar grandes conclusiones, pero el nuevo entrenador zurigorri tiene deberes para este largo parón.
Problemas por resolver
Los leones no han sabido desarbolar a equipos que se plantan en bloque bajo y juntan las líneas. No es un problema exclusivo de Terzic porque viene sucediendo hace varios años, pero es el técnico alemán el que tiene ahora la obligación de encontrar soluciones.
No podemos esconder que si Sancet hubiera acertado la pena máxima podríamos estar hablando de otra cosa, pero la intervención de Sivera pone de manifiesto un problema sin remedio por el momento. La ausencia de Gorka Guruzeta, tu delantero más asociativo y que mejor puede desenvolverse en el área, dejó la responsabilidad a Iñaki Williams que ante equipos encerrados sufre más por su perfil de juego.
El míster germano quiso poner en valor que había encerrado en su campo a Elche y Deportivo Alavés. No se si es para colgarse una medalla algo que sucede históricamente todas las temporadas ante estos equipos en La Catedral. Eso sí, reconoció estar «decepcionado y enfadado», cosa que le honra. Lo mejor es que tiene claro que la solución pasa por trabajar duro en Lezama.