El VI Barómetro del Consumidor Senior presentado por Fundación MAPFRE sitúa a las personas mayores de 55 años como un colectivo mayoritariamente optimista, sociable y preocupado por su salud, con hábitos de ahorro y una fuerte aportación a la economía familiar y comunitaria, según ha explicado el codirector del informe, Iñaki Ortega. Ortega, profesor y consejero asesor del Centro de Investigación Ageingnomics ha defendido que el envejecimiento suele tratarse como una amenaza —con expresiones alarmistas sobre el “tsunami” demográfico—, pero el estudio apunta en sentido contrario: la mayoría de las personas mayores se declaran satisfechas y eso se traslada a su bienestar, a sus relaciones sociales y también a su forma de consumir. En el caso de territorios con alto índice de envejecimiento, como Euskadi, ha insistido en que cumplir años con salud debería leerse como una buena noticia, no como una carga.
Tranquilidad económica, ahorro y apoyo a la familia
El experto ha contado en Egunon Magazine que el informe refleja que, en términos generales, una parte mayoritaria del colectivo percibe estabilidad en su presente y en su futuro económico, lo que se traduce en capacidad de llegar a fin de mes y reservar recursos para imprevistos. Además, Ortega ha subrayado que ese ahorro frecuentemente se convierte en ayuda directa a familiares, reforzando una dinámica de solidaridad intergeneracional que devuelve a la sociedad parte del esfuerzo destinado a pensiones a través del consumo y el sostén familiar.
El trabajo invisible que sostiene la vida diaria
Más allá de los ingresos, el barómetro pone el foco en el trabajo no remunerado que realizan muchas personas mayores: cuidados de nietos y nietas, apoyo en tareas domésticas o atención a familiares dependientes. Ortega ha explicado que este aporte no suele aparecer en las estadísticas laborales, pero resulta determinante para que muchas familias puedan conciliar y mantener su rutina, especialmente en ciudades y municipios donde la red de cuidados familiares sigue siendo un pilar cotidiano.
Salud, prevención y un ocio en crecimiento
Entre los hábitos de autocuidado, el estudio destaca la importancia que dan a la alimentación y, en segundo lugar, al ejercicio, además de una actitud preventiva con chequeos y revisiones para evitar complicaciones. Ortega también ha señalado un incremento del gasto en ocio, cultura y entretenimiento, que interpreta como una señal de vida social más activa y de un colectivo que viaja, participa y se relaciona más de lo que sugieren ciertos prejuicios instalados desde hace décadas.
Tecnología, coche y edadismo: retos pendientes
El barómetro apunta a una presencia digital amplia: la mayoría utiliza internet para gestiones bancarias, compras y acceso a información, y Ortega ha defendido que la brecha tecnológica no puede explicarse solo por la edad, sino también por la complejidad de trámites y aplicaciones. En movilidad, ha remarcado que el debate sobre conducir no debería centrarse en la edad como criterio automático, sino en la capacidad y en controles adecuados. Y sobre el edadismo, el informe detecta que persisten sesgos en el empleo y en el trato social, alimentados por estereotipos que no reflejan la diversidad real de un colectivo de millones de personas.
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