El acoso escolar sigue siendo uno de los mayores desafíos en las aulas y en las pantallas. En una entrevista concedida al programa EgunOn Bizkaia, Maialen Garmendia (EHU), profesora de Sociología e investigadora principal del grupo EU Kids Online, ha analizado los datos y las dinámicas del bullying en la actualidad. A través de dos décadas de seguimiento, el grupo de investigación evidencia que el acoso escolar se ha incrementado sustancialmente. Aunque la preocupación social suele centrarse en el entorno digital, Garmendia aclara que la prevalencia del acoso cara a cara sigue siendo superior a la del ciberacoso. No obstante, subraya que el acoso digital es claramente una extensión del acoso presencial, el cual no cesa tras la jornada lectiva y cuenta con un poder de comunicación y permanencia que lo hace especialmente dañino.
Además, los estudios señalan directamente al origen de las agresiones: los principales acosadores son los propios amigos y compañeros de colegio, lo que evidencia un problema central de convivencia escolar. Por otro lado, la investigadora alerta de un fenómeno común en el que existe una alta asociación entre ser víctima y convertirse en agresor como respuesta de venganza.
Brecha de género y la figura del coordinador de bienestar
Las estadísticas reflejan una notable disparidad en la victimización: las chicas sufren más acoso escolar que los chicos, motivado en gran medida por la fuerte presión estética. Respecto a los recursos en las aulas, aunque existen protocolos antibullying, la investigadora señala deficiencias en su aplicación práctica. La figura del coordinador de bienestar y convivencia, instaurada de forma obligatoria, carece en muchos centros del tiempo y la dedicación necesarios, recayendo sobre docentes ya saturados. Esta situación se alinea con la percepción ciudadana, donde un 60 % de la población adulta considera que los centros hacen poco por proteger a las víctimas.
¿Prohibición o alfabetización digital?
Ante el debate internacional sobre restringir las redes sociales a menores de 16 años, Garmendia afirma que la solución no es la prohibición, ya que esta suele generar un efecto rebote. Defiende que las tecnologías son la ventana al mundo para los jóvenes y que la clave reside en la alfabetización digital. Aun así, exige mayor implicación institucional y corporativa, señalando que las plataformas digitales deben asumir su responsabilidad y ser sancionadas si no garantizan la moderación de contenidos ni adecúan sus entornos a la edad de los menores, especialmente ante la sofisticación del ciberacoso con herramientas de inteligencia artificial generativa.
El rol esencial de las familias
Para finalizar, Garmendia hace un llamamiento al acompañamiento familiar desde la infancia. Remarca que las familias deben apoyar y acompañar a sus hijos en el entorno digital desde que empiezan a usar la primera pantalla. Es fundamental crear un clima de confianza que evite que los niños oculten el acoso por miedo a que les retiren el dispositivo, garantizando un entorno seguro y una supervisión permeada por el diálogo y la mediación activa.
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