El mantenimiento de un césped perfecto suele parecer una tarea sencilla, «basta regar y cortar», pero la realidad detrás de un jardín saludable es mucho más compleja. En la última entrega de Campo Abierto, el espacio dedicado a la agricultura y el entorno natural en EgunOn Bizkaia, Ion Colino ha compartido los fundamentos para lograr un césped que no solo sea estético, sino también sostenible y respetuoso con el medio ambiente.
Para muchos propietarios, el jardín ideal es aquel que Colino denomina «el gran santuario»: una superficie inmaculada donde no se admite ni una sola hierba diferente. Sin embargo, el experto aboga por un cambio de mentalidad hacia un modelo de césped tipo pradera, similar al que encontramos en el monte. «Muchas veces somos obsesivos con tener un césped tan chulo, pero el objetivo debe ser un césped utilitario, resistente a la sequía, a la humedad y al pisoteo», afirma Colino. Este enfoque permite una superficie más funcional y libre de la esclavitud que supone eliminar cada pequeña imperfección.
La fórmula técnica: Menos química, mejor mezcla
Desde Areitz Soroa apuestan por minimizar los herbicidas y fertilizantes sintéticos, ya que afectan directamente a la biodiversidad urbana y a la salud de las familias. En su lugar, Colino recomienda prestar atención a las etiquetas de las semillas para obtener una mezcla equilibrada y resistente. Una composición ideal debería rondar:
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75% de Festuca: por su gran resistencia
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15% de Ray-grass.
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10% de Poa de los prados.
Para la nutrición, el experto sugiere alternativas naturales: «El extracto fermentado de ortiga en proporción de 1 a 10 funciona perfectamente; hace a la gramínea más fuerte y la mantiene libre de enfermedades».
El secreto del corte y el riego
La disciplina en la rutina es vital. Una de las reglas de oro compartidas es la altura: «El césped nunca debe estar a menos de 6 centímetros». La razón es puramente competitiva: si el césped está demasiado corto, los musgos aprovechan el espacio y terminan por devastar la superficie. En cuanto al agua, el consumo es más alto de lo que solemos pensar. Colino advierte que, en días de calor, «un metro cuadrado de césped puede evaporar hasta 20 litros de agua», una cantidad que debe reponerse mediante una rutina de riego bien planificada para evitar tanto el déficit como el exceso de humedad.
Hacia ciudades más verdes: Las praderas urbanas
El artículo también destaca una tendencia creciente en ayuntamientos como el de Muskiz o Vitoria-Gasteiz: la transformación de jardines públicos en praderas de hierba alta. Aunque algunos ciudadanos puedan interpretarlo como dejadez, se trata de una estrategia consciente para atraer fauna auxiliar y mejorar el ecosistema urbano. «No es una señal de descuido o falta de presupuesto; es crear espacios con caminos sinuosos que atraen insectos y generan equilibrio», aclara Colino, desmintiendo que estas zonas atraigan plagas de ratas. Al contrario, fomentan un entorno más limpio y natural en el corazón de nuestras ciudades.
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