La alergóloga pediatra Cristina Ortega Casanueva, miembro de SEICAP, ha explicado en Radio Popular-Herri Irratia la importancia de contar con una normativa común en los centros educativos para prevenir y actuar ante casos de anafilaxia, una reacción alérgica grave que puede poner en riesgo la vida de un menor.
Una reacción grave que exige actuar rápido
Ortega ha recordado que la anafilaxia es una reacción “aguda, sistémica y potencialmente mortal”. En el caso de un niño con alergia alimentaria, el contacto accidental con el alimento puede provocar una reacción severa. Por eso, ha subrayado que el tratamiento indicado es la adrenalina y que el autoinyector funciona como un auténtico “salvavidas” para estos menores.
La doctora ha explicado que la petición planteada por la Asociación Española de Personas con Alergia a Alimentos y Látex busca que todos los colegios dispongan de autoinyectores y que exista una respuesta común ante estas situaciones. La iniciativa se ha presentado en el Congreso de los Diputados bajo el manifiesto “Cada minuto cuenta”.
Autoinyectores y formación para todo el personal
La especialista ha señalado que el objetivo no es convertir al profesorado en personal sanitario, sino ofrecer una formación básica para reconocer una reacción grave y saber cómo actuar. “No es difícil manejar el autoinyector, pero tampoco es intuitivo”, ha indicado durante la entrevista.
Ortega ha explicado que actualmente existen protocolos individualizados para los niños ya diagnosticados, elaborados por los pediatras alergólogos. Sin embargo, el problema aparece cuando un menor debuta con una reacción alérgica grave en el colegio y nadie sabe previamente que tiene esa alergia.
En esos casos, el protocolo habitual es avisar al 112, pero la doctora ha insistido en la necesidad de avanzar hacia una normativa que proteja tanto al alumnado como al personal del centro. “Pedimos que la seguridad del niño no dependa del centro educativo en el que está escolarizado”, ha defendido.
El peso de la responsabilidad no puede recaer solo en los niños
La alergóloga ha explicado que muchos niños diagnosticados llevan su medicación al colegio o a las excursiones y aprenden pronto a reconocer señales de alarma. Aun así, ha destacado que no todos tienen la misma edad ni la misma madurez para actuar de forma autónoma.
Según ha señalado, muchos menores alérgicos son “muy responsables” y piden ayuda cuando notan picor en la boca, malestar o síntomas compatibles con una reacción. Sin embargo, ha considerado que la independencia total suele llegar más adelante, especialmente en torno a los 12 o 14 años, dependiendo de cada caso.
Por eso, ha insistido en que el entorno adulto debe estar preparado. El colegio, el profesorado y el personal que participa en la vida diaria del centro tienen que contar con herramientas claras para responder ante una emergencia.
Señales de alarma ante una alergia desconocida
Cristina Ortega ha detallado que una reacción alérgica puede comenzar con picor en la boca, inflamación de los labios, urticaria generalizada o inflamación de mucosas. También puede presentar síntomas respiratorios, como tos o dificultad para respirar, además de vómitos, dolor abdominal, mareo, hipotensión o alteración de la conciencia.
La doctora ha matizado que no hay alimentos “más peligrosos” que otros para todos los niños por igual. Ha explicado que, para un menor alérgico, el alimento que le provoca reacción puede ser igual de peligroso, ya sea cacahuete, huevo u otro producto. También ha recordado que una cantidad pequeña no garantiza una reacción leve.
Prudencia con los autoinyectores de otros alumnos
La especialista ha sido clara al abordar una duda frecuente: si se puede utilizar el autoinyector de otro alumno ante una emergencia. Ha explicado que solo debería hacerse si se reconoce claramente una anafilaxia y si la dosis corresponde al peso del niño.
Ortega ha advertido de que hay distintos tipos de autoinyectores según el peso, por lo que administrar uno que no corresponde puede generar dudas y riesgos. Por eso, ha defendido que los centros cuenten con autoinyectores propios de diferentes dosis y con personal formado para utilizarlos correctamente.
Una petición con buena acogida en el Congreso
La alergóloga ha explicado que la petición ha tenido una buena acogida en el Congreso de los Diputados. Según ha indicado, los representantes se han mostrado receptivos y han trasladado su voluntad de trabajar en esta materia.
También ha señalado que se puede tomar como referencia el trabajo realizado en comunidades como Baleares, que se encuentra más avanzada en este ámbito. Ortega ha destacado además que otros países, como el Reino Unido, ya han dado pasos similares.
Un problema de salud pública en las aulas
La doctora ha insistido en que la alergia alimentaria grave es una realidad cada vez más presente y que todavía existen lagunas en la respuesta educativa. “No podemos quedarnos atrás con algo que es tan frecuente y que es un problema de salud pública muy relevante”, ha afirmado.
La petición busca una garantía común para todos los menores, con independencia del colegio o de la comunidad autónoma en la que estudien. El manifiesto reclama prevención, formación y capacidad de actuación inmediata ante una situación en la que, como recuerda su propio lema, cada minuto cuenta.
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