Las mamografías realizadas para el cribado del cáncer de mama pueden ofrecer información que va mucho más allá de la detección precoz de un tumor. Osakidetza ha desarrollado un proyecto que busca aprovechar estas pruebas habituales para identificar también señales asociadas a un mayor riesgo cardiovascular en las mujeres. El radiólogo Jesús Guzmán Revuelta, de la OSI Barakaldo-Sestao, ha explicado cómo funciona esta iniciativa y qué papel tiene la inteligencia artificial.
La conversación se ha emitido en el programa EgunON Magazine.
La misma mamografía de siempre
No es necesario realizar una prueba diferente. Guzmán Revuelta ha explicado que se utiliza la mamografía rutinaria que ya se realiza en el cribado de cáncer de mama. Los radiólogos pueden encontrar en esas imágenes otros signos de interés que hasta ahora no forman parte de un circuito asistencial sistemático.
«La mamografía rutinaria de toda la vida, sencilla, la misma de siempre», ha señalado el especialista. La novedad reside en utilizar esa infraestructura ya existente y aplicar herramientas que permitan llevar esta detección a un número mucho mayor de mujeres.
Calcificaciones que pueden funcionar como una señal de alerta
¿Y qué encuentran los especialistas en una mamografía para hablar de riesgo cardiovascular? El radiólogo ha explicado que pueden aparecer calcificaciones en las arterias mamarias, depósitos visibles en la imagen que se relacionan con un incremento del riesgo cardiovascular.
Dependiendo de su severidad y extensión, su presencia puede llegar a asociarse, según ha explicado Guzmán Revuelta, con un riesgo hasta tres veces superior de sufrir un evento cardiovascular mayor en diez años.
El especialista ha pedido, sin embargo, evitar interpretaciones alarmistas. Estas calcificaciones aparecen en un porcentaje reducido de las mujeres examinadas. Ha situado esa cifra alrededor del 6% y ha estimado que podrían detectarse hasta unas 8.000 mujeres al año en Euskadi, de las que alrededor de 3.000 podrían presentar un riesgo mayor.
Una alerta, no un diagnóstico
Guzmán Revuelta ha insistido en que una imagen de este tipo no supone por sí sola un diagnóstico cardiovascular. La mamografía funciona como una posible señal de alerta que debe pasar después por la valoración clínica de los profesionales sanitarios.
«Esto es una foto, hace falta el filtro del médico, el filtro clínico, siempre, como siempre en medicina», ha explicado. El objetivo es poder identificar antes a determinadas pacientes y valorar sus factores de riesgo antes de que aparezca un problema cardiovascular.
Aprovechar un cribado que ya existe
El planteamiento permite utilizar una infraestructura sanitaria que ya llega periódicamente a miles de mujeres. «No estamos haciendo una campaña nueva, estamos aprovechando lo que ya tenemos», ha resumido el radiólogo.
De esta manera, una prueba diseñada inicialmente para detectar precozmente el cáncer de mama puede convertirse también en una oportunidad para identificar mujeres asintomáticas con riesgo cardiovascular.
El especialista también ha señalado que existen factores tradicionales que los médicos ya tienen en cuenta, como el colesterol, la hipertensión, la diabetes o el tabaquismo, pero algunas mujeres pueden no presentar estos indicadores clásicos y mantener otros factores de riesgo que pasan inadvertidos.
La inteligencia artificial permite analizar miles de pruebas
La inteligencia artificial desempeña un papel central en el proyecto. Guzmán Revuelta ha explicado que un radiólogo puede detectar individualmente estas señales y avisar al médico de una paciente, pero ese procedimiento resulta difícil de extender a todas las mamografías que se realizan.
«Lo que queremos es que efectivamente llegue a cuantas más mujeres mejor», ha afirmado. La inteligencia artificial permite realizar un primer filtrado de las imágenes y localizar aquellas mamografías en las que aparecen signos que merecen una revisión más detallada.
La decisión continúa en manos de los profesionales
El especialista ha recalcado que la inteligencia artificial no diagnostica. Su función consiste en generar una alerta que después revisa el radiólogo y que puede conducir a una valoración posterior por parte del médico.
«La IA no diagnostica nada, es el radiólogo el que al final va a estar ahí», ha explicado. El circuito plantea que la mujer continúe realizándose su mamografía habitual y que, si aparece una señal relacionada con el riesgo cardiovascular, pueda ser derivada para estudiar su situación y decidir si son necesarias nuevas pruebas o medidas preventivas.
Guzmán Revuelta ha señalado que el proyecto continúa validándose con mujeres de Euskadi y ha defendido la importancia de dar a conocer esta posibilidad entre la población. El objetivo de los investigadores es que este tipo de análisis pueda integrarse en el futuro en un circuito que permita trasladar las alertas detectadas a los profesionales encargados de valorar el riesgo cardiovascular de cada paciente.
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