Entrevista a experto en volcanes del CSIC

Un experto en volcanes nos explica cómo funciona el sistema español que predice erupciones dos días antes

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El IGME-CSIC logra prever el inicio y final de erupciones volcánicas: «Estuvimos los 85 días a pie de volcán»

Volcán de la Palma en 2021 / Wikipedia

Desde la erupción del Cumbre Vieja en La Palma en 2021, una de las grandes preguntas ha sido si es posible prever una erupción volcánica. Raúl Pérez, investigador del IGME-CSIC, explica que, aunque no pueden dar una fecha exacta, sí es posible anticiparse al fenómeno observando determinados patrones en los terremotos que preceden a la erupción.

El sistema desarrollado se basa en analizar la «memoria» de los terremotos, una propiedad matemática conocida como memoria a largo plazo y antipersistencia, que permite detectar si se ha alcanzado un «punto de no retorno», tras el cual la erupción se vuelve inevitable.

Inspiración en la lluvia y vigilancia a pie de volcán

El equipo aplicó algoritmos utilizados originalmente para predecir lluvias extremas a los datos sísmicos volcánicos. Durante los 85 días de erupción en La Palma, permanecieron sobre el terreno recogiendo datos y observando en tiempo real cómo se comportaban los sismos. Así comprobaron que la curva obtenida coincidía con los momentos clave: inicio, auge y apagado del volcán.

«Es un trabajo muy complejo», recalca Pérez, que subraya la colaboración de matemáticos, físicos, geólogos e ingenieros para lograr este avance.

Dónde y cuándo: las limitaciones de la ciencia volcánica

Aunque se puede anticipar si una erupción es inminente, determinar el punto exacto de salida de la lava sigue siendo muy complicado, especialmente en los llamados volcanes monogenéticos como el de La Palma, que nacen, crecen y mueren en un solo evento.

Los mapas de riesgo, como los utilizados en Islandia, ayudan a gestionar evacuaciones. Se basan en la distribución de los terremotos y la deformación del terreno, detectada por redes GPS. Pero incluso con estos sistemas, ha habido erupciones que han surgido fuera de las zonas de máximo riesgo preestablecidas.

Erupciones imparables, memoria frágil

Raúl Pérez es tajante al afirmar que «no se pueden frenar las erupciones volcánicas», dada la energía que implican. Aun así, insiste en que la planificación urbana debería tener en cuenta el riesgo, aunque admite que es difícil convencer a poblaciones que llevan generaciones viviendo sobre cráteres dormidos.

La erupción del Teneguía en 1971, que muchos recuerdan como un espectáculo sin consecuencias, ha contribuido a esa percepción de lejanía del peligro. Pero la memoria social es corta, y no todas las erupciones son iguales.

Reconocimiento internacional y utilidad global

La metodología ha sido seleccionada por la Oficina para la Reducción de Desastres de la ONU como modelo de buenas prácticas. Además, el equipo de Pérez forma parte de redes de respuesta europea e internacional para emergencias volcánicas, como el plan PEVOLCA en Canarias o las misiones en Tonga y Guatemala.

«Todo el mundo debe tener acceso a esta información», defiende el investigador, que destaca la importancia de que este tipo de avances se publiquen en abierto y sean sometidos al escrutinio de la comunidad científica y de la sociedad en general.


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