Cuando se habla de psicopatía, la imagen suele asociarse a asesinos en serie o criminales violentos. Sin embargo, Vicente Garrido ha puesto el foco en otro perfil: el de los psicópatas integrados, personas que conviven en familias, empresas, instituciones o relaciones de pareja y que pueden ejercer un fuerte control sobre quienes tienen cerca. En su libro Personas diana, el catedrático de Educación y Criminología ha analizado cien casos de relaciones personales para estudiar cómo se produce esa captación y, sobre todo, cómo algunas víctimas han logrado reconstruir su vida.
“Cualquiera puede ser víctima de un psicópata”
Una de las principales conclusiones de Garrido es que no existe un único perfil de víctima. La investigación que ha realizado con cien casos muestra que personas con estudios, buena autoestima o formación también pueden caer en estas relaciones si se encuentran con alguien capaz de “tocar las teclas adecuadas” para seducirlas.
Eso no significa que no existan factores de vulnerabilidad. Haber crecido con carencias afectivas, tener una personalidad poco segura, mostrar ingenuidad en las relaciones o confiar demasiado en las apariencias puede facilitar la manipulación.
Pero Garrido ha insistido en que “nadie puede darse por excluido de esto”.
La primera fase: la seducción
El psicópata comienza, según el esquema desarrollado por Garrido, por una fase de seducción. En ella trata de conquistar a la persona elegida y generar la sensación de que existe una relación especial.
Si esa persona observa determinadas señales y actúa a tiempo, puede romper el vínculo antes de que avance. Garrido diferencia así a quienes han sido seleccionados como objetivo pero consiguen escapar antes de entrar en una relación de explotación.
De la seducción a la explotación
Cuando la relación se consolida, especialmente si existe convivencia, hijos, amistad estrecha o vínculos profesionales, puede comenzar la segunda etapa: la explotación.
En ese momento aparece el control, el dominio y una utilización de la víctima en función de lo que pueda proporcionar: sexo, comodidad, posición social, seguridad, compañía o estatus.
“El placer del control y del dominio es el fin último del psicópata”, ha explicado Garrido.
El momento de descubrir quién tienes delante
La siguiente etapa es la que Garrido denomina “revelación y horror”. La víctima comprende que está ante una persona que le está haciendo daño y que la relación no responde a las reglas habituales de confianza o afecto.
A partir de ahí comienza un proceso de lucha y liberación que puede desembocar, según el autor, en una última fase de integración y trascendencia, en la que la persona reconstruye su vida después de haber salido de la relación.
El daño puede ser psicológico y físico
Las consecuencias no son iguales en todos los casos. Garrido ha insistido en que el impacto depende tanto del tipo de psicópata como de la fortaleza de la persona, del tiempo durante el que se ha prolongado la relación y del momento en el que consigue identificar lo que está ocurriendo.
En algunos casos, el deterioro puede ser profundamente psicológico y también físico. Aun así, el autor ha destacado que muchas de las mujeres entrevistadas han conseguido finalmente liberarse y reconstruirse después de años de sufrimiento.
¿Puede cambiar un psicópata?
Garrido ha sido especialmente rotundo al responder a una de las preguntas habituales: si un psicópata puede llegar a cambiar y querer sinceramente a su víctima.
Su respuesta ha sido “absolutamente no” cuando se plantea como una transformación profunda del vínculo afectivo. Sí puede reducirse su capacidad de influencia cuando pierde poder o cuando la víctima cuenta con una red de apoyo fuerte, pero el criminólogo considera esencial detectar cuanto antes la relación.
Una vez superada la fase de seducción y entrada la dinámica de explotación, “lo que nos espera es mucho dolor y sufrimiento”.
“Vivimos en la era de la psicopatía”
Otro de los ejes del libro es la idea de que la sociedad actual resulta más favorable a comportamientos asociados a la psicopatía.
Garrido aclara que no está diciendo necesariamente que haya más psicópatas, sino que determinados valores culturales actuales premian actitudes que antes se rechazaban abiertamente, como la manipulación, el desprecio, la mentira, el egocentrismo o la búsqueda del poder por encima de todo.
“Antes se escondían y ahora se pavonean de cómo son”, ha resumido.
Poder, éxito y pérdida de valores
Garrido ha cuestionado una cultura en la que el éxito económico y la capacidad de imponerse a los demás pueden convertirse en modelos sociales.
Durante la conversación ha señalado también la influencia de las nuevas tecnologías, las redes sociales y determinados referentes públicos en una sociedad que, a su juicio, está debilitando valores como la sinceridad, la responsabilidad, la solidaridad, la justicia o la igualdad.
El criminólogo considera además necesario reforzar la educación y el pensamiento crítico para reconocer discursos manipuladores y evitar una ciudadanía excesivamente vulnerable frente a quienes ejercen el poder mediante el engaño, la coacción o la dominación.
El mensaje final: se puede salir
Pese a la dureza del diagnóstico, Garrido ha querido dejar un mensaje de esperanza. “Se puede derrotar a los psicópatas”, ha asegurado.
El autor ha insistido en que el verdadero protagonismo de Personas diana pertenece a quienes han contado su experiencia. Algunas consiguieron detectar el peligro antes de convertirse en víctimas y otras han recorrido todo el proceso hasta abandonar la relación y reconstruir una vida con sentido.
“El mérito es de ellas”, ha concluido Garrido.
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